0692-Mayas y toltecas

Simultáneamente se produjo un florecimiento agrícola, extendiendo los adelantos técnicos mesopotámicos, lo que convirtió al Imperio Mahometano en una potencia económica mundial de primer orden. Esto supuso un atractivo para la conversión religiosa, especialmente de las clases comerciantes, burguesas. Sin embargo también había aldeas enteras que se hacían mahometanas, en gran medida para poder seguir utilizando sus tierras, aunque fuese en arrendamiento. El reino Silla había ido derrotando a todos sus vecinos, hasta ocupar casi toda Corea. El rey Munmu consiguió el cambio de la alianza militar con China por un Tratado que debería permitirle mayor grado de soberanía [1], si bien los emperadores chinos continuaron considerándolo como vasallo suyo: los imperios siempre han tenido la misma visión de los demás, o son vasallos o les consideran terroristas a los que hay que exterminar. Letrados, artistas y monjes continuaron viajando a dicho imperio para adquirir conocimientos en su Corte y escuelas superiores. Al regreso de tales “viajeros de China”, se les recibía con el respeto y dignidad correspondientes a los conocimientos adquiridos, concediéndoles de inmediato los puestos adecuados en la administración, la iglesia o los talleres artísticos.

Uno de ellos fue el monje Solch’ong, que inventó la escritura semi-silábica [2] idu [3] basada en los fonemas chinos, pero sumamente simplificada, en su grafía y el número de signos, hasta hacerlos muy semejantes a la escritura latina. Lo cual hizo más fácil la adquisición de conocimientos a los coreanos. La decadencia de la cultura teocrática de Teotijuacán [4] fue simultánea con el desarrollo de un grupo de culturas centroamericanas que suponen, en parte, una evolución de la anterior, consecuencia de la invasión te tribus guerreras procedentes del Norte. Las podemos agrupar en toltecas-chichimecas, y, según la denominación que éstos le dieron, nonohualca [5]. Se supone que éstos, los de mayor cultura, son los que conocemos como michtecas. Crearon su propia escritura, mediante pictogramas, que plasmaron en “libros” desplegables, como un acordeón.

En ellos aparecen dibujos, muy barrocos, plenos de símbolos, que no sabemos interpretar en su plenitud, que a los conquistadores y misioneros españoles les parecieron horrendos, demoníacos, de dioses, sacerdotes y reyes, algunos de los cuales rotulados con sus nombres e historias, lo que permitió que se pudieran identificar sus signos y comenzar a traducirlos, labor aún inconclusa en su mayor parte, y, quizás, imposible, dado el escaso número de ejemplares que sobrevivió al plan destructivo, aculturizador, de los cristianos. Primero en pieles de venado, rebajadas, laminadas, aplanadas, alisadas y reblandecidas, al estilo apergaminado de la ciudad de Pérgamo, y, después, en una especie de papel de fibras vegetales, que, más tarde, utilizarían los aztecas, al estilo del papel de papiro egipcio o bíblico, de la ciudad de Biblos. Como esta escritura fue la primera americana que se comenzó a traducir, se admite con ello que el Continente empiezó a entrar en la Historia. Pero lo cierto es que ya había comenzado antes, lo que ocurre es que, hasta hace poco, no sabíamos interpretar otras escrituras o signos, a veces jeroglíficos (“dibujos sagrados”, como llamaban los griegos a los hechos por los egipcios) que ya existían en otras culturas anteriores.

Los datos históricos más antiguos que se han logrado interpretar y datar del najualt son el nacimiento de la princesa “Siete Flores”, en el 692, y, más tarde, el del jefe “Cuatro Caimanes”, fundador de la más importante dinastía michteca. Esta pequeña tribu, atrincherada en el macizo montañoso de Mixteca, consiguió expandirse hacia el Sur, a costa de sus vecinos zapotecas, mediante la invasión o políticas de enlaces matrimoniales. Cuando el resultado les era desfavorable buscaban refugio en sus montañas, fortaleciéndose hasta detectar nuevas ocasiones propicias para reconquistar y ampliar su imperio. Esta zona es, además, paso obligado entre ambos subcontinentes. Por ella pasa, en la actualidad, la carretera Panamericana, hollando los importantísimos asentamientos arqueológicos de Yanjuitlán y Nochistlán. Este tránsito los puso en contacto con las técnicas metalúrgicas andinas, fundamentalmente utilizadas para ornamentos. Lo cual debe hacernos reflexionar sobre el carácter globalizador del comercio y la cultura, desde tiempos muy remotos. El primer obispo de Chiapas, fray Bartolomé De Las Casas, se sorprendía de sus filigranas de oro fundido y otras joyas, que le parecían más obra de ensoñación que humana.

Pertenece al mismo grupo de lenguas la cultura centrada en la pirámide de El Tajín. Habitualmente se las considera totonecas, aunque no está probado que constituyan el mismo grupo étnico que los conquistadores españoles encontraron en la zona central del Golfo. En un paisaje tropical, se especializaron en el cultivo de vainilla. De tales datos y la existencia de estatuillas en barro cocido, con la boca entreabierta, que se interpretan por todos como “caras sonrientes”, se concluye que era una cultura alegre. A mí tales representaciones me parecen que amenazan o, al menos, advierten. Incoherente con tal suposición tradicional, existen otras estatuas que representan la muerte o la nada, el vacío. Proceden de sepulturas costeras y de palestras de los “juegos” de pelotas. Que, en realidad, no eran “juegos”, ya que el capitán del equipo perdedor resultaba sacrificado. Quizás éste fuera el objeto del juego: escoger la víctima propiciatoria. Pero la misma pelota, de caucho macizo, que estaba prohibido tocar con las manos o los pies, podría producir impactos dolorosos, traumáticos, romper huesos o incluso ser mortales.

Habitaban la zona central y sur del Golfo, donde vivieron, hasta siete siglos antes, los olmecas, inventores de dicho “juego”. Parece que tal nombre es derivado del azteca olin (más al Sur se le denominaba ule o jule) que significaba goma, o movimiento. La pelota, que debía pasar a través de un aro en la pared, simbolizaba el recorrido del sol, por lo que también el juego podía tener carácter adivinatorio. Por ejemplo, sobre la muerte, sobre el resultado de confrontaciones bélicas. O, los que se realizaban con relación a los ritos primaverales, sobre las cosechas. En ciudades en ruinas mechicanas o mayas se han descubierto 150 palestras o palenques para tales juegos. De ellos, cuatro sólo en Chichén Itzá. No se sabe si es que se llenaban simultáneamente de espectadores o que cada barrio, sobre todo los ricos, buscaban sus propias profecías. Aunque no dejaron textos escritos, su elevado desarrollo tecnológico y artístico se refleja en su arquitectura religiosa, que se puede considerar barroquista. Por esa época la cultura boliviana de Tiajuanaco ya estaba en decadencia. Pero consiguió una fusión, cultural, por lo que se sabe hasta hoy, que debía tener fundamentos de unión política o, al menos, comercial, con el estilo de Huari.

Este era fundamentalmente profano, sin que se le conozcan templos de interés. Para comprenderlo hay que reflexionar sobre la situación de Tiajuanaco, a medio camino entre la costa y la amazonía, lo que la convertía en nudo de tráfico comercial. La mezcla de ambas se extendió por todo Perú, y llegaría, con el cambio de milenio, a áreas aún más alejadas. En el 700 fue coronado rey de los lombardos Ariberto IIº, que supo aprovechar las disputas del Papado con Bizancio para arrebatarle a éste más territorios, con el apoyo de aquél. En abril del 711, 7.000 bereberes cristianos, al mando de Tárik ibn Ziyad al-Layti [6], desembarcaron en Gibraltar [7], con la colaboración del conde de Ceuta [8], donde parece que se construyeron las grandes naves de invasión, siguiendo diseños bizantinos, y preseuntamente con financiación de los judíos que estaban siendo perseguidos por los últimos reyes visigóticos. Según las crónicas árabes, Tárik ordenó quemar dichas naves para hacer ver a sus tropas que nunca abandonarían Hispania.

Ajila [9] IIº, primogénito del rey Witiza, que había sido reconocido como heredero por algunos nobles visigodos del Norte[10], a pesar de estar en guerra con Don Rodrigo, al que consideraba usurpador del trono, y que luchaba contra los independentistas vascos, quizás partidarios de aquél [11] se unió a él, teóricamente para acabar con los invasores. Así como el anterior Cardenal de Toledo y Primado de Hispania, Don Oppas, que había sido designado por su hermano, Witiza, y destituido por Don Rodrigo. Pero lo cierto es que la invasión hacía meses que se había producido y que dichas tropas se estaban aclimatando a la península ibérica, lo que se habría ocultado al monarca, e informado tardía y precipitamente para ocasionar el desastre pretendido, lo que no puede calificarse sino como conjura. Ante tales hechos, Tárik recibió otros 5.000 soldados. Durante la batalla, en el mes de julio, sobre el lecho embarrado del río Guadalete o la laguna de la Janda, lugar aún controvertido, cerca de Medina Sidonia, tío y sobrino, al mando de ambas alas, cambiaron de bando [12] y atenazaron a la caballería de línea visigoda, inmovilizada en el lodo, mientras que la caballería ligera sarracena evolucionaba sin dificultad. Don Oppas fue repuesto como Cardenal Primado de Hispania.

Tárik persiguió los restos del ejército visigodo, derrotándolo de nuevo en Ecija, algo que se oculta frecuentemente para evidenciar que la conquista fue exclusivamente el resultado de una traición, sin profundizar sobre las condiciones previas que se habían creado. Se casó con la rubia Florinda, apodada “la de los lindos collares” en los romances, viuda [13] de Don Rodrigo, y asentó la nueva capitalidad en Sevilla. Conquistó Córdoba y Toledo, donde trató de apoderarse del tesoro real, aunque sólo se le entregó una parte, quedándose el resto Don Oppas, como precio por su colaboración. Allí se presentó Ajila para exigir que se respetara su derecho al trono. Tárik le recomendó que se dirigiera a Damasco, para llegar a un acuerdo con el califa, a lo que, inocentemente, accedió. Todo ello parecen ser indicios de que realmente existió tal alianza. En el 712 el General yemení y visir del Norte de Africa, Abu al-Rajman Musa ibn Nussair, que había construido una Flota que derrotó a la bizantina y conquistó las islas Baleares, con 72 años de edad y 18.000 hombres, llegó a Hispania para enfrentarse al reorganizado ejército visigodo. Ocupó Medina Sidonia, Sevilla, Carmona, Mérida, tras un año de sitio, y se unió con Tárik, que estaba bloqueado en Toledo.

Liutprando sucedió al lombardo Ariberto IIº, sometiendo a los duques levantiscos. Para ello sustituyó las tropas feudales, de vasallaje, por un ejército profesional, como habían hecho los romanos, anticipándose a Napoleón. Sacó provecho de los conflictos entre el exarca de Rávena y el Papa. Aliado con éste, y apoyado en una sublevación romana contra los bizantinos, consiguió nuevas anexiones. En el 713, Abd al-Asís ibn Musa (hijo de Musa ibn Nussair, del que había recibido parte del territorio, igual que sus hermanos, cuando aquél fue llamado a Damasco) inició una campaña por Andalucía oriental, pactando con el conde visigodo Teodomiro [14] su vasallaje, mediante el Tratado de Orihuela, por el que recibió el Reino autónomo de Tudmir, comprendido entre Murcia, Cartagena y Alicante [15] que incluía la profesión cristiana, contra el pago de impuestos o vasallaje. Este duraría entre 30 y 65 años, cuando su sucesor, Atanagildo, se implicó en la guerra civil entre abasíes y omeyas. Al morir, en el 714, Pipino IIº “El Joven”, “heredó” la “mayordomía” su nieto, menor de edad, “regentado” por Plectrudis, viuda de aquél. Sin embargo los nobles no aceptaron la preeminencia de una mujer y no fue capaz de mantener el orden. Surge entonces Carlos Martel [16], hijo ilegítimo de Pipino IIº y su concubina, fundador de la dinastía carolingia, que consiguió imponer la unidad y dominio del reino.

Tárik y Musa prosiguieron su avance hacia el Norte, aunque pronto surgieron desavenencias y se separaron. Musa conquistó Zaragoza y Tarragona, mientras otra parte de su ejército ocupó Soria y La Rioja. Confluyó con Tárik para invadir Burgos, por separado tomó Palencia, volvieron a confluir en la conquista de León, y, de nuevo por separado, ocupó Zamora, Asturias y Lugo. Tárik, tras la toma de Astorga, regresó a Toledo, posiblemente con la intención de apropiarse del tesoro visigótico.


[1] Lo que significa que sería menos agobiante que los Tratados de la Unión Europea, que anulan la soberanía nacional respecto de la posibiloidad de decidir los tipos de interés por los Bancos Centrales nacionales, la emisión de la mayoría de sus monedas, la imposción de restricciones al libre comercio, subvenciones, condiciones de licitación de obras o servicios públicos, legislación laboral y su aplicabilidad a residentes que procedan de otros países de la Unión, o cuando el Tribunal de Strassburg o u otros poderes no democráticos, no representativos, de la misma, anulan o imponene la modificación de artículos de las distintas Constituciones nacionales, sin refrendo popular ni nada, en cuanto contravengan los intereses del núcleo de potencias imperiales de dicha Unión.

[2] Mezcla de caracteres alfabéticos y silábicos.

[3] De los funcionarios.

[4] “La ciudad de los dioses”, nombre que le dieron, posteriormente, los mechicas, en najuatl.

[5] En najuatl, “los mudos”, o “los que no saben hablar”.

[6] En árabe podría significar “El Pegador”, aunque también podría ser una deformación de “El Latino”.  De siempre se ha considerado que era un General bereber, pero algún historiador sospecha que su nombre pudo ser Taric, que significaría “Hijo de Tar”, con estructura semejante a Alaric o Euric (y a Erik y otros nombres normandos y germánicos, aunque en estos casos más parecen compuestos de “rico”, o rich significando noble) y que sería el conde visigodo de Tingitania, aunque no hay pruebas de que, en ésta época, tal condado marroquí fuese de dominio visigodo.

[7] En árabe, Yebel al Tárik, “Monte de Tárik”.

[8] La literatura tradicional lo asimilan al bizantino Comes Dominus Julianus, castellanizado como Conde Don Julián, que sería dependiente del exarcado de Cartago, y que vengaría con ello la deshonra de su hija por Don Rodrigo. Podría haberse avasallado a los triunfantes mahometanos para mantener su dominio, su Condado, tras la derrota de Cartago. Sin embargo otros historiadores sostienen que se trata de un conde visigodo, Olbán, de dicha ciudad africana.

[9] Uakila, según los cronistas mahometanos.

[10] Hay monedas acuñadas en Narbona, Gerona y Tarragona que confirman tal reinado.

[11] Y que recorrió la Península a marchas forzadas, con sólo la caballería, dejando atrás la infantería, para el más rápido rechazo a la invasión.

[12] Algunos historiadores sostienen que sólo abandonaron el campo de batalla, y que nunca se pusieron de acuerdo con los invasores, sino que comprendieron que, objetivamente, les convenía que Don Rodrigo fuese derrotado.

[13] Algunos cronistas cristianos mantienen que Don Rodrigo no murió en la batalla de Guadalete o de la Janda, si bien, tras ella, nadie lo reconoció como rey, vagando por España hasta su desconocida muerte. Otros le llevan a Portugal. En otros casos se indica que vivió oculto. Todo esto convertiría a Florinda en bígama. Pero también puede tratarse de una leyenda para mantener la esperanza de recuperar la legitimidad del poder visigodo, algo así como la estirpe de David por línea femenina.

[14] Tudmir, en las crónicas andalusíes.

[15] Algunas fuentes añaden hasta Valencia, pero puede ser una interpretación errónea de la desconocida ciudad que se relaciona en dicho Tratado como Blntla, en árabe.

[16] Se trata de un apodo, que, en franco, significaba “martillo”, aunque hay distintas interpretaciones sobre su motivo.

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