1.868: La Gloriosa revolución septembrina de España

De forma que ambos Partidos se sucedían continuamente en el poder, en un proceso que asombraba y desconcertaba al resto del mundo. Así, el conservador Disraeli (lord Beaconsfield, de familia sefardí expulsada de Italia, que entonces se apellidaban d’Israeli, casi cuatro siglos antes, aunque bautizado en el anglicanismo a los 3 años, junto con todos sus hermanos) añadió al censo electoral a todos los propietarios de viviendas urbanas, lo que favorecía a las clases medias y trabajadores especializados de las ciudades, pero no a los pequeños campesinos. Con ello el sufragio aumentó en un 50%, hasta un millón y medio de posibles electores. Murió Michel Faraday. Hijo de madre soltera, prostituta, trabajó como aprendiz de encuadernador desde los 13 años, lo que le dio acceso a leer muchos libros. Intrigado por el fenómeno eléctrico, cuyos experimentos se utilizaban como espectáculo para divertir a la aristocracia, y de los que no se encontraba ninguna explicación teórica, comenzó a trabajar con las pilas de acumuladores electroquímicos descubierta por Alessandro Volta. A partir de los mismos descubrió las líneas de fuerza electromagnética y la inducción electromagnética entre uno y otro circuito. Con tales descubrimientos realizó el primer motor y generador eléctrico, lo que permitió nuevos impulsos investigadores. Descubrió que la masa de producto electrolítico era proporcional a la intensidad de la corriente eléctrica, al tiempo durante el que ésta se aplicase y a una proporción que llamó “equivalente electroquímico”, específica para cada sustancia. A partir de tales trabajos, Maxwell desarrolló su serie de ecuaciones, completadas de modo intuitivo por Lorentz, que cuantificaban el comportamiento de las radiaciones electromagnéticas. Los resultados empíricos de las predicciones basadas en tales leyes eran tan exactos que, sumadas a las leyes de Newton, formaban un cuerpo coherente que permitía explicar matemáticamente todos los fenómenos físicos conocidos hasta entonces, basados en los principios de conservación de la materia, la energía y la electricidad. Lo que hoy conocemos como “física clásica”.

Hasta que empezaron a descubrirse las primeras incoherencias, como el efecto de reacción de una antena al emitir radiaciones electromagnéticas o cualquier emisor de electrones, cuando se consideraba que ni tales partículas ni ninguna radiación tenían masa, lo cual no podía ser explicado por las leyes de Newton. Hasta que llegó Einstein e introdujo una “nueva física”, en la que la consevación de la materia y la energía resultaban dependientes entre sí, ya que cada una de ellas podía convertirse o provenir de la otra. Desde tal perspectiva la materia no sería otra cosa sino “energía cristalizada” (“congelada”: una visión muy semejante a la formulada por Adam Smith, David Ricardo y Karl Marx, aunque con distintas palabras, según la cual el capital, y, en general, todo lo producido por el hombre, su valor, no es más que “trabajo cristalizado”) de modo que su desintegración, su “desaparición”, daba lugar a la liberación de inmensas cantidades de energía. Es el principio en el que se basan las bombas y las centrales eléctricas que utilizan la fuerza explosiva y térmica, respectivamente, de la desintegración nuclear. Joseph Lister realizó la primera intervención quirúrgica en condiciones asépticas. Por las colonias británicas se esparcía la idea de transformar el imperio en una federación. Tratando de atajar tal movimiento se declaró la autonomía del Canadá. Sin embargo las tendencias imperialistas impidieron que tal propósito se generalizase. Para paliar sus fracasos Napoleón IIIº propuso comprarle Luxenburg a Holanda. Bismarck dejó entrever a Holanda que tal venta la consideraría enemistosa, por lo que, tras la experiencia de la guerra pruso-austríaca, aquella prefirió rechazar la oferta: un nuevo revés internacional para Napoleón IIIº. A propuesta de Austria, en el Tratado de Londres, el Gran Ducado de Luxenburg se consideró neutral. A raíz de ello Prusia retiró su guarnición del mismo. Napoleón IIIº intentó establecer nuevas alianzas con las potencias europeas, indudablemente preparando un enfrentamiento con la Confederación Alemana del Norte. Pero fracasó: su estrella había pasado y ya todo parecía salirle mal. Prusia, tras alcanzar sus metas de Tratados militares, inició la restauración de la unión aduanera, integrando a los Estados del Sur: todas sus etapas hacia la unificación parecían ultimarse perfectamente.

Sin embargo, la estrategia unificadora sobre la base de la guerra había levantado enemigos en su contra, como eran los católicos, que seguían aspirando a la Gran Alemania, bajo la dirección austríaca, pues no confiaban en la protestante Prusia. Tampoco los conservadores, que consideraban que el tradicionalismo pasaba por Austria. Ni los socialdemócratas, ni los liberales ni los demócratas, que se oponían al autoritarismo y militarismo prusiano. Y, sobre todo, Napoleón IIIº, repetidamente frustrado. Austria se quedó sin más dominios ni aspiraciones que mantener sus territorios danubianos. Para evitar que los húngaros se aprovecharan de su situación de debilidad, se estableció la unión dinástica de Austria y Hungría. Esta dejaba, en teoría, de ser territorio conquistado para convertirse en reino, aunque compartiendo soberano con Austria. Un rey con dos coronas. Se mantenía una política exterior, una economía y un ejército unitarios, aunque se llegaba a una división administrativa y jurídica. Si bien esto tranquilizó en parte a la levantisca aristocracia magiar, suponía excitar al resto de los muchos nacionalismos sometidos (polacos, checos, eslovacos, eslovenos, rutenos o croatas) que sumaban la mayoría de la población, y que se veían relegados frente a los privilegios, ahora compartidos, de germanos y húngaros. Alfred Nobel ultimó el proceso de obención industrial de la dinamita, que tendría una enorme repercusión en la guerra, la minería y las obras públicas. Gran Bretaña, para garantizar la ruta marítima hacia China, mantenía bases comerciales en Penang, Malaca y Singapur. Los reyes del interior de la zona habían realizado concesiones a Gran Bretaña, con lo que aseguraron el mantenimiento de un poder limitado. Por el cambio en la administración británica las factorías comerciales pasaron de depender de la India (Compañía de las Indias Oientales) al Ministerio de colonias, que decidió que había llegado el momento de demostrar a los reyes malayos que no se iba a permitir su connivencia con la piratería. Se realizarían incursiones limitadas que permitiesen concertar “Tratados de protección”. Algo muy semejante a lo que haría Al Capone “Cara cortada”. El resultado fue una intromisión cada vez mayor en los asuntos internos de la zona. Francia se apoderó de toda Cochinchina, incluyendo el Sur de Cambodia, al que denominó Cochinchina occidental.

Sin embargo Siam se sintió lo suficientemente fuerte como para obstruir el proceso, por lo que, a cambio de reconocer tal “Protectorado”, recibió las provincias de Battambang y Angkor, la actual Siemriep. Pero su objetivo continuaba siendo el comercio interior con China, por lo que se inició la exploración río Rojo (Jong Ja) como vía de acceso hacia dicho país, a través de Tonkín, en chino “La capital del Este”. De modo que Cambodia, aunque habia perdido su soberanía, pudo sobrevivir y disfrutar de un periodo de paz, olvidada parcialmente por quienes la anhelaban. Murió el conservador emperador Komei. Le sucedió su hijo, Mutsujito, de 15 años de edad, que denominó Era Meiyi (“De culto a las reglas”) al periodo que se iniciaba con su coronación. También murió el chogun Iemochi, sucediéndole su “regente”, Iochinobu, es decir, Tokugaua Keiki, de la rama colateral familiar, como estaba pactado. Este procedió a inmediatas reformas para consolidar su poder, imitando el modelo francés, con la composición de un gabinete ministerial y prefecturas, al tiempo que gestionaba una nueva coalición entre el chogunado y los daimi-o. Pero ya era tarde para eso. El daimi-o de Tosa le propuso que dimitiese a favor de un Consejo de daimi-o, presidido por el emperador (que, de esta forma, recuperaba un papel dirigente) tras lo cual el chogun actuaría como una especie de Primer Ministro. Después de consultar con sus consejeros y vasallos, Iochinobu cedió el poder al emperador. Creería con ello contentar al movimiento Sonno yoi y que recayesen las responsabilidades futuras en el emperador, al que, dada su corta edad, presupondría que iba a manejar a su antojo, con lo que él podría consolidarse en su poder. Pero el Partido contrario a los Tokugaua, formado por los clanes del Sur, los daimi-o de Chochu y Satsuma, fundamentalmente, y los funcionarios de la Corte imperial, ya era demasiado fuerte, y aglutinó al movimiento Sonno yoi, de modo que esta solución, que dos años antes se habría considerado una impensable concesión por parte del chogun, resultó un fracaso: había dimitido, había perdido su poder, eso era lo único que percibían los japoneses. Japón tenía para entonces 27 millones de habitantes. Las colonias británicas de Norteamérica recibieron el estatuto de dominion, integrándose en lo que se denominó Canadá.

A partir de tal hecho surgió una conciencia nacionalista, posiblemente a imitación de su vecino del Sur, igual que en su marcha colonizadora hacia el Oeste. Quizás por la intromisión papal, en el Congreso colombiano la oposición se hizo fuerte, por lo que Mosquera clausuró sus sesiones. Como consecuenca se produjo un golpe de Estado que entregaría el poder al General Santos Acosta, que creó la primera universidad colombiana. En 1.868 la apertura al exterior, forzada por Estados Unidos, junto con la humillación que tal hecho produjo, llevó a Japón ideas y conocimientos de otros países, reflexiones sobre sus debilidades y retrasos, y la necesidad de superarlos. El emperador comprendió que sólo él estaba en condiciones de llevar a cabo tal tarea, iniciando la restauración de su poder, lo que se conocería como “era Meiyi”. Así que promulgó una Carta de Juramento por la que se comprometía a establecer asambleas deliberativas, integrar a las altas clases sociales en la tarea de sacar adelante al Estado, sustituir las “costumbres nocivas” por “leyes naturales” (el influjo ilustrado no puede ser más notorio) y la búsqueda internacional del conocimiento para fortalecer los fundamentos del gobierno imperial. Se obligó a la alta jerarquía militar a firmar que juraban cumplirla. Todo ello significaba limitar el opresivo poder de la aristocracia militar e iniciar un sendero democrático. A las potencias extranjeras se les aseguró que se cumplirían los pactos establecidos y se abrieron nuevos puertos al comercio internacional. Los poderes conservadores se opusieron a ello. El emperador reaccionó disolviendo la estructura funcionarial militar, el bakufu. Este envió una expedición de castigo contra la residencia imperial, obligándole al retorno al poder absolutista. Los daimi-o de Satsuma, Chochu y Tosa, fundamentalmente, enviaron sus tropas, más modernizadas (un comerciante escocés les había vendido fusiles y buques de guerra; se sospecha que Oficiales jubilados británicos, con el apoyo de su embajador, y estadounidenses, colaboraron con las mismas, para contrarrestar el influjo de Francia sobre el chogunado, a cuyo ejército entrenaba) que las del chogun, retomaron la situación, atacando Edo, y proclamaron una nueva restauración. Es lo que se conoce como Guerra Bochin o “Del año del Dragón”.

En ella quedó demostrado que la victoria estaba de parte de la modernidad, sobretodo de los que poseían más ametralladoras, y de la imitación a los extranjeros. Así que el movimiento inicialmente inmovilista, contrario a la apertura al extranjero, xenófobo, que pretendía el ultranacionalismo, volver al aislamiento, a la tradición, y olvidarse de cualquier avance científico europeo, ahora, por su propia seguridad, como garantía frente a futuras insurrecciones, comprendió que debía asumir las innovaciones del exterior, de modo que el curso de los acontecimientos iba a seguir un derrrotero diametralmente opuesto. Sin embargo el objetivo manifiesto era situarse en condiciones de poder renegociar los Tratados desiguales, anulando sus cláusulas abusivas. Se formó un Consejo de daimi-o del que se excluyó a toda la familia Tokugaua y sus simpatizantes (se puede considerar nada democrático, pero, teniendo en cuenta los antecedentes de aboslutismo, era muy progresista) abolieron el chogunado, confiscando sus posesiones, y aceptaron solemnemente el poder del emperador japonés: algo verdaderamente revolucionario. Aunque una revolución desde arriba. Obsérvense las similitudes con el ideario ilustrado, de concentración de poder en el monarca, al que se pretendía, si no manejar, al menos atraer hacia sus ideas, en detrimento de la más elevada aristocracia. Yochinobu, asediado en su palacio, aceptó la resolución de los daimi-o, lo que dejó a sus seguidores sin argumentos. La expropiación de los daimi-o derrotados puso en manos imperiales minas, astilleros, fundiciones de bronce y fábricas, que se ampliaron y reformaron, centralizadamente, invirtiendo capital y organizando la economía con visión mercantilista. El atraso tecnológico de Japón llevó a que buscara por todo el mundo las técnicas y maquinarias más efectivas, de modo que, en poco tiempo, estaba en condiciones de competitividad superiores a las de otros países previamente industrializados, pero que, para entonces, sus inversiones productivas habían entrado en obsolescencia. A Gran Bretaña le iba a ocurrir algo parecido respecto de Alemania. Japón renunció a pedir préstamos al exterior, temiendo que con ello perdiese su independencia. Esta política habría que confrontarla y evaluarla respecto al ruinoso recurso de acudir al Fondo Monetario Internacional o la Unión Europera para que pidan un rescate por nosotros.

Sin embargo el debilitamiento de daimi-o y samurai suponía la pérdida de una demanda solvente, al tiempo que se importaban productos extranjeros con los que era difícil competir. La familia Mitsui recomendó al Gobierno que abriese nuevas minas y construyese astilleros e hilaturas, que después comprarían ellos a precios ventajosos, de donde proviene su preeminencia. Algo semejante a lo que ha ocurrido en España con las recientes privatizaciones de Telefónica, REPSOL, ENDESA o Argentaria, por ejemplo, en beneficio de círculos próximos al poder. Saigo Takamori, Comandante en Jefe del ejército imperial, consiguió clemencia para los seguidores del chogun, integrándolos en el Gobierno y la administración del Estado. La muerte de Narváez dejó a Isabel IIª sin su más firme apoyo. En septiembre, el Almirante Topete sublevó su Flota en la bahía de Cádiz. Es lo que se conoce como Revolución Gloriosa (porque, en principio, no causó víctimas) imitando el nombre ya utilizado para la revolución de Oliver Cromwell o septembrina, imitando el nombre de la anteriormente intentada en Rusia: como en otras ocasiones de la Historia de España se copiaba nombres ya utilizados en otros países. El General Serrano extendió el levantamiento por Andalucía, obteniendo la victoria en la batalla del puente de Alcolea, cerca de Córdoba, frente al ejército enviado contra él por la reina. El General Prim hizo lo propio con sus tropas en Cataluña, aunque no tuvieron que hacer un solo disparo. La promiscua Isabel IIª y su “Corte de los milagros”, de la que formaban parte su confesor, el arzobispo San Antonio María Claret, fundador de los claretianos, y Sor Patrocinio, que sangraba por los estigmas (llagas supuestamente similares a las de la crucifixión) de sus manos, a quienes consideraba santos milagrosos (tal vez quisiera compensar con misticismo sus pecados) aunque lo que pretendían era distanciarla de los liberales, diciéndole que eran contrarios a las doctrinas de la Iglesia, fue derrocada. Prim asumió el poder, a título de regente (¿de qué rey, que fuese menor de edad o discapacitado?) mientras se acordaba qué nueva dinastía iba a entronizarse. Con ello Prim impidió que se instaurase la república, como muchos deseaban. Así que de ídolo de las multitudes pasó a ser considerado un traidor a la revolución.

Se inició de este modo el que se conoce como sexenio democrático o revolucionario, que terminaría con la entronización de Alfonso XIIº. Charles Dilke publicó su “Más Grande Bretaña” (Greater Britain) en el que, entre otras afirmaciones, analizaba que el mundo era cada vez más inglés. En Austria, las “leyes de mayo” acabaron con el Concordato, imponiendo una mayor separación entre Iglesia y Estado. Se promulgó la ley de nacionalidades, inicialmente tolerante con éstas. Croacia obtuvo la autonomía. Espoleada por la derrota en Crimea, Rusia conquistó el Turquestán, Samarcanda y Bujara. Un Jam fue coronado rey de Laos y Chulalongkorn de Siam. Estos dos países vivieron una situción peculiar. Gran Bretaña pretendía la expansión “natural” de sus dominios ocupando Birmania y conectándolos con los conseguidos en Malaysia, mientras Francia aspiraba a conquistar Vietnam para conseguir una ruta comercial terrestre hacia China. Siam, que funcionaba como un Estado tampón entre ambos, como hacía Afganistán o Irán entre los imperios británico y ruso, mantenía sus propias pretensiones. Así podía beneficiarse de la alianza altenativa de ambas potencias, que no iban a permitir su desaparición. Esto favoreció un permanente y directo contacto diplomático, el mantenimiento de la paz y la independencia, así como benéficos influjos modernizadores, no exentos de peligrosas reacciones tradicionalistas. Siam se percató perfectamente de las circunstancias ventajosas en que se encontraba, y decidió sacar provecho de ellas. Intentó expandirse hacia el Norte, a costa de la disminuida y derrotada Birmania, y, por el Sur, hacia la península malaya. Pero en ambos casos topó con las ambiciones británicas. Así que sólo le quedó seguir con sus comportamientos imperiales “proteccionistas” sobre sus vecinos. Este fue el caso de Laos, sobre el que Francia aún no se había preocupado. Los enfrentamientos entre Johnson y los extremistas republicanos lo convirtieron en el único Presidente procesado por la Cámara de Representantes. Tuvo que comparecer ante el Senado, presidido por el Presidente del Tribunal Supremo. Para condenarlo se necesitaban dos tercios (36) de sus 54 miembros. Pero “sólo” reunieron 35 votos. Murió Christopher (“Kit”) Carson, cazador, peletero, comerciante, explorador y agente indígena. Sholes patentó la máquina de escribir, que articulaba mecánicamente tipos como los de la imprenta.

El ataque contra Johnson sirvió para que ganase las elecciones Grant. Estados Unidos impuso a España la necesidad de reprimir adecuadamente el tráfico ilegal de esclavos desde Cuba hacia los Estados sureños, conquistados. Los grandes hacendados y propietarios de los “ingenios” de azúcar, casi todos estadounidenses y vinculados con las grandes plantaciones de los anteriormente secesionados, y posiblemente benficiarios y promotores de dicho tráfico ilegal, reaccionaron incitando a una primera guerra de independencia cubana, que duraría diez años, bajo la dirección del General negro Antonio Maceo, que se inició con victorias de los separatistas. En 1.869 Austria exigió y consiguió de China iguales preferencias comerciales y de navegación que las demás naciones occidentales. En España se aprobó una de las Constituciones más democráticas que se ha tenido. Por influjo personal del General Prim el texto era lo suficientemente ambiguo como para que sirviese tanto si se optaba por una monarquía democrática, parlamentaria, o por una república, por lo que concitó un gran apoyo social. En Gran Bretaña, el beneficiado por el aumento del sufragio promulgado por los conservadores fue Gladstone, que obtuvo los votos suficientes para ser nombrado Primer Ministro. Transformó su partido whig (en escocés, “cuatrero”, nombre que se aplicó originariamente a los revolucionarios de Cromwell que pretendía, y consiguieron, derrocar al rey Carlos Iº) en un moderno partido liberal, aprobando reformas políticas en tal sentido. Por ejemplo, suprimió la Iglesia nacional británica. El Partido Obrero Socialista obtuvo diputados en el Parlamento de la Confederación de Alemania del Norte. Marx cifró grandes esperanzas en ello, aunque discrepaba del comportamiento y tesis de dicho Partido. Para entonces la prohibición de la unión sindical había desaparecido de la mayoría de los Estados alemanes. En Austria se introdujo el servicio militar obligatorio y se aprobó una ley sobre primera enseñanza. Palacky unió a los conservadores chekos, que dirigía, al paneslavismo propagado por Rusia con intención hegemonizadora de los Balcanes. La consecuencia de todas esas circunstancias, así como la derrota frente a Prusia y la derivación política de este vecino país, fue el fin del liberalismo levemente reformista en Austria.

Un comité nacional rumano secreto realizaba represiones sobre la población germánica en Transilvania. En Turquía se fundó la escuela Galata-Sarai, que impartía sus enseñanzas en francés. Sin embargo continuaban existiendo las escuelas tradicionales mahometanas, cuyos alumnos persistentemente se incorporaban a los sectores inmovilistas, opuestos al reformismo, y que atacaban a los que habían cursado otra forma de estudios. Se unían en ello a los sectores privilegiados, como los gobernadores, arrendatarios de impuestos y cuantos hubiesen perdido privilegios. Por ejemplo, los jefes de millet, que antes podían ejercer un poder dictatorial sobre sus súbditos. Y, por iguales motivos, los dirigentes de las minorías no mahometanas exigían más profundas reformas. Se les sumó un sector formado en dichas reformas, que se agruparon en la organización Jóvenes Otomanos. Gran Bretaña extendió bases navales por todo el mundo, en la que apoyaba su poderío marítimo. Además servían para comunicar las distintas colonias. Para mantener tal dominio intentaba también que se equilibrasen las fuerzas de sus posibles contrincantes en el mar. Fruto de todo ello fue su política Mediterránea, en la que Egipto jugaba cada vez un papel más importante. Así lo vio también Napoleón IIIº, igual que lo había analizado su tío-abuelo. Y, también como base hacia tal objetivo, la ascendencia sobre Italia se convertía en una necesidad. El punto culminante de dicha rivalidad fue la inauguración del canal Suez-Port Saíd, que acortaba la ruta a la India, según un proyecto, dirección y financiación mayoritariamente francés. Ismaíl, buscando la modernización de su país, fomentó el tendido ferroviario y el cultivo del algodón. Tras largos enfrentamientos con Turquía consiguió que ésta reconociese la autonomía de Egipto y su sucesión hereditaria, lo que sólo suponía constatar un hecho consumado. A cambio él debió reconocer la supremacía política y militar de la Sublime Puerta, y obligarse al pago del doble de impuestos. Todo ello hizo aún más agobiante su situación financiera y el descontento de sus súbditos. La Flota del chogunado se rindió en Jokkaido, con lo que desaparecieron los últimos restos de la resistencia Tokugaua. Se puede decir que, a partir de entonces, las reformas Meiyi (“Culto a las reglas”, título que el joven emperador escogió para definir la nueva etapa) tenían el camino expedito.

Para implantarla, eludiendo el peligroso poder de la alta aristocracia, se apoyó en jóvenes samurai, equivalente a la baja aristocracia china, aunque más militaristas, de no más de 30 años y procedentes del Suroeste (Satsuma, Chochu, Tos, Jisen) en su mayoría, jan o “reinos”, provincias, la mayor parte de las cuales habían conservado su autonomía, resistiendo el poder del chogunado. Era jóvenes con gran ambición personal y diferentes ideas políticas, pero unidos en cuanto a su fidelidad al emperador -cuya prevalencia deseaban- su visión reformista, disposición a llevarla adelante contra todos los obstáculos (si se había derrotado al chogunado se podía conseguir cualquier cosa) incluso si provenían de su propia clase social (lo cual constituye una perspectiva absolutamente contraria al tradicionalismo, se podría decir que revolucionaria) y una elevada preparación, aunque casi siempre de carácter sesgadamente militar, la adecuada para su misión social preestablecida. El objetivo inicial era restablecer la autoridad imperial, volviendo a una estructura del Estado de 1.000 años antes. Para ello se tomó como base la propagación de la religión Chin-to (en chino “Camino de los dioses”; su equivalente japonés, que entonces carecía de escritura propia, sería Kami no michi) o sintoismo, que mezclaba buddismo con el culto ancestral japonés a los kami, espíritus, fantasmas o genios, locales o universales, como la diosa del Sol, y que comportaba el carácter divino de la familia imperial. El segundo mecanismo fue imponer un juramento a todas las autoridades, por el que se comprometían a establecer asambleas deliberativas (esto no significa exactamente democracia, pero sí decisiones colegiadas, conclusión lógica de la etapa vivida) integración de todas las clases sociales en la tarea de sacar adelante al Estado (el resultado fue la atenuación de los conflictos sociales, de modo semejante a lo conseguido en Gran Bretaña; obsérvese que también supone el inicio del camino hacia el “bien común”, contrario a los intereses de clase, por lo que es propiamente nacionalista y fascista) sustituir las “costumbres nocivas” por “leyes naturales” (el influjo de la Ilustración no puede ser más notorio) la búsqueda en el ámbito internacional del conocimiento y el fortalecimiento de las bases de las reglas imperiales.

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