La guerra civil y la economía

 

Quizás por la negativa experiencia de Primo de Rivera y
Calvo Sotelo, no queriendo que les ocurriese igual, pusieron un especial cuidado
en evitar la
inflación. Claro que podían hacerlo más fácilmente con sus
métodos dictatoriales, y después de haber eliminado cualquier representación
sindical. En Burgos, Pamplona, La Coruña, Sevilla, Bilbao y otras capitales de
provincia franquistas, la gente, arreglada, paseaba con despreocupación
burguesa, sin temor a ningún bombardeo, abarrotando bares y restaurantes -donde
se disputaban una mesa libre- las iglesias o las plazas de toros. La
prolongación de la guerra, sobretodo la campaña del Ebro, que comenzó de modo
tan sorprendentemente nefasto para él, debió limitar gravemente su capacidad de
actuación. Gran Bretaña percibió cómo, tras la constitución de HISMA (Hispano
Marroquí de Transportes) el comercio con España se desviaba hacia Alemania. Con
tales proveedores asegurados, Franco no tuvo necesidad de pagar precios
exorbitantes. En cambio, en la zona democrática no se quiso intervenir en la
economía, para no dar pábulo a las calumnias revolucionarias, y poder conseguir
una ayuda internacional que, al final, no se logró. Y los sindicatos no sólo
crecieron durante la guerra, sino que tenían en su poder fusiles, artillería y
tanques, aunque, por regla general, actuaron con bastante sentido común. Desde
la conquista de Bilbao, Franco ya comenzó a indagar el interés del Reino Unido por
los minerales españoles. Posiblemente se tratase de la estrategia de subastar
al mejor postor. Desde dicho puerto, en 1938, partieron hacia las islas
británicas 320.119 toneladas de piritas, cuando, en 1936, habían sido 194.717
solamente.

 

Pero también cedió, siempre que pudo, hasta a las
presiones francesas: su punto de vista debió ser mantener abiertos todos los
mercados para el futuro, mientras no se sintiese forzado por los derroteros de
las guerras, la española, y, después, la internacional, en uno u otro sentido. Tanto
de ello, como de su personalidad insegura, cambiante, debieron derivar las
fluctuaciones de su política exterior. Con quien nunca tuvo semejante tipo de
problemas fue con Mussolini. La visión imperial de su destino le llevaba a una
extrema prodigalidad, como debió de soportar Paolo T. di Revel, su Ministro de
Hacienda. Nunca exigió, ni siquiera presionó, a Franco para que le pagase la
deuda contraída. Ni en divisas ni siquiera en especie. Más aún: hubieron de
convencerle para que no la
condonara. El importe de su ayuda rondó los 8.500 millones de
liras de la época, equivalentes a unos 3.000 millones de euros. Sin incluir en
ella préstamos, regalos y muchos tratados comerciales desventajosos para
Italia. Franco contaba con 14 escuadrillas de FIAT CR.32 y 3 de Messerchmitt,
cada una con 12 cazas, lo que excedía de 200, en total, más otra cantidad
equivalente de bombarderos. Para enfrentarse a ellos la República contaba con 7
escuadrillas de cazas, “Chatos” en su mayoría, que se montaban en Sabadell (45
en los últimos 3 meses: insuficientes para reponer las pérdidas de la batalla
del Ebro) mientras que los “moscas” debían recibirse ya montados de la Unión Soviética. Todos
los medios mecánicos de la República adolecían de falta de repuestos, por lo
que había que acudir al “canibalismo”: desguazar los inservibles para utilizar
sus piezas para los demás. Lo cual, para las de sustitución más frecuente,
suponía un margen de disponibilidad limitado. La comisión internacional
encargada de la repatriación de voluntarios extranjeros constató que, hasta
enero de 1939, siguió Alemania vendiendo armas a la República Española
¿No podían haber hecho lo mismo las “democracias occidentales”, si lo hubiesen
deseado?

 

Los brigadistas internacionales que aún no habían sido
repatriados pidieron que se les enviase al Frente: otro acto más de emocionante
heroísmo. Pero la República creyó que podría tener la menor utilidad cumplir
sus compromisos internacionales: la estéril hidalguía española. Los franquistas
“celebraron” la entrada del nuevo año con once días de bombardeos continuados
sobre Cataluña. A principios de enero de 1939, Negrín intentó que los franceses
acudiesen en ayuda de

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