1.914, 28 de junio: El asesinato de Sarayevo

A ella trasladó la capital, redenominándola Nueva Deli, ya que sus edificios administrativos se construyeron sobre demolidos barrios de la antigua ciudad, en perjuicio de Calcuta, capital anterior para los británicos, por donde habían penetrado, igual que hicieron los portugueses, en su caso por pura casualidad, pues fue allí donde el viento llevó su primera expedición, al Este de la India, cuando les quedaba más cerca el Decán, en la costa Oeste, lo cual fue una venturosa casualidad, puesto que, en tal caso, habrían arribado al aún poderoso imperio mo-gol, donde les hubiera resultado más difícil consolidarse que en los divididos pequeños reinos del Este, en guerra entre ellos. Con dicho cambio de capitalidad ganaban en centralidad, mejorando el control administrativo y la reacción frente a posibles levantamientos. Y quizás también para alejarse de territorios mahometanos, descontentos por la reunificación con Bengala. Estos, que habían sido favorecidos por la administración británica, se sentían perjudicados por los cambios y reformas, que parecía desplazar el poder hacia los hinduistas, en un intento por integrarlos y atajar el independentismo, lo que, junto a la política opuesta a los otomanos desarrollada por la potencia dominante, provocó la decepción y la desconfianza de este núcleo poblacional, estimulando su integración en un frente nacionalista. Japón consiguió recuperar su soberanía aduanera, logrando la anulación de todos los Tratados desiguales firmados en el medio siglo anterior, aunque al precio de aceptar las tesis librecambistas, que, en gran parte, suponían asumir la colonización extranjera. Sólo que ahora se realizaría en términos de reciprocidad, y Japón estaba ya en condiciones de competir internacionalmente. Los grandes hacendados estadounidenses se apropiaban de los acuíferos en beneficio de sus explotaciones mejicanas, condenando a muerte al resto de ganados, agricultores y poblaciones. Porfirio Díaz se opuso a ello. Como respuesta, Francisco Madero inició una revolución campesina, en la que se mezclaban los oprimidos, los idealistas e incluso los bandoleros. La toma por éstos de diversas ciudades llevó a Porfirio Díaz a la dimisión y el exilio. Madero debió enfrentarse a los más radicales, como Emiliano Zapata. Para ello pidió la ayuda del General Huerta, colaborador del larguísimo régimen de Porfirio Díaz.

Madero fue asesinado de forma aún no esclarecida, y Huerta ocupó su cargo, con el apoyo del embajador estadounidense. Sin embargo, el Presidente Wilson desautorizó tal participación, proponiendo un acuerdo entre representantes del régimen anterior y los revolucionarios Venustiano Carranza, Zapata y Pancho Villa. Huerta rechazó la propuesta, por lo que Estados Unidos volvió a ocupar Veracruz, como ya había hecho combatiendo al emperador Maximiliano, y antes hicieron los mismos franceses. Esto enfureció a los rebeldes, aumentando su apoyo popular. Huerta debió huir, y Méjico quedó escindido entre los ejércitos de los respectivos revolucionarios. En 1.912 murió el emperador Mutsujito. José Canalejas, Presidente del Consejo de Ministros español, fue asesinado por el anarquista Pardiñas, como venganza por las condenas por el amotinamiento de la fragata “Numancia”. Su consecuencia fue la lucha por su sucesión dentro del Partido Liberal, que acabaría con él y las posibilidades de turnismo. Raymond Poincaré se hizo cargo de la coalición conservadora nacionalista francesa, reavivando el espíritu revanchista contra Alemania. La Convención naval reforzó la alianza entre Francia y Rusia. De modo que un país democrático apoyaba financiera y diplomáticamente a una autocracia que se desmoronaba. Lógicamente con la intención de asegurarse un aliado contra Alemania. La judía polaca Roza Luksemburg, coja por un defecto de crecimiento que le afectó a la cadera, fue miembro del partido izquierdista polaco “Proletariat”, desde el que organizó una huelga general, por lo que cuatro de sus dirigentes fueron condenados a muerte y ella debió huir a Zurich, en cuya Universidad estudió filosofía, historia, política, economía y matemáticas, simultáneamente. Fundó el periódico “La Causa de los Trabajadores” (Sprawa Robotnicza) en el que se opuso al nacionalismo polaco, manteniendo que la revolución era más importante que la independencia y la autodeterminación de los pueblos, lo que la enfrentaría a Lenin. Tras un matrimonio de conveniencia se nacionalizó alemana. En su libro “¿Reforma Social o Revolución?” denunció que los parlamentarios del Partido Socialdemócrata Alemán se dedicasen a pactar leyes reformistas y a su enriquecimiento personal, en vez de acabar con el capitalismo.

En el congreso socialista europeo de París propuso, junto con el francés Jaurès, que cuando estallara la guerra los partidos obreros declarasen huelgas generales, la forma de lucha que ella defendía, oponiéndose a la rebelión armada que propugnaba Lenin. La actual represión de las huelgas por los jueces pepero-populistas suponen un retroceso no sólo a tiempos del franquismo, sino a la consideración de la vigencia de las tesis leninistas. Ya en el IIº Congreso Socialista Internacional, celebrado en Stuttgart 5 años antes, Luksemburg había presentado y conseguido que se aprobase la resolución de que todos los partidos obreros europeos debían unirse para evitar la guerra. Se estableció el sufragio universal en Italia, mientras se producía una total disgregación, como en la mayoría de países europeos, de la estructura política burguesa. Así, los liberales, divididos en radicales, de izquierda y de derecha, comenzaron a ser desplazados por los nacionalistas radicales y las agrupaciones socialistas. En esta oportunidad, el Partido Socialista Italiano se escindió en un ala reformista, encabezada por Bissolati, y otra “revolucionaria”, dirigida por Benito (nombre español, no italiano, que sería Benedetto, impuesto en homenaje a Juárez) Mussolini, redactor de “Avanti”, órgano de prensa socialista que consiguió dominar. Entre nacionalistas y socialistas se produjeron fuertes tensiones. Mientras éstos insistían en el reequilibrio social, los primeros propugnaban un “nacionalismo integral” que les llevase a conquistar el mundo, para lo cual no era necesario ningún tipo de libertad. A partir de tal concepción se dedicaron a manipular con intención de conseguir el poder en exclusiva. En octubre acabó la guerra italo-turca con el dominio cisalpino de la costa tripolitana y cirenaica. Es increíble que Alemania no comprendiese que era imposible una alianza que incluyera a Italia y a Turquía, simultáneamente, supuesto bajo el cual se inició la Iª Guerra Mundial. Bajo el influjo de Rusia, Bulgaria y Servia se unieron contra Austria-Hungría. Grecia y Montenegro, proclamado reino bajo Nikita Iº, se sumaron a dicha alianza. Aprovechando la debilidad demostrada por Turquía contra Italia en Tripolitania y Cirenaica, las cuatro naciones balcánicas coaligadas declararon la guerra al imperio otomano, inflingiéndole graves derrotas. Esto conmocionó todas las relaciones internacionales.

Italia, apoyada por Rusia, se opuso a los propósitos servios de llegar hasta el Adriático, que apetecía, tanto como los austro-húngaros, y, por su cuenta, ocupó las islas del Dodecaneso, en el Mar Egeo. Austria-Hungría se opuso tanto a las apetencias servias como a las italianas. Grecia, que también aspiraba a tal archipiélago, se opuso igualmente a la ocupación italiana del mismo. Una conferencia de embajadores, en Londres, salvó la paz, nuevamente. Y, de nuevo, a costa de Turquía, que debió retirarse al Este de la línea Enos-Midia y abandonar las islas del Egeo. Bulgaria, enaltecida por el éxito, creyendo contar con el beneplácito de las grandes potencias, y, apoyada por Austria-Hungría, atacó a Servia. Rumania, Grecia, Montenegro y Turquía, comprendiendo lo que podía significar de aumento de poder austro-húngaro, ayudaron a Servia. Con esto, Austria-Hungría perdió su ascendencia sobre Rumania, lo que era importante para cortar el paso a Rusia hacia los Balcanes. La política austro-húngara de acercamiento a Bulgaria, peligrosa porque amenazaba la influencia rusa y podía terminar en guerra, fue atajada por la oposición de Italia, que tenía sus propias aspiraciones, y Alemania, que, tardíamente, intentaba evitar la inminencia de la guerra. Ante la difícil situación que atravesaba el imperio otomano, que había perdido casi todos sus territorios europeos, el Comité para la Unidad y el Progreso abandonó el liberalismo, e impuso una dictadura que impulsó la modernización, bajo perspectivas nacionalistas, turquistas y laicas. El Tenientegeneral alemán Otto Liman von Sanders, sin experiencia en combate, se encargó de reformar su ejército, y el Almirante británico Limpas de modernizar su Marina de guerra. Finalmente, Nicolás IIº disolvió la Duma, que, a pesar de su manipulada convocatoria, seguía teniendo suficientes miembros del KD como para que pudiese servir de promoción del liberalismo y criticar al corrupto sistema zarista. Abd al-Jafid se mostró incapaz de controlar el interior de Marruecos. Al ser sitiado en Fez no le quedó otra opción que pedir ayuda a los franceses. Así resultó que, quien se negaba al colonialismo, fue el principal culpable de su asentamiento. Ante tal incongruencia no le quedó otra opción que abdicar en su hermano Muley Yusuf.

A resultas del acuerdo con Alemania, Francia pudo proclamar su “protectorado” sobre Marruecos, compartido con España en el territorio limitado por Ceuta y Melilla. Aunque se respetó la dinastía reinante, fue nombrado Gobernador el Mariscal Louis Hubert Lyautey, quien dirigió realmente la zona francesa. Italia, tras llegar a un acuerdo con Turquía, proclamó su “protectorado” sobre Libia. Para entonces dominaba, además, Eritrea y la Somalia italiana. Las islas Comores dejaron de ser “protectorado” para pasar a ser directamente colonia francesa. La expansión colonial no supuso ninguna válvula de escape para la explosión demográfica europea, puesto que, excepto en Rusia, donde los nuevos territorios anexionados eran colindantes, deshabitados, pacificados, y unidos por el tendido ferroviario, la emigración hacia los demás fue mínima. Tampoco económicamente produjo una apreciable rentabilidad, excepto la Comunidad británica de naciones. Menos aún considerando que las tensiones que generó desembocarían en la Iª Guerra Mundial. El 12 de febrero, el Gobierno manchú publicó el edicto de abdicación del emperador Pu-i (Puyi según el deletreo oficial para transcripción a ordenadores) que había sido coronado como Jsuan-t’ung, entonces de 5 años de edad, designando Presidente de la República al General Yuan Chij-k’ai, que se había encargado de modernizar el ejército chino, imitando el modelo japonés, que, a su vez, imitaba al estadounidense. Sun Yat-sen consideró prioritario mantener la unidad nacional e, intentando evitar la prolongación de la guerra civil, dimitió. Sin embargo, la guerra y la escisión continuaron, impulsada por las potencias “occidentales” y Japón. Cada una de las potencias imperialistas eligió o pactó con el correspondiente Señor de la Guerra (en inglés war-lord) de su territorio de influencia, impulsándole a la “independencia” (es decir, sumisión al colonialismo imperialista extranjero correspondiente) total y al expansionismo de dicha zona de influencia. El Gobierno central de Pekín se mostraba impotente, sus tropas desleales, y su financiación precisaba de lo recaudado en las provincias declaradas “independientes”. Por otra parte el conservador Presidente Yuan Chij-k’ai buscó el apoyo en la baja aristocracia, mientras que los parlamentarios electos eran mayoritariamente liberales burgueses.

Es posible que la inesperada caída del régimen imperial chino, a raíz de una revuelta popular, parcialmente revolucionaria, reafirmase a Lenin en la necesidad de forzar una similar revolución en Rusia. Aprovechando la debilitada situación china, Gran Bretaña azuzó y armó la insurrección tibetana, que mantendría una larga guerra. Sin embargo la República China consiguió resistir las presiones británicas, negándose a aceptar su secesión. Por primera vez en Japón una coalición de partidos políticos impidió que se aprobase la elevación del presupuesto militar. La superficie dedicada al algodón se redujo hasta las 2.000 Ha., 75 veces menos que 25 años antes, ya que la competencia con los precios de importación se hacía imposible. Se produjo una sublevación indígena en Cuba, ya que la “independencia” no había mejorado en nada su situación. Para los Estados Unidos significó una nueva “justificación” para ocupar de nuevo la isla, como si los indígenas fuesen una potencia extracontinental. José Miguel Gómez, el segundo Presidente de Cuba, ya muy controvertido por haber impedido que los veteranos de la guerra de “liberación” siguiesen accediendo a la administración del Estado, la dura represión al levantamiento de los Independientes de Color, que trataban de conseguir derechos civiles para los negros, la autorización de las peleas de gallos y la Lotería Nacional, y haberse implicado en la corrupción reinante, dimitió. Le sucedió el conservador Mario García Menocal, que consiguió que las tropas estadounidenses volvieran a conformarse con sus territorios de Guantánamo. También invadió Estados Unidos a Nicaragua, en esta ocasión aprovechando las luchas entre conservadores y liberales. Esta invasión tenía miras muy ambiciosas.

Inicialmente el canal transoceánico se estudió para que atravesase Nicaragua, que, aunque era más ancha que el istmo de Panamá, era mucho más llano, y además podía utilizarse el curso del río San Juan y los lagos de Managua o Xolotlán y “La Mar Dulce”, el Gran Lago de Nicaragua o Cocibolca -igual que en el canal de Suez a Port-Said se utilizó la cadena de lagos salados, posiblemente originados por la misma explosión volcánica de la isla de Thera, denominada Santarini por los venecianos que inundase y salase el Mar Muerto- lo que abarataría las obras y gestión del canal, ya que no haría que bombear agua para que los buques pudieran escalar las montañas panameñas. Esto otorgaba a dichos territorios fronterizos un inmenso valor estratégico y económico, por lo que comenzó una duradera disputa con Colombia de la Costa de los Mosquitos, dicho río San Juan e islas adyacentes, hoy continuada por Costa Rica al reaviviarse tal alternativa al canal de Panamá y su necesaria ampliación. Sin embargo dicha posibilidad se olvidó al producirse una serie de terremotos en la zona que la hicieron considerar muy peligrosa para sostener tales obras de altísimo riesgo, dado que el océano Pacífico, que se contrae al desplazarse las placas tectónicas para cubrir el inmenso hueco formado por el prehistórico choque de la Luna con la Tierra, tiene un nivel de agua muy superior al Atlántico, que, por iguales motivos, se expande a través de la volcánica cresta dorsal mesoatlántica submarina. Sin embargo Panamá tiene una sismología semejante, con el riesgo adicional de ser zona montuosa, lo que haría más probable una catástrofe en las exclusas del canal, sólo que entonces no se conocía, al tratarse de un territorio boscoso, montuoso, casi inaccesible, infecto, plagado de mosquitos y despoblado de colonos. Precisamente la dificultad de las obras, la inmensa mortandad de los trabajadores debido a la dureza de los trabajos y a la climatología, excesivamente cálida y húmeda, pero, sobre todo, a las infecciones, generalmente transmitidas por los mosquitos, como la malaria o el tifus, y la experiencia de terremotos, anteriormente no detectados, hicieron plantearse el abandono de dichas obras y volver al proyecto inicial en Nicaragua. En tales circunstancias es cuando se produce la invasión estadounidense en la zona.

En 1.913 el Gobierno austro-húngaro disolvió la Cámara bohemia. Poincaré fue elegido Presidente de la República Francesa, gracias a la coalición con los socialistas reformistas, a cambio de su participación en el Gobierno, cortando al paso al Partido Unificado de Jaurès, que propugnaba una política de equilibrio pacifista, según los acuerdos de la IIª Internacional Obrera, Socialista o Socialdemócrata. Barthou fue nombrado Presidente del Gobierno. Introdujo el servicio militar obligatorio de tres años de duración. Los presupuestos se dispararon con un inmenso programa de rearme, con lo que el ejército volvió a alcanzar la supremacía en la política francesa. La Paz de Bucarest acabó con la confrontación balcánica, aunque pronto se comprendería que efímeramente. Bulgaria perdió Macedonia y Dobrudja. Grecia se quedó con Creta. Albania se convirtió en principado independiente, bajo el mando de Guillermo de Wied, Oficial alemán, sobrino de la reina Elisabeth de Rumania y de la princesa María de Holanda, según acuerdo de las grandes potencias. Sin embargo, Servia no renunció a llegar al Adriático. Rusia, excluida de tal componenda, se consideró humillada. De modo que todo estaba dispuesto para la gran explosión. Para desquitarse firmó un pacto secreto de “influjo preponderante” con Mongolia exterior, tras lo cual consiguió de la República de China que le concediese la “autonomía” a dicho territorio. Sun Yat-sen no había conseguido una ideología que aglutinase a los chinos, capaz de sustituir el antiguo sistema confuciano. La tradición, la ausencia de obreros fabriles, sindicatos, clases medias, intelectualidad, la casi exclusiva producción extractiva, agraria y minera, así como la situación internacional, se conjuraban en su contra, lo que convertiría a dicho país en víctima de una revolución permanente, constante, indefinida, sin una victoria definitiva que se decantase por algún bando, durante casi todo un siglo. El revolucionario vietnamita Fan Dinj Fung fue asesinado. Francia prometió un nuevo Estatuto con mayor participación de los vietnamitas en la administración pública. En Japón, el Seiiukai, en el poder, había sustituido al liberal Yiiuto, y el Kenseikai al progresista Kaichinto, a los que se sumó el Dochikai, opuesto al primero, lo que consolidó el sistema de tres Partidos.

La seda cruda representaba el 30% de la exportación, y el 60% de los empleos en industrias de más de 5 trabajadores correspondía al sector textil. Esto convertía a dicho sector en la base del desarrollo económico japonés, empleando materias primas nacionales como la seda (aunque el algodón se importaba de la India y Estados Unidos, al ser su precio muy inferior) y una creciente y barata mano de obra femenina, acostumbradas, mediante el trabajo domiciliario, a larguísimas jornadas de monótonas tareas repetitivas para conseguir un necesario y mínimo complemento retributivo familiar, educadas en la obediencia reverencial a los varones, lo que hacía que su productividad se elevara continuamente, por lo que el Estado fomentaba su privatización, tras haber impulsado su crecimiento mediante inversiones públicas. Sin embargo otras industrias estaban estancadas por la falta de capitales, a pesar de las subvenciones del Estado, el desconocimiento de las técnicas de producción o la falta de materias primas nacionales. Sólo se produjo un considerable desarrollo en la fabricación de máquinas de vapor y maquinaria pesada, y, en menor medida, en la industria eléctrica, todo ello relacionado con los intereses militares. Woodrow Wilson accedió a la presidencia de Estados Unidos. Con él el reformismo llegaría a tener componentes humanitarias universales, con intención de extenderlo a todo el planeta, a introducir unas relaciones internacionales basadas en la justicia y no en los intereses nacionales. Para entonces circulaban un millón de vehículos automóviles, es decir, 12 por cada mil estadounidenses, y el 35% de la producción industrial mundial era de esta procedencia. Para 1.914 Europa se había adueñado de más de 22 millones de kmtrs. cuadrados fuera de su Continente, adicionales a sus posesiones de 36 años antes. El imperio británico comprendía más de 45 millones de kmtrs. cuadrados, el 20% de la superficie del planeta, de los que sólo 314.400 eran metropolitanos, y 365 millones de habitantes, el 23% de la población del mundo de entonces, de los que sólo unos 45 millones correspondían a la metrópoli.

En los dos últimos años se había presentado tres veces la “Norma interior” (Home rule) para Irlanda al Parlamento, siendo rechazada en todos los casos. Al final, el rey la aprobó y firmó, con la oposición de los conservadores, la Cámara de los Lords, los lutheranos irlandeses y el ejército. Si la guerra civil no estalló a causa del problema irlandés fue porque la Iª Guerra Mundial se le anticipó. El partido socialista unificado de Jean Jaurès ganó las elecciones en Francia. En Suecia se aprobó el fortalecimiento de ejército y la Marina de guerra. En Italia llevaban años sucediéndose huelgas de masas, la última de las cuales fue la “semana roja” del mes de junio. Toda Europa estaba plagada de problemas interiores, cuya solución cifraban en un enfrentamiento militar, de breve duración, que aglutinase las voluntades del pueblo llano en efervescencia patriótica y nacionalista, olvidándose de cualquier otra alternativa de cambio, reforma o, sobre todo, revolución. Como diría Lloyd George: “Nadie ha querido la guerra, pero todos la han celebrado”. Quizás los trabajadores, los que deberían empuñar los fusiles, exponer sus cabezas para disparar y recibir los impactos de la artillería, no. Pero, o no podían decidir, o les faltase inteligencia para comprender cómo podían evitarlo. En Alemania se anularon las leyes relacionadas con los socialistas, dado que no dieron resultados. Esto debería haber supuesto una conflictividad social que hubiese impedido el comienzo de la Iª Guerra Mundial. Al menos, a consecuencia del asesinato de Sarayevo. Sin embargo, el Partido Socialdemócrata había entrado en una senda de entreguismo, tratando de captar votos moderados, liberales, nacionalistas e incluso militaristas, hasta convertirse en alternativa de poder, por lo que optó por no reaccionar, arrastrando a ello a los sindicatos. Alemania rivalizaba con Gran Bretaña en política comercial y naval. Las empresas Stinnes, Krupp, Stumm, Siemens, A.E.G. e IG-Farben copaban los sectores más avanzados. Todo ello, junto con su política imperialista, dejó en un segundo plano los graves problemas internos. Las divergencias constitucionales entre los distintos Estados, especialmente las fuerzas reaccionarias y conservadoras prusianas, y católicos, liberales y socialistas del resto de Alemania, no hacían sino provocar enfrentamientos.

Consecuencia de ello los liberales se escindían progresivamente, mientras que los conservadores entraban en un colaboracionismo oportunista con el aristocrático Imperio. El militarismo fomentaba un Estado autoritario y burocrático, cuartelero. Los planteamientos revisionistas social-liberales se estrellaron contra la coalición de industriales, terratenientes, conservadores y militares. Los errores políticos respecto de polacos y alsacianos estimularon el incremento del nacionalismo disgregador. En tales circunstancias los intentos imperialistas debían haberse analizado como especialmente peligrosos. Las alianzas militares habían funcionado relativamente bien. Habían conseguido, si no la paz, al menos que la guerra se desarrollase fuera del centro de Europa, donde más destructiva podía ser. Todo lo cual creó una falsa idea de seguridad, de garantía. Si dichas alianzas habían resultado fue porque obligaban a los países en litigio a buscarse sus propios aliados. Es lo que se conoce como la “paz armada”. Se armaba la guerra. Esto suponía una ampliación de las zonas geográficas implicadas que hacía difícil la convergencia de intereses de los países aliados. Así, a cada propuesta de agresión, el aliado que no tuviese interés en ello, forzaría una solución, siempre parcial, un compromiso diplomático, generalmente a base de compensaciones, que evitaba el enfrentamiento. Pero había una serie de riesgos implícitos que nadie parecía comprender. El primero era que, mientras se evitaban conflictos localizados, podía llegar un momento en que la confluencia de intereses llevara a una inmensa guerra paneuropea. El segundo, que las iniciativas belicosas, ante la experiencia de constantes frenos de los aliados respectivos, cada vez se hacían más frecuentes, más imperiosas, más agresivas, más ciegas, más temerarias: se esperaba que fuese el aliado, como en ocasiones anteriores, el que llamase a la calma, a la reflexión y a la componenda. Y esto significaba que todo el riesgo, la decisión final, se dejaba en muy pocas manos y mentes, y que un fallo en ellas podía acabar con todo el tinglado. El tercero era la política de amenazas, según la cual las alianzas pretendían sacar provecho sin llegar a enfrentarse directamente, de modo que se consideraba una forma de abrir mejores posibilidades de negociación, jugando “de farol”.

Pero, ante las consecuciones sin coste, éstas se retroalimentaban, se reiteraban, y los contrarios aprendían a seguir la misma táctica, cada vez más amenazadora, cuyo efecto no podía ser otro que verse obligados a cumplir con ellas. Y, por último, la existencia de pactos secretos, que significaba una evaluación irreal, falsa, de las fuerzas con las que contaba cada parte, lo que hacía aún más temeraria tal política de amenazas. En el centro de Albania se produjo un levantamiento mahometano, encabezado por Essad Toptani y su influyente familia. A pesar de haber sido miembro de los “jóvenes turcos” fue nombrado Ministro de la Guerra y del Interior por el príncipe Guillermo de Wied, al que expulsó, considerándolo imposición extranjera, lo que era cierto, pidió la nueva anexión a Turquía, y se proclamó bachá. Con todo ello el ambiente se preparaba para su estallido final. Rusia contaba para entonces con 174 millones de habitantes. Su población casi se había duplicado en 35 años. Esta explosión demográfica, y su consecuencia militar, debería haberse analizado adecuadamente, a pesar de su deficiencia armamentística y sus conflictos sociales, para evitar una confrontación con ella, o reconvertirla en una negociación diplomática. Los primeros que analizaron, mal, esta situación, fueron los militares austriacos. Llevaban tiempo pidiendo una “guerra preventiva” contra Servia, que acabara con su arrogancia, con su política de yugoslavismo. Alemania siempre se había opuesto a ello, alegando que supondría una guerra contra Rusia. Los militares austro-húngaros concluyeron que, con la ayuda alemana, podía ser incluso conveniente la implicación rusa, propinarles una derrota que también les sirviera de lección, acabando con su política de paneslavismo. El archiduque Francisco Fernando y su liberal esposa realizaron un viaje oficial a Bosnia, durante unas grandes maniobras militares, recibidos con entusiasmo popular. El Coronel Apis, que no había podido asesinar al monarca austro-húngaro, envió contra ellos al estudiante Gavrilo Pincip, del grupo terrorista servio “Joven Bosnia”, ligado a “La Mano Negra”. El embajador servio en Viena informó que tenían conocimiento de que se preparaba un atentado terrorista durante dicha visita oficial.

Se consideró que era un intento de la diplomacia servia de impedir tal viaje y sus consecuencias políticas, por lo que no se tuvo en cuenta. En dos intentos, con bomba y pistola, en dos lugares distintos, el segundo, casualmente, al cambiar el coche su itinerario, equivocándose el conductor de calle y toparse con el terrorista servio-bosnio mientras daba marcha atrás, el 28 de junio, en Sarayevo, se consumó el asesinato de los herederos al trono austro-húngaro. Se conmemoraba la derrota servia a manos de los turcos en la batalla de Kosovo, 525 años antes, por lo que los servios consideraban una afrenta que la visita se celebrase en dicho día. El asesinato significaba, de una u otra forma, la desaparición del imperio de la doble corona, al menos tal como era concebido hasta entonces, ante su agotamiento dinástico. Desde esta perspectiva el inicio de la guerra podría interpretarse como una huida hacia delante, tratando de retrasar una inevitable disgregación. Toda Europa reaccionó encolerizada. Se aceptaba una acción de castigo contra Servia, a la que todos consideraban culpable, sin pruebas.

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