0005-El zoroastrismo

En el -570 el monje persa, mazdeísta, o mago, Zaratustra [1], comenzó a predicar una reforma religiosa que se basa en el monoteísmo radical de Ajura-Mazda [2], aunque con el antagonismo del malévolo Ajrimán, lo que, en cierta manera, reproduce la oposición egipcia entre Osiris y su hermano Sez, y que también se va a repetir entre Yajvej y Satán [3]. Todos los seres pertenecían y servían a uno u otro [4], excepto el hombre, que era libre para decidirse por uno de los dos. Abominó del consumo de alcohol y del sacrificio sangriento de animales. Fue la religión prevaleciente en el ámbito persa hasta el mahometanismo, del que resulta antecesor. En lugar del éxtasis, del trance, proponía la purificación clarificadora. En vez de imágenes místicas, la abstracción espiritual, sin representación posible, de la divinidad. La responsabilidad ética individual sobre el culto litúrgico sacerdotal. Aunque sus versos no están exentos de oscuridad: “Con el Santo Espíritu y el Buen Sentido (…) nos da la salvación y vida eterna el Señor Sabio, paciencia y poder”.

Lo cual también puede ser antecedente del judaísmo y del cristianismo. Según la inscripción funeraria de Darío I, a dicho rey no le agradaba que el pobre sufriese injusticias del poderoso, pero sí que el superior sufriese injusticias por amor al inferior. Las prédicas de Zoroastro fueron compiladas y versificadas, pasando a formar parte, en la India, del Avesta y las narraciones sobre el nacimiento de El Budda. Los reyes persas impusieron como religión oficial un zoroastrismo modificado por la casta sacerdotal de los magos, que llamamos mazdeismo, caracterizado por la adoración al fuego sagrado, en templos construidos para ello, así como la adivinación y la astrología. Desde entonces a Zoroastro se le representaba frecuentemente sin rasgos faciales, pero aureolado por una corona de fuego, más tarde sustituida por el disco solar, como hacían los griegos y romanos con los dioses solares Helios y Apolo. Igual representación se utilizaría, después, para El Budda, Mujammad, El Cristo, La Virgen o los santos. El gran mandato zoroástrico era la caridad, especialmente repartir comida. Los templos mazdeístas tenían forma de tiendas de campaña del desierto, en cinco naves rematadas en bóvedas de medio punto, de alturas descendentes hacia los laterales, sin puertas, abiertos en grandes portadas, para acoger a grandes muchedumbres a comidas colectivas, en las que los emperadores (reyes de reyes) repartían ellos mismos, junto con los sacerdotes, la comida a todos los asistentes, incluidos los pobres. Aunque hacían trampa: los más ricos y poderosos acabaron sentándose delante, de modo que los emperadores no tenían necesidad de mezclarse con los pobres, sino sólo los sacerdotes.

Para los sumerios había cuatro dioses creadores: An, dios del cielo, Ki, diosa de la tierra, Enki [5], dios del agua, y Enlil [6], dios del aire. Si asemejamos cielo con fuego, tenemos en tal mito el antecedente de los elementos constitutivos del universo, de la filosofía atomista y materialista, y también de las predicciones astrológicas y del zoo-diacos [7]. Crearon todo el Universo pensando cada uno lo que deseaba, y diciendo su nombre. Algo muy semejante a la segunda creación bíblica [8]. Para que el cosmos se mantuviese en movimiento continuo y armonioso, evitando la confusión y el conflicto, impusieron leyes inmutables universales, que obligaban a todo lo creado. Lo cual constituye un antecedente del confucionismo, el buddismo o el taoismo. Cometemos el error de considerar el mundo griego, inclusive su mitología y su cosmogonía como un todo único. En realidad abarca múltiples tendencias y dialectos distintos. Uno de sus mitos creadores es el de Gea o Gaia, pariendo, por partenogénesis, virginalmente, a Urano, el dios del cielo.

La unión incestuosa de Urano y Gea será el origen de todo el Universo. En realidad es la escenificación sexuada de una erupción volcánica: la vulva hinchada y febril del cráter expulsa lava, la sangre ardiente de la tierra, grandes cantidades de agua, o líquido amniótico, y la isla, la tierra, crece con ello, con la eclosión y enfriamiento de lava. Y el cielo se lleva de humo, formándose, simultáneamente, tierra y cielo “nuevos”, “recién nacidos”.


[1] Zaratás o Zoroastro, para los griegos.

[2] Castellanizado como Ormuz.

[3] En hebreo significa “El oponente”, helenizado como Satanás. También se le conoce como Lucifer, el cuarto arcángel, deformación del latín Luciferus y posiblemente del  hebreo Lutzbel, que significaría “Juicio o Castigo de Dios”.

[4] Se denominó demonios (en realidad deformación del griego, antiguos dioses menores, protectores de los humanos, del pueblo, frente a los dioses superiores, olímpicos) a todos los antiguos dioses, “arrojándolos” a los infiernos. Es un comportamiento habitual de los vencedores. Así las diosas de la belleza y el amor, la griega Afrodita, romanizada Venus, personificada en el planeta Fósforo, “El que da Luz”, en latín Lucífero, el lucero matutino o vespertino, según la época del año, pasaron a ser Lucifer. O el fenicio-sumerio Señor de las Moscas, Baal-Zbu, que llevaba a los cielos la comida de los sacrificios, testigo, transmisor y garante del compromiso de los dioses de no enviar más diluvios, porque habían pasado mucha hambre, sin nadie que les ofrendase sacrificios durante los 40 días y 40 noches que duró, pasó a ser el Belcebú de los mahometanos.

[5] ¿Unión de An y Ki, el cielo y la tierra, lo gaseoso y lo sólido?

[6] ¿Semejante al agua?

[7] En griego “dibujos de animales”.

[8] En el Pentateuco, o conjunto de los cinco primeros libros bíblicos, se repiten las historias dos veces, lo que se explica como la anexión de dos fuentes distintas, la S o sacerdotal, culta, elaborada, artificiosa, y la E, llamada así porque en ella se repite Elojim (que unos traducen como “El Altísimo”, y otros, los que tienen una visión crítica de la Biblia, como “los dioses”, o “los gigantes”, posible deformación del sumerio Enuma Elich, o sea “Cuando una vez allá en las alturas”, primer verso del poema épico de Gilgamech) más popular, arcaica, posiblemente tomada de la mitología y leyendas sumerias y babilónicas, del tiempo en que parte de las familias aristocráticas fueron llevadas como rehenes a Babilonia, tras la difícil conquista por Nabucodonosor, lo que la Biblia narra como el segundo destierro o cautiverio. La primera creación se narra de forma parecida a uno de los mitos griegos en que Zeus separó del barro informe (Kaos) el agua de la tierra, dando orden al Kosmos. Para los aztecas, quizás por la forma en que tenían de sembrar sobre las aguas del lago Tenochtitlán, los dioses hicieron esteras de mimbre sobre las que arrojaron barro, separando la tierra seca del agua, sobre la que flotaban aquella junto con los cultivos. Aún hoy día se plantan así flores y tomates en el resto de la antigua laguna.

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