1.859: La unificación italiana

Muchas familias fueron asesinadas, y miles de ellos debieron abandonar sus ciudades de residencia. A lo largo del siglo perderían todas sus posiciones políticas, todos sus puestos dirigentes, y vieron reducido su nivel social y económico. Todo ello incrementó el odio de la población autóctona, de una u otra religión, al dominio colonial, al que se culpó de todos los males, incluso los heredados de siglos o milenios de tradicionalismo, religiosidad, cuando no fanatismo, divisiones y enfrentamientos. Si, al principio, los hinduistas consideraron a los británicos como sus libertadores frente al dominio mahometano, para éstos era evidente que se trataba de sus más acérrimos enemigos. Se reformaría en profundidad el sistema impositivo, la administración y el ejército, basado en mercenarios bien adiestrados. Los impuestos tradicionales sobre el suelo y la propiedad rural se redujeron. En cambio se aumentaron los que gravaban el opio y la sal, y se creó uno nuevo sobre las rentas que no fuesen de origen agrario. Se mejoró la red de comunicaciones. También se intentó un desarrollo económico, incluso industrial, desde una óptica moderna, aunque bajo la premisa liberal del “dejar hacer”, lo que conllevaba su imposibilidad de triunfo en un mercado dominado por la metrópoli. Y también en la educación y la cultura, aunque bajo patrones ingleses, lo que produjo una división social que hacía aún más odioso el dominio británico y a quienes lo apoyaban o consentían. En gran parte los hindúes redescubrieron su propia historia gracias a las investigaciones científicas de los europeos. Esto significó una contradicción más, ya que a partir de ello se despertó un interés de los propios hindúes por las investigaciones históricas y lingüísticas. Al tiempo que se trataba de imponer patrones de pensamiento europeos se estaba fomentando el análisis crítico. Fue en Bengala, por donde comenzó el dominio británico de la India, donde se produjo una primera generación de hindúes educados a la inglesa, que asumieron el racionalismo como lema. Es decir, una situación parecida a la que ocurrió en Europa en la época de la Ilustración. Sin embargo, en poco tiempo, influidos por el devenir espiritual, político y social europeo, se transformó en un acusado nacionalismo.

El conocimiento de la mentalidad religiosa europea, su intento de sustituir al pensamiento tradicional, incluso a las doctrinas mahometanas, conllevó un estudio crítico de tales pensamientos, que, en determinados casos, no promovieron dicha sustitución, sino unos planteamientos sincréticos, renovadores, que, de inmediato, derivaron a la crítica del pensamiento social y político tradicionales y su reforma. Entre éstos destacó Rachnarain Bose, que mantenía que la religión y cultura hindúes eran superiores a la cristiana y europea. Había fundado la Sociedad para la Promoción de la Nacionalidad. Más tarde se hizo célebre Bal Gandaggar Tilak, dirigente nacionalista de Bombay. Los misioneros Ramakrisna, que aún persisten en América y Europa, revitalizaron el antiguo monismo vedanta, que transformaron en un movimiento político basado en la lealtad, el desprendimieno y la vida comunal, lo que encontró terreno abonado en las primitivas vivencias del cristianismo y el comunismo, especialmente el basado en el cooperativismo o los falansterios. En el futuro se trataría de integrar a los hindúes en la administración y dirección de su país. Sin embargo se había abierto un abismo infranqueable entre nativos y británicos, que antes no existía. En tal sentido sí se puede interpretar como antecedente del independentismo. Todas estas contradicciones terminaron socavando el dominio británico. Al quedarse abandonado Narváez, Isabel IIª tuvo que ceder el Gobierno a O’Donnell. Las expectativas que había levantado se cumplieron, aunque sólo durante un quinquenio, en el que hubo estabilidad, paz social y, a consecuencia de ello, prosperidad. A causa de una grave enfermedad mental de Federico Guillermo IVº, asumió la regencia de Prusia su hermano, el príncipe Guillermo. Muy inteligentemente, éste fue sustituyendo a los Ministros por liberales. De modo que Prusia se convirtió, de repente –y de modo coyuntural- en el núcleo del liberalismo desde el que se podría aglutinar el movimiento de unificación nacional, en detrimento del imperio austro-húngaro. Cavour y Napoleón IIIº llegaron al acuerdo de atacar a Austria. A partir de entonces Cavour se dedicó a consolidar su país, bajo principios liberales, reformando la legislación, impulsando enérgicamente la economía y, sobre todo, reorganizando el ejército. Las Flotas británica y francesa, dentro de la segunda guerra del opio, destruyeron el fuerte Taku, cerca de Tientsin.

A raíz de ello consiguieron el Tratado de Tianyin o Tientsin, por el que China debió hacer nuevas concesiones comerciales, abrir otros 11 puertos al comercio internacional, entre ellos Nankín, Tientsin y los de Formosa (en portugués, “Hermosa”) o Tai-uán, permitiendo un buque de guerra de las potencias vencedoras en cada uno de ellos, reducción de las tarifas aduaneras, admitir embajadas extranjeras y la residencia de británicos y franceses en todo el imperio, con jurisdicción consular propia (es decir, casi impunidad) y la inviolabilidad de sus propiedades, así como la libre navegación por el Yang-tse, el libre comercio del opio, la libre práctica religiosa, apoyar a los misioneros cristianos y pagar 7 millones de dólares como indemnización de guerra. El canciller Ii Naosuke, con la oposición del emperador japonés, no sólo firmó el Tratado comercial con Estados Unidos, sino con Holanda, Rusia, Gran Bretaña y Francia. En la guerra desatada por la herencia del chogunado consiguió establecer a Tokugaua Iemochi, al que legítimamente le correspondía pero que, en aquellos difíciles momentos, sólo contaba con 12 años de edad. Tal vez pretendía dominarlo. El derrotado Iochinobu, también conocido como Keiki, hijo de Tokugaua Nariaki, formó con éste y otros daimi-o, como el de Satsuma, un grupo de oposición. Ii Naosuke decretó su arresto domiciliario, la destitución de numerosos samurai que simpatizaban con ellos, y la ejecución de los que manifestaron abiertamente su crítica, como Iochida Choin. Es lo que se conoce como depuración Ansei. Con ella se alcanzó una aparente paz. Ospina quiso acabar con la existencia, que consideraba incoherente, privilegiada, de los Estados federados de Panamá y Antioquía, por lo que intentó una reforma de la Constitución neogranadina de 15 años antes, bajo el falseado nombre de Confederación Granadina. La dictadura de los hermanos Monagas sumió a Venezuela en guerras civiles entre federalistas y centralistas, lo que impidió el desarrollo económico del país. No ostante, en este periodo se abolió la esclavitud y la pena de muerte. En 1.859, dado que las charcas y fuentes naturales, superficiales, de petróleo estaban agotándose, Edwin Laurentine Drake perforó un pozo cerca de Titusville, en Pennsylvania, encontrando petróleo subterráneo.

La disponibilidad de un combustible líquido, más fácil de transportar, almacenar, dosificar, poner en ignición y utilizar, automáticamente, que el carbón, muy voluminoso para su valor energético, constituiría una revolución en el transporte. J. F. Appleby diseñó en Estados Unidos la cosechadora integral mecánica. Después de tenerlo años guardado en un cajón, ya que comprendía las implicaciones ideológicas que iba a ocasionar, y que temía, dado su espíritu religioso y conservador, aunque rendido a la verdad científica, presionado por sus familiares y amigos científicos, al saberse que Alfred Russel Wallace estaba reflexionando sobre una teoría similar, Charles Darwin publicó “El origen de las especies mediante la selección natural”, en el que describe cómo las especies cambian, aparecen y desaparecen, en medio de la lucha por la existencia, por la búsqueda de alimentos y el éxito reproductivo, de igual forma que los agricultores, ganaderos o coleccionistas conseguían nuevas razas de plantas, ganados, perros o palomas mediante el cruce y la selección de los mejores, de los que presentaran determinadas características que considerasen atractivas, y el sacrificio de los que no cumplieran las especificaciones deseadas. Con ello la teoría creacionista (que cada especie había sido creada ex profeso por Dios) sufrió un duro golpe, y, con ella, con su defensa a ultranza por parte de los más fanáticos, la religión en la que la sustentan. En realidad el evolucionismo no es sino la consecuencia lógica del postitivismo científico. A partir de entonces se produce un empeño en encontrar una explicación a la “aparición” de determinados seres donde antes no los había. Esto supone un decisivo empuje a la microbiología y bacteriología, y al estudio del fenómeno reproductivo. Pero también puede considerarse como una concreción aplicada a la naturaleza de las ideas “evolucionistas” de la filosofía hegeliana, que mantiene que desde la materia más primigenia se produce un progresivo avance, “complejidad”, hasta llegar al Ideal, de donde la materia procedía. El evolucionismo produce una fe en el progreso, una optimista visión de la mejora permanente mediante el cambio y la experimentación constante, y su “comprobación” al introducirlas en un mundo competitivo, lo que también supone una consolidación de los ideales liberales.

La “madre naturaleza” de los románticos pierde su esencia, se transforma, a los ojos del hombre, en un sustrato en el que los seres vivos luchan entre sí por sobrevivir, se “matan” unos a otros, bien en ataques directos, o al privarse mutuamente del alimento y la capacidad de reproducción, al desposeerse de parejas o rechazar sus ofertas sexuales, mediante unas crueles leyes naturales, imperativas, ineludibles, de la superviviencia. Hay que subrayar que la teoría de la evolución no fue un invento de Charles Darwin. Ya Tales y su discípulo Anaximandro, de Mileto, aportaron hipótesis sobre el origen de la vida a partir del agua, las charcas, el barro, en una serie de fases. Este último especificó siete nieveles de entes, tanto inertes como vivos, cada vez más complejos e inteligentes, hasta llegar al ser humano. Dichas tesis, entonces la cumbre del desarrollo científico, pasaron a la Biblia, junto con la mitología tradicional griega, deformada -el Genesis, Orígenes o En un principio (que de todos esas formas se puede traducir el comienzo de dicho libro o Biblia) sintetiza documentos de dos fuentes distintas: los documentos E, en los que se repite el nombre Elojim, con desinencia plural, lo que ha hecho que los críticos lo traduzcan como “los gigantes” o incluso “los dioses” (aunque a mí me parece certera su traducción por “El Altísimo”, ya que lo considero una deformación de Enuma elich, palabras iniciales del poema épico sumerio sobre Gilgamech, “Cuando una vez allá en las alturas…”) y que están plagados de mitología babilónica, heredada de la sumeria, como la serpiente y la manzana, Noé o Noaj, Ut-Napichtín en sumerio, y su barca en forma de arcón, el diluvio, etc., y los documentos S o sacerdotales, plagados de historia y cultura, por lo cual casi todos los acontecimientos se repiten dos veces, desde dos ópticas diferentes- según la cual Urano, el dios del cielo, separó el Caos (¿el barro primigenio?) del Cosmos u orden universal, mediante la fórmula hebrea, más simplificada, de “separó las aguas de la tierra”.

Linneo, cuando realiza la clasificación de las plantas (denominándolas según una pareja de nombres: el de la Familia y la Especie, añadiéndole en su caso el de su raza o variedad) especialmente atendiendo a sus sistemas reproductivos, mediante un orden jerarquizado (Reino, Orden, Familia, Especie, etc.) está avanzando una perspectiva evolucionista, lo cual queda nítido cuando a petición de amigos y científicos, acometela clasificación zoológica, llegando a reconocer en una carta que debía haber incluido al hombre en la familia de los primates, pero que no se atrevió a hacerlo por el rechazo religioso e ideológico que provocaría. La tesis de Anaximandro la reprodujo Georges Louis Leclerc, conde de Buffon, aunque aportando datos científicos y estudio de fósiles. Concluyó que la Tierra inicialmente debió ser materia incandescente (¿plasma?) motivo por el que la rotación produjo el ensanchamiento por el ecuador y el achatamiento por los polos, lo que no le resultaba explicable si hubiese sido sólida, compacta. Que después se enfrió, produciendo todos los minerales vítreos, cristalinos y magmáticos. Que en esa fase el mar lo cubriría todo. Que después bajó el nivel de las aguas y afloró un Continente. Que después se separó en dos, que, posteriormente, se subdividieron. Y que toda la materia calcárea procede de animales primitivos con conchas, especie de moluscos. Así hasta un total de siete etapas que concluyen con la aparición del ser humano. Más precisión aportó Erasmus Darwin, abuelo de Charles, médico, fisiólogo, naturalista, filósofo, poeta y masón, que defendió ideas antirreligiosas (más bien anticlericales) lo que le produjo el rechazo de toda su familia, que se hizo aún más mojigata y tradicionalista. Hizo experimentos galvánicos (inciados por un descubrimiento casual, al disecar una rana impregnada en formol, en el que se conservaba, con un bisturí de acero sobre una chapa de cinc, observando que sus ancas se contraían) aplicando electricidad a músculos de animales y cadáveres, observando que podía revitalizarse un corazón parado, origen de los actuales desfibriladores y marcapasos y de la novela “El monstruo del Dr. Frankestein”, de Mary Shelley. Defendía, como un núcleo de naturalistas, que las especies transmutaban unas en otras. Y sin embargo era creacionista, en el sentido de creer que todo provenía de Dios. Que Este había conservado en todo una similitud para que pudiésemos comprobar que eran de su paternidad.

Juan Bautista Pedro Antonio De Monet, caballero de Lamarck, que acuñó el término biología, fue el primero en proponer directamente el evolucionismo, de unas especies a otras. Sólo que lo basaba directamente en la adecuación al medio, lo que se puede resumir en la frase “la necesidad crea el órgano”, que infinidad de científicos refutaron experimentalmente, demostrando que los cambios somáticos no afectan a los gametos. Así que Darwin fue quien consiguió dar una explicación racional al fenómeno, haciéndolo asumible y comprensible, dando coherencia a los registros fósiles encontrados, excepto para los fanáticos religiosos que se niegan a aceptar las pruebas empíricas en base a tradiciones y textos presuntamente revelados. Sin embargo actualmente hay al menos tres líneas de investigación que sostienen que Lamarck no estaba tan equivocado. La primera parte del estudio de determinados fenómenos en las plantas, puesto que sus células reproductivas devienen directamente de los meristemos de crecimiento, que son células somáticas, lo que explicaría el carácter mutágeno, hereditario, de determinadas adaptaciones. Se oponen a ello los que consideran que la capacidad genética deviene de las fases iniciales, germinativas, de las plantas, y que se está confundiendo aspectos del fenotipo, que son adaptables, con los del genotipo, los auténticamente mutantes. La otra línea proviene del estudio del cáncer y de los retrovirus y su capacidad mutágena, algo que ya predijo Severo Ochoa, antes de conocerse los retrovirus, explicando con ello la extinción o evolución de los dinosaurios mediante la infección parasitaria de virus mutágenos. Y la tercera línea es la epigenética, que demuestra que existen factores que pueden inhibir o reactivar determinados genes, durante muchas generaciones, a consecuencia de experiencias vitales (por ejemplo, el hambre, que puede provocar tendencia a la obesidad, acumulación del colesterol, arterioesclerosis y cardiopatías) producidas muchas generaciones antes. Carlos XVº sucedió a Oscar Iº como rey de Suecia y Noruega. El liberalismo se asentó definitivamente mediante una nueva Constitución, que permitía el acceso a la Dieta a nuevos grupos sociales. Las expectativas creadas por la designación del Mariscal francés Bernadotte quedaron materializadas casi medio siglo después. La hasta entonces muy poderosa aristocracia y el clero perdieron su preeminencia.

Otto von Bismarck comprendió que su estrategia en la Dieta de Frankfurt de resolver la pugna por la dirección de la Confederación Germánica equilibrando las atribuciones y prerrogativas de Austria y Prusia, no daba resultado. El nacionalismo se había asentado sólidamente en Alemania, como lo demostraban las múltiples manifestaciones populares. Finalmente se fundó en Frankfurt del Main la Unión Nacional Alemana. El regente de Prusia tenía plena conciencia de ello, y pretendía sacar provecho de la situación. Comprendió que era inevitable la confrontación militar para imponer un imperio alemán bajo su mando, y, por tanto, debía previamente reorganizar, modernizar y ampliar el ejército. A pesar del elevado aumento poblacional de Prusia, las propuestas del príncipe Guillermo necesitaban que los reclutas obligatorios permaneciesen 3 años en la reserva, realizando frecuentes ejercicios tácticos, y pasaran después a la milicia nacional, diferenciada de las fuerzas armadas. La Cámara alta (cuyos componentes, aristócratas sobre todo, difícilmente iban a ser afectados por todo ello) lo aceptó. Pero la Cámara baja, dominada por los liberales, se negó a hacerlo. Temía, no sin razón, que el incremento del ejército supusiese el del número de Oficiales conservadores, aristócratas, que de todo ello resultase un aumento de poder del ejecutivo y del soberano, en contra de los postulados liberales, además de la repercusión económica (aumento de impuestos y de salarios, y, con ello, disminución de la actividad productiva y mercantil y de los beneficios empresariales) del largo tiempo de permanencia en filas, de un modo u otro, durante los cuales un gran número de hombres quedarían fuera del proceso productivo y del mercado de trabajo. Pero, en lugar de votar en contra, para no encontrarse enfrentados al futuro rey, introdujeron una cláusula que impedía el aumento del tiempo de servicio militar. Esto hacía imposibles los cambios previstos. Francia y Piamonte-Cerdeña atacaron las posesiones austríacas en Italia, obteniendo las victorias de Magenta y Solferino. El banquero suizo Henri Dunant presenció las consecuencias de dicha batalla. Quedó tan impresionado que inició una organización para atender a los soldados enfermos o heridos en campaña.

Era la evolución lógica de los primeros hospitales militares de campaña, creados por Isabel Iª “La Católica” durante la conquista de Granada, en cuyo funcionamiento insistió en que debían atender a los heridos de ambos bandos, aunque utilizó un estandarte con una cruz -signo exclusivamente cristiano- latina, de brazos estrechos y de desigual longitud los verticales, en rojo, sobre fondo blanco, para señalarlos. La organización iniciada por Dunant utilizó la bandera de su propia Confederación, como signo de neutralidad. Más tarde, para demostrarse independiente de cualquier país, de las influencias políticas de ninguno, intercambió el rojo con el blanco, por lo que terminaría conociéndose como Cruz Roja. Los austríacos utilizaron cascos de acero y fusiles con mecanismo de alimentación, recarga y cierre mediante cerrojo. Sin embargo, con todo ello, no fueron capaces de resistir la furia de los envites de los nacionalistas italianos. Debería haberles servido de escarmiento. Napoleón IIIº llegó a la conclusión de que era un genio militar, digno heredero de su tío-abuelo (en el supuesto de que llevase algo de sangre de él; que no fuese fruto de un adulterio) lo que resultaría catastrófico, tanto para él como para Francia. En cambio sí pudo advertir que las consecuencias de todo ello no las tenía previstas. Prusia y la Confederación Germánica salieron en defensa de Austria, como no podía ser de otro modo, y amenazaron con entrar en guerra. Además, Napoleón IIIº se dio cuenta de que carecía de control sobre el nacionalismo italiano, sofocado hasta entonces por Austria, y que ahora se desataba de modo incontenible. Como ya había ocurrido en tiempos de su tío-abuelo, las provincias del Norte y los Reinos Pontificios se rebelaron contra el Papa, y el duque de Toscana tuvo que abandonar sus posesiones. Bismarck sacó sus propias conclusiones: Austria carecía de capacidad militar y prestigio como para mantener sus pretenciosas aspiraciones. Así que, cambiando de estrategia, postuló a Prusia como única dirección posible para un nuevo imperio alemán. Al Gobierno pruso le pareció una política muy peligrosa. No quería enemistarse con Austria, a la que consideraban su única alianza estable, en la que confiar, por lo que frustró sus intentos.

Como alternativa se planteó otra opción: apoyar a Austria en su guerra italiana a cambio de que ésta abandonase sus expectativas sobre la Confederación Germánica. Austria concluyó que ello suponía cambiar una pieza mayor, aunque aún no la había cazado, por otra menor, que, de todas formas, ya le parecía imposible mantener por más tiempo. Así que, por una u otra causa, Francia y Austria firmaron de inmediato el cese de hostilidades en Villafranca, impidiendo que nadie más metiese las narices en la contienda. Mediante la Paz de Zürich, Napoleón IIIº se quedó con Lombardía, excepto el polígono fortificado entre Mantua y Peschiera del Garda, que Austria exigió por precisarlo para su defensa. Y para evitar que el Piamonte, mientras los austríacos lo mantuvieran en su poder, pudiese impedir una nueva invasión, si cambiaban las alianzas internacionales. Además Austria perdía su ascendencia y control sobre el resto de provincias y Estados italianos. Con la posesión del Lombardo, Francia atenazaba al Piamonte por ambos flancos. Napoleón IIIº consideraba que con ello sería suficiente para imponer su voluntad. Pero aún quería más. Necesitaba, internamente, mayores triunfos, y demostrar su poder frente a los italianos, que se consideraban traicionados por el que entendían como precipitado armisticio. Como compensación por su alianza se pidió el ducado de Saboya, Niza, y el “protectorado” sobre Mónaco. Suponía una exigencia muy elevada, puesto que Saboya era el origen familiar de la casa reinante en Cerdeña-Piamonte. Indudablemente pretendía humillarla, deteriorar el prestigio que había conseguido, en el que los nacionalistas italianos aglutinaron sus esperanzas de unificación. La sublevación del Norte de Italia dejaba igualmente a Lombardía emparedada entre Austria y los nacionalistas italianos, lo que hacía difícil su defensa y estimulaba a que dichos Estados acercasen posiciones. Cavour se mostró dispuesto a aceptar la petición francesa, pero intercambiándola por el Lombardo. Y así se llegó al acuerdo. Era un innegable triunfo diplomático de Napoleón IIIº. Pero que no demostraba a los italianos sino que no podían fiarse de él. Este desconocía los planes que Cavour albergaba, que podían compensar con creces su cesión. Marruecos, aprovechando la inestable situación política española, atacó y destruyó unas fortificaciones ceutíes, por lo que ambos países entraron en guerra.

Francia no podía tolerar la persecución de los cristianos, entre ellos el obispo Díaz Sanjurjo, que se estaba llevando a cabo en Vietnam, por lo que realizó una exhibición de una Flota conjunta franco-española, que no dio resultado. Así que conquistó, con colaboración española, Tourane (Da Nang) y Saigón, que debió resistir un sitio de contraataque durante seis meses, con sólo 800 franceses y 100 españoles. A la muerte de Ang Duong le sucedió su primogénito, Norodom, como rey de Cambodia. Sin embargo, por temor a su hermano, debió huir a Siam. Batavia, centro político y económico de Holanda en la zona, comenzó a presionar al sultanato de Bandyarmasin, en el Sur de Borneo, para conseguir su sometimiento. Durante esta década se ha pasado del invento de la bicicleta de pedales, tender el primer cable telegráfico submarino entre Dover y Calais, a hablar por teléfono, escribir a máquina o viajar por ferrocarril suburbano metropolitano. Para 1.860 la mitad de la población estadounidense, que era de 16 millones de personas, vivían al Oeste de los Apalaches. Es decir, el núcleo original, la costa atlántica, las primitivas colonias británicas y Florida habían perdido su supremacía. La expansión hacia el Oeste había tenido tres etapas u oleadas sucesivas. Primero fueron los cazadores y pioneros. Después los “hombres de la frontera”, pequeños granjeros. Por último llegaron los comerciantes, los artesanos y los especuladores de la tierra. La “fiebre del oro” desatada en California daría un nuevo impulso al colonialismo, no sólo desde el interior de Estados Unidos, en carvanas, ferrocarril o rodeando en barco el Continente, sufriendo el tempestuoso y peligrosísimo Estrecho de Magallanes. La ampliación de la red de caminos y canales, los barcos de vapor y el ferrocarril favorecieron un movimiento migratorio cada vez mayor. Simultáneamente se procedía al sistemático exterminio de los indios, sus primeros habitantes y legítimos propietarios. A veces mediante “conflictos privados”, locales. Otras como campañas militares en toda regla. O’Sullivan lo justificó como “el destino manifiesto”: esparcirse por el Continente otorgado por la Providencia para el libre desarrollo y la multiplicación de millones. Quizás los dioses de los indios se expresaran de otra forma. Pero el Dios de verdad sólo podía hablar por boca del hombre blanco y sus armas de fuego.

A los supervivientes se les confinaba en “reservas”, como a animales salvajes, de las que, posteriormente, mediante nuevos “Tratados” o guerras, cuando interesaba, se les volvía a expulsar. Estas “reservas” venían a ser confinamientos a cielo abierto como a los que actualmente se somete a los palestinos. La expansión hacia el Oeste seguía varias rutas. El “camino Mormón” partía de Nauvoo, en Illinois, pasaba por Fuerte Atkinson y, en Nebraska, se unía al “camino de Oregón”. Este comenzaba en Fuerte Leavenworth en Kansas, y llegaba hasta Astoria, en la desembocadura del Columbia. Desde Idaho se bifurcaba en el “camino de California”, que terminaba en el Fuerte Sutter. Desde Santa Fe, en Nuevo Méjico, partía el “Camino Viejo” español, que llegaba a Los Angeles, en un amplio rodeo al desierto de Arizona. A la misma ciudad llegaba el “camino Mormón”, así llamado porque lo utilizó esta secta 14 años antes, para huir de la persecución, por permitir la poligamia. Se separaba del de Oregón en Utah y pasaba por la Ciudad del Lago Salado (Salt Lake City) para discurrir hacia el Sudoeste casi paralelo al “Camino Viejo”. Para entonces Estados Unidos contaba con 50.000 kmtrs. de tendido de ferrocarril, mientras Gran Bretaña, Francia y Alemania, las naciones más indusrializadas de Europa, sólo sumaban 37.000, aunque hay que considerar que en América las distancias son mayores. Pero esto, si bien supone una necesidad innegable, aún añade más dificultad al esfuerzo económico y laboral, al exigir el desplazamiento de miles de operarios, que llegaron a contratarse hasta en China, lo que explica, inicialmente, la elevada proporción poblacional de este origen en Estados Unidos. Aunque también la gran llanura central facilitó su construcción. Producía 3’8 millones de balas de algodón al año. La situación terminó estallando. El Partido Republicano presentó candidato a la presidencia a Abraham Lincoln, abogado puritano, de elevada religiosidad, con un programa que incluía la abolición federal de la esclavitud. Comprendiendo que podía conseguir una gran cantidad de votos norteños, el Partido Demócrata designó a Stephen A. Douglas, que asumió la misma oferta. Los Estados esclavistas no podían consentirlo, de modo que presentaron un candidato distinto, John Cabell Breckenridge, del mismo Partido, que defendía el derecho de cada Estado a mantener la esclavitud.

Aún hubo otro grupo de Estados, tal vez intentando una posición intermedia, que eludiera el posicionamiento sobre tal cuestión y calmase los ánimos, que designaron a un tercer candidato, John Bell, por el mismo Partido Demócrata. Esto suponía asegurar la victoria del Partido Republicano, sólo 6 años después de su fundación, como así ocurrió. Antes de que Lincoln tomara posesión de su cargo, como 16º Presidente de Estados Unidos, el 20 de diciembre Carolina del Sur declaró que sólo admitía como Presidente al que había recibido el mayor número de votos en su Estado, y que la única forma de mantener la Unión sería que los demás aceptasen al mismo. Para entonces Estados Unidos tenía 32 millones de habitantes, de los que 805.000 vivían en Nueva York.

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