1.492: La ruta hacia occidente

Realizó diseños de una escafandra de buzo, una especie de submarino, de velocípedo (bicicleta que se propulsaba empujando con los pies contra el suelo) de bicicleta con pedales y transmisión por cadena –algo que no se les ocurrió a los primeros diseñadores de éstas, sino que se propulsaban mediante listones y palancas, razón por la que los velocípedos fueron más populares durante mucho tiempo, porque tenían más capacidad multiplicadora y, por tanto, alcanzaban más velocidad- de paracaídas y de helicóptero, más exactamente un molinillo o rosca vertical, de gran tamaño, que podría servir para ello. Estudió el vuelo de los pájaros, llegando a construir un artefacto con el que su criado (posiblemente amante) despegó del suelo, rompiéndose una pierna, por lo que no repitió tales experimentos. Muerto Mejmet IIº le sucedió su hijo, Bayaceto IIº. El imperio otomano estaba al borde de la quiebra, exhausto por su esfuerzo expansionista, y de la guerra civil. Tanto la aristocracia como los devchirme quisieron aprovecharse del nuevo soberano para incrementar su poder. También su hermano, el sultán Djem, le disputó el trono. Apoyándose en los devchirme se asentó en el trono, derrotando a su hermano. Axayacatl amplió el imperio azteca provocando la resistencia de los dominados. Así se sucedieron las insurrecciones, especialmente en Juaxteca. En cambio la expansión hacia el Norte fracasó, debido a la unión de las tribus tarascas, que pusieron en fuga a su ejército. Así acabó el mito de la invencibilidad azteca, y sus dominados se aprestaron a independizarse. Obsérvense las circunstancias propiciatorias que se iban dando en vísperas de la llegada de los españoles, que, como los portugueses, supieron aprovecharse de todas ellas. En compensación, los aztecas se expandieron por el Sur, hasta Guatemala. Parece ser que Axayacatl previó su muerte, sobrevenida por las heridas recibidas en un combate, lo que tendría su efecto en la superstición de sus sucesores. Ocupó el trono su hermano Tizoc. En 1.482, los portugueses fundaron en Guinea el centro comercial fortificado de Sao Jorge da Mina, desde el que acapararon oro, esclavos, marfil y pimienta.

La alimentación centro y norteuropea, bárbara, a base de cereales y carnes asadas o a la brasa y grasas animales, era insípida y repetitiva, al contrario que la dieta mediterránea y árabe, por lo que las especias se convirtieron en un lujo muy demandado, de más valor que el oro. Además podían tener efectos sobre los parásitos intestinales, de modo que podía tener efectos saludables. Quizás incluso acabe con algún tipo de bacterias patógenas, o cree un ambiente en el que no puedan prosperar. Los grandes simios ingieren termitas, hormigas rojas, cardos, hortigas, larvas de escarabajos y determinadas hierbas con el mismo fin, así como laxantes. El uso instintivo de vegetales como emolientes y vermicidas está demostrado en muchos animales, incluso en carnívoros, como el perro y el gato. Las ganancias derivadas de tal tráfico estimularon la ambición por nuevos descubrimientos. Así Diogo Cao (Cam) llegó a la desembocadura del río Congo. Djem consiguió convencer a los mamelucos para que le ayudasen a destronar a su hermano, Bayaceto IIº, pero éste los derrotó. Djem tendría que exiliarse y moriría envenenado. Bayaceto superó el ambiente de guerra civil equilibrando los poderes de ambos partidos políticos, lo que significaba desmerecer a quienes le habían apoyado. Igualó los impuestos de todas las provincias. Introdujo impuestos directos en los territorios conquistados. Instituyó una caja de reserva para financiar guerras futuras. Implantó un balance o balanza anual de ingresos y gastos. Reorganizó la industria y logró restablecer el valor de la moneda. Sin embargo fue muy reacio a emprender campañas militares, prefiriendo la acción diplomática. Obligado por las circunstancias tuvo que enfrentarse a mamelucos y húngaros. Todo esto supone un gran paralelismo con Felipe IIº de Castilla y Aragón. Bayaceto se dejó convencer de las ventajas económicas de una triunfante tercera guerra contra Venecia. Así conquistó Lepanto, en el Golfo de Jorintos. En 1.483, Babur, descendiente de Tamerlán, conquistó la India, iniciando la dinastía hindú de los grandes mogoles.

Diogo Cam exploró el río Congo, descubriendo la tribu de los manikongo. Portugal y su rey intercambiaron embajadores e iniciaron una provechosa colaboración entre ambos pueblos. En el futuro los utilizarían para atrapar esclavos, a cambio de cuyo servicio, en principio, ellos se salvaron de tal depredación. A la muerte de Eduardo IVº le sucedió su hijo, Eduardo Vº, de sólo 12 años de edad. Su tío, Ricardo de Gloucester, se aprovechó para coronarse como Ricardo IIIº, lo que produjo la disensión de muchos partidarios de los York, que se pasaron al bando de los Lancaster. El problema era que no quedaban descendientes de dicha casa, por lo que tuvieron que recurrir, a través de la línea materna, al noble galés Enrique Tudor. Carlos VIIIº, con sólo 13 años, bajo la regencia de su hermana Ana, sucedió a Luís XIº. Nació Martin Luder [1], hijo y hermano de gerentes de una mina de cobre, aunque no lo conocemos por dicho apellido, sino que lo cambió por el de Ludher, y, como no le pareció suficientemente distorsionador, posteriormente por Luther [2]. En 1.484 se reunieron en Tours los Estados (habría que traducir por Estamentos) Generales (la generalidad de los estamentos) en los que, por primera vez, estuvieron presentes todas las provincias, quizás con la intención de contrarrestar el poder de la nobleza. Sin embargo, fueron, nuevamente, incapaces de establecer el programa político expuesto, casi siglo y medio antes, por Etienne Marcel, que no sólo se dirigía contra el feudalismo, sino contra la autoridad real. Ana sofocó con gran dureza todos los disturbios, mayoritariamente de naturaleza feudal, con lo que consolidó aún más la monarquía francesa y su poder absoluto. En 1.485 consiguió el trono Enrique VIIº, instaurando la casa Tudor. Para consolidar su legitimación se casó, en 1.486, con Isabel, hermana y sobrina, respectivamente, de los dos últimos reyes destronados, lo que reforzaba su vínculo dinástico con la casa de York.

Desarrolló la organización estatal inglesa, reforzando el Consejo real  -que  se  encargaba  del  Gobierno-  el  Parlamento  -dedicado a actualizar la “ley común” o de los comunes, y a aprobar las subidas de impuestos, especialmente- los jueces de paz, que debían aplicar las “ley común”, para todos, o, más exactamente, para la mayoría, los que no eran nobles ni eclesiásticos, y el jurado, que decidía la culpabilidad o inocencia de los procesados en causas criminales. Firmó en Medina del Campo, junto con Fernando “El Católico”, una alianza con España, que se mantendría durante 60 años. La mayoría de los cronistas consideran a Tizoc un inepto, y que murió envenenado por la aristocracia militar azteca. Tenochtitlán continuaba creciendo, debido a la facilidad de transporte que suponían sus muchos canales, en una cultura que no conocía la rueda ni poderosos animales de tiro, así como la equilibrada proporción de labradores, artesanos y guerreros, y a su conciencia de ser un pueblo minoritario, recién llegado, dentro de su gran imperio, pero también al gran prestigio adquirido, que supieron aprovechar. Eligieron a Ajuizotl, de la rancia aristocracia tolteca, para suceder a Tizoc. Fue un conquistador incansable, que era precisamente lo que deseaba la aristocracia azteca: no paró un momento de guerrear ni de conseguir éxitos. Llegó a las costas del Pacífico. Lógicamente tuvo que sofocar muchas rebeliones. Concluyó el gran templo que su predecesor había iniciado. En su consagración se sacrificó a miles de prisioneros, tanto esclavos como voluntarios. En 1.488, Bartolomeu Dias consiguió alcanzar el punto más al Sur de Africa, comenzando el ascenso nuevamente hacia el Norte, por el lado oriental. A este punto, confluencia de los océanos Atlántico, Indico y Antártico, y que formaba un estrechamiento con el Continente de igual nombre –aunque suficientemente distante como para que no se pudiera divisar, por lo que permaneció ignorado- por tanto, una zona de confluencia de vientos, mareas, corrientes marinas y tempestades, por lo que lo llamó Cabo de las Tormentas, por las que había experimentado durante su cruce. A Juan IIº le pareció que no podría ser muy estimulante para futuros expedicionarios, por lo que se lo cambió por el mucho más atractivo de Cabo de Buena Esperanza.

Maximilian, hijo de Federico IIIº, quizás más belicoso que su padre, o ante la falta de resultados de la política de éste en esta cuestión, a la muerte de Matías Corvino, en 1.490, trató de impedir que Luís IIº de Bohemia heredase Hungría. Sólo consiguió reconquistar Viena y expulsar a los húngaros de Austria. Se vio obligado a reconocer a Luís IIº de Bohemia como rey de Hungría, pero condicionado a que, si moría sin herederos varones, el reino volvería a la dinastía Habsburg. El Gran Ducado de Lituania, separado de Polonia, perdió parte de su territorio a favor de Moscú. También Polonia debió enfrentarse a Moscú, así como a los turcos, a los Habsburg y a Suecia. Ante tan poderosos enemigos consiguió una alianza con Francia, lo que se constituiría como tradición ancestral de su política, y con Venecia, que forzó la de los Habsburg con Moscú y la Orden Teutónica. Nzinga Nkuwu, rey de los manikongo, se bautizó, adoptando el nombre de Juan Iº. Inició con ello una dinastía de reyes cristianos, todos los cuales utilizaron nombres portugueses (Alfonso, Pedro, Francisco, Diego, Alvaro Iº y IIº, etc.) que se extendería durante tres siglos. Si embargo sus súbditos no eran partidarios de dicha idea, y le hicieron abjurar. En 1.491, Bretaña pasaba a Francia, por el matrimonio obligado de Carlos VIIIº con la hija del duque bretón. El resto de territorios con aspiraciones a la independencia los heredó la hija de Carlos “El Temerario”, casada con Maxilimilian de Austria, por lo que serían absorbidas por la casa Habsburg: una de las mejores jugadas del “indolente” Federico IIIº. Fernando “El Católico” sitió la ciudad de Granada. Bajo capitulaciones (es decir, no fue rendición incondicionada, sino negociación, pactada, lo que se refleja en muchas pinturas y grabados porque Boabdil entrega las llaves cabalgado, no a pie, no encorvado, rindiendo pleitesía, vasallaje) en 1.492 se entregó la ciudad y su casi todo su territorio, a cambio del reino autónomo, pero no independiente, de la Alpujarra. Con ello muchos historiadores consideran que en España termina la Edad Media.

En las crónicas del Cardenal Cisneros sobre dicha campaña y la entrada a la ciudad los denominó, por primera vez, reyes católicos, es decir, de la religión católica, quizás por oposición al rey mahometano. Martin Behaim, nacido en Nurenberg, tras viajar por los Países Bajos y Lisboa, recogiendo informes de navegantes y mapas, concibió en su ciudad natal el globo terráqueo más antiguo que se conoce. Tras ser rechazada por Portugal, Francia y Fernando de Aragón, y antes de conocer la aceptación que su hermano Diego había conseguido de Inglaterra, Isabel de Castilla aceptó, en contra del parecer de su esposo y de la Junta de geógrafos de su reino, que consideraban excesiva la distancia para poder transitarla con agua potable y víveres suficientes, la propuesta de Colón de explorar una ruta por occidente hacia la India. Quizás el argumento que la convenció fue que podrían prestar apoyo a los cristianos armenios, las “Tierras del Preste Juan” de los relatos de Marco Polo, que le habían ofrecido la corona, igual que a otros reyes cristianos, a cambio de ayudarles frente a mongoles y turcos. Esto les daría la posibilidad de reconquistar el Reino Santo de Jerusalem, así como los ducados de Atenas y Neopatria, cuyos títulos ostentaban sin poder hacerlos efectivos. Para la fase final de la campaña de Granada se habían pedido créditos especiales (juros) a diversas ciudades. El de Valencia se incumplió, por lo que la ciudad pidió garantías para su renovación. Isabel de Castilla aportó sus joyas. Tras la conquista de Granada se pagaron los créditos repartiendo andalusíes para su uso o venta como esclavos, lo que significaba violar lo pactado. El tesorero real, el judío Miguel De Santangel (que acabaría huyendo del país, y su hermana quemada por la Inquisición) liberó a sus correligionarios con cargo a su propio patrimonio. La reina y el tesorero real pidieron a Valencia la renovación del crédito, reteniendo ésta las joyas reales pignoradas, para financiar la expedición de Colón, formada por una nao, la capitana, fletada por el Ayuntamiento de Sevilla, ciudad desde la que partió la expedición, a la que se unirían, en el puerto de Palos de Moguer, dos carabelas de los hermanos pinzones, en castigo por haber desobedecido los pactos con Portugal respecto a las rutas al Sur de las Canarias.

De allí zarparon hacia la isla del Hierro, la última escala y posesión castellana antes de iniciar la exploración de descubierta, donde reposaron agua y alimentos. Al parecer la esposa del Gobernador de la isla era amante de Colón. Lo cierto es que, aduciendo una avería del timón, su nao, más rápida, se adelantó a la Flota, permaneciendo más días que los demás en la isla. Considero que los orígenes de Christóphoros (“El portador de El Cristo”, la leyenda del gigante San Cristóbal, que trasportó a hombros a El Cristo para que atravesara un río, reproducción de la original sobre El Budda) Colombo (“Paloma”, todo lo cual hace parecer un apodo o, si es real, que lo interpretase como premonitorio) son inciertos. Los genoveses, en el cuarto centenario del descubrimiento de la ruta americana, propagaron que habían encontrado su partida de bautismo. Sin embargo, en la Exposición Universal de Sevilla de 1.992, en el quinto centenario de dicho descubrimiento, no lo aportaron, sino reproducciones de dos documentos, ambos con igual caligrafía, lo que parece indicar que fueron obra de escribas profesionales. Uno de dichos documentos, en italiano, es un acta judicial, mediante la cual un grumete de tal nombre se declara genovés para prestar testimonio. Es lógico que se declarase genovés pues, en otro caso, dicho testimonio no lo habrían tenido en consideración. El otro se presentaba como una autorización del padre de Colón, Diego (un nombre de origen portugués) a éste para que comprar vinos. Estaba en castellano, y la transcripción era errónea: el Almirante, firmando como tal, con las indescifrables siglas que utilizaba, autorizaba a su hijo Diego para tal negocio. Por tanto son documentos con una inmensa diferencia temporal. Es increíble que los historiadores italianos hayan caído en tan trascendental error. Si existiese dicha partida bautismal sin duda la habrían aportado, más que tales documentos que no aportaban nada, por lo que concluí que se trataba de una superchería, que no existía tal prueba. Si es verdad que, mientras los venecianos buscaban reabrir la ruta de las especias, a la India, a través de Egipto, el Mar Rojo y el Océano Indico, los pisanos teorizaron con la cricunnavegación de Africa y los genoveses con la ruta oceánica hacia el Oeste.

Y que había una amplia familia Colombo que eran ganaderos y comerciantes de ovejas genoveses, que fletaron buques con tal comercio y de vinos, llegando hasta las Islas Canarias, posiblemente buscando los descubiertos vinos de Icod o malvasía, de elevadísimo precio, y hasta Inglaterra, demandante de vinos caros, que reexportaba a través de la Liga Hanseática, hacia Alemania y hasta Suecia. Pero esto no excluye que fuese un judío mallorquín, de la familia Colom. O gallego, o alemán, en cuyo idioma significaría colono. Lo cierto es que había vivido en las Islas de Cabo Verde, donde se casó con la hija del Gobernador portugués. Este lo hizo caballero de la Orden de Jerusalem, cuyo objetivo era la reconquista de los Santos Lugares. En dichas islas podría constatar cómo las tormentas llevaban restos vegetales procedentes del Continente. También vivió en las Azores, donde también constataría la llegada de restos de plantas desconocidas, arrastrados por el mar. Y pudo conocer las leyendas del navegante o piloto anónimo, que había llegado a islas al oeste de dicho archipiélago, que sólo pueden ser americanas. Tal vez incluso conoció al protagonista de dichas leyendas. Más tarde vivió en Lisboa, donde, con la ayuda de su suegro y por ser caballero de la Orden de Jerusalén, se le facilitó la entrada en los archivos de mapas secretos, de las nuevas rutas descubiertas por los portugueses. Para mí que era espía de los Reyes Católicos. Se carteaba con tres de los confesores de la reina Isabel, con sedes en el Monasterio de Guadalupe, donde los reyes acostumbraban a veranear, la Rábida, donde buscó refugio tras que el rey portugués diera orden secreta de apresamiento y muerte, sin que se conozcan los motivos, tal vez por el robo de mapas secretos. Ambos estaban cercanos a la frontera portuguesa. Y el tercero era la Cartuja, Chartreuxe, de Sevilla, desde donde, por vía terrestre, fluvial, o marítima, se podía conectar rápidamente con los reyes, sobre todo durante la larga campaña de Granada, puesto que, desde dicha ciudad, las tropas recibían refuerzos y provisiones, y a ella llegaban los heridos de guerra, al Hospital de la Sangre o del Cristo de las Cinco Llagas, el primer hospital militar permanente del mundo, hoy Parlamdento de Andalucía.

Colón conocía el secreto de los mapas portugueses: multiplicaban por dos las distancias de las rutas secretas, lo que desincentivaba de seguirlas a quienes desconocieran tal secreto, y, de hacerlos, los haría perderse, si no rehacían los cálculos conociendo tal error. En base a ello, a dichos cálculos “corregidos”, erróneos, que aplicaba no sólo a los mapas sectetos portugueses, sino a los conocidos, a los rutas conocidas, y hasta a los mapas de otros países, italianos, mallorquíes, o árabes, lo que era por completo improcedente. Además jugaba con las equivalencias de las leguas castellanas, italianas y árabes, con todo lo cual conseguía reducir el tamaño de la tierra hasta hacer que la distancia por el Oeste hasta la India fuese completamente practicable con los medios entonces existentes. Una serie de supercherías que motivó el descrédito y el desprecio por parte de la Junta de geógrafos, hizo que Fernando IIº de Aragón se negase a que su reino participara en dicha aventura, que ya bastante castigado estaba con la guerra civil, que no terminaba de acabar, y cuyos impuestos necesitaba para su aventura en Italia, por lo que tuvo que ser Isabel Iª de Castilla la que mantuviese sus joyas en garantía del préstamo para financiar el descubrimiento. Con todas las consecuencias de mantener a la corona de Aragón fuera de los presuntos (que él consideraba ilusorios) beneficios del mismo  acceder sólo a las capitaluaciones de Santa Fe con Colón siempre que éste no recibiese nada sino la parte proporcional de lo que se obtuviese de las nuevas tierras descubiertas, que el suponía que iba a ser nada ¿Por qué tántas manipulaciones? ¿No comprendía que estaba arriesgando su vida con ello, que el trayecto era tan largo que no permitía llevar suficiente comida ni agua? Posiblemente Colón sabía lo que iba a encontrar. Se especula que tenía mapas de parte de América. O incluso que ya había estado allí, que él era el verdadero piloto o navegante anónimo, que sólo pretendía justificar su derecho de posesión, de explotación, puesto que contravenía el reparto del mundo (aunque, en su momento, no se dieron cuenta de tal trascendencia, sino que sólo atendían a su carácter local) acordado por el Tratado de Alcazovas-Toledo, apostillado por la bula de Adriano VIº, el segundo Papa Borgia.

Se afirma que los Reyes Católicos retuvieron el cumplimiento de las capitulaciones de Santa Fe hasta que no consiguieron que Rodrigo Borja fuese electo Papa y publicase dicha bula, que garantizaba sus derechos de explotación de las nuevas tierras descubiertas. Existe un mapa turco, 25 años posterior, en el que aparece la Isla de Brasil, y territorios costeros de otro Continente. Podría ser América o Asia, manteniendo la tesis la unión transoceánica con Europa. Colón se esforzó en asemejar todos sus descubrimientos con la costa del Sudeste asiático, pero es que, de no ser así, según las capitulaciones de Santa Fe, él no tendría derecho a nada. Pero dicho mapa turco corresponde a una fecha en la que los descubrimientos castellanos eran considerados secretos, y, además, hace referencia a un original 50 años anterior. Se dice que, durante el sitio de Granada, Colón entró varias veces en la ciudad, por la noche, para entrevistarse con un cartógrafo andalusí. Y que fue de los primeros en entrar tras la entrega de la ciudad a los cristianos, posiblemente con el mismo fin. Colón pidió una Flota de 5 naos, el buque más rápido de los más grandes de la época. Eran más grandes las galeras, pero muy poco maniobreras, por lo que no eran adecuadas para la descubierta. Para su mejor manejo precisaban de remeros, lo que multiplicaba las necesidades de agua y comida. También eran mayores los cárabos italianos, verdaderos cascarones de nuez de inmensas proporciones, imitación a los buques mercantes fenicios y bizantinos, de gran capacidad de carga, pero muy lentos y menos maniobreros aún. Los Reyes Católicos redujeron a tres los buques que estaban dispuestos a fletas. Uno se lo ordenaron al Ayuntamiento de Sevilla, que le cambió el nombre a uno antiguo, extorsionando a Colón con que, si lo denunciaba, se quedaría sin ninguno. También se negaron a cumplir la orden real los pinzones. Colón tuvo que ir a Moguer y convencerlos. Al parecer les dijo que se dirigían a las minas de rey Salomón, y el tipo de piedras preciosas que allí podían encontrar. Entonces, para su disgusto, le dijeron que no disponían de naos, sino sólo dos carabelas, pequeños cárabos, de borda baja entre sus dos puentes, de pequeño tonelaje, pero que se habían demostrado muy útiles en el Atlántico.

En las tempestades las olas pasaban sobre cubierta sin volcar dichas pequeñas naves, que demostraron gran estabilidad y flotabilidad. Desprovistas de carga tenían muy poco calado, por lo que eran idóneas para la descubierta, el arribo a playas y puertos naturales sin proteger ni obrar. Fue una suerte, otra más, ya que la única nao, aunque vieja, fue la única que encalló y se perdió. Igual que la posesión de las islas Canarias: desde ella se consigue el influjo de los vientos alisios y contralisios que  llevan y traen de vuelta directamente hasta el Brasil. Colón debió alejarse de ellos, hacia el Norte, para no entrar en zona portuguesa, contraviniendo el Tratado de Alcazovas-toledo. Y, sobre todo, la corriente del Golfo de Méjico, que trae directamente de vuelta a los buques desde el Caribe a Portugal y el Golfo de Cádiz, y que, en el retorno de dicha corriente, los empujaba desde dichas islas hasta los archipiélagos antillanos. Durante la travesía, diariamente, al anochecer, Colón leía las anotaciones realizadas, a lápiz, en su cuaderno de bitácora, respecto de los vientos, derrotero, velocidad supuesta y distancia presuntamente recorrida. Al comprobar que ya no quedaba alimento suficiente para el retorno, y que el agua se había “podrido”, corrompido, la tripulación exigió volver de inmediato. Colón les aseguró que encontrarían islas con agua en poco tiempo, que volver era mucho más peligroso, y, para darles moral, clavó una moneda de oro en el mástil para el primero en avistar tierra. Cuando así ocurrió dijo que él había visto fogatas la noche anterior, pero que no lo había dicho porque los ánimos estaban sobresaltados y podía haberse confundido con estrellas reflejadas en el mar y nubes nocturnas, pero, una vez confirmado el descubrimiento, se cobró su propia recompensa. Además cambió el derrotero, virando desde el Noroeste (que lo hubiese conducido hacia Florida) hasta el Oeste, que llevaba hacia las que se denominarían Antillas, posiblemente por el parecido con la playa de Lepe (Rodrigo “de Triana”, el que avistó las nuevas tierras descubiertas, era lepero, aunque afincado en Triana y casado con una trianera, y se alistó con dicho nombre, tal vez porque era de ascendencia judía, por si el Ayuntamiento de Sevilla le diese preferencia a los sevillanos, aunque en la nao capitana había también griegos, genoveses, venecianos, santanderinos, vascos, gallegos y alemanes, muestra de la importancia de tal puerto en la época) de la Antilla, en la costa de Huelva. Puede que su objetivo fuera China o Japón, y que la impaciencia de los tripulantes lo hiciese preferir el Sudeste asiático, quizás la India. Pero también que conociese exactamente a dónde se dirigía por una u otra ruta, aunque no fuese consciente de que se trataba de otro Continente, desconocido para los europeos. Con ello se internó en el Mar de los Sargazos, el centro sobre el que gira la Corriente del Golfo de Méjico, acumulando algas, sargazos (y, actualmente, bolsas de plástico, en una extensión semejante a la Península Ibérica) que dificultan la navegación y ésta se detiene si no hay vientos suficientes. Era una de las maldiciones del mar para los cartagineses, que quizás conocían tal pasaje. Sin embargo Cólo no debía conocerlo, seguro que nunca estuvo allí, pues, de otro modo, lo habría evitado. Con tales antecedentes, pasados los días la tripulación se aterrorizó, y volvió a exigir el retorno.

Les dijo que aún no habían recorrido las leguas que había predicho, y, como prueba, les mostró el cuaderno de bitácora. Para los tripulantes había enmendado las anotaciones al pasarlas a tinta, reduciendo las mediciones y distancias recorridas. Todo ello parece indicio del convencimiento de Colón, su certeza, de que había tales tierras a la distancia que él predecía, como si ya lo hubiese experimentado personalmente. Así que hubo una insurrección general de las tripulaciones. Colón debió trasladarse a la Pinta, donde convenció a Martín Alonso Pinzón, el cual lo hizo también al resto de los tripulantes. Posteriormente adujo que le había enseñado mapas precisos, en los que aparecían claramente indicadas minas de oro. Desde hacía muchos siglos los vikingos habían llegado a Islandia, más cerca de América que de Europa, e incluso a Groenlandia, “El País Verde” (en verano, lógicamente, porque en invierno es blanco: lo cubre el hielo) dejando allí construcciones de refugio, especie de cuevas artificiales, de madera recubierta de tierra e hierba en las faldas de las colinas. Más dudoso es que llegasen a Terranova, como se afirma simplemente por la descripción que hicieron de unas vides silvestres que allí existen. Aunque también las hay en otros lugares, y puede que en el pasado fueran una especie más extendidas. Pero, en realidad, los verdaderos descubridores de América fueron los indios. Desconocer este hecho supone una visión racista, despreciativa hacia ellos. La aportación de la expedición castellana y, sobre todo, la posterior conquista y colonización, es el descubrimiento de una nueva ruta comercial, la integración de dicho Continente en el tráfico globalizado, el económico y el cultural e ideológico, su participación en la política mundial, aunque, inicialmente, sólo fuese de modo indirecto, como súbditos a los que se forzaba a aceptar ideas, religión, cultura, y a trabajar, aportando riquezas con las que se dirimían los conflictos de intereses europeos. Y esto resulta incontrovertible. Con tal descubrimiento la mayoría de los historiadores consideran que comienza la Edad Moderna en España. Para algunos, incluso en el mundo. Colón murió defendiendo que había llegado a la India. Por ello conocemos como indios a los nativos americanos. Por otra parte es lógico que así lo hiciese, porque, según las capitulaciones (articulados) firmadas, de no ser así no tendría ninguno de los derechos pactados. La primera tierra descubierta fue la isla que denominó San (¿Santo?) Salvador. Se supone que es la que posteriormente se conoció como Santo Domingo, que hoy comparten la Republica Dominicana y Haití.

La toma de posesión se hacía convocando, en castellano, latín y griego, al rey que en nombre de Cristo gobernase dichas tierras, y, si no acudía, entonces se reclamaba para la cristiandad clavando en las playas el pendón de Castilla. Todo esto mientras los “conquistadores” protegían con sus escudos a los sacerdotes o capitanes que hiciesen tal ceremonia de las flechas y lanzas arrojadas por los indígenas. Tras lo cual podía iniciarse directamente el contraataque, la toma de la playa. Incumplidas las capitulaciones, que obligaban a respetar las vidas, personas, propiedades, leyes, costumbres y religión de los granadinos, estos se amotinaron. Se envió al ejército contra ellos y Boabdil acudió  a defender a sus antiguos súbditos, así como al cumplimiento de lo acordado. Tras su derrota tuvo que exiliarse a Marruecos, donde moriría como vasallo del sultán marroquí, luchando en beneficio de éste. Quizás esto llamó la atención de Isabel y Fernando sobre la necesidad de controlar ambas orillas del Estrecho. Sobre todo porque los portugueses, que se habían reservado tal derecho por el Tratado de Alcazovas-Toledo, no mostraban interés por hacerlo efectivo. Consiguieron la soberanía sobre algunos reinos bereberes. Lo cual hacía urgente modificar las condiciones de dicho Tratado, para mantener la paz con los vecinos y la esperanza de la unión dinástica penínsular, puesto que, según las Tercerías (o terceras partes del Tratado anterior) de Moura, los Infantes de Castilla y Aragón y de Portugal debían contraer matrimonio y el primogénito de sus hijos varones heredar todos dichos terroritorios. Los Reinos Pontificios ocupaban todo el centro de Italia. Eran un conjunto de señoríos feudales y tiranías locales política y administrativamente inconexos. Los Pontífices los consideraban como si fuesen dominio familiar, una especie de privilegio para ocupar y enriquecer a los numerosísimos parientes que les aparecían tras sus nombramientos, mendigándoles algún puesto del que pudieran lucrarse. Además de la corrupción que todo ello presuponía y engendraba, en un círculo vicioso, era una necesidad para que cada Papa pudiese confiar en la exacción de rentas y control de dichos territorios, ya que “heredaba” una organización corrompida, dominada por los familiares de su antecesor.

El borja (italianizado como Borgia) Alejandro VIº, oriundo de Játiva, llegó mucho más lejos. Fue elegido Papa mediante simonía, es decir, comprando el voto de los cardenales, posiblemente con la ayuda de los Reyes Católicos. Nombró duque de Romagna a su hijo César Borgia, y le encomendó someter a los Reinos Pontificios a un poder y organización únicos, con la intención de crear un Estado poderoso cuyo ejército pudiese hacer frente a franceses, venecianos, florentinos, alemanes y españoles, con lo que podrían mantener la independencia de Italia, incluso unificándola, y la Iglesia de tales amenazas. Este acabó con pequeños príncipes y tiranos locales sin ningún escrúpulo. Cuando conquistó Nápoles decapitó a cuarenta aristócratas partidarios de los franceses. Se dice que hizo exponerle, desnudas, a sus viudas e hijas, para escoger las que mejor le parecieron como esclavas para su harén particular, para entregarlas, individualmente, a sus oficiales, y, el resto, colectivamente, a la soldadesca. En dicha labor política, padre e hijo utilizaron a la hija y hermana respectiva, Lucrecia Borgia, que entregaban en matrimonio para conseguir Tratados y alianzas favorables. Generalmente eran esposos viejos, pero siempre poderosos y acaudalados. Esta, mujer muy independiente y culta, protestaba por ello e, indefectiblemente, envenenaba a sus esposos, lo que favorecía los intereses familiares y acumulaba sus posesiones y riquezas. Lo que no concuerda es que regresara a las posesiones de su padre y hermano, que volvían a “ponerla en venta” y casarla de nuevo. Se podría interpretar que, a pesar de sus protestas, comprendía las misiones que se le encomendaban. Sin embargo, desde dicha época, posiblemente los enemigos de su familia, explicaban tales protestas, envenenamientos y retornos, por que estaba enviciada en mantener relaciones incestuosas con su progenitor y su hermano, respectivamente. Derrotado Ludovico “El Moro” por los franceses, Leonardo da Vinci trabajó para César Borgia como arquitecto. Realizó para él mapas exactos, de prodigiosas mediciones, iniciando la cartografía moderna. A la muerte de Federico IIIº, en 1.493, había logrado la unión de Austria con el Tirol. Le sucedió su hijo Maximilian, que ya había heredado de su esposa el Franco Condado y Flandes.

Para impedir una confrontación entre las potencias ibéricas, la decisión papal dividía al mundo en dos partes, dos áreas de influencia, para Castilla al Oeste y para Portugal al Este de una línea geográfica, de Norte a Sur, que pasase a cien leguas al Oeste de las islas Azores y Cabo Verde, con la excepción del archipiélago canario. Otra bula posterior hacía referencia específica a la India a favor de Castilla, lo cual colisionaba directamente con los intereses de Portugal, consolidados por bulas anteriores. Esto fue posible tanto por los antecedentes previos, favorables a los portugueses, como porque el valenciano Alejandro VIº debía su nombramiento a la influencia de los Reyes Católicos y necesitaba las tropas de éstos para oponerse al expansionismo francés. A los portugueses se les dejaba una franja para sus navegaciones por la costa occidental africana, suficientemente ancha como para evitar conflictos si las tormentas desviaban a sus navíos. Hay que tener en cuenta que los reyes de Portugal habían dado orden de arrojar al mar a los castellanos que encontrasen en “sus aguas”, lo cual hay que tener en consideración respecto de la futura expedición del traidor Magallanes, que hizo defección de su patria. Y que temían que ellos pudieran recibir el mismo tratamiento. Pero, con ello, se les estaba entregando, también, el extremo oriental de Brasil, entonces desconocído. Es curioso que a nadie se le ocurriese, entonces, que los meridianos dan la vuelta al mundo, que siguen “por detrás”, en el otro hemisferio, y las consecuencias que eso iba a acarrear en el futuro, por ejemplo, en relación a la Indica, las Islas de la Especiería, Malucas o Molucas, o Filipinas. Sin embargo Portugal se sintió traicionado, tanto porque se cuestionaban las anteriores bulas a su favor, como porque se interceptaban las dificultosas negociaciones que se estaban llevando a cabo con Castilla y Aragón sobre las mismas cuestiones, lo que aparecía como un triunfo diplomático de los Reyes Católicos. El Gobierno anglicano inglés rechazaría en el futuro tal decisión, negando la autoridad del Papa sobre un reparto del mundo. En base a ello “justificaban” su apoyo a los piratas y, en cambio, aducían para sí el “derecho de descubrimiento” respecto de la costa Oeste norteamericana, aparte del Golfo de Méjico y Florida.

A la muerte de Tupac Yupanqui le sucedió Juayna Capac, como 11º Sapa (Gran) Inca. Llevó el imperio a los límites de Colombia, alcanzando su máxima expansión. Sofocó una insurrección, cuyos motivos los cronistas ocultan, y consolidó la frontea Norte, al casarse con la hija del monarca de Quito. En 1.494, el Papa Alejandro VIº  tituló oficialmente a los Reyes Católicos como tales. Bajo la presión de las últimas bulas de dicho Papa, Juan IIº accedió al Tratado de Tordesillas, negociado durante dos años, que desplaza la línea de demarcación 270 leguas hacia occidente, hasta 370 leguas al Oeste de las islas de Cabo Verde, desconociendo aún la existencia de lo que se denominaría Brasil, en el que se internaba. Los intereses contrapuestos de las naciones europeas, así como la secesión que la reforma lutherana produciría en el cristianismo, llevaría a una profunda crítica en tales concepciones. El debate llegó a plantear incluso el derecho a la consulta a la población indígena, lo que significaba un reconocimiento no sólo a la soberanía de los reinos “infieles” sino a la de su pueblo. Todo ello hizo progresar la teoría del derecho, el derecho internacional y el derecho de gentes. Ante tal cuestionamiento a la “misión evangelizadora”, la legislación colonial castellana acentuó el trato humano a los indígenas (independiente de las atrocidades que se pudiesen cometer para “convencerlos” de su “conversión” y bautismo) que, aun cuando no se cumplió con escrupulosidad, suponen un avance y mérito indiscutible. La visión medieval de que la toma de posesión simbólica, para consolidarse, debía seguirse de inmediato por la toma efectiva (ingleses y frances, al incumplir dicho punto, pusieron en cuestionamiento, mutuamente, sus exploraciones y colonizaciones en Norteamérica, lo que conllevaría continuas guerras, hasta la independencia de Estados Unidos) por lo que exploración, toma de posesión, conquista y colonización de Hispanoamérica, fueron actos sucesivos e inmediatos. La India había conseguido unas fructíferas líneas comerciales hacia China, la península de Malaca, centro de aprovisionamiento, transbordo y enlace, y que llegaban desde las Islas Molucas a Ormuz, el Golfo Pérsico, Africa Oriental y el Mar Rojo.

Allí los árabes, que habían interrumpido el comercio europeo hacia la India durante algún tiempo, hacían de intermediarios con venecianos y genoveses, que revendían los productos indianos en Europa. El dominio turco sobre el Mediterráneo oriental empeoró la situación. Todo ello encarecía los artículos, en especial el cuasimonopolio veneciano. Romperlo, acabar con los intermediarios, se mostraba como altamente rentable. Los primeros que pensaron en ello fueron los genoveses, los más desfavorecidos por la competencia veneciana. Con tal objetivo comenzaron la exploración de la costa occidental africana. Contratados por la escuela de pilotos de Sagres, de Enrique “El Navegante”, muchos expertos marinos, geógrafos y cartógrafos genoveses llegaron a Portugal. Murió el filósofo y humanista Giovanni Pico della Mirandola, gran conocedor de los filósofos griegos, especialmente de Platón. Al escribir que Dios había colocado al hombre en el centro del Universo, definía el cambio de perspectiva del humanismo renacentista respecto del tenebrismo teológico medieval. Nació en Zurich Philippus Aureolus Bombastus von Hohenheim, aunque él se haría conocer como Teofrasto Paracelso, es decir, imitador de Celso, médico romano del siglo Iº. Fue neoplatónico, el último alquimista y el primer químico moderno. Se doctoró en Ferrara, tras estudiar en Basilea y en Viena. Recuperó la cirugía como actividad médica, entonces, y posteriormente, realizada por los barberos. Aplicaba para sus intervenciones láudano, o sea, una disolución de opio, como calmante semianestésico. Empleó minerales para su uso farmacológico, de modo homeopático (medicamentos con igual efecto que la enfermedad, provocando la reacción del organismo) o halopático (medicamentos con efectos contrarios a la enfermedad, que suplen o se superponen a las reacciones del organismo) como siguen los médicos convencionales en la actualidad, pero de forma indistinta, según las conveniencias de la enfermedad o del paciente, como hacían los médicos griegos. Por ejemplo, Hipócrates empleó nux vomica o nuez vomitiva, que su utilizaba como contraveneno o en casos de intoxicación alimentaria, para dominar una epidemia de cólera en Azenas, que cursaba con vómitos.

Paracelso analizó enfermedades de los tejidos corporales. Descubrió las características de muchas enfermedades, como la sífilis o el bocio. Empleó para curarlas azufre y mercurio. Se le achacaba que podía convertir plomo en oro. Egipcios y chinos, los primeros alquimistas (dicho nombre procede del egipcio kempf, “negro”, referido a las fértiles y apestantes algas podridas, de donde surgían, insectos, tábanos, ranas y sapos, que atrarían a culebras y ratas, que explican las “plagas de Egipto”, al retroceder las aguas del Nilo desbrodado, que los giregos transformaron en chemika o química, y los árabes en alquimia) buscaban la vida eterna manteniendo un cuerpo incorrupto que sirviese como soporte para el espíritu. El oro era el elemento incorruptible por excelencia, por lo que recubriendo con él los cuerpos podrían conservarse “eternamente”. Pero era muy caro y necesitaba calor para fundirse, para adaptar la forma del cadáver, recubirirlo a la perfección. Los chinos lo cambiaron por trozos de ópalo o cerámica vitrificada sobre un tejido, como un mosaico. Desde entonces se buscó “oro líquido y frío”, la “piedra filosofal”. Esta búsqueda llevó a todos los líquidos amarillos, por si tuviesen oro. Así se descubrió el “aceite de vitriolo”, ácido sulfúrico, a partir del azufre, que no producía oro, pero que se pudo emplear para la defensa de las murallas asaltadas. A partir del azufre los alquimistas chinos descubrirían la pólvora. Paracelso creyó que en la orina había oro, ya que era amarillenta. Y puede haberlo, en infinitesimales proporciones. Destilándola sucesivamente descubrió uno polvo blancuzco, que tenía la propiedad de brillar en la oscuridad, por lo que lo denominó fósforo: “que da o lleva luz”. Fue el primer elemento químico específicamente descubierto, analizado, extraído. Más tarde se descubrió que era la explicación de las luminarias que se veían en los cementerios. Paracelso aplicaba el horóscopo para sus curaciones. Mantenía que la medicina se basaba en la astronomía, las ciencias naturales, la química y el amor. Por todo ello fue rechazado por los médicos de su tiempo. Los enfrentamientos religiosos lo llevaron a la reflexión, tras lo cual se declaró humanista católico, lo que supuso el rechazo de la sociedad en la que vivía. Mantenía que la misión del hombre era desempeñar la función que Dios le asignaba, esforzándose al máximo en alcanzar la perfección.

Con ello intentaba un camino intermedio entre el catolicismo y el lutheranismo, al tiempo que se adelantaba, desde otra perspectiva, al evolucionismo, al menos el hegeliano. Mantenía que las neurosis se podían curar, así como las demás enfermedades, mediante el estudio de la naturaleza, el cuadro de síntomas y el curso de la enfermedad. Descubrió el líquido sinovial que lubrica las articulaciones. Se le atribuye que mantenía que la tierra pertenecía a los gnomos, el agua a las nereidas, el aire a los silfos o espíritus del viento, y el fuego a las hadas. Aceptó las tesis galénicas sobre los temperamentos asociados a los humores o líquidos corporales, adscribiéndolos a cuatro sabores, lo que tuvo una gran difusión como método de diagnóstico posteriormente.  Aún hoy se dice que una persona es dulce si es tranquila, flemática; salada si es sanguínea, dicharachera; ácida si es colérica; y amarga si es melancólica, dada al “humor” o líquido negro, propio de las coagulaciones internas.


[1] En alemán significa “bestia”, “mal bicho”, “zorra”, “mala mujer”, “traviesa”, “carroña”, y arme luder, “pobre diablo”.  Posiblemente derive del romano Fauno Luperco, dios protector de los lobos, en cuya fiesta, que se celebraba el 15, XV calendas, de febrero, se azotaba (acto de purificación o februatio) a las mujeres estériles, con tiras de piel de cabrón (animal impuro y lascivo) y cuando sus carnes se ponían moradas, violáceas, violadas (el color de las lupas o prostitutas sagradas que, en los lupanares, saciaban las ansias de los fieles y sacerdotes de dicha deidad: los luperci, que también utilizaban tal color, igual que los obispos cristianos, aunque los cardenales terminaron cambiándolo al rojo purpúreo; las feministas también adoptarían dicho color) eran violentadas, fecundadas bestialmente, lo que, al parecer, las curaba de su esterilidad. Posteriormente tal “fiesta” se hizo pública, callejera: las mujeres que se atrevían a salir a la calle dicho día era flageladas por hombres revestidos de pieles de lobo o de cordero. Se supone que sólo lo hacían las que habían cometido pecado, tras lo cual se presentaban a sus maridos para provocar su lástima y perdón. Es lógico que Luder se cambiase de apellido. El 13 se celebraba Juno Februalis, advocación purificadora o casta, de dicha diosa. Tal día se consideraba de preparación y reflexión de las mujeres que iban a ofrecerse dos días después, en las fiestas lupercalia para curar su esterilidad. Los cristianos, tras prohibir inútilmente dichas fiestas y ritos lupercales, los cambiaron por procesiones con antorchas y candelas, en las que se rezaba implorando la fertilidad, que, más tarde, se instaurarían como fiestas de las candelarias o a la Virgen de la Candelaria. Como el día de en medio era la festividad de un monje del que sólo se conoce su denominación como San Valentín, terminó convirtiéndose en patrono del amor (?) posiblemente para desviar dicho día de festividades, ritos y concepción “amatoria”, en todos sus sentidos.

[2] Derivado, igual que luthier, del francés luth, y éste del árabe al ud, que significa “la madera”, aunque en castellano dio origen a la palabra “laúd”. De modo que, posiblemente, quiso ser conocido como “el que toca el laúd”, actividad en la que era sumamente diestro, o, en todo caso, artesano de instrumentos musicales.

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