1.545: El Concilio de Trento-Bolonia

Bajo unas premisas auténticamente militaristas, mediante el juramento de obediencia personal al Pontífice (que tantas veces incumplirían; es posible que Hitler basase en tal idea el de su S.S. hacia su propia persona) trataba de restablecer la autoridad de éste, evitando la disgregación del cristianismo. Impusieron una estricta selección y formación a sus novicios, y continuos ejercicios (entrenamiento) espirituales que evitasen cualquier desviación. Ante el fracaso dominico para derrotar argumentalmente a los reformistas, desarrollaron una retórica sentimental, que huía de la confrontación lógica, y en la que se asienta la evolución hacía el espíritu del Barroco. Intentando atajar el desarrollo de las ideas reformistas, tomaron como objetivo la actividad misionera, dentro y fuera de Europa, y hacerse cargo y controlar la enseñanza, incluso las universidades de los países que continuaban bajo fidelidad papal, con lo que impusieron una censura a las ideas que provocó su retraso científico durante siglos. Para consolidar la tregua de Niza se negoció un matrimonio entre las dinastías imperial y francesa. Al fracasar volvió a estallar la guerra. Esta vez Francisco Iº se coordinó con sus aliados, Solimán, que atacó Viena, y el pirata Jayreddin “Barbarroja”, que, actuando como gran almirante de la Flota turca, derrotó a la de la Santa Liga, dirigida por el genovés Andrea Doria, en la batalla naval de Prevea. Con ello los turcos se enseñorearon del Mediterráneo oriental, conquistando los últimos reductos venecianos en el Egeo, el Peloponeso y Dalmacia. A partir de dicho domino el sultán autorizó a “Barbarroja” a saquear el occidente italiano. La Liga Schmalkalden no podía colaborar en evitarlo, por lo que se mantuvo al margen. Apoyado por tropas inglesas, que se mantuvieron en retaguardia, al Norte, el emperador contraatacó invadiendo Francia. Con la última ley quedaron suprimidas abadías, conventos y prioratos ingleses. Sus tierras se pusieron en venta o en alquiler, por lo que Inglaterra se convirtió en el primer país en el que el suelo era objeto de venta y uso libre. Con ello los campesinos feudatarios pasaron a ser propietarios libres y “aristocracia” agraria, y un nuevo apoyo al parlamentarismo. La agricultura inglesa obtuvo un decidido impulso, y la nobleza, para mantener sus privilegios, acabó aceptando el anglicanismo.

Napoleón comprendería este proceso y lo reprodujo en Francia, más de dos siglos y medio después. Para superar resentimientos eclesiásticos, Enrique VIIIº fundó seis nuevas sedes episcopales, que no compensaban la pérdidas de puestos del clero en la Cámara de los Lords, dada la supresión de las abadías. De este modo desaparece el concepto medieval de Cortes en Inglaterra, al quedar la Iglesia en inferioridad de representación respecto de la nobleza laica. Enrique VIIIº continuó buscando un heredero varón, decapitando a sus esposas, por infidelidades generalmente inventadas, supuestas, o rumoreadas por los aduladores que le rodeaban, que trataban de medrar de tal modo, o divorciándose de ellas. También colaboraron en ello las facciones pro-española y pro-francesa, que buscaban alianzas internacionales a través de los matrimonios reales. Sólo logró el hijo deseado con su tercera esposa, Jane Seymour, quien murió a consecuencia del parto. Aunque era sumamente enfermizo y su supervivencia azarosa. Cher Chaj se coronó como sultán de Afganistán, consolidó su poder en Bijar sometió a los pequeños principados afganos y se extendió por el Norte de la India, con su ejército de 150.000 jinetes, 5.000 elefantes de guerra y 25.000 soldados auxiliares. Era un gobernante justo, construyó carreteras y reformó la agricultura, la moneda y los impuestos, de todo lo cual se beneficiaría Akbar. Se fundó la segunda Universidad de Santo Domingo. Aprovechando la guerra que asolaba a los mayas, se inició la tercera campaña contra ellos, esta vez con el apoyo de los señores Xiú, que, junto con la superioridad de las armas españolas, produjo el resultado definitivo. En 1.541, Ginebra volvió a llamar a Calvino. Tras vencer una fuerte oposición, impuso un Gobierno de presbíteros, pastores eclesiásticos elegidos democráticamente y ancianos. Un sínodo sometía a las diversas comunidades. El control moral llegaba a lo privado e incluso a lo íntimo. Sobrepasando a Luther, llegaba a creer en la predestinación, conclusión lógica partiendo de la omnisciencia, o conocimiento absoluto, del pasado y del futuro, divinos. Comprendiendo que dicha perspectiva podía suponer la inacción religiosa, mantenía que el mismo influjo divino que garantizaba la salvación también supondría el éxito terrenal, que era un indicio de aquella.

Este punto de vista fue especialmente atractivo para la burguesía, despreciada por el catolicismo y tantas veces alejada de dicha salvación, en función de la parábola de que era más difícil que un rico entrase en el Reino de los Cielos, que un camello (parece que es una mala traducción, que antiguamente significaba soga) pasase por el ojo de una aguja. Calvino, en oposición a Luther, era también un reformador social, por lo que defendía el derecho a la resistencia respecto del poder político. De ahí su influencia sobre los hugonotes franceses y los rebeldes de los Países Bajos. Sin embargo, en donde consiguió imponer su dominio, estableció un poder dictatorial, aunque colegiado. Zürich y Ginebra acordaron unificar sus ideas sobre la eucaristía. Tras el éxito en Túnez el emperador envió otra expedición contra Argel, que fracasó. A la muerte de Juan Zápolya, su hijo, Juan Segismundo, menor de edad, se quedó con Transilvania, y los turcos se anexionaron Hungría. El Señor de Roberval fundó colonias para los hugonotes huidos de Francia en las cercanías de Québec. El relato de Cabeza de Vaca incentivó la exploración del Sur de lo que hoy es Estados Unidos. Varias expediciones trataron de encontrar sus “siete ciudades” de Cíbola. Entre ellas las de Hernando De Soto, que, partiendo de La Florida, remontó el Mississippi hasta Tennesee. Francisco Hernández de Coronado llegó hasta Kansas. Alarcón descubrió la desembocadura del río Colorado, y Tovar atravesó su Gran Cañón. Hernán Cortés fue nombrado marqués del Valle de Oaxaca, cuya extensión era de un 5% del imperio que él había conquistado. Orellana, lugarteniente de Gonzalo Pizarro, navegó por el Amazonas, que denominó así al ver a habitantes de sus orillas con faldas de paja, melena larga, piel blanca y arcos y flechas, que confundió con mujeres guerreras, según la mitología griega. Hay tribus amazónicas que conservan dicho tipo de vestimenta, pero que tuviesen piel blanquecina hace dudar si no se trataba de europeos o sus descendientes “asilvestrados”, asimilados en poblaciones o culturas indígenas. Cabeza de Vaca, partiendo de la favorable situación geográfica de Asunción, exploró las cuencas del Paraná y del Paraguay. Diversas expediciones establecieron rutas terrestres entre Perú, Chile, Paraguay y el Plata.

En 1.542 se reinstauró la Inquisición en Alemania, haciendo imposible la reunificación católica con los lutheranos. Las múltiples ausencias de España de Carlos Iº, tras la experiencia de la rebelión comunera y de las germanías, le llevaron a dejar el Gobierno, repetidamente, en manos de su hijo, el príncipe Felipe, pero imponiéndole sus consejeros, y advirtiéndole sobre la forma de pensar de cada uno de ellos. Este, a pesar de los desacuerdos de juventud con su padre, respecto del comportamiento con los protestantes alemanes y del continuo recurso a la guerra, en lugar de resolver las diferencias de modo dialogado, político, comprendiendo lo que estaba en juego, se mostró de modo sumamente responsable, juicioso, prudente, y demostró su valía como gobernante. Por razones de Estado, de visión imperial, su padre lo casó con su prima hermana María Manuela de Portugal y Austria. Recordemos que él era hijo de la heredera al trono portugués. En el parto del infante Carlos murió la joven madre, princesa de ambos imperios. Los portugueses habían convertido Goa en la principal sede del cristianismo en la India. Allí llegó el jesuita San Francisco Javier, que se dedicó a los pobres y enfermos. Los portugueses, tras haber situado estaciones intermedias en Colombo, Ceilán y Malaca, llegaron a la isla japonesa de Tanegachima, frente a la de Kyuchu. Allí adquirieron especias y plata. Poco después llegaron los misioneros, casi todos jesuitas. Los señores japoneses los recibieron bien, tanto porque querían mantener buenas relaciones con los comerciantes, que les traían armas que consideraban insuperables (especialmente pistolas y armaduras de acero) y objetos de lujo, como porque suponían un contrapoder sobre los monasterios feudales buddistas. Además los orientales admiraban su disposición al suplicio, su honestidad, la coherencia y desinterés de su forma de vida, sus conocimientos médicos y científicos, sus actividades educativas, editoriales y cualquier otra forma de fomentar la cultura, así como el interés de éstos por la japonesa, tanto como las innovaciones que traían de Europa. Rodríguez Cabrillo recorrió toda la costa californiana, que se llamaría así por haber sido sufragada la expedición por la cofradía murciana de los horneros de cal, en latín cali fornia.

Todas las exploraciones en lo que hoy es Estados Unidos no despertaron ningún interés para el imperio español. Sus escasos habitantes, en un estadío muy primitivo de civilización, no suponían una mano de obra que pudiera rentabilizarse, por ejemplo, en agricultura. Las condiciones climáticas tampoco parecían idóneas. Faltaba, además, el estímulo de riquezas mineras conocidas u otros productos comercializables y adecuadas vías de comunicación. Así que Portugal y España se centraron en sus primeras colonias, mucho más rentables. Ingleses, franceses y holandeses ocupararon tales espacios “libres”, aunque fuesen, en principio, de menos interés. Además podían ser utilizadas como bases para la piratería y el contrabando con los monopolios comerciales ibéricos, mucho más productivo que la inversión en colonizar. Fray Bartolomé de las Casas, tras renunciar a la encomienda recibida, envió al Príncipe Felipe, cuyo sentido de la justicia y enfrentamientos con su padre, Carlos Iº, por dicha causa (tras su coronación cambiaría sustancialmente dicha visión benéfica) eran conocidos, su “Brevísima relación de la destrucción de las Indias”, que sería utilizada por los enemigos de España para urdir la “leyenda negra”. No tienen en cuenta que, junto con otras críticas de eclesiásticos progresistas y extremistas, hay demostradas exageraciones, ni la repercusión que tales acusaciones tuvieron en la legislación sobre los indios y su intento de trato humanitario. La supervivencia de tal proporción indígena y mestiza es un signo de diferenciación respecto de la colonización norteamericana. Hubo una separación en dos “repúblicas”, la española y la india, con base étnica y cultural, eminentemente estamental, a imitación del modelo imperante en la metrópoli. Ambos grupos conservaban su división y privilegios tradicionales en forma de estamentos, que todos deseaban conservar. Sin embargo, al contrario de lo que ocurría en Europa, todos deseaban progresar, alcanzar el estamento superior, lo que consituye un debilitamiento de tal estructura, proclive a los futuros cambios, que acabarán en la independencia. Así los conquistadores aspiraban a títulos nobiliarios, como había ocurrido durante la “reconquista” española, o invasión de los territorios andalusíes. Los reyes se opusieron a ello, ya que temían que, a tal distancia, acabasen estimulando deseos independentistas y guerras entre ellos.

Sin embargo, no evitaron que la aristocracia dominase el imperio hispanoamericano durante dos siglos, a través de los cargos públicos y los grandes latifundios. Tuvo enorme influencia el clero, que, muy pronto, de su misión evangelizadora, de su contacto con el mundo indígena, pasó a criticar los abusos colonizadores (en Norteamérica no tuvieron ningún otro defensor parecido, lo que explica su genocidio irrefutable) exigiendo, junto con los residentes en España, plenos derechos humanos, y llegando a cuestionar los “justos títulos” para la conquista. También fueron muy influyentes los funcionaros reales, que apoyaron a los eclesiásticos en su defensa de los indios en contra de los opresores, a veces con diplomacia, otras con dureza. Ambos fueron el contrapeso de indianos encomenderos, hacendados y oligarcas, posibilitando la constitución de una sociedad criolla y mestiza que terminará impulsando la independencia, aunque esta última no se benefició de ella. Las clases altas amerindias, caciques, cuaracas, etc., fueron sumamente sumisas a las autoridades coloniales, así como a los encomenderos y hacendados, con los que colaboraron, asimilándoseles en breve plazo, frecuentemente mediante enlaces matrimoniales, y llegando a poseer encomiendas ellos mismos, tratando tan mal a sus encomendados, a explotar de igual modo a sus conciudadanos como hacían los europeos. Los pocos que se rebelaron contra los dominadores fueron eliminados. Las clases inferiores aceptaron las encomiendas, se proletarizaron o se marginaron, huyendo a la selva, retrocediendo milenios, enfrentándose a extremos modos de vida, a los que no estaban acostumbrados y que, en su mayoría, no resistieron. Por supuesto los esclavos negros eran ajenos a tales esperanzas o disyuntivas. Nombrado un nuevo Gobernador retomó la administración de Panamá, cuyas funciones venía ejerciendo la Audiencia. Rojas estableció el primer enlace directo, terrestre, entre el Atlántico y el Pacífico, a través del Alto Perú. En el 1.543, “Barbarroja” conquistó Niza, con ayuda de la armada francesa. La llegada de los portugueses a Japón produjo una serie de cambios sustanciales. El fundamental fue la introducción de la artillería moderna. Los japoneses las compraban en grandes cantidades a los portugueses, aunque no tardaron en aprender la técnica y fabricarlas ellos mismos.

Lo mismo hicieron con los arcabuces, que podían perforar las corazas (de cuero duro) de los samurai, lo que no conseguían los que ellos utilizaban, con cañones de caña. E igual con las pistolas. Y con las armaduras de acero, que llegaron a reproducir exactamente, incluso sus molduras y repujados, por si tenían un carácter mágico. Sólo le añadieron una careta de cuero endurecido, negro, como las de los samurai, con bigotes y barbas rubios o pelirrojos, signos demoníacos para los japoneses, que, además de mejorar la protección, aterrorizaba a los enemigos. La caballería se demostró incapaz de enfrentarse a las nuevas armas, por lo que, como había ocurrido en Europa, la infantería armada con lanzas, reclutada entre las capas inferiores de la población, se hizo imprescindible. Pero aún ésta debía refugiarse en fortalezas. Los nuevos señores feudales comprendieron el peligro de la extensión de las revoluciones campesinas, por lo que tomaron medidas para impedirla. Asentaron a sus vasallos en sus fortalezas y ciudades fortificadas, en sus alrededores, en los que constituyeron sus propios órganos de gobierno y dictaron leyes como si fuesen auténticos soberanos. A los buchi se les pagaba un sueldo, quedando desvinculados del campo y diferenciados de los labriegos. Se creó el Virreinato de Perú, que abarcaba toda la Sudamérica hispana. En 1.544, al año siguiente de su muerte, tal como tenía acordado con su editor, se publicaron los “Seis libros sobre las revoluciones de los cuerpos celestes”, en los que, con muy precisas observaciones astronómicas, Kopérnik establecía que el centro del universo era el Sol y no la Tierra, a cuya alrededor giraban, en círculos concéntricos, ésta, los demás planetas y las estrellas. La Tierra también giraba sobre su propio eje, lo que explicaba la sucesión de noches y días, mientras que la Luna lo hacía alrededor de ella. Para algunos historiados comienza con ello, definitivamente, la Edad Moderna.

Al parecer, tales investigaciones se basaban en un libro que llegó a sus manos del geógrafo latino Claudio Ptolomeo, que resolvía así la incoherencia de las “precesiones” (bucles o aparentes  recorridos hacia  atrás)  de  Marte  y  otros  planetas  -aunque éste, de viejo, lo rechazó, volviendo a las tesis clásicas- y que reconoció tal aportación en sus manuscritos, si bien, por recomendación de su editor, que comprendía la polémica que iba a ocasionar, eliminó cualquier alusión a un científico “pagano”. Jumayun  fue derrotado por Cher Chaj de Afganistán, y debió refugiarse en Persia. Tabinchuejti conquistó Birmania central con la ayuda de la artillería portuguesa. Cuando el emperador español tenía París a su alcance, prefirió acepar la Paz de Crèpy, por la que consiguió el Milanesado, y la promesa (¿nuevamente volvía a creer en ella?) de Francisco Iº de que rompería su alianza con los turcos y le ayudaría a luchar contra los protestantes. En tales circunstancias, en 1.545 se inició el Concilio de Trento, tan repetidamente pedido y aplazado, que duraría 18 años. Pero su objetivo ya no era la reconciliación y reunificación de la Iglesia, como pretendían el kaiser Karl V y muchos reformistas, lutheranos o católicos, sino la condena de aquellos por herejía, como deseaban el Papa, la Compañía de Jesús y muchos defensores de la autoridad pontifica absoluta, isn importar su corrupción o ineptitud: una polémica “resuelta” de modo incopetente, dictatorial, desde tiempos de las exigencias de la secta norteafricana de los Iluminados, la primera herejía perseguida por el cristianismo, casi desde el mismo momento de su tolerancia oficial. Tolerancia para unos e intolerancia para otros. Ya no había que hacer propaganda, sino utilizar el poder y mantener la unidad y la obediencia, aunque fuese tan cruelmente como los propios cristianos habían padecido durante sus persecuciones y martirios. Los protestantes se negaron a aceptar dicha ciudad, al Norte de Italia, exigiendo que se reuniese en Alemania, de lo que esperaban mayor imparcialidad, aunque fuese en una ciudad católica, por lo que no participaron en él. Los primeros acuerdos conciliares fueron equiparar la tradición de la Iglesia a las Sagradas Escrituras (obsérvese la similitud con la evolución del mahometanismo) considerar dogmas de fe todo aquello que los lutheranos rechazaban, al tiempo que se promulgaron decretos de reforma interior, tratando de restarles argumentos.

Así instauraba seminarios para la formación teológica o se exigía a los cargos eclesiásticos residir en su ámbito de competencia. Desaparecían con ello los obispos in partibus (infidelis) “en lugares (de infieles)”, que se daban la gran vida sin contactos directos con sus feligreses, sacerdotes ni diócesis. O sea: concilio nada conciliador. Un concilio para la corta de amarras, la separación permanente, cuando ya no era esperable que se les pudiese convencer de aceptar tales normas. Tras el asesinato de Cher Chaj, Jumayun volvió a la India, conquistando Ddeli y Agra. En 1.546, Tabinchuejti consiguió reunificar Birmania. Murió Luther. Algunas veces demostró arrepentimiento sobre lo que había hecho. Según “Los hechos de Lutero” dudaba que, de haber sabido los males, sediciones y escándalos que iba provocar, se hubiese puesto a predicar. Es posible que sea una interpretación interesada, un invento, una leyenda. Previó problemas en las interpretaciones de los sacramentos y sus eficacias, la proliferación de las sectas y el fanatismo de los patanes, que se creyesen profetas o inspirados por el Espíritu Santo, o que entendían los evangelios mejor que los ministros religiosos, que él mismo o que San Pablo. Observaba que, bajo su doctrina, el pueblo era más avaro (lógico en un ambiente de guerra y confiscaciones) cruel, impúdico y desvergonzado, peor que bajo el papismo, lo que achacaba a la actuación del demonio ¿Es que el demonio tenía menos poder bajo el dominio del Papa? Inicialmente creía que la persistencia del judaísmo estaba motivada por una deficiente explicación de los evangelios. Cuando él fracasó en su intento, en su “Sobre los judíos y sus mentiras”, pedía que se quemaran sus sinagogas, se destruyeran sus libros, se prohibiera predicar a sus rabinos, se aplastasen y destruyeran sus casas, se incautasen sus propiedades y dinero, se les redujera a trabajos forzados y se les expulsase para siempre. Hay quien deduce de ello que aprobaba su asesinato, y que fue el antecedente de las persecuciones hitlerianas (puede que incluso influyese en las de la Inquisición) que citaban sus textos para justificarlas. Mantenía que la brujería era contraria al cristianismo, por lo que fue muy perseguida por los protestantes.

Compartía muchas de las supersticiones de su época sobre ella, como que las brujas podían robar la leche de las vacas con sólo pensarlo. En realidad sus textos son tan numerosos y, a veces, tan contradictorios, que, además de por su cambiante personalidad, hoy se sospecha que parte de ellos pudieron ser obra de sus seguidores, quienes, con su aprobación, conocimiento o sin ellos, los publicaban con su nombre para beneficiarse de su prestigio y aceptación entre los evangelistas. Tras sus correcciones durante toda su vida se publicó la versión definitiva de su traducción de la Biblia, basada en los textos publicados por Erasmo de Rotterdam. Consideraba que algunos textos bíblicos podían ser falsos, tener adiciones o modificaciones, no reflejar un hecho religioso o no estar inspirados por el Espíritu Santo. Sin embargo los incluyó en sus primeras ediciones, así como pasajes que había encontrado en la versión de los Setenta Sabios (Septuaginta) de Ptolomeo IIº, para ser archivada en la Biblioteca de Alejandría, pero que no aparecían en los textos admitidos por la Iglesia. Más tarde fueron suprimidos, al considerar que no eran “palabra de Dios”. Se tuvo que enfrentar al problema de la inexistencia de un idioma alemán unificado, por lo que tuvo que crearlo, artificialmente, compendiando los términos y gramática más comunes de los diferentes dialectos, y completando sus deficientes mediante el latín. Por ejemplo, con declinaciones. O utilizando la letra griega beta para designar el sonido de ese doble. Así que debió hacer también una gramática y un diccionario que se vendían junto con la Biblia. El catalán actual y el vascuence unificado (euskal batua) en cambio, se crearon, no sobre los textos renacentistas, plagados de latín e incluso de lo que hoy consideramos castellano, sino escogiendo las palabras, gramática y dialectos más extraños, más deformes, que más se diferenciasen de tal lengua y del francés, ya que su objetivo era utilizarlos como “prueba” de que tenían “derecho” a la independencia. Los mayas se sublevaron contra los españoles. Juayna Capac murió luchando contra un desertor que lo había descubierto. Se supone que, con ello, la corte inca y cualquier deseo de resistencia organizada a los conquistadores se esfumaron.

En cambio los araucanos, en el centro de Chile, continuaron durante mucho tiempo limitando la expansión española hacia el Sur. Resulta curioso que los grandes imperios y civilizaciones, desarrollos culturales más organizados, con mayores riquezas, densidad poblacional y ejércitos entrenados y bien pertrechados, como los aztecas, incas o mayas, ofreciesen menor resistencia a la conquista que las tribus más pequeñas y desunidas, pero que carecían de ningún punto neurálgico cuya conquista supusiese su rendición, una cultura sedentaria que los forzase a seguir el distino de sus “propiedades”, de sus tierras de cultivo. Tanto españoles como portugueses se habían adentrado en la Amazonía, pero no encontraron ninguna riqueza que justificase la colonización de una selva tan impenetrable. Quizás por ello no hubo confrontación entre ambos imperios americanos. Carlos Iº revocó a los Welser la concesión para administrar Venezuela. Paralelamente, el emperador, dado que el Concilio no cubría los objetivos pretendidos por él, sus expectativas, negoció un acuerdo sobre teología con los protestantes, que fracasó, tanto por la intransigencia de éstos como por negarle el Papa competencia para ello. Lógicamente en ambos casos: ambas partes habían conseguido lo que prentendían, mantener el poder omnímodo en su porción de territorio. El único perjudicado era el imperio, que, desde las pretensiones castellanas de un Imperio Universal de la Cristiandad, una sumisión pacífica al mandato imperial, que si se tratase de un nuevo imperio romano revivido, a lo que se negaban Francia y el Papa, que o querían tal poder que mermara sus propias aspiraciones, y que tantas guerras, sangre, sufrimiento y coste económico significó, ahora se encontraba con un “poder” nominal, que no podía imponer a sus súbditos, sino de forma fraccionada. Curiosamente, el resltado de todo ello iba a ser una especie de incremento del parlamentarismo, de necesidad de negociar con los poderes de la aristocracia y las burguesias de las ciudades imperiales respecto de sus ámbitos de influencia. Y la pérdida del poder imperial. Tras haber llegado a su máximo poder, a aspirar a la unificación con los imperios hispánicos y portugués, de una incostentable potencia mundial, ahora caminaba hacia su lenta disolución, fraccionamiento y extinción.

Así que, finalmente, al kaiser no le quedó otra opción que la guerra, que tanto había tratado de evitar, imponer su dominio contra los Schmalkalden, Hessen y Sajonia. Como no podía esperar ninguna colaboración de los territorios imperiales, exigió su participación al Papa, que aportó 200.000 ducados, 12.500 infantes y 500 jinetes, al mando de Octavio Farnesio, además de autorizar la disposición de un millón de florines de los recursos eclesiásticos españoles. En realidad, durante el primer cuarto de siglo, tanto por el poder acumulado por los reinos hispánicos como por los retos en que se comprometieron, generalmente favorables a los intereses objetivos del Papado (“Más papista que el Papa”) habían ido consiguiendo privilegios, rentas, la máxima autoridad eclesiástica en su territorio, lo que se denominaba Patronato Regio, y la necesidad de contar con su permiso para poder divulgar en los mismos las disposiciones papales, de la nunciatura o incluso los acuerdos conciliares, lo que se denominaba Pase Regio o Regium Exequator. O sea, que en el imperio español se había llegado a unas circunstancias similares al anglicanismo (salvo que no había ninguna controversia teológica, aunque, en otras circunstancias, podía habrese producido y los reyes tenían las prerrogativas adecuadas para mantener su posición ante el pueblo y la clerecía) o, más propiamente, al galicanismo. Tamién participaron tropas austríacas, al mando de Fernando de Habsburg, y flamencas. Pero, por iguales razones, la vanguardia del ejército imperial debió encomendarse a los tercios españoles, que, en 1.547, consiguieron derrotar a los sajones en Mühlberg. Juan Federico fue apresado y desposeído de su título, que se entregó a Mauricio de Sajonia, al que hábilmente se había conseguido que se escindiese de la Liga de Smalkalda. Los consejeros del emperador negociaron la rendición del landgrave Felipe Iº de Hesse, “El Magnánimo”, que, tras haber aniquilado a los anabaptistas, se había hecho lutherano y fundador de la Liga Smalkalda, quien sin embargo, fue encarcelado durante 4 años. A pesar del incumplimiento de tal promesa la Liga de Smalkalda resultó resquebrajada. Tratando de aprovechar la situación el kaiser Karl V intentó una reforma imperial.

Comprendía que no era posible redactar una Constitución nueva, menos aún implantando una unificación centralista. Propuso, por tanto, basándose en el antecedente suabo, una federación, en la que se integrasen el mayor número de Estados, tanto para aumentar su poder como para diluir las disidencias, como preveía, pero con una política y ejércitos unificados bajo su presidencia. Con tal intención convocó la Dieta de Augsburg. Pero los intervinientes entendieron la pérdida de autonomía, de poder, de cumplimiento de los compromisos electorales y cobro de sobornos para el futuro, incluso el riesgo de la vuelta al sistema hereditario, por lo que lo impidieron. El Cardenal Alejandro Farnesio, hermano de la amante del Papa Alejandro VIº, y bisabuelo de su homónimo Gobernador de Flandes, había sido coronado pontífice como Paulo IIIº, y tampoco colaboraba: sus relaciones con el emperador eran malas. En contra de la voluntad de éste, trasladó el Concilio a Bolonia, para poder controlarlo mejor. Francisco Iº había hecho todo lo posible por quebrantar el nuevo poder hispano-alemán. No dudó con pactar alianzas con el sultán turco Solimán IIº, que conquistaba el Sudeste europeo, invadiendo posesiones alemanas, hasta asediar Viena; con los protestantes alemanes, que desmembraban el Imperio; y con el Papa León Xº, que se avino a un concordato que permitía al rey de Francia nombrar al alto clero (las “investiduras” o “inversiones”, que tan obstinadamente habían negado otros pontífices al emperador alemán, y que también se cedieron a Karl V) y quedarse con gran proporción de los ingresos y rentas eclesiales, lo mismo por lo que, anteriormente, se había excomulgado a reyes ingleses: todo valía, para unos y para otros, para acabar con el poder de Karl V. Sin embargo, para Francisco Iº una oposición religiosa interna era un obstáculo para su política exterior, de la que no deseaba distraer fuerzas, por lo que, sin cejar en sus ambiciosos planes, e incoherentemente con sus pactos, persiguió a los herejes. A su muerte, su hijo Enrique IIº heredó el trono de Francia. También murió Enrique VIIIº de Inglaterra, sucediéndole su enfermizo hijo Eduardo VIº, de nueve años de edad, bajo un consejo regente encabezado por el duque de Somerset, su tío, que permitió la difusión del protestantismo.

John Knox, en Escocia, iniciaba la creación de una Iglesia nacional calvinista. Apoyándose en la aristocracia militar y cortesana, que en nada podía beneficiarse de un poder repartido entre los grandes boyardos, terratenientes, que quizás acabaran independizándose, Iván IVº, apodado “El Terrible”, con 17 años, consiguió coronarse zar. Para algunos historiadores, con ello, Rusia entraba en la Edad Moderna. Prosiguió la senda de la centralización política y administrativa, contra la terca resistencia de boyardos y alta aristocracia, que tan cerca habían estado de conseguir sus objetivos. Los mayas volvieron a sublevarse contra los españoles, pero ya toda resistencia era inútil. Irala mejoró la comunicación por el Alto Perú entre el Atlántico y el Pacífico. En 1.548, Karl V dividió Flandes (es decir, Países Bajos, flamenco-frisones, ricos, burgueses, y pronto, protestantes, y, posteriormente, calvinistas, y Bélgica, valona, o sea, wallonne, afrancesada, pobre, dominada por una baja aristocracia agrícola, y católica) en 17 provincias, desgajándolas del Imperio para vincularlas a Castilla. Quizás pensara, con ello, aislarlas de los enfrentamientos religiosos. Las costas flamencas dominaban el Canal de la Mancha, y sus fronteras separaban a Francia de Alemania. De ellas se obtenían abundantes impuestos, que, normalmente, repercutían en el propio país, aunque, conforme crecían los enfrentamientos religiosos, debieron emplearse en estos, en gastos militares. Además, habían sido el primer dominio de Felipe “El Hermoso” y de Karl V, por lo que había una tendencia sentimental a mantener tal herencia. Holanda era la mayor y más rica de dichas provincias. La Bolsa (institución privada fundada por Van Der Bourse, posiblemente a imitación de las españolas lonjas de contratación, herencia andalusí) de Amberes era el principal mercado de capitales, materias primas y determinados productos agrícolas del mundo. Dicho puerto y Rotterdam acaparaban el 50% del tráfico marítimo mundial. Es lógico que, ni Karl V ni Felipe IIº, estuviesen dispuestos a permitir allí ni el independentismo, ni el lutheranismo, ni el calvinismo. Hernán Cortés murió en España, lejos del imperio que había conquistado, en su palacete sevillano, sin grandes ostentaciones, después de que el césar Carlos se negase repetidamente a recibirlo, a oir sus quejas por los incumplimientos sufridos.

Algo semejante a lo que le había ocurrido a Colón, el Almirante de la Mar Océana (con tratamiento semejante al de Almirante de Castilla) y Ier. Vierrey de las Indias 40 años antes. En general ningún “conquistador” español disfrutó hasta su muerte del poder y riqueza conseguidos. Tailandia estaba dividida en dos reinos. El sur era hinduista, benigno y en estrecha unión con su pueblo, y el norte era buddista, despótico y distante.

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