1.834: El Estatuto Real ¿tercera Constitución española?

El heredero del emperador austríaco, Ferdinand von Habsburg-Lothringen (en francés Lorraine; castellanizado como Fernando de Habsburgo-Lorena) contrajo matrimonio con la princesa Ana María de Cerdeña, lo que tendría influencia en los acontecimientos italianos. Los efectos de la “Revolución de Julio” continuaron expandiéndose, llegando a los Estados de Italia central y hacia el Este, donde los problemas nacionales se antepusieron a cualquier constitucionalismo. Como había ocurrido 38 años antes, los revolucionarios franceses analizaron que la expansión revolucionaria, propagar problemas de orden interno a las demás potencias, les aseguraba frente a cualquier intención intervencionista en Francia. Así que lo impulsaron, siempre que con ello consiguiesen ventajas para sus propios intereses. Fue la alta burguesía, a la que se sumó un grupo de aristócratas, en parte progresistas, en parte nacionalistas, los que iniciaron sublevaciones en Módena, Parma, Bolonia y la Romaña. Todos fracasaron en su intento de imponer Constituciones parlamentarias, principalmente por su falta de coordinación, su actuación por separado y desacompasada. Variando su comportamiento respecto del mantenido con otros procesos revolucionarios, Austria no podía permitir que éste progresase en Italia, donde tenía directos intereses, y que, además, carecía de un poderoso ejército para hacerle frente. Consideró que la amenaza de declaración de guerra por parte de Francia, que apoyaba a los revolucionarios, sólo intentaba asustarla. Y así fue. De inmediato, y sin dificultad, recuperó los territorios que tenía ocupados, y aplastó la rebelión de los Reinos Pontificios, el núcleo de poder de la Iglesia católica. Francia, en parte sorprendida por la rapidez y el éxito austríaco, no podía aceptar la pérdida de ascendencia que ello suponía para su apuesta italiana, por lo que conquistó Ancona, en la costa adriática de Italia central, en la retaguardia del movimiento independentista de la península. Las potencias europeas mostraron su indignación por ello, por lo que, ante el peligro de guerra, Francia no prosiguió avanzando. Pero se quedó con dicha plaza. Los independentistas italianos se sintieron traicionados y, en el futuro, dejaron de contar con el apoyo francés. Como alternativa concluyeron que era precisa una mayor unidad entre todos ellos. Rusia consiguió imponer el orden en Polonia.

En Estados Unidos, Joseph Henry construyó electroimanes de gran potencia y el motor eléctrico, con lo que la electricidad dejó de ser un fenómeno sorprendente para convertirse en una energía útil, productiva. Samuel Guthrie descubrió el cloroformo, lo que puso a la medicina convencional, la química, la farmacopea, y, especialmente, a la cirugía, por delante de todas las demás terapias competidoras. C. McCormick proyectó una segadora mecánica de alto rendimiento. En Brasil la situación era sumamente paradójica. El librecambismo exigido por los grandes hacendados ocasionó graves perjuicios a los sectores urbanos, comerciales, asalariados y clases medias, cuyo descontento se hizo manifiesto. Un Gobierno conservador los reprimió con dureza, cuando constituían su base de apoyo, en beneficio de los hacendados librecambistas, el enemigo común, pero que el imperio y su emperador precisaban económicamente. Consciente de su fracaso, y ante las amenazas de un levantamiento militar, tal vez relacionado con la frustración de la inútil guerra de la “Banda Oriental”, abdicó el imperio en su hijo Pedro IIº, dirigiéndose a Portugal para reintronizar a su hija María da Gloria. Pedro IIº apostó por el parlamentarismo, como forma de consolidarse en el trono. Pero con él aumentaron su poder los liberales. En su beneficio aumentaron la autonomía provincial, lo que incentivó los levantamientos republicanos, especialmente en Rio Grande do Sul. El emperador consiguió sofocarlos, así como delimitar las rivalidades entre los Partidos, conciliando sus intereses. Ecuador se separó de la República de Nueva Granada, la actual Colombia. De forma que el Presidente de Venezuela era José Antonio Páez, que había ordenado el exilio de Bolívar (por lo que murió en Colombia) de Venezuela, el de Colombia Francisco de Paula Santander, y el de Ecuador Juan José Flores, todos ellos enemigos del Libertador y de De Sucre, e incluso implicados en el asesinato de éste. Nueve años antes De San Martín había renunciado a sus cargos, posiblemente por los enfrentamientos entre unitarios y federalistas. Rivadavia le prohibió volver a Argentina, ni siquiera para asistir a la muerte de su esposa.

Acabó sus días en el exilio, en París, en parte gracias al elevado sueldo como tutor de las hijas y el nombramiento como albacea y administrador testamentario de su amigo el sevillano Alejandro Aguado, compañero de armas hasta que éste se pasó al bando francés, quien más tarde se hizo banquero, siendo considerado el hombre más rico de Francia (posiblemente sea uno de los personajes en los que se basa “El Conde de Montecristo”) y que, a pesar de sus antecedentes, Fernando VIIº lo tituló Ier. Marqués de las Marismas del Guadalquivir, por haber refinanciado sus deudas con Gran Bretaña, Francia y Holanda. Francisco De Miranda, “El Precursor”, el primero en declarar a Venezuela independiente, y a sí mismo como Dictador Plenipotenciario y, más tarde, 3er. Presidente de Venezuela, tras ser derrotado, había muerto, 17 años antes, encarcelado en el Arsenal de La Carraca, en San Fernando, Cádiz. En 1.832, Silvio Pellico, preso durante diez años de los austríacos, tras la derrota de los carbonarios, publicó “Mis prisiones”, obra en la que narra su estancia en la fortaleza de Spielberg, cerca de Brno, junto con el conde Gonfalonieri. No obstante, en las zonas italianas dominadas por Austria, prosiguió la actividad reformista ilustrada, que había hecho de Lombardía, Toscana y otros, Estados relativamente avanzados. Manzini fundó la sociedad “La Joven Italia”, en la que planteó luchar por una república unitaria. Aprovechando una grave enfermedad de Fernando VIIº ¿envenenamiento? en medio de elevada fiebre y asustándole con Dios, los “apostólicos” lo obligaron a cambiar su testamento, legando el reino a su hermano, Carlos María Isidro. Sin embargo, la reina tomó las riendas del Estado y, con ayuda de los liberales moderados, logró consolidar a su hija como heredera. “Milagrosamente” repuesto de su enfermedad, Fernando VIIº deshizo su testamento y confirmó la vigencia de la Pragmática Sanción que permitía la herencia del trono a las mujeres. Lord Grey consiguió imponer sus reformas parlamentarias, por las que 56 poblaciones desaparecidas dejaron de tener repesentación. Otras 30 vieron reducidos el número de representantes, mientras que las ciudades industriales, de nueva creación, de mucho mayor número de habitantes, consiguieron tal derecho. Simplemente con ello el censo electoral británico se duplicó. Sin embargo no todos estaban conformes, puesto que se produjeron muchas irreglaridades.

Un considerable número de aldeas no fueron afectadas por las reformas. Además el derecho electoral seguía sin ser secreto. Igual sigue ocurriendo en alguno de los Estados Unidos, que, para participar en los caucus o primarias, hay que inscribirse en una relación de los “Partidos” (la Corte Suprema sentenció que no era óbice haber participado en un proceso electoral interno de un Partido, dentro de la misma convocatoria, para hacerlo en otro; dichos “Partidos”, más bien coaliciones, obvian esto convocando las votaciones primarias para el mismo día a la misma hora) que en algunos casos se expone públicamente a la puerta de los locales. Hasta hace poco, en que fue prohibido por discriminatorio y desvelar datos personales, familiares y de intimidad, algunos Estados de la Unión exigían que no sólo se hiciese público el nombre, sino el domicilio y la raza del dispuesto a votar, así como la candidatura por la que pretendía hacerlo. Lo que ocasionaba que, al menos a los negros, se les haría lo preciso para impedirles que votaran. Las masas obreras británicas insatisfechas se aglutinaron en torno al industrial socialista (más bien societario) y humanista Robert Owen, destacado, entre otros motivos, por intentar la prohibición de la esclavitud en las colonias, igual que ya se había prohibido en la metrópoli, como en todos los países liberales, aunque los terratenientes mantenían que los cultivos industriales serían imposibles en las zonas tropicales mediante trabajadores libres con contratos “libres” de trabajo, dada la dureza de las condiciones de algunos trabajos, por ejemplo, en la molienda o la cochura en los “ingenios” azucaresos, y menos aún con los salarios que sus propietarios estaban dispuestos a ofrecer: de mera subsistencia. En realidad era una visión errónea: para que un esclavo sea productivo, para amortizar la inversión realizada con su compra (o con su reproducción, permitiendo la reducción del trabajo de una mujer para que lo gestase, pariese, alimentase y cuidase durante su infancia, dándole de comer y cuidados hasta que estuviera en edad productiva) había que alimentarlo, darle ropas, cobijo, medicinas, para mantenerle vivo y saludable, en condiciones de trabajar de modo rentable, reproducir su fuerza de trabajo. De forma que su coste diario puede ser equivalente a un jornal a costo de subsistencia, como mantenían Malthus y Ricardo que sería el salario de equilibrio para mantener una población obrera estable, “en competencia perfecta”.

Pero el esclavo, además, lleva implícito la inversión inicial en su compra. O reproducción y crianza, que, en el caso del trabajador “libre” corre por cuenta de éste. Y, sobre todo, al trabajador “libre” se le despide cuando no hay trabajo suficiente para él, que lo justifique. Al patrón le da igual si muere de hambre, de enfermedad, de frío: no es su problema, no es su responsabilidad, no es asunto suyo, no le compete. Incluso se criticaba a las instituciones de caridad por dar la “sopa boba” (resto sobrante de caldo al que se añadía agua hasta repartir a toda la cola que esperaba a las puertas de los conventos) poque con ello, al no permitirles que muriesen de hambre, “estimulaban la ociosidad”. Como si no poder trabajar fuese opción suya, su decisión, como si no fuera la decisión de los capitalistas de expulsarlos del mercado de trabajo, de las empresas, de no ofertarles puestos de trabajo, como constituye la función social que justifica socialmente la existencia del empresariado y la expropiación de los beneficios que les entregan, pacíficamente, sus asalariados, con su trabajo, a cambio de un sueldo inferior al producto que realizan, que sería todo suyo en una organización artesanal del trabajo. Igual que ocurre hoy en día con los que propagan que hay que reducir la prestación o el subsidio por desempleo o la indemnización por despido: la muerte por inanición, para los trabajadores, sus hijos y sus esposas, como castigo para forzarles al “trabajo libre”, como si los traajadores fuesen culpables del desempleo, como sostienen Milton Friedman y sus Chicago boys, los “chicos de Chicago”, los millonarios premios Nobel y economistas neo¿liberales? En cambio a los esclavos hay que alimentarles, cuidarles, incluso cuando no haya trabajo para ellos, cuando no sean productivos, si no se quiere perder la inversión realizada en su adquisición o reproducción, lo que ocurre cuando son viejos o sus enfermedades o accidentes son incapacitantes e irreversibles. Entonces ¿por qué iba nadie a querer esclavos? En realidad, económicamente sólo estaría justificado cuando éstos estuvieran dispuestos a generar una productividad superior a la de los “hombres libres”, lo que históricamente se ha demostrado que no era así.

Al contrario: se hace “imprescindible” añadir el costo de su vigilancia  y castigos físicos, ya que no se puede amenazar con “despedirlo”. O que los tabajadores “libres” exigiesen un salario por encima del coste de subsistencia, de reproducción simple (día a día) y ampliada (de generación en generación) de la fuerza de trabajo. Lo cual sólo se produjo dónde y desde que los trabajadores se organizaron en sindicados. Los que exigían el mantenimiento de la esclavitud demostraban una errónea apreciación de la realidad, un fanatismo tradicionalista, un deseo de expresar su poder, incluso comportamientos sádicos, más allá del mero interés económico. Los bonapartistas sufrirían un duro golpe en sus aspiraciones con la muerte, al parecer a causa de una tuberculosis, del hijo de Napoleón Iº, Napoleón IIº, nominalmente rey de Roma y duque de Reichsstadt. Hubo quienes opinaron que, en realidad, fue envenenado, con plomo o arsénico, por Metternich. Périer murió en una epidemia de cólera, lo que “el rey ciudadano” trató de aprovechar para gobernar por sí mismo, tal vez imitando a los déspotas, ilustrados o no, o quizás al mismo Napoleón. Pero, después de meses de forcejeo, le impusieron el ministerio de Broglie-Thiers-Guizot. En el Sur de Alemania ya habían conseguido todo lo que se reivindicó en los Estados del Noroeste. Aún así no se pudo impedir la llegada del movimiento revolucionario, aunque lo hiciera con algún retraso. Las Dietas comenzaron a recibir reclamaciones, que, en dicha zona, eran sobre todo unificadoras. En Alemania el movimiento democrático coincidía con el feminista. Para celebrar el aniversario de la Constitución de Baviera, se reunieron, en lo que se llamaría “fiesta de Hambach” (denominación que quizás imita la estadounidense “fiesta o velada del té”, de Boston, pistoletazo para su independentismo) miles de hombres y mujeres, en una especie de romería, con banderas con los colores imperiales. Se pronunciaron revolucionarios discursos, en los que se recalcaba la soberanía popular, la confraternidad humana y la reunificación alemana. La consecuencia fue que, un mes más tarde, el Bundestag (Parlamento federal) suprimiera la libertad de prensa y encarcelase a los organizadores. En Suiza, Manzini creó “La Joven Europa”, que propugnaba una estructura mundial como federacón de repúblicas, de carácter colectivista, no burguesa ni capitalista. Se integraron en ella una Liga italiana, otra alemana y otra polaca.

Lucerna, Zürich, Solothurn (o Soleure) Berna, Saint Gallen, Argovia y Turgovia se opusieron al movimiento unionista, confederándose en el Concordato de los Siete. Frente a ellos se organizó la Confederación de Sarne, partidaria del reformismo federalista, a imitación de lo ocurrido en Estados Unidos. En ella se integraron Schwyz, Uri, Neuchâtel y Basilea, entre otros. Con la reavivación reformista, la puesta en cuestión de modos de convivencia que parecían consolidados, resurgieron las tensiones religiosas, que vinieron a complicarlo todo. Así, en Argovia se cerraron muchos monasterios. Confluyó en ello la contratación como profesor de David Friedrich Strauss, que, en su libro “Vida de Jesús”, dudaba sobre su divinidad, lo que costó la caída del Gobierno confederal. El ambiente revolucionario llegó al punto de convertirse Suiza en centro de reunión para los distintos bandos y guerrillas que querían derribar Gobiernos, incluso las instituciones cantonales. Y así seguirían durante muchos años. Se produjeron guerras civiles entre los cantones, de modo que éstos realizaron entre sí pactos de defensa. Nada parecido a la visión idílica de Suiza que se ha tenido durante mucho tiempo. Tras la amarga experiencia, y a resultas de la guerra civil, y también por el ejemplo francés, Grecia pasó a ser monarquía, eligiendo como rey a Otón (Otto) Iº, hijo del filohelénico Luis Iº de Baviera. El Gobernador de Egipto, Mujammad Alí, conquistó Siria, el Sur de Arabia, el Suroeste de Anatolia, y derrotó al moderno ejército turco, que no terminaba de formarse, en Konya. Las crueles represalias de la caballería estadounidense con los indios expatriados a Arkansas los diezmó y desmoralizó, por lo que dejaron de ser un problema para los blancos. Sin embargo, al Sur de los Grandes Lagos se produjo otro brote de resistencia india: la llamada guerra del Black-Hawk o “Halcón Negro”. Henry Clay volvió a intervenir para alcanzar otro compromiso o componenda. Esta vez sobre aranceles. López De Santa Anna volvió a intervenir, reinstaurando un Gobierno liberal bajo la dirección del vicepresidente Gómez Farías. El Congreso atacó los privilegios del clero y del ejército, que acumulaba la mitad del presupuesto mejicano. López De Santa Anna no podía consentirlo, ya que los militares eran la base de su poder, por lo que derrocó a los liberales reinstaurando a los conservadores. Con ello cambiaba su tendencia política.

En 1.833 murió Adrien-Marie Legendre, creador de la teoría de las integrales elípticas. También murió Fernando VIIº: de “El deseado” había llegado a convertirse en “El Rey Felón”, por sus traiciones a unos y a otros, alternativamente. La reina viuda, María Cristina, como regente, que se casó, morgamáticamente, con el Sargento de la Guardia de Corps Fernando Muñoz, no encontró otro apoyo disponible para su hija, Isabel IIª, menor de edad, rechazada por los tradicionalistas, así como para ella misma, que los liberales, tanto los moderados, a los que tuvo que ceder el Gobierno, como incluso a los exaltados, a todos los cuales otorgó una amplia amnistía. El Infante Carlos María Isidoro, desde Portugal, donde vivía, se proclamó rey de España, iniciándose la primera insurrección carlista, con apoyo de los reinos más retrógrados: Vascongadas y Navarra. También hubo otros focos dispersos, generalmente guerrilleros, en Cataluña, Aragón y Valencia, que planteaban la situación como una nueva guerra de independencia contra los afrancesados. España contó con la ayuda de las potencias europeas más liberales y progresistas: Gran Bretaña y Francia. Sin embargo, dado que éstas también se enfrentaban por el dominio del Mediterráneo, dividieron tales favores entre moderados y radicales, dificultando una acción conjunta, lo que prolongaría la guerra durante casi 7 años. En cambio los rebeldes contaron con la ayuda de las reaccionarias Rusia, Austria, Prusia, que habían formado una coalición de apoyo recíproco, así como de Portugal, y, más tarde, Holanda ¡la antigua República, antorcha de la libertad! y Cerdeña, opuestas todas a ningún tipo de liberalismo. Robert Owen consiguió que se aprobara una Ley para limitar las horas de trabajo a los niños y adolescentes, con lo que se logró un periodo de paz social en Inglaterra, que duraría 4 años. Los radicales discursos de la “fiesta de Hambach” se demostraron fuera de la realidad cuando estudiantes y algunos simpatizantes pretendieron llevar la revolución a Alemania, atacando la Dieta de Frankfurt del Main. Lo que, además, constituía un error en sí mismo, dado que dicha ciudad no era un centro adecuado para irradiar un movimiento revolucionario. Así que las repercusiones sólo pudieron ser negativas. Como diría Lenin, no hay nada más contrarrevolucionario que una revolución fracasada.

Metternich aprovechó para prohibir todas las asociaciones políticas, asambleas, fiestas populares no tradicionales, llevar escarapelas, escudos o banderas que no fuesen los del propio Estado, abolió la libertad de prensa, designó una Comisión de vigilancia de fugitivos y agitadores, y sometió a las Universidades a un riguroso control. Con todo ello el poder federal continuó ganando competencias sobre los derechos representativos de los diferentes Estados confederados. Ernesto Augusto, que sería designado por la reina Victoria de Inglaterra como sucesor al trono de Hannover, en tal ambiente, intentó modificar la Constitución del Estado restituyendo las prerrogativas aristocráticas. Siete catedráticos de Gotinga, que pasarían a ser conocidos como “los siete de Gotinga”, entre los que estaban Weber y los hermanos Grimm, protestaron por ello, por lo que fueron destituidos y se les dio un plazo de tres días para abandonar el país. Esto sí provocó una ola de sublevaciones en toda Alemania. La ciudad de Osnabrück llevó el caso a la Dieta federal, que se inhibió de intervenir. Con ello la propia Dieta se desprestigió, perdiendo credibilidad como para aglutinar las esperanzas del movimiento nacionalista reunificador. Por el Tratado de Kütajia, Mujammad Alí obtuvo Siria y el protectorado de Cilicia. Tras negarse Gran Bretaña y Francia a ayudar a Turquía, ésta se alió con Rusia, mediante el Tratado de Hünkar Iskelesi, que la convertía, prácticamente, en un protectorado ruso, a cambio de la ayuda contra Mujammad Alí. Los Dardanelos quedaron cerrados para todos los buques de guerra que no fuesen turcos ni rusos. Las potencias europeas comprendieron los peligros que todo ello encerraba y obligaron a Mujammad Alí a retirarse. Simultáneamente Majmut IIº concluyó que era imprescindible la modernización de su ejército, por lo que sus Oficiales recibieron formacón en nuevas escuelas técnicas, y se adiestraban bajo la dirección de militares prusianos, bajo el mando de Moltke. La enseñanza elemental se estructuró para preparar a los alumnos para las escuelas técnicas. Se intodujo la vestimenta europea, que fue obligatoria para funcionarios y militares. Se realizaron otras reformas con la idea de reforzar el poder del sultán y acabar con las autonomías tradicionales. El Imperio Británico abolió la esclavitud. Esto, unido a la actividad misionera de anglicanos y presbiterianos, terminó de enfurecer a los boers.

Incitado por el rebelde cambodiano Le-Van-Joi, Siam invadió Vietman por tierra y mar, pero fue rechazado y, con el apoyo de los jmer, expulsados de Cambodia. Una guarnición vietnamita, bajo el mado del General Tru’o’ng-Minj-Yiang, quedó en dicho país para sostener a Ang Chan IIº de futuros ataques. John Deere diseñó el arado de volteadera de acero, capaz no sólo de abrir surcos más anchos y profundos, sino de voltear la tierra, oxigenándola mejor que el arado de reja de hierro, romano, empleado hasta entonces. Sin embargo tenía el inconveniente de resecar demasiado la tierra, siendo la causa de la desertización y tormentas de polvo y arena, que se evidenciarían un siglo más tarde. Tras la destitución de Agustín Iº los mejicanos se dividieron entre los que querían la expulsión de todos los españoles y los que mantenían que debían permanecer quienes así lo desearan. Ganaron las elecciones éstos, bajo la presidencia de Gómez Pedraza. Antonio López de Santa Anna y Pérez de Lebrón, el Santana de los estadounidenses, lo derrocó, sustituyéndolo por el derrotado General Guerrero, el antiguo guerrillero al que antes había combatido cuando defendía a los españolistas. Este fue derrocado por Anastasio Ruiz Bustamante y Oseguera, que creó la primera policía secreta mejicana, ordenó el asesinato de Guerrero, el apaleamiento de periodistas y la expulsión de los funcionarios que no les fueran absolutamente fieles. Posteriormente López de Santa Anna rechazó un intento de reconquista española, lo que le valió la consideración de héroe. De forma que se rebeló contra Bustamante, que tuvo que salir a enfrentársele. Dejó en su puesto a Melchor De Eca y Múzquiez de Arrieta, un hombre honrado, que equilibró los presupuestos, para lo cual tuvo que subir los tributos, imponiendo, entre otros, uno sobre puertas y ventanas a la vía pública, incluso a los conventos y casas de beneficencia. Bustamante, Gómez Pedraza y López de Santa Anna, que se había rebelado contra los dos anteriores, terminaron pactando, por lo que De Eca y Múzquiez de Arrieta, considerando concluida su interinidad, se marchó a su casa. Moriría en la pobreza. Así que Gómez Pedraza fue repuesto en el poder, cuando sólo quedaban unos meses para expirar su teórico mandato. Finalmente López de Santa Anna consiguió la presidencia, que delegaría, interinamente, en Gómez Farías, en varias ocasiones.

En una de ellas Stephen Austin le presentó una petición de los colonos tejanos, que no atendió, por lo que envió una carta furiosa a las autoridades mejicanas, motivo por el que Gómez Farías ordenó su apresamiento. Cuando López de Santa Anna retomó la presidencia ordenó su liberación. Gran Bretaña se posesionó de las islas Malvinas, que redenominó como Falkland. Junto con Singapur, Ceilán y El Cabo, constituyeron una red de recalado y reaprovisionamiento para sus Flotas, que consolidaban y mantenían su dominio marítimo. En 1.834 murió el chaj Fatt Alí. Le sucedió en el trono persa Mujammad chaj, nieto suyo. Durante su reinado la influencia europea, sobre todo de Gran Bretaña, se acentuó. Una insurrección popular acabó con la Inquisición española. Esta vez fue para siempre. Por exigencia de los moderados, y para calmar a los exaltados, que exigían el reconocimiento de la Constitución de Cádiz, la reina regente aprobó un Estatuto Real, imitando la “carta constitucional” vigente en Francia. Como respuesta a la coalición reaccionaria, Gran Bretaña creó la cuádruple alianza, junto con Francia, España y Portugal. Von Haller terminó de publicar “Restauración de las ciencias políticas”. Se creó la unión aduanera alemana, por la cual la mayoría de los Estados alemanes aceptaban la libre circulación de mercancías y de personas, entre ellos, sin pagar impuestos ni pasar ningún control. Obsérvese el antecedente respecto de la Unión Europea. Prusia consiguió que Austria quedase fuera de la misma, y hacerse con su presidencia: era un paso decisivo, no sólo para la unidad alemana, sino para que Prusia acabase dominándola. Todo el mundo lo interpretó así. En Italia se realizó el primer intento serio de llevar a la práctica los análisis de los nacionalistas, con la invasión de Saboya, junto con revolucionarios polacos y alemanes. Tanto ésta como una posterior fracasaron. Sin embargo, sirvieron para propagar, popularizar, aún más, el movimiento, consiguiendo la participación de los obreros de las ciudades y la juventud. No fue ajena a ello la labor de los literatos. Los británicos cada vez se internaban más en Afganistán. Dost Mujammad, jan de la tribu Barankzay, la mayor y más poderosa de Abdali/Durrani (subdivisión de los mujammadsay) y Gobernador de la comarca de Kabul, fue proclamado en ella emir de Afganistán, derrocando a su hermanastro, aliado de los británicos. El contrabando de opio con China alcanzó las 22.000 cajas.

Se creó la Cámara de Comercio de Calcuta. En Vietnam se reorgnizó el Consejo Secreto de Estado, que adquiría más relevancia: le correspondían las decisiones políticas y militares más importantes, custodiaba el sello imperial, lo que significaba un verdadero control sobre las decisiones del emperador, y el archivo del Gobierno, al tiempo que recibía los informes de los Gobernadores provinciales. La idea era centralizar el país, superando los antiguos particularismos. A la muerte de Ang Chan IIº, Vietnam se anexionó Cambodia, iniciando una intensa campaña de asimilación cultural, que no dio resultado. Ang Duong, hermano de Ang Chan IIº, inició una prolongada guerrilla, con el apoyo activo de la población. Australia Meriodional se convirtió en colonia británica. En Inglaterra ya se habían inventado distintos tipos de segadoras mecánicas. Utilizaban la energía del arrastre de bueyes, vacas, o, más frecuentemente, caballerías, a través de las ruedas, engranjes o un cigüeñal. Cyrus Hall McCormick patentó un modelo en Estados Unidos, que se popularizó en los Estados nordistas. Con ello su producción agrícola podía competir en precio con la de los Estados esclavistas, al tiempo que significaba demanda para su industria: la oposición entre el Norte y el Sur alcanzaba a los mercados. En 1.835 murió Francisco Iº, sucediéndole su hijo Fernando Iº como emperador de Austria y rey de Bohemia.

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