1.360-El imperio de Tamerlán

Sin embargo, los once hijos que tuvo con su amante, Leonor de Guzmán, iban a constituir un serio problema para su heredero, coronado en 1.350, su hijo legítimo, Pedro Iº. La coalición de aristócratas bizantinos y el ejército otomano consiguió aplastar a la República Popular de Tesalónica. Los turcos, que hasta entonces sólo ambicionaban piratear las costas europeas, consiguiendo ricos botines, incluidas personas para exigir su rescate (algo así como ha hecho la Unión Europea y sus secuaces, los traidores que le han hecho el juego desde el interior, con todos nosotros) o venderlas como esclavas (algo así como ha hecho la Unión Europea y sus secuaces, los traidores que le han hecho el juego desde el interior, con todos nosotros) comprendieron la debilidad del Imperio bizantino, y la posibilidad de hacerse con él. Las revueltas chinas adquirieron dimensiones de guerra civil. El caudillo Chu Yuan-chang, antiguo monje buddista de origen campesino, dirigió el levantamiento. Protegido por la sociedad secreta del Loto Blanco consiguió aglutinar a los revolucionarios de los “turbantes rojos”. En el 1.351, a la muerte de ibn Tugluk, el ejército nombró sultán a Firus chaj, conocido en Europa como Peroz IIIº. Tras su fracaso contra Bengala fundó Firusabad, que hoy conocemos como Nueva Ddeli. Como represalia contra el rajá que había hecho asesinar al gobernador de Badaun y a sus dos hijos, despedazó (o sea: los fue cortando o separando a pedazos) a 10.000 hindúes, y, durante un lustro, anualmente, devastaba el país. Algo similar a lo que hacía Esparta con los ilotas, la tribu a la que consideraba sus esclavos, de donde los capturaba, que terminó precisando para aumentar su ejército, ante la magnitud de los ejércitos populares de sus enemigos, y que, una vez armados e instruidos en el combate, acabaron con el poder de la aristocracia, las normas de comportamiento y la tribu espartana. La agricultura desapareció, y ningún hombre se atrevía a dormir dentro de su casa. En su autobiografía, rechazaba las crueldades del pasado, en concreto la tortura.

A los 180.000 esclavos de la capital les dio formación como obreros, artesanos o artistas, o los alistó como soldados. Construyó ciudades, grandes canales, rotuló nuevas tierras y fomentó la agricultura y el comercio. Pero fracasó en reconquistar el Norte y el Sur de la India. Zurich se unió a la Confederación de cantones suizos, y, en 1.353, Berna, que, tras la extinción de la familia señorial que la poseía, era ciudad imperial libre. En 1.354, los otomanos conquistaron Gallípolis (donde desembarcarían las tropas angloaustralianas durante la Iª Guerra Mundial) en el territorio europeo de Bizancio, sólo cuatro años después de expirar su alianza con sus aristócratas. En 1.355, Carlos IVº fue coronado rey de Lombardía en Milán, así como emperador, por un legado del Papa. Sin embargo, la curia le obligó a salir de Roma de inmediato, pues consideraba que la soberanía imperial había desaparecido. Se dedicó a comprar títulos hereditarios, o, directamente, posesiones, utilizando los rendimientos de sus minas de plata de Bohemia. Había heredado de su padre el título de protector de Silesia, lo que aprovechó, tras comprar su soberanía feudal, para unificarla con su reino dinástico de Bohemia. Noruega no estuvo conforme con la unión con Suecia, por lo que Magnus VIIº Eriksson cedió el trono noruego a su hijo Haakon VIº Magnusson (“El hijo de Magnus”) quien se casó con Margarita de Dinamarca, pretendiendo la unión de toda Escandinavia. Servia también se aprovechó de la guerra civil bizantina: conquistó el Epiro y Macedonia, acumulando más de la mitad del territorio que aún le quedaba al Imperio de Oriente, que autoproclamó Imperio de los Servios y los Griegos. A los bizantinos sólo les quedaban algunas posesiones en la Tracia, en el Peloponeso y las islas del Norte del Egeo. En 1.356, Carlos IVº promulgó una Bula de Oro, así llamada por los sellos de autenticación imperial, que sería ley fundamental del Imperio. Regulaba la elección del emperador, por mayoría de votos de los siete príncipes electores: los tres arzobispos de Tréveris, Colonia y Maguncia, el conde de Renania-Palatinado, el duque de Sajonia-Wittenberg, el margrave de Brandenburg y el rey de Bohemia. La elección se celebraría en Frankfurt, a convocatoria del arzobispo de Maguncia. El emperador debía ser coronado en Aquisgrán, y la primera Dieta Imperial habría de reunirse en Nurenberg.

Con todo ello se acababa con cualquier pretensión papal, no sólo de confirmar, sino de extorsionar a los emperadores a cambio de coronarles. Consolidaba los privilegios de los príncipes electores a cobrar impuestos, juzgar a sus súbditos, sin posibilidad de recurso a la jurisdicción imperial (lo que suponía el poder absoluto sobre ellos: todo lo contrario de lo que estaba ocurriendo en Inglaterra, lo que da parcial explicación al diferenciado comportamiento político de ambos países, durante siglos) así como el monopolio de la sal y de acuñación monetaria. Regulaba la herencia territorial, exclusivamente por primogenitura masculina, delegando el voto en un tutor durante la minoría de 18 años de edad. E impedía la división de tales territorios por ningún medio, ni siquiera por legado. A las ciudades les prohibía aliarse y conceder la ciudadanía a los siervos fugados. Con todo ello se frustraba la evolución política de Alemania, lo que permitió que el feudalismo permaneciese en ella, prácticamente hasta la Iª Guerra Mundial. Si, por una parte, se dificultaba la doble elección, lo que restringía la posibilidad de guerras civiles, constante lacra del Imperio, las concesiones a los príncipes no podían presagiar sino un futuro enfrentamiento de éstos con la monarquía  -cuyo poder asemejaban- e, igualmente, con el resto de la nobleza y con las ciudades, que se vieron relegados. Los ingleses proseguían su despiadada devastación de Francia, Eduardo IIIº en el Noreste, y su primogénito, Eduardo, apodado siglos más tarde “El Príncipe Negro”, presuntamente por el color de su armadura, aunque no hay ninguna prueba de ello, en el Sudoeste. Juan IIº, apodado “El Bueno” sólo porque se portaba como un auténtico hidalgo, que había sucedido a su padre, no tuvo otra opción que enfrentársele en Poitiers. Extrayendo erróneas conclusiones de Crécy, los franceses supusieron que la ventaja estaba en la infantería, por lo que los caballeros, con sus pesadas armaduras y escudos, descabalgaron, aproximándose a pie a los arqueros ingleses, de modo que facilitaron facilitaron su derrota.

Juan IIº fue apresado, haciéndose cargo de un país arruinado por las guerras, la peste y los impuestos el Delfín Carlos. Inglaterra constituyó el principado de Aquitania, que llegaba hasta la frontera castellana, con capital en Burdeos, para el Príncipe Negro. Un rico comerciante de paños, Etienne Marcel, recomendó que fuesen los Estados Generales (o sea: la Generalidad de los Estamentos) los que impusieran los tributos (a imitación de lo que ocurría en Inglaterra) y, además, que una representación de los estamentos nombrase hombres de confianza para controlar al Gobierno y supervisar la recaudación fiscal en nombre de la voluntad del pueblo. Dichos Estados Generales, así como toda la burguesía lo secundó. Todo un antecedente del liberalismo. Sus adeptos llevaban gorras rojiazules, posiblemente a imitación de la bandera británica. Se anticipaban en cuatro siglos a su época. También lo apoyó Carlos IIº de Navarra, que aspiraba al trono francés, con la ayuda de Inglaterra, apodado “El Malo”, quizás por oposición al apelativo de Juan IIº, “El Bueno”, a éste, el monarca de Francia, su alianza con los ingleses, y también debido a la cruel represión de una revuelta en sus tierras. El Delfín rechazó la propuesta, por lo que se produjo un sangriento levantamiento, que tomó París. La rebelión se expandió al campesinado, con el apoyo de Marcel, lo que le supuso el abandono de la burguesía. Cautivo en Inglaterra, Juan IIº escribía proclamas prohibiendo reunirse a los Estados Generales, y declarando nulos todos sus acuerdos. Finalmente firmó la entrega a los ingleses de todo el Norte de Francia, toda la costa Sur del Canal, a cambio de su liberación. Tanto su hijo como los Estados Generales lo rechazaron: el nacionalismo se extendía. Los rebeldes chinos, en 1.356, tomaron Nankín, la “Capital del Centro”. El movimiento, que comenzó siendo de protesta, de exigencias, para convertirse en revolucionario, terminó haciéndose en nacionalista, antimongol, por lo que los intelectuales y aristócratas chinos acabaron integrándose en él.

A partir de 1.358, la Hansa (“El Ansar, Ganso u Oca”, como refleja su insignia o logotipo, y el juego de la oca, que parece que en principio fue el itinerario por las distintas ciudades donde la Liga tenía almacenes, unidas por el curso de los grandes ríos, y la advertencia de los peligros que debían sortear los comerciantes en cada tramo del trayecto) dejó de ser una Liga de comerciantes para transformarse en Liga de ciudades, con intención de defender su libertad frente a los príncipes, reuniendo ejércitos, especialmente contra los daneses. Aragón conquistó tierras de Murcia, que Castilla tenía abandonada, lo que provocó una guerra entre ambas. Unido a la peste, sequías y una plaga de langosta, fue necesario incrementar los impuestos, en las Cortes de Barcelona, Villafranca del Penedés y Cervera. A cambio, la burguesía exigió que se eligiese a doce diputados de la Generalidad de los Estamentos (nombre falso, puesto que sólo los que pagaban impuestos, es decir, los burgueses, podían serlo) por sorteo (para evitar que sufriesen presiones o persecuciones) mediante insaculación (o sea, introduciendo un cuchillo entre las hojas del libro de pago de impuestos o censo) bajo un presidente y “oyentes (auditores) de cuentas”, con atribuciones ejecutivas y de control recaudatorio. Los turcos sitiaron, por primera vez, las poderosas murallas concéntricas de Bizancio. Aunque, en esa ocasión, no consiguieron saltarlas ni abrir brecha en sus muros. Los campesinos franceses perseguían y mataban a los aristócratas, considerando como tales a todos los que no tenían callos en las manos. Como a los labriegos se les llamaba Jacques Bonhomme (Jacob Buenhombre) la revuelta se conoce como jacquerie. El Delfín sitió París y Marcel quiso dejar que entrasen tropas anglo-navarras, puesto que sus intereses de clase se veían en peligro por las pretensiones populares (recordemos la frase de Marx: cuando aquéllos están en juego las luchas entre sus miembros se desvanecen como peleas de tenderos, por ejemplo, cuando se ponen de acuerdo para fijas e imponer precios) por lo que los parisinos le dieron muerte.

Eduardo IIIº inició otra campaña para apoderarse de toda Francia. Pero los franceses ya habían tenido bastante experiencia con los arqueros ingleses, así que se encastillaron en sus fortificaciones y rehuyeron la lucha en campo abierto. Eduardo IIIº fracasó en rendir Reims, donde pensaba coronarse rey de Francia, al estilo carolingio. Así los ingleses llegaron hasta las murallas de París. Aún siendo primavera hacía un frío sin precedentes conocidos, insoportable para los sitiadores, uniformados para la climatología habitual en dicha época del año y a la intemperie, lo que supuso constantes bajas por enfermedad. Además de las causadas por los campesinos, hartos de sus depredadoras correrías. Una tremenda granizada, que parecía demostrar la intervención divina, acabó de desmoralizar a los ingleses. Así se firmó el Tratado de Bretigny, en 1.360, por el que Eduardo IIIº renunciaba al trono francés y libraba a Juan IIº, pero mantenía las posesiones adquiridas, recuperaba Aquitania, ampliaba sus territorios en Calais y se aseguraba un inmenso rescate, que garantizaba la ruina de Francia, su anulación como enemigo. La peste y las rebeliones impedían al Delfín rechazar tales pretensiones. De cualquier forma, Aquitania estaba muy lejos de Inglaterra y, en caso de guerra, mantener dichos territorios era más difícil que en el Norte de Francia. Mientras se reunía el rescate se sustituyó al rey cautivo por su segundo hijo, Luís de Anjou, que logró escapar. Juan IIº “El Bueno” consideró que su honor estaba en juego, así que volvió con sus captores. El hijo menor de Juan IIº, Felipe “El Atrevido” o “El Temerario”, apodado así por su comportamiento en la batalla de Poitiers, que había recibido el ducado de Borgoña, se casó con la heredera de Flandes, todo lo cual supondría el enriquecimiento de ambos territorios, económica y culturalmente, y el incremento de su independentismo, a costa de Francia. De todos los janatos en que se había dividido el imperio mongol, el que parecía menos prometedor era el núcleo inicial, de las estepas asiáticas, de los chatagay. La falta de dirección política, de objetivos claros, de riquezas que conseguir, posibles circunstancias ecológicas y climatológicas, y, tal vez, el temor hacia los demás janatos, que les rodeaban, hizo que se subdividieran, volviendo a su tradicional disgregación nómada.

En el Turquestán había nacido Timur Lang, es decir, “El Cojo de Acero” (este apelativo siderúrgico, que también lo tenía Yenguis Jan, corresponde al ruso Stalin) así llamado por las consecuencias de un flechazo en la pierna, deformado como El Gran Tamerlán en occidente. Pertenecía a la aristocracia. Hoy se duda si era mongol, turco o tártaro. Parece confirmarlo que no se nombrara jan, sino amir, es decir, comandante, designando como tales a descendientes de Yenguis, que manejaba como títeres, entre ellos un hijo que tuvo con una princesa de dicha dinastía -por lo que él se proclamó yerno real- así como al hijo de éste. Más tarde él mismo se proclamaría sultán. Según el independiente historiador, filósofo de la Historia, viajero, geógrafo, sociólogo politicólogo y economista tunecino Ibn Jaldún, descendiente de andalusíes, de sevillanos, Tamerlán era analfabeto, pero sumamente inteligente, argumentador, conocedor de medicina, astronomía e Historia, sobre todo de Oriente Medio. Tras enfrentarse a diversos dirigentes volvió a reunificar el ulu de los chagatay. Asentó su capital en Samarcanda, cerca de donde había nacido. Limpió Persia y Turquía de enemigos. Para entonces el mahometanismo se había extendido entre dichos mongoles, por lo que sus guerras también fueron religiosas. O así quiso justificarlas, igual que su dominio, que presentaba como una especie de predestinación. En 1.362, el sultán turco Murad Iº conquistó a los bizantinos la Tracia y Adrianópolis, que convertiría en su capital, y a los búlgaros el valle del Maritza. En 1.364 murió Juan IIº de Francia, en su prisión inglesa. Lo sucedió el Delfín, título ducal, del Delfinado, que acabó siendo el tradicional de los príncipes herederos franceses, Carlos Vº, apodado “El Sabio”, por su amor a la cultura y sus conocimientos jurídicos. A partir de 1.364, la ciudad francesa Dieppe envió expediciones marítimas a Sierra Leona y Gana. En el 1.365, Carlos IVº de Alemania visitó a Urbano IVº en Aviñón, para convencerlo de que volviese a Roma. Sin embargo, durante la residencia papal en Francia se habían nombrado tantos Cardenales de dicho país, que la división entre éstos y los italianos constituía un grave problema para los Pontífices.

De camino, Carlos IVº se hizo coronar rey de Borgoña, un simbolismo sin sentido, puesto que la región ya era feudo francés desde hacía tiempo, y carecía de ningún poder sobre ella. El Tratado de Bretigny había dejado “sin empleo” a los mercenarios, las llamadas “Compañías Libres” (antecedente de los Frei Korp alemanes, que reprimirían cruelmente la República Soviética de Baviera y nutrirían el nazismo) que se dedicaban a saquear y torturar a los campesinos. Y a Carlos “El Malo” sin un ejército aliado para hacerse con el dominio de Francia. Así que buscó el apoyo de Pedro Iº de Castilla, “El Justiciero” para los sevillanos, “El Cruel” para sus enemigos. El padre de éste había encarcelado a su madre. Al ser coronado la liberó, sustituyéndola por Leonor de Guzmán, la amante de su padre. Aún así, al principio se llevó bien con sus hermanos bastardos. Estaba casado con una princesa capeta, Blanca de Borbón. Envió a buscarla a París y a llevársela a Sevilla a su hermano bastardo Fadrique. Tras la boda lo llamó al Alcázar, donde lo asaeteó, encarceló de por vida a la recién desposada y se buscó una amante, María de Padilla, reproduciendo parte de la conducta paterna. Posiblemente la causa de todo ello fuese que Blanca había llegado desflorada, y concluyese que se había tratado de una venganza de sus hermanos bastardos. Estos no podrían permitirlo. Quizás porque con los demás podría hacer lo mismo. La nobleza también debió influir, buscando sacar provecho de una guerra civil y un rey ilegítimo, que necesitara su apoyo. Bertrand Du Guesclin reunió a 30.000 de los soldados bandidos, cercó con ellos Aviñón y le pidió al Papa una gran suma de dinero, que, en tales circunstancias, no juzgó prudente denegarle. Con todo ello marchó a defender la causa del pretendiente Enrique de Trastámara, hermano bastardo de Pedro Iº. Si lo entronizaba, Carlos “El Malo”, que podía ser peligroso, perdería un aliado, y, tal vez, sus aspiraciones al trono francés.

En 1.366, Wycleff publicó De Dominio, en el que defiende el derecho a la resistencia de los pueblos frente a los tiranos, posible antecedente de Spinoza y Voltaire. Frente a las huestes francesas, Pedro Iº no tuvo más opción que pedir ayuda al “Príncipe Negro”, que, en 1.367, marchó desde Aquitania. Aunque militarmente acabó con las “Compañías Libres” en la batalla de Nájera, apresando a Du Guesclin, las finanzas inglesas no podían resistir tal coste, por lo que pidió a Pedro Iº diversas ciudades vascas. Al negárselas lo abandonó, porque, además, “El Príncipe Negro” había enfermado en España. No sólo eso, sino que, en venganza, liberó a Du Guesclin. Fernando Iº heredó Portugal. Para protegerse de Castilla se alió con Inglaterra, otra venganza más de los ingleses, dando origen a una vinculación que duraría siglos, de las que surgieron estrechas relaciones comerciales, así como el enfrentamiento con la dinastía Trastámara. Según los historiadores chinos, en 1.368 los mongoles fueron expulsados. Los europeos lo niegan, basándose en que nunca dejaron de luchar valerosamente (también se puede luchar en retirada, como lo hicieron los alemanes durante la IIª Guerra Mundial) no perdieron ninguna batalla, Togam Temur, ya en Karakorum, pudo traspasar a su hijo la dignidad imperial, y los chinos debieron construir (ampliar) la Gran Muralla para contener sus ataques. Pero, al mismo tiempo, que no dejaran de luchar demuestra que no controlaban el poder en China de modo indiscutido. Al contrario que todos los que invadieron alguna región china, los mongoles no asumieron plenamente su cultura. La tolerancia de Jubilai no fue imitada por sus sucesores, que prefirieron el comportamiento despótico de quienes se consideran invencibles. Se mantenían las leyes de Jubilai que prohibían a los chinos tener armas y caballos, e implantaban la escritura mongol. Las rebeliones reclamaron, en principio, orden y justicia de la administración, la jerarquía y los propietarios. Chun Yuan-chang se proclamó emperador, fundando la dinastía Ming (“brillante, clara”) que se mantendría durante casi tres siglos. Se caracterizó por su absolutismo, inercia del dominio mongol y de la toma violenta del poder, así como por su ortodoxia tradicionalista y neoconfucianista, fruto del sentimiento nacionalista, antimongol.

La mayoría de los mongoles también salieron de Corea, aunque allí no hubo luchas, y se había llegado a un gran entendimiento entre las dos poblaciones. Incluso se plantearon replegarse allí y continuar desde ella la lucha. Las relaciones entre los reinos mongol y coreano siguieron siendo buenas durante los veinte años siguientes. Lo cual significaba recelos respecto de la dinastía Ming. Esta hizo todo lo posible por atizar los enfrentamientos y divisiones tribales mongoles. En 1.369, en la Batalla de Montiel, moriría Pedro Iº, derrotado por su hermano bastardo -que le sucedería como Enrique IIº- y Du Guesclin, condestable del ejército francés. Este hecho, además de la rivalidad con Aragón, hizo que Castilla fuese aliada de Francia durante casi siglo y medio, hasta que la unión de ambos reinos los solidarizó en las guerras italianas. Por tal motivo, además de su propio interés, Inglaterra pretendió cortar las exportaciones castellanas de lana a Flandes y alegó mayor derecho al trono castellano a los duques de Lancaster, casados con dos hijas de Pedro Iº. La oferta china de amistad y protección produjo altercados en Corea por el partido antimongol, es decir, pro-chino, posiblemente apoyado y sufragado por la dinastía Ming A la muerte de Casimiro IIIº, en 1.370, cumpliendo el anterior pacto de familia, Luís Iº, que ya era rey de Hungría, heredó Polonia. Búlgaros y bizantinos tuvieron que comprometerse a pagar tributo y enviar tropas auxiliares a los turcos, los jenízaros, del turco yeniseri, que significaría tropas nuevas, reproduciendo la estrategia de contratar mamelucos. Así, a cambio de su autonomía estaban aceptando su completa sumisión a los otomanos. Posteriormente los turcos reclutarían a sus huestes más temibles robando niños en los territorios sometidos. Formaban el núcleo de la infantería, tras la cual atacaba la caballería feudal. Sin embargo, como ocurría con los mamelucos, no sólo podían hacer carrera militar sino ocupar cargos en la administración.

Carlos Vº supo sacar provecho del malestar de los aquitanos por la extenuante exacción tributaria, y, comprendiendo que no podía enfrentarse a los ingleses en campo abierto, llevó a cabo una continuada guerra de guerrillas, de modo que, en el 1.371, el “Príncipe Negro”, agotado y enfermo, y tal vez acuciado por la demencia senil de su padre, que le incapacitaba para gobernar, volvió a Inglaterra, donde murió cinco años después. En el 1.372, Sigmund, hijo de Carlos IVº de Alemania, se comprometió con la hija de Luís de Hungría y de Polonia, asegurando tales derechos sucesorios para la casa Luxemburg. Las disputas entre Castilla e Inglaterra quedaron zanjadas en la batalla de La Rochele, en la que los ingleses fueron derrotados. En 1.373, el rey alemán pactó con los Wittelsbach, su familia política, el dominio del Alto Palatinado y la Mark von Brandenburg, desgajada a su último margrave a cambio de una renta anual. En 1.375 murió Valdemar IVº de Dinamarca, hijo de Cristóbal IIº, dejando sólo dos hijas. Se había rebelado contra su padre, al que derrocó, si bien éste consiguió recuperar s trono. Al sucederle vendió Estonia a la Orden Teutónica por 19.000 marcos, conquistó Escania (la provincia más al Sur de Dinamarca) y la isla de Gotland, pero fue derrotado por la Hansa. La Dieta danesa eligió como rey a Olaf, hijo de Margarita, la menor de las hijas de Valdemar IVº. También murió Giovanni Boccaccio. Su familia lo había predestinado al comercio, pero él prefirió el derecho y las lenguas antiguas. Consiguió que se tradujese, por primera vez, Homero al latín. El Decamerón (en griego “Diez días”) incluye cien narraciones, de subido tono erótico, que se cuentan siete damas y tres caballeros, para distraerse, durante su cuarentena en la campiña, protegiéndose de la epidemia de peste. Hay que decir que ésta produjo un rebrote del temor a Dios y a la muerte, un recrudecimiento del medievalismo.

Pero, pasado el terror del momento, los supervivientes, años después, llegaron a la conclusión de que tales temores no habían servido a los que fallecieron, por lo que había que aprovechar el momento, el día de hoy (carpe diem, era la frase clásica para ello, que se recupera en la época) porque se desconoce lo que va a pasar después, el día de mañana, el siguiente día, disfrutar de la vida mientras dura, lo que constituye el triunfo del renacimiento sobre el medievalismo. Sin embargo, sus influjos no habían desaparecido, y volvieron a resurgir con la Inquisición, la Compañía de Jesús, el Concilio de Trento y el barroco. Boccaccio escribió, además, varias enciclopedias sobre varones ilustres, claras mujeres y genealogías de los dioses de los gentiles, en las que lleva al conocimiento público personalidades, estilos de vida y mitologías grecorromanas. Según investigaciones más actuales es en esta fecha cuando se funda Tenochtitlán. Las leyendas narran que los aztecas regresaron a Coljuacán (“El lugar de los antepasados”) donde, en una cueva, habían encontrado la estatua de Juitzilopochtli (“El colibrí de la izquierda”) que convertirían en su dios tribal y de la guerra, para pedirle a Acamapichtli, legítimo príncipe tolteca, descendiente, por línea materna, de la casa real, que fuese su soberano. Varias tribus se unieron a ellos, llevándose las imágenes de los dioses. Según la “Tira de la peregrinación mexica”, un pictograma de varios metros de longitud, mediante signos, éstas eran: los tepanecas (“los que viven en la piedra”) los malinalca (“que se enroscan”) los xochimilcas (“que cultivan flores”) entre otros, cuyos nombres permanecen como aldeas alrededor de la capital federal. Formaron ciudades-Estado, pero los aztecas terminaron asimilándolas, mediante tratados amistosos o por la fuerza. Bajo la excelente dirección militar de Acamapichtli formaron un ejército regular, que sirvió como mercenario a la ciudad tepaneca de Azcapotzalco, colaborando a su conquista de las ciudades rivales. Así sacaron provecho a lo que mejor sabían hacer.

En 1.376, numerosas poblaciones bávaras y suabas se unieron a la Liga de la Hansa. Carlos IVº consiguió que los príncipes electores nombrasen rey de Alemania a su hijo Wenceslao. Tomó las riendas de Inglaterra el duque de Lancaster, Juan de Gante, hermano del “Príncipe Negro”, con la oposición del duque de Gloucester, de forma que ninguno de los dos dirigió adecuadamente el país. La peste negra se extendió por Inglaterra, acabando con un cuarto de la población, que se redujo hasta los tres millones. La falta de mano de obra hizo subir los salarios, lo que la aristocracia impidió, originando un gran descontento: las bases económicas del liberalismo calaban poco a poco en la población inglesa. Igualmente se hizo popular Piers Plowman (“Pedro el labrador”) poema alegórico medieval no rimado que narra tres visiones o sueños, en el que William Langland criticaba el lujo y la corrupción de la aristocracia y el clero. Como el protagonista o visionario muere antes de conseguir sus metas, en el fondo es otra alusión al carpe diem. Parece que se basó en “La canción del campesino”, un poema que denuncia nítidamente la explotación de éste. La depravación y la corrupción se habían adueñado de la corte vietnamita. Aprovechándose de ello, los cham invadieron su territorio, apoderándose del Sur. Dominaba Vietnam Le Kuy-li, de origen chino, primo del rey. En una paciente labor fue sustituyendo los apoyos de la dinastía reinante en los puestos dirigentes, por su propia familia. En el 1.377 estalló una gran guerra entre las ciudades del Sur de Alemania. A la muerte de Federico IVº sin herederos varones, la corona de Sicilia pasó a Pedro IVº, quedando vinculada a Aragón, sin discontinuidad, hasta la llegada de los borbones a España. Gregorio XIº se trasladó a Roma. Murió en el 1.378, igual que el emperador Carlos IVº. Forzados por la presión popular, los Cardenales eligieron Papa al italiano Urbano VIº. Pero, meses después, los mismos Cardenales anularon su decisión, eligiendo al Cardenal francés Roberto de Ginebra, entronizado como Clemente VIIº, que regresó a Aviñón. Cada Papa formó su propio colegio cardenalicio.

Francia, lógicamente, Navarra, pro-francesa, Escocia, anti-inglesa, Aragón, Nápoles y Castilla, apoyaron al Papa de Aviñón. Alemania, Inglaterra, Bohemia, Hungría, Polonia, Flandes, el Norte y centro de Italia, todos ellos aliados o dominados por Alemania, y Portugal, enemiga de Castilla y aliada de Inglaterra, al de Roma. La Confederación de tribus helvéticas consiguió grandes triunfos a costa de regiones alemanas, extendiéndose por el Tessino y el valle del Adigio. En vista de la situación imperial, Dinamarca, Suecia y Noruega se coaligaron para imponerse a la Hansa. La Orden Teutónica, corroída por el relajamiento y la división interna, cosechó graves pérdidas territoriales. En 1.379 fue coronado Juan Iº de Castilla, que estaba casado con una hija el rey de Portugal. Tamerlán se repartió con la Horda de Oro el Juarizmí, patria del matemático al-Juarizmí, actualmente denominada Jorasán, en Uzbekistán, asesinando a la dominante dinastía sufí. A la muerte de Carlos Vº, en 1.380, había reconquistado casi todas las posesiones inglesas en Francia, excepto Calais, Burdeos y Bayona. Mientras tanto el nacionalismo, impulsado por los respectivos reyes, había ido calando en las capas populares. Influyó no poco la existencia de ejércitos mercenarios, profesionales, no obligados por el deber de vasallaje, sino libremente alistados, a cambio de un sueldo y con la esperanza de un botín. Todo lo cual ponía en entredicho la justificación militar de la aristocracia. Heredó el trono francés Carlos VIº, cuya minoría regentaron sus tíos, los duques de Anjou, Borgoña y Berry. Las necesidades tributarias acrecentaron el poder parlamentario inglés, del que ya existen pruebas que se había dividido entre la House of Lords y la House of Commons, adquiriendo categoría de ley las peticiones de estos últimos aprobadas por el rey, de lo que deriva el poder legislativo de la Cámara de los Comunes.

El Canal de la Manga había dejado de ser dominio inglés, lo que dificultaba nuevas ofensivas. Lo cual, junto con la peste negra, paralizó las hostilidades durante muchos años. En Francia la peste redujo la población a la mitad. El proceso de liberación de los siervos se aceleró, y todo el mundo veía lógico que se acrecentara el número de trabajadores a jornal. A la muerte de Haakon VIº Magnusson heredó el trono de Noruega su hijo Olaf, que ya era rey de Dinamarca. El Gran Príncipe moscovita Dmitri consiguió derrotar al usurpador tártaro Mamai, en Kulikovo, a orillas del Don, por lo que se le conoce como Donskoi, “Vencedor del Don”. En Inglaterra, el sacerdote John Ball predicó sermones inflamados de igualitarismo contra las clases altas, por lo que fue declarado hereje y, en 1.381, ajusticiado. Se produjo un levantamiento campesino contra el Gobierno y las prestaciones serviles del feudalismo. John Wycliff, erudito profesor de Oxford, rechazaba el lujo, la corrupción, el poder profano y el ritualismo eclesiástico  Por lo que creía que el Papado y los monasterios, que consideraba, no sin razón, antros de vicio, deberían prohibirse, y que no era el clero, sino los propios fieles, quienes debían decidir si cualquier creyente podía ser sacerdote. En lugar de absurdos ceremoniales cuasi mágicos, idólatras, el pueblo debía conocer, directamente, su verdadera religión, sin intermediarios, por lo que tradujo la Biblia. Negaba la transubstanciación eucarística, y consideraba inútiles la liturgia de la confesión y el culto a los santos. A sus seguidores se les llamaron lolardos, del holandés lollards, “murmuradores”, porque se pasaban el día musitando oraciones. Estaban influidos por un profundo sentimiento nacionalista, por lo que consideraban insoportable el dominio de un Papa extranjero sobre su rey. Tamerlán conquistó Jerat, en Afganistán. En 1.382 los lolardos fueron declarados herejes, aunque el poder real no estaba en condiciones de perseguirlos.

A la muerte de Luís Iº, sus hijas Eduvigis y María se repartieron Polonia y Hungría. Con ello no sólo se deshizo su unión, sino que Segismundo de Luxemburg, esposo de María, unió Hungría con Alemania. El sucesor de Mamai conquistó y devastó el Gran Principado de Moscú, volviéndolo de nuevo a la obediencia de los mongoles. Sin embargo se había roto el mito de la invencibilidad tártara, y Moscú se había convertido en la única esperanza de liberación. En 1.383, los Habsburg volvieron a intentar la conquista de Suiza, apoyados por la nobleza del Sur de Alemania. Pero los confederados, con la ayuda de las ciudades suabias y renanas, aniquilaron a la pesada caballería feudal, como estaba ocurriendo en la Guerra de los 100 Años. Tamerlán conquistó Kandajar, en Afganistán. A la muerte de Fernando Iº, Juan Iº de Castilla invadió Portugal, reclamando su trono, pero fue derrotado en 1.385, en Aljubarrota, por Juan Iº, de la casa de Avis. Dominando Castilla el Norte del Estrecho de Gibraltar, el tráfico portugués hacia el Mediterráneo utilizaba el puerto de Ceuta, como lugar de depósito y aprovisionamiento. Los elevados impuestos que la ciudad cobraba estimularon su conquista. Al poco, los portugueses descubrieron que, además de la ruta centroafricana, desde Africa del Sur, había otra ruta del oro que costeaba desde Guinea, y que, desde entonces, se convirtió en su objetivo. En 1.386, Eduvigis, reina de Polonia, se casó con el Gran Príncipe Ladislao IIº Jagellón de Lituania, que se bautizó, arrastrando al cristianismo a gran parte de los lituanos. De esta forma ambos territorios se unieron.

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