1.787: La Constitución Federal de Estados Unidos de América

En 1.784, José IIº declaró el alemán como único idioma oficial en todo el imperio. Esto, junto a sus otras medidas centralizadoras, concitó la resistencia de las diversas nacionalidades, que consideraron que se desestimaban sus peculiaridades y tradiciones. Tras varios Gobiernos fracasados, los reformistas londinenses, encabezando una opinión pública burguesa excitada por la prensa política, que les era favorable, consiguieron imponer a Pitt “El Joven”, quien, en las elecciones de dicho año había apelado al sentimiento nacional. Era todo un cambio en los conceptos tradicionalistas del Estado, el bien común y los derechos de los individuos, más allá de los enfrentamientos entre el Parlamento y el rey. Sin embargo, no contaba con los escaños suficientes, por lo que tuvo que apoyarse en su popularidad y en la corona. Murió el escritor y filósofo Denis Diderot, que, junto con el matemático Jean Le Rond d’Alembert, su colaborador, a instancias del editor de la Enciclopedia, se encargaron de dirigir sus primeros volúmenes. Ante la ineptitud de Cristián VIIº, Federico, el príncipe heredero, fue nombrado regente. Su primera medida fue nombrar de nuevo a Bernstorff “El Joven” como Ministro, quien reemprendió el camino de las reformas en Dinamarca. El príncipe-elector Carlos Teodoro de Baviera prohibió la orden de los Iluminados, sociedad secreta que defendía una sociedad secularizada. Catalina IIª impuso su derecho de patronato sobre Georgia. Estados Unidos intentó un acuerdo favorable para su comercio con China: apenas un año después del reconocimiento de su independencia ya pretendía entrar en el mercado imperialista. Sólo consiguió algunas facilidades para una restringida misión comercial y los limitados derechos del puerto de Cantón. Ni la política tradicional china ni el absolutismo imperial de los manchúes podían acceder a las relaciones diplomáticas en términos de igualdad del derecho internacional europeo.

Además, el comercio para ellos representaba un papel secundario social y políticamente. La Compañía de las Indias Orientales británica seguía sin superar su crisis, por lo que Pitt consiguió que se aprobase la India Act. Tanto ésta como la anterior, de tiempos de North, prorrogaban los privilegios comerciales de la Compañía, pero, a imitación de cargos que existían en otras sociedades, por ejemplo, los Bancos, en muchos países europeos, se designaban Comisarios Regios, que podían dar instrucciones al Gobernador General. Más tarde se crearía un comité de comisarios que daría lugar al Board of Control. El objetivo era impedir la corrupción, implantando una administración eficaz y de confianza. Con todo ello se imponía el control del Gobierno sobre lo que se había ido configurando como una empresa privada. En Japón continuaron las malas cosechas, las rebeliones campesinas y su consecuente escasez de víveres, todo lo cual impulsó la resistencia de los elementos más conservadores y confucianos de la aristocracia militar en contra de las reformas, no exentas de nepotismo y corrupción. Canadá, la única posesión colonial que Gran Bretaña mantenía en las tierras continentales de Norteamérica, se engrandeció con numerosas familias que rechazaban la independencia de Estados Unidos, generalmente aristócratas o adinerados no terratenientes, o, siéndolo, que habían vendido o abandonado sus posesiones, ya que la convivencia en los últimos tiempos de la guerra se había hecho imposible. La costa canadiense fue dividida en tres colonias, cada una con sus propios representantes libremente elegidos, y un fuerte poder ejecutivo. Las colonias que dieron origen a Estados Unidos se habían extendido en torno a los grandes núcleos poblacionales y comerciales, formando territorios casi circulares, en muchos casos sin fronteras directas entre ellos, separados por zonas despobladas… de europeos, ocupadas, aunque poco densamente, por tribus indias: otra explicación más para el espíritu independentista de unas respecto de las otras. O, como mucho, confederal.

Jefferson propuso una delimitación de dichos territorios que tuviese en cuenta la situación de las tierras de la Luisiana oriental. En 1.785 la población francesa alcanzó los 26 millones de habitantes: había crecido casi un 30% en 70 años. Las posibles explicaciones pueden ser los progresos en la medicina y la higiene, en las técnicas agrarias, y en la implantación de la patata, productos todos ellos de la Ilustración y el enciclopedismo. Quizás, también, el desarrollo de una línea hereditaria inmune a las pestes y grandes epidemias, que habían azotado a Europa en siglos anteriores. El resultado fue el desempleo, los bajos salarios y el aumento de los precios agrícolas (no es extraño que los conservadores se opongan al aborto y al control de la natalidad buscando los mismos resultados) lo que estimuló al aumento de la productividad agraria. Napoleone di Buonaparte, que cambiaría su nombre y apellido para alejar las burlas sobre su origen, había cursado estudios en escuelas militares francesas, desde que tuvo 10 años, junto con su hermano mayor, José. Se demostró huraño, incapaz de mantener amigos (Franco se comportará igual en la Academia Militar, destacando como vengativo y peleón, y con sólo las cualidades de ser aplicado, aunque no buen estudiante, destacado, brillante, pero sí obediente, ordenado y disciplinado) pero con un instinto natural para la táctica, la sorpresa, e inspirar confianza, lealtad, obediencia, disciplina, en quienes le seguían, buscando compartir sus éxitos. En esto último, algo semejante al futuro General Custer, legendario acosador de los pieles rojas con “su” VIIº de Caballería. La artillería era la más tecnificada de la Armas del ejército, que requería elevados conocimientos de matemáticas y trigonometría. Esto, además de la lentitud de sus desplazamientos, inadecuados para actuaciones lucidas, heroicas, lo hacía desagradable para los aristócratas. De modo que este Arma necesitó mandos bien preparados, aunque no fuesen miembros de la nobleza, oportunidad que los Buonaparte aprovecharon.

Napoleón era un joven taciturno, quizás antecedente del espíritu romántico del siguiente siglo, destacado en matemáticas, geografía e historia, en especial la romana y sobre Alejandro Magno, y se convirtió en un ferviente propagador de las ideas rousseaunianas, en su versión revolucionaria. Tras ser rechazado por la escuela naval (Franco también fue rechazado por la Armada) consiguió el despacho de Oficial de Artillería, con sólo 16 años. Se creó una nueva Compañía de indias en Francia. Pero los tiempos habían cambiado: ahora era imposible competir con Gran Bretaña, y ésta impedía la implantación de monopolios, que sólo podían suponer un obstáculo para la hegemonía de ésta. Así que la nueva sociedad perduró muy pocos años. En cambio la East India Company británica prosiguió sus actividades 73 años más. Además de la superioridad mundial de Gran Bretaña en transporte marítimo y su posesión de un extensísimo y lucrativo imperio, hay que tener en cuenta que el Parlamento británico debía confirmar periódicamente los privilegios de ésta, para lo cual realizaba investigaciones, debiendo sus Gobernadores informar de sus actuaciones, lo que suponía un control que obligaba a que fuesen eficaces. Lord Cornwallis, hombre íntegro, incorruptible, amigo íntimo de Pitt y del presidente del Board of Control, se encontró con una tremenda tarea para reorganizar la Compañía de las Indias Orientales, desde la política de personal, las técnicas administrativas y el ambiente general de funcionamiento. Al poco tiempo la mayoría de los miembros del Board of Trade habían sido expulsados por irregularidades. Por ejemplo, descubrió que se estaba pagando a un Regimiento que no existía. Prohibió la compraventa de cargos y persiguió a los funcionarios que realizasen negocios privados. Consiguió que los sueldos fuesen adecuados y se pagasen puntualmente. Con todo ello logró una administración honesta, cumplidora del deber e interesada por el bienestar general.

Sin embargo no hizo nada contra las actitudes racistas o de castas, que tanta influencia iban a tener en la aparición del nacionalismo hindú. Era lugar común que los hindúes eran incapaces de gobernarse por sí mismos. Nguyen-Jué, en unos pocos días, conquistó todas las propiedades de los Trinj, cuyo último dirigente se suicidó, al ser derrotado. Para justificar su acción restableció al emperador Le-Chie-Ttong, aunque sólo a efectos ceremoniales, como ocurría en el Japón. Pero éste consideró que era su oportunidad de recuperar todo su poder, y organizó una insurrección que fracasó, por lo que murió asesinado. Más éxito tuvo su sucesor, Luang-Truang, que acudió a Pekín para que el emperador Ch´ing lo proclamase “rey del país de Annam”. Si embargo, Nguyen-Anj, un descendiente del desplazado del poder, pocos años después le disputaría el territorio tradicional de su familia. Incitó la colonización vietnamita del delta del Mekong. Dichos colonos desplazaron a los jmer y a los cham, y fundaron Saigón. Los ingleses iniciaron su introducción en la actual Indonesia, disputando su comercio a los holandeses. En Estados Unidos se promulgó la Ordenanza Básica de la Tierra, que trataba de establecer las fronteras de los distintos Estados y el reparto de la Luisiana oriental. Es decir: los límites del expansionismo de cada uno de ellos. En 1.786 murió Federico IIº “El Grande” de Prusia. En su palacio se encontraron escritos suyos y composiciones musicales propiamente ilustradas. Su vida había demostrado que la teoría ilustrada no podía llevarse a la práctica. Que la racionalidad del Gobierno no era siempre humanista ni humanitaria. Y que, de serlo, significaría destruir los propios principios del absolutismo, puesto que, conscientemente o no, suponía fomentar la crítica social, el desarrollo de la opinión pública y la exigencia de democracia.

El Tratado anglo-francés de libre comercio había afectado gravemente a la industria francesa, incapaz de competir en igualdad con la británica. Esto significó un progresivo aumento del desempleo, que se sumaba al problema agrícola. Los holandeses sólo dominaban Batavia y sus alrededores, y algunas comarcas de Java, en donde habían situado estratégicos baluartes, con lo que, junto con su poderosa Flota, controlaban los mayores puertos y el monopolio del opio y del algodón de la zona. Utilizaban a los caudillos locales para sus intereses, a los que convencieron para ampliar las plantaciones cafeteras, en extensión y en número, cuya cosecha entregarían en sustitución de impuestos. Sin embargo no pudieron impedir que los ingleses fuesen desplazándolos en su dominio de la zona. Murió el chogun Iejaru. Tanto él como su antecesor habían sido personalidades irrelevantes, influenciables por sus hombres de cámara. Sin embargo el sistema establecido había continuado con admirable estabilidad y eficacia, produciendo una dinámica económica y social evidente, que, en cierta medida, fue obstaculizada por las reformas. La base de ello fue la sólida estructura militar centralizada mediante los daimi-o. Para entonces habían ido progresando una serie de transformaciones que afectaban la situación social japonesa. Los comerciantes, privados de derechos, continuaron expandiéndose. Se puede decir que habían llegado a un estado de desarrollo muy similar al europeo, respecto del sentido del lucro, del mercado, los métodos administrativos, burocráticos y financieros. Sin embargo también había grandes diferencias con Europa. A la ya indicada de la férrea estructura militar, se sumaba una respetuosa indiferencia respecto del emperador y la aristocracia cortesana, una especie de división de tareas o de objetos de reproches, y la falta de percepción de lujos ostentosos por parte de unos y otros por el pueblo, dado que no transcendían al ornato exterior de sus edificaciones, lo que evitó que fuesen objeto de odios y se asumiese lo injusto de su situación hasta bien avanzado el siguiente siglo.

Más bien se entendía que se dedicaban a sus funciones tal como era su obligación, con una perspectiva bastante confuciana. Además se mantenían todas las normas tradicionales. No había, por tanto, ninguna base para la crítica social. Por ello persistía la continuada legislación clasista. Igualmente faltaba la industrialización, el comercio a larga distancia, las comparaciones y sucesivos experimentos en los distintos Estados vecinos, tan importantes en Europa, y que Japón ignoraba por completo, así como una intelectualidad inquieta y crítica. Colaboraba a ello la prohibición total de contactos con el exterior, de llegada de nuevas ideas o comparaciones posibles, dado el cierre de fronteras, la insularidad, la ya señalada prohibición de comercio ultramarino, y la censura de libros. Rusia volvió a hacer otro intento de establecer relaciones comerciales con Japón, fracasando otra vez. En Nueva España se crearon 12 intendencias: era la primera modificación territorial de este virreinato desde su creación. La navegación por el Potomac se había convertido en motivo de fricción, ya que varios Estados reclamaban la libertad de uso de sus aguas. Para solucionarlo se convocó la conferencia de Annapolis de 1.787, a la que acudieron 5 Estados. En ella, Alexander Hamilton, un joven abogado de Nueva York, aprovechó para propagar el fortalecimiento de un poder central. Así el Congreso de la confederación convocó una convención federal en Filadelfia, que revisase los artículos de la confederación. Ni Thomas Jefferson ni John Adams pudieron asistir a ella, ya que habían sido nombrados embajadores. Tampoco John Jay, designado Secretario de Estado de Asuntos Exteriores, de visita en el extranjero, estuvo presente. Los 55 delegados designados eran veteranos de la Guerra de Independencia. Entre ellos, bajo la presidencia de Washington, estaban Franklin, Dickison, Madison o Hamilton, expertos políticos plenos de iniciativas, reformistas, nada radicales. Basándose en las propuestas de Jefferson y la Ordenanza Básica de la Tierra, el Congreso de la confederación aprobó la Ordenanza Noroeste.

Por ella se dividían los territorios del Este en rectángulos, parcelados en ámbitos de ciudades (similares a los municipios) de 36 millas cuadradas cada uno. En los territorios del Noroeste (respecto de los trece Estados iniciales) se fundarían entre 3 y 5 ciudades. Los que agruparan menos de 5.000 residentes varones libres contarían con un Gobernador y tres jueces, nombrados por el Congreso. Los que superasen dicha cifra tendrían una Cámara de representantes, elegidos por el pueblo entre los propietarios de más de 50 acres (es decir, una “democracia” oligárquica, de terratenientes) que podría enviar un diputado al Congreso confederal sin derecho a voto, y una Cámara alta designada por el Congreso entre los propietarios de más de 500 acres. Su Gobernador tendría derecho de veto. Los que superasen los 60.000 residentes varones libres podrían aprobar su propia Constitución, formar su propio Gobierno y enviar al Congreso confederal sus propios diputados, en igualdad de condiciones con los de los trece Estados originales. Se podría plantear que tal censo latifundista era una reinstauración de una nueva aristocracia. En base a ello, o a prejuicios, hay quienes niegan que la independencia de Estados Unidos fuese una auténtica revolución. Pero no era así. Para entonces los principios del liberalismo lo habían impregnado todo. Desde las primitivas constituciones, pactos y contratos coloniales, la tierra podía comprarse y venderse libremente, aunque en algunos casos hubiese restricciones temporales o mercantilistas. Lo cual significaba el libre acceso de la burguesía a tales propiedades, que, junto a la ausencia de un rey con derecho de propiedad, expropiación y concesión de tierras y títulos y sustitución de enfeudamientos, la huida de la mayoría de los aristócratas, que eran pro-británicos, y la pérdida de privilegios y reconocimiento de sus títulos nobiliarios (puesto que no había un rey con tal potestad) de los que se quedaron, suponen unas bases completamente distintas, revolucionarias, de abolición total y completa del feudalismo (aunque no del esclavismo) la inexistencia de una servidumbre de la gleba, que nunca hubo, y la ausencia de gremios, que ya habían desaparecido en Inglaterra, en los Estados Unidos.

El 17 de septiembre, tras cuatro meses de debates, la convención federal de Filadelfia se había excedido en su estudio de los artículos de la confederación que debían revisarse, planteando una nueva y auténtica Constitución de Estados Unidos. Se basaba en una estricta división de poderes propiamente enciclopedista, si bien la nueva figura del Presidente de los Estados Unidos, con mandato de cuatro años, tenía derecho de veto dilatorio sobre las leyes, hasta que el Congreso las impusiese por mayoría de dos tercios. Es decir, una preeminencia del poder ejecutivo sobre el legislativo, sobre la representación de la soberanía popular. Y ese arcaico modelo es el que se está imitando en las “nuevas democracias”. Tal vez porque sea el que interese a unos y a otros. Los tres poderes debían comprometerse en el cumplimiento de dicha Constitución, las leyes y los Tratados, controlándose mutuamente, en lo que se pretendía como un equilibrio entre ellos. No obstante el Presidente disfrutaba de prerrogativas que lo hacían asemejarse a un monarca. Por ejemplo, la elección del Gobierno, marcar las directrices políticas, dentro del marco de la Constitución y las resoluciones del Congreso, concertar Tratados y recibir a los embajadores extranjeros. Es decir, se confundía la Jefatura del Estado con la del Gobierno. En tiempo de guerra  –posteriormente se ha interpretado como que en todo tiempo- ostentaba el mando supremo del ejército. Es lógico que así ocurriese, ya que no había precedentes anteriores. Lo que no es lógico es que se haya tomado como ejemplo para otras Constituciones más actuales, como la cubana o la rusa, entre otras. Es lo que conocemos como sistema presidencialista. Sin embargo se le fijaban limitaciones, como la necesidad de contar con los votos de dos tercios del Senado para firmar acuerdos o nombrar a los más altos magistrados, y la posibilidad del Congreso de bloquear al Gobierno al rechazar sus presupuestos: un poder legislativo bicameral. Cada Estado nombraba dos senadores.

El Congreso debía declarar la guerra y la paz, garantizar ésta, aprobar los impuestos y derechos aduaneros, la unificación de la moneda, pesos y medidas, y procurar el bienestar general, cajón de sastre o escotilla que se ha utilizado para que el Gobierno federal amplíe sus competencias restringiendo cada vez más la de los estatales. A los Estados se les reservaba las competencias sobre la justicia, la policía, el culto y el tráfico. El poder judicial lo ejercían tribunales federales, cuyas decisiones podían recurrirse a la Corte Suprema, nombre de ascendencia medieval, aunque de composición estrictamente jurídica, que hacía las veces, llegado el caso, de tribunal constitucional. Sus miembros son elegidos por el Congreso, por mayoría absoluta, lo que obligaba a pactar a las dos principales coaliciones electorales, hasta hacerla tradicional, hasta que Reagan y (am)Bush Iº aprovecharon su mayoría absolutista para aprobar una Ley que obligaba a jubilarse a sus miembros con 65 años, lo que supuso el mayor número de vacantes desde su constitución, que cubrieron, sin pactar con nadie, con los jueces más jóvenes y derechistas que pudieron encontrar, lo que garantiza la mayoría reaccionaria de sus decisiones durante muchos años. Lo cual supone la anulación del principio de igualdad absoluta de poderes, al situar el ejecutivo sobre el legislativo, y éste sobre el judicial, algo que no parecen entender los que sostienen que el poder judicial debe ser tan autónomo como para no depender de la representación de la soberanía popular, o que, simultáneamente, propagan el “sistema americano” al tiempo que proponen que los jueces se nombren a sí mismos, por cooptación, partiendo de la base de tener una mayoría reaccionaria.

Así, gracias a este auténtico golpe de Estado, anularon toda la legislación abortista, privaron de Derechos Humanos a los inmigrantes ilegales, autorizaron la ejecución de sentencias de muerte incluso a deficientes mentales o menores de edad en el momento del delito, la violación de domicilio, correspondencia y comunicaciones electrónicas, sin intervención judicial, sólo con pronunciar la palabra mágica “terrorista”, las papeletas de votos trucadas por los hermanos (am)Bush, distintas a las de los otros Estados, cuyas flechas llevaban la perforación del punzón a votar por un candidato distinto al que se nombraba en dicha casilla, que “designaron” Presidente de Estados Unidos a (am)Bush IIº, con menos votos que el estúpido Al Gore, gracias a tales papeletas trucadas por sus hermanos Gobernadores, alegando que la Ley daba un plazo perentorio para su recuento, que no se podía “perder” más tiempo comprobando los votos falsificados que habían, o anulando las leyes sobre matrimonios homosexuales. Su jurisdicción estaba limitada a los casos que afectaran a todos los Estados Unidos, sus relaciones con el extranjero, sobre navegación, entre dos o más Estados o entre éstos y la Unión, aunque también tenía competencia en segunda o superiores instancias, como derecho de apelación o recurso. Los Estados pusieron reparos a su aprobación, que restringía enormemente su competencia respecto de los artículos confederales. También se criticó la ausencia de una declaración o garantía de derechos. Además de sucesivas enmiendas a dicha Constitución, se utilizaría como fuente complementaria los derechos enumerados como inalienables en la declaración de independencia. En España se creó el Tribunal Supremo y se reformó el derecho, aunque se mantuvo la jurisdicción señorial y de las corporaciones comarcales. Se mejoró la administración provincial, en línea con la organización territorial francesa, intentando quitar poder a los antiguos reinos. Se pretendió incentivar la incorporación de la burguesía a la administración pública, lo que reduciría el poder aristocrático.

En todos los ámbitos los Ministros de Carlos IIIº (al contrario de lo que se cree, su único mérito, aunque ya es encomiable, fue la designación y sustitución de los mismos, puesto que, dado a las depresiones, como su padre, especialmente desde que enviudó, como le había ocurrido a su padre, con 44 años, su esposa con 36, después de haber parido 13 hijos, uno cada año de matrimonio, al año siguiente a haber heredado el reino de España a su hermanastro, se desentendió del Gobierno y se dedicó a las cacerías) mostraban su influjo modernizador, en especial en la liberación del comercio, incluso con las colonias. No obstante, el retraso respecto del resto de Europa continuaba siendo notorio. En Francia comenzaba una crisis agraria que duraría 4 años. Esta sucesión de desabastecimientos alimentarios, posiblemente debida a causas meteorológicas, supuso una elevación de los precios, y con ello, de los alquileres de fincas rústicas, de los impuestos, sobre todo los cobrados en especie, y las prestaciones personales, el servilismo. Como el hambre impulsaba la furtividad, el agotamiento de pastos y ramoreo de montes del común, proliferaron las prohibiciones, aumentaron los castigos, las apropiaciones por parte de latifundistas, de la aristocracia o la alta burguesía, los vallados y, en todo caso, la persecución a los desesperados que intentaran sustraerse al hambre o la miseria. Y eso en Francia, el segundo Estado más industrializado del mundo, con su red de caminos, canales, su Flota y capacidad impositiva y financiera. Su comercio exterior, que era más bien de tránsito, desde o hacia zonas del interior de Europa, se había cuadruplicado en 72 años. Calonne se reunió con los altos funcionarios, notables aristocráticos que representaban el Antiguo Régimen, exigiéndoles que redujesen sus ingresos y la implantación de un impuesto sobre la propiedad rural. Pero sólo obtuvo su rechazo. Lógicamente, ya que en los anteriores intentos tal rechazo les había dado resultado. En base a ello el Parlamento (tribunal de justicia) de París consideró que no había otra salida que convocar a los Estados (Estamentos) Generales, única institución que podía legalmente modificar la imposición tributaria. Y así lo hizo, lo que suponía, quizás con todo respaldo legal, pasar por encima de la voluntad del rey y del Gobierno.

La opinión pública francesa, que había tomado cartas por completo en el debate reformista y el alcance hasta el que debía llevar, se sumó a tal propuesta. Se produjeron insurrecciones en los Países Bajos austríacos, posiblemente impulsadas por Francia, en contra de las medidas centralistas. Prusia y Gran Bretaña, aliadas con Suecia, que pretendía recuperar Finlandia, presionaron a que el imperio otomano declarase la guerra a Rusia. Esta se alió con Austria, en una guerra que duraría 5 años, lo que hizo desviar la atención de cuanto sucedía en Francia, permitiendo que los hechos se precipitaran en sus fases iniciales sin interferencia extranjera. En la colonia inglesa de Sierra Leona se fundó la “Ciudad Libre” (Freetown) para que se estableciesen en ella los esclavos negros liberados. Nampoina fue coronado rey de los jova, iniciando una política de unificación del dominio de Madagascar. Francia inició su influjo en Indochina apoyando a la dinastía Nguyen a consolidar la independencia de Vietnam respecto de China. Iejaru sucedió a Ienari como chogún, mientras nuevas malas cosechas, levantamientos campesinos y carestía alimentaria volvían a sacudir a Japón. Como era menor de edad, la aristocracia militar aprovechó para imponerle como consejero a Matsudaira Sadanobu, nieto de Yochimune. Llevó a cabo una política de importantes reformas que denominó “retorno a Yochimune”, conocidas como “era Kansei”. Es decir, más leyes contra el lujo y más medidas económicas, especialmente de restricciones comerciales, que tampoco dieron resultado. A su llegada a la mayoría de edad, Ienari se hizo cargo del Gobierno, elevó el lujo de la corte y creció la riqueza de los comerciantes, ambas cosas intolerables para los confucianos. Como consecuencia la clase samurai se disolvió y la pobreza de las clases populares, rurales y urbanas, se incrementó. Todo lo cual iba produciendo una dinámica mercantilista primero, capitalista después, desde una sociedad aún inserta en el feudalismo tardío. La alta aristocracia militar seguía siendo la clase dominante, por lo que consiguió mantener sus ingresos, en base a percepciones, en especie o en dinero, de los daimi-o. Se crearon 8 intendencias en el virreinato de Perú. Posteriormente se impondrían 4 en Nueva Granada, dos en Chile, y una en Caracas, Guatemala y Cuba.

Los intendentes reunían gran parte de las competencias de los virreyes y de las Audiencias, y sustituían a los Gobernadores, Adelantados e incluso a los Corregidores. Con ello se simplificaba (y abarataba) la administración, haciéndola más eficaz, aunque a costa de la pérdida de atribuciones y competencias de los municipios, precisamente donde la burguesía criolla concentraba todo su poder, ya que no tenía acceso a escalones superiores. El malestar creado tendría gran influencia en los sucesos que iban a terminar en la independencia hispanoamericana. En 1.788 comenzó “la Dieta de los cuatro años” en Polonia. Murió Carlos IIIº. Le sucedió su hijo Carlos IVº, prácticamente un débil mental con el que España dejaría de ser una potencia a tener en consideración. William Sumington construyó en Inglaterra barcos de vapor. Calonne dimitió. Posteriormente pasaría a ocupar su puesto, nuevamente, Necker, quien, cediendo a las peticiones de los parlamentos (tribunales de justicia) decidió convocar los Estados (Estamentos) Generales, que hacía 175 años que no se reunían en Francia. Aunque el motivo era la postración económica y las dificultades financieras, la reorganización fiscal, todos eran conscientes de que, en realidad, se pretendía alterar la situación de poder. Y que ello conllevaría consecuencias no sólo económicas, sino políticas, jurídicas y sociales. La oposición aristocrática pretendía la vuelta atrás del absolutismo hasta los tiempos en que ellos dominaban los Estados (Estamentos) Generales, volver a recuperar su perdido poder, incluso frente al rey, volver a que éste fuese, de nuevo, primus inter pares, “el primero entre sus iguales”, es decir, uno más entre los aristócratas, aunque fuese el escalafón superior de su clase social. Los campesinos buscaban seguridad jurídica y económica frente a los tribunales y señores feudales, los excesivos impuestos y las malas cosechas. Y la burguesía sus conceptos enciclopedistas sobre libertad y abolición de privilegios, es decir, igualdad ante la Ley, bajo lo cual se escondían deseos de libre comercio, prensa e industria, y, tal vez sobre todo, equitativa distribución de los impuestos. La mala cosecha de aquél año provocó que ese invierno escasearan y se encareciesen los alimentos, lo que se hacía más insoportable en la situación de desempleo industrial existente.

Todo el mundo, algunos con intención maliciosa, pretendiendo sacar provecho de ello, culpaban al Gobierno y esperaban que los Estados (Estamentos) Generales encontrasen la solución: era la última esperanza, quizás en un milagro. Murió el biólogo Georges-Louis Leclerc, conde de Buffon. Se opuso a los descubrimientos de Linneo, manteniendo que en la naturaleza no había más que individuos, y que cualquier clasificación no es más que fruto de nuestra imaginación. Con ello había anticipado las ideas filosóficas de Kant sobre los fundamentos físicos, como el tiempo y el espacio. También rechazaba la inmutabilidad de las especies, asegurando que había una limitada transformación. Quizás confundía variaciones del fenotipo y del genotipo, pero, con ello, abría las puertas al evolucionismo. Kant publicó su “Crítica de la razón práctica”, en el que, tras su rechazo de la Metafísica teórica como mera ilusión, aporta los fundamentos de una nueva Metafísica, al concluir que existe una razón pura de orden práctico. Partiendo del hecho absoluto de la ley moral como experiencia discursiva ontológica, formula su imperativo categórico. En Dinamarca se aprobó la Ley de liberación de los campesinos. Gran Bretaña fundó una colonia de presidiarios en las cercanías de la actual Sydney. La idea era llevar a los condenados más peligrosos a donde era imposible que escaparan, y que deberían buscarse su propio sustento. Sin embargo la independencia de Estados Unidos hizo pensar en la conveniencia de colonizar aquel Continente insular, oceánico, en compensación. Se estimuló a emigrantes europeos a que se establecieran en los alrededores de las colonias penitenciarias. Ningún inglés, en principio, participó en dicha primera colonización, aparte de los reclusos.

Cuando estos colonos descubrieron que las ovejas se adaptaban perfectamente al clima y a la vegetación, sin tener que defenderlas de abundantes ni grandes depredadores, ni competir con terrenos de labranza, como ocurría en Europa y en otras colonias, con lo que obtenían notables beneficios, el espacio asignado se demostró pequeño. Al contrario de la planificada colonización del Continente americano, especialmente al Oeste de Estados Unidos, la de Australia fue más semejante a la de los boers en Sudáfrica. Así se fundarían las colonias de Victoria y Queensland. Once Estados habían ratificado la Constitución federal de la Unión. Finalmente todos los puertos del imperio español quedaron autorizados para el tráfico ultramarino: habían desaparecido los ataques piratas, corsarios o de Flotas extranjeras, y también el régimen de privilegio real de monopolio, el comercio estanco. En 1.789, el abad Sieyès publicó una octavilla en la que se preguntaba y respondía: “¿Qué es el tercer estado (estamento)? Todo ¿Qué representa dentro del Estado? Nada ¿Qué pide? Representar algo”. Faltaba preguntar por las demás clases sociales, las privilegiadas, pero lo comparaba con preguntarse qué lugar debían ocupar en un cuerpo enfermo “los elementos tóxicos que lo torturan”, cuando la cuestión era “neutralizarlos”. Es imposible sintetizar con más exactitud un programa revolucionario. El objetivo debía ser suprimir a las clases superiores. Y lo hacía sin argumentos, sin pruebas. No era la racionalidad ilustrada. Posiblemente porque considerase sus planteamientos axiomáticos. La situación en Francia era muy distinta a la inglesa. Desde tiempos de Luis XIVº se había prohibido a la nobleza la inversión en negocios mercantiles o fabriles, con lo que se impedía su conexión con la burguesía, que era lo que estaba ocurriendo en Gran Bretaña, o se daría más tarde en la Banca, originando el mal llamado, antitético, liberal-conservadurismo, más bien liberalismo moderado, monárquico y continuista.

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