1.683: Zenit y decadencia del imperio otomano

Bajo esta fórmula lo que indicaba es que podía ignorar las disposiciones del Consejo del Reino sueco. Es decir, un paso más en el absolutismo. Tras 80 años de continuos esfuerzos, los holandeses, poco a poco, fueron rompiendo el monopolio portugués en Africa. Estos, al tiempo que perdían sus dominios, se veían compelidos a avanzar hacia el interior, mediante expediciones en busca de botines. Con ello se abrieron nuevos territorios a la explotación. Los holandeses, tras afianzar su hegemonía en todos los mares del mundo, asumieron su papel preponderante en Africa, fundando nuevos puertos y factorías en los territorios de los que se adueñaron. Sin embargo, a partir de esta fecha, su predominio marítimo empezó a ser sustituido por ingleses, franceses, suecos, daneses y brandemburgueses, deseosos de crear sus propios imperios africanos. Todo ello originó una pugna marítima, con continuos combates, conquistas de fuertes, expulsión de territorios y saqueos de barcos enemigos. Sólo en el comercio de esclavos, mano de obra barata para el desarrollo del capitalismo, parecía haber cooperación. Y con ello tribus de cazadores de esclavos, lo que se convirtió en la nueva fuente económica africana, a cambio de armas, pólvora -que ansiaban para mantener su independencia, su supervivencia, no caer en la esclavitud y poder continuar su negocio, esclavizando a las demás- hierro -con el que también podían fabricar nuevas y mejores armas, desapareciendo los últimos vestigios de la cultura lítica, que en América aún se mantenía- sal -necesaria para resistir la deshidratación, sobretodo en climas cálidos- tejidos y vidrio. Simultáneamente hay noticias de procesos expansivos de tribus africanas, y muchísimos movimientos migratorios, angustiosas búsquedas de nuevos pastizales, a semejanza de lo que ocurría en América.

Murió Sivayi, que había aprovechado la debilidad del sultanato hindú para proclamar la independencia de los marattas, quienes continuarían sus enfrentamientos con Aurangseb hasta su muerte, colaborando al debilitamiento del imperio mo-gol. Implantó un sistema administrativo que, al principio, funcionó. Contaba con un Consejo similar al Consejo Privado de los Tudor, formado por el Primer Ministro o Pechua y ocho funcionarios. Tenían, además, un General en Jefe, Ministros de Economía, Asuntos Exteriores y un Departamento especial para cuestiones religiosas, que, al contrario que el cargo de Primer Ministro, no eran hereditarios, y no dependían de éste, sino directamente del soberano. Sólo tenían dos impuestos, a cargo de los campesinos. Estaban prefijados con exactitud y, hasta cierto punto, en proporción a la gravabilidad. Su ámbito de control lo dividían en “tierra patria” y “tierra extranjera”, sobre la que, en teoría, sólo tenían jurisdicción para cobrar impuestos, por delegación del sultán mogol, del que, teóricamente, dependían, y le afectaba su régimen legal. Pero se extralimitaron, lógicamente, para poder recaudar dichos impuestos, imponiendo orden y asumiendo funciones judiciales, por lo que, al final, lo consideraban tierra conquistada y botín legítimo. También se enfrentaron dentro de su propio clan, de forma que no llegaron a ser nunca una alternativa a los mogol sobre la que construir un nuevo imperio hindú, capaz de oponerse a las ambiciones que sobre el subcontinente cernían los europeos. La organización aristocrática, de la que se dependía para movilizar al ejército, posibilitaba la creación de coaliciones, enfrentadas entre sí y con el Primer Ministro, que llegó a acaparar todo el poder, incluido la dirección religiosa del Estado.

Para evitar enfrentamientos, el Primer Ministro, que también era aristócrata, dividía la recaudación de cada distrito entre varios príncipes, que, como solían ser analfabetos, no podían controlar las manipulaciones financieras. Con ello se produjeron injusticias y rivalidades. Se hacía ostentación de fabulosos tesoros y festejos, a todos los niveles en que era posible, hasta el punto de que algunos príncipes llegaron a contar con 10.000 bailarinas a su servicio. La corrupción, la ineficacia en la gestión, la arbitrariedad y la falsificación de documentos acusatorios lo inundó todo, preparando un ambiente en el que los métodos modernos europeos llegaron a ser admirados y respetados, asumiendo su colonización sin resistencia popular. El griego Constantinos Faulkon, encargado de la política exterior de Siam, concedió permiso de asentamiento a la Compañía de las Indias Orientales francesa, lo que supuso la reacción de los nacionalistas, partidarios del aislamiento, acaudillados por Fra Fretya, hermano y heredero del rey Narai. Aquel aprovechó la enfermedad de éste para que le nombrase Gobernador General del país y condenar a muerte al aventurero griego. La capital de Carolina se trasladó a Charleston: el Norte y el Sur evolucionaban por diferentes senderos. Por fin se promulgó la Recopilación de las leyes de los Reinos de Indias, 44 años después de ser aprobada: 9 libros que compilaban 6.336 leyes, testimonio irrefutable de la obra civilizadora española en América.

En el libro VI se defienden los derechos de los indios a la libertad y a la propiedad, el contrato como base de las relaciones laborales con jornada limitada, prohibiendo trabajos agotadores y a niños, mujeres y ancianos; la obligación de pagar los salarios en efectivo y antecedentes de la seguridad social, a través de instituciones de sanidad, hospitalización o beneficencia: una visión a la vez cristiana, humanitaria y progresista, que, superando las rémoras tradicionales europeas, impulsaba a Hispanoamérica hacia una perspectiva futurista, que resultaría frustrada. Igualmente se prohibía la excesiva concentración de tierras, lo que tampoco tendría repercusión en la realidad. En conjunto, un cuerpo legal mucho más avanzado de lo que entonces existía, no sólo en España, sino en Europa o ninguna otra parte del mundo. Por desgracia el incumplimiento de la legalidad era tan frecuente en las colonias como en los reinos hispánicos. En 1.681, Luís XIVº invadió Strassburg, lo que provocó una nueva alianza antifrancesa, que, en esta ocasión, no fue promovida por el Imperio, sino por el Gobernador General de Holanda, Guillermo IIIº de Orange. El comercio hindú hacia Europa creció de modo exorbitado: sólo en Bengala se calculan contrataciones por más de 1.800.000 rupias en ese año, especialmente de especias, índigo y algodón. Más adelante se añadirían salitre (para fabricar pólvora) plata, oro, cobre, plomo y tejidos. Simultáneamente se importaba vino y vidrio de Europa, caballos de Persia, y tabaco americano. El rebelde Uu Chij-fan, nieto de Uu San-kuei, ante lo desesperado de su situación frente a los manchúes, se suicidó. El cuáquero (del inglés quake, que significa “temblor”, tal vez porque en sus sermones repetían “temblad en el nombre del Señor”, aunque ellos se autodenominan Sociedad Religiosa de los Amigos) William Penn recibió en feudo los territorios que denominó “El bosque de Penn”, en latín Pennsylvania. Su centro colonial fue “Amor fraterno”, en griego Philadelphia. La organizó mediante una asamblea de propietarios libres (freeholders) que elegían al Consejo.

Su tolerancia religiosa y la buena relación con los indios le dieron fama de lugar idílico, por lo que atrajo a colonos, no sólo cuáqueros ingleses, sino pietistas alemanes, calvinistas holandeses y valones, menonitas suizos (una secta anabañtista, los que hoy conocemos como amish) y hugonotes franceses, escoceses e irlandeses. En 1.682, ante la amenaza de disolución, la Dieta sueca renunció a la libertad de opinar, sometiéndose incondicionalmente a la voluntad del rey: el triunfo del absolutismo. La Compañía británica de las Indias Orientales repartió un dividendo del 50%. El archipope Avvakum Petrovich terminó condenado a la hoguera, por oponerse a las decisiones conciliares. A la muerte de Fiodor IIIº sin designar sucesor se produjo el enfrentamiento entre los Miloslavski, familiares de la primera esposa de Alejo Iº, y los Naryschkin, de Natalia, la segunda. Estos consiguieron imponer como zar a Pedro Iº, apodado “El Grande”, hermanastro del fallecido. Como sólo tenía 10 años, se ocupó de la regencia su madre, Natalia. La difusión de falsos rumores y el levantamiento de la guarnición de Moscú la aprovecharon los Miloslavski, dirigidos por Sofía, la anteror zarina, quienes, durante tres días, asesinaron a la mayoría de los parientes y partidarios de Pedro Iº. Posiblemente esto haría de él el tirano despiadadoe que llegaría a convertirse, resuelto a encontrar el modo de vengarse. Sofia se hizo con el poder en Rusia, aunque al zar y a su madre, posiblemente para evitar una mayor confrontación, se les permitió vivir en su finca de verano, en los alrededores de Moscú. Quizás si, en lugar de haber sido una mujer, con escasas posibilidades de obtener el trono ruso, en aquella época, hubiese sido un hombre, no se habría conformado con la regencia. Así Pedro Iº se educó en contacto con los “de las afueras” (sloboda) los extranjeros que habían sido expulsados de Moscú. Con ellos adquirió grandes conocimientos tecnológicos y se ejercitó militarmente. Con sus amigos organizó Regimientos, con los que jugaba a desarrollar maniobras militares, dirigidos por Oficiales alemanes.

Yasu Iº, apodado “El Grande”, fue coronado rey de Etiopía, que, bajo su mando, conseguiría un nuevo engrandecimiento. Murió Lob-sang Yia-tso. Su hijo, regente laico del Tibet, ocultó durante seis años, por razones políticas internas y externas, el nombre de quién debía heredar el título de dalai lama. Los británicos estaban consolidados en la Bahía de Hudson. Tardíamente los franceses decidieron asaltar Fort Rupert, Moose Fort y Fort Albany. El Señor de La Salle, René Robert Cavalier, navegó el Mississipi hasta su desembocadura, tomando posesión para Francia de una inmensa franja, desde los Grandes Lagos hasta el Golfo de Méjico, que, en honor de su rey, denominó Luisiana. El ataque del visir turco Kara Mustafá, con 200.000 hombres, más los aportados por el rebelde conde Tököly, que le apoyó confiando en su promesa de hacerlo rey de Hungría, consiguió expulsar de allí a las tropas imperiales, y sitiar Viena, en 1.683, con lo cual la alianza antifrancesa no pudo pasar a la ofensiva. Viena resistió cinco meses, bajo el mando de su alcalde y del conde von Starhemberg. Precisamente por su alianza con Francia, Brandenburg no participó ni en la defensa ni en la liberación de dicha ciudad, lo que demuestra hasta qué punto se habían perdido no sólo la idea de Imperio, sino incluso la de cristiandad. Leopoldo Iº consiguió reclutar un ejército imperial, al que se unió otro polaco, y tropas sajonas, renanas, bávaras y franco-suavas, que sumaban 70.000 hombres. El peligro común otomano aproximó Polonia a Austria. Dirigido por Juan IIIº Sobieski el ejército polaco, y por el duque Carlos Vº de Lorena el imperial, inflingieron a los turcos una devastadora derrota en Kahlenberg. El emperador alemán decidió perseguir al enemigo en fuga.

El rebelde hijo de Cheng Ch’eng-kung, tras comprobar que su Tratado comercial con los ingleses no daba los frutos esperados, decidió entregarse a los manchúes, que, de esta forma, tras 40 años de guerra, quedaban como dueños incontestables del imperio chino, incluida la isla de Taiuán o Formosa. En 1.684, el emperador alemán selló una alianza con Polonia y Venecia, que pretendían aprovechar la derrota de los otomanos para expulsarlos de Europa. Rusia también se unió a ella. El Gobierno británico llevó a juicio a la colonia de Massachussetts, acusándola de actuar como Estado independiente. Como consecuencia se anuló su Carta Fundacional: la divergencia con la metrópoli no sólo se hizo evidente, sino que desesperó de procesos legales frente al autoritarismo monárquico. Finalmente, en 1.685, siguiendo la línea de enfrentamientos religiosos reabierta en Gran Bretaña, Luís XIVº abolió el Edicto de Nantes, cuya consecuencia fue la emigración a Holanda y Brandenburg de medio millón de hugonotes, lo que produjo un notable perjuicio económico. Los cantones suizos en los que las sectas reformadas eran mayoritarias protestaron por dicha abolición del Edicto de Tolerancia, concediendo derecho de asilo a los hugonotes, así como a los valdenses del Piamonte. Sin embargo se mantuvieron fieles a su compromiso de neutralidad, llegando a permitir que, tanto Francia como Holanda y los Hagsburg, incumpliendo leyes y compromisos anteriores, reclutaran mercenarios suizos durante la guerra de sucesión del Palatinado. Brandenburg asentó a 20.000 hugonotes en las regiones despobladas de Prusia oriental. Al morir sin hijos Carlos IIº de Inglaterra, le sucedió su hermano Jacobo IIº. Aunque se había convertido al catolicismo reclamó la autoridad suprema sobre la Iglesia Anglicana, con pretensión de llevar el absolutismo a un poder ilimitado. Continuó con la política de las declaraciones de indulgencias y el nombramiento de católicos para cargos públicos, con la intención manifiesta de restablecer el catolicismo en Gran Bretaña.

En China se creó la aduana marítima imperial, a cargo de un Intendente. Sin embargo, los comerciantes que habían recibido autorización, agrupados en una especie de gremio llamado co-jong, ejercían un control total obteniendo máximos beneficios. Como consecuencia de la anulación de la Carta Fundacional de Massachusetts se impuso un nuevo Gobierno a la colonia, lo que se interpretó como una muestra de despotismo. En 1.686, Brandenburg, por fin, firmó la alianza defensiva con el emperador, aceptó pagar subsidios de guerra y envió un cuerpo auxiliar contra los turcos. Junto con Rusia, se unió a la coalición del Imperio, Polonia y Venecia, que se puso bajo el patronato del Papa Inocencio XIº y tomó el nombre de Santa Alianza.

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