De nuevo al otro lado del Ebro

 

Porque, para eliminar al Partido Comunista, Franco estaba más capacitado y había demostrado fehacientemente que lo hacía ¿Por qué iban a cambiar de bando, comprometer más armamento y material cuando le bastaba esperar que Franco, a corto plazo, cumpliese tal objetivo? Más aún teniendo en cuenta
su política de “contención” (es decir, auténtico entreguismo) al nazi-fascismo. Cambiar de bando supondría hacer inútil tal política. Aunque ya estaba demostrada que se basaba en algunos supuestos falsos. Como que Italia no iba a entrar en confrontación con Alemania. Que, superada la anexión de Austria, ya había asumido su papel de comparsa, de sometimiento a Hitler. El 11 de noviembre Hidalgo de Cisneros entregó a Stalin una carta personal de Negrín, en ella, además de distintas consideraciones sobre política internacional, informaba sobre una evolución “positiva” de la situación interior de la
República, y le pedía 260 cazas, 150 bombarderos, 2.150 cañones, 300.000 obuses, 120 cañones antiaéreos, 10.000 ametralladoras y 400.000 fusiles, entre otras cosas. Era el más colosal pedido que se
había hecho a la Unión Soviética durante toda la guerra. Hidalgo de Cisneros se reunió, además con Molotov y Vorochilov. Ninguno de ellos planteó ninguna objeción al pedido. También gestionó un crédito de 103 millones de dólares. El 15 de noviembre, en un ataque nocturno, los franquistas se hicieron
con la cota 666, clave para la conquista de la Sierra de Pàndols, y, posteriormente, de la de Cavalls. Con lo cual las tropas republicanas quedarían en terreno descubierto. El 16 de noviembre, a las cuatro y media de la madrugada, la XIII Brigada de la 35 División completaba el cruce del puente de hierro de Flix. Tagüeña dio orden de volarlo. Con él, ciento trece días de heroico sacrificio, de agotadores esfuerzos e innumerables bajas, quedaban demolidos, sin ningún resultado práctico.

El General Rojo apoyó la orden de retirada que había dado Tagüeña, y la hizo extensiva a las fuerzas de Modesto. No sólo se perdía la batalla del Ebro, el terreno reconquistado, volviendo a las posiciones del 24 de julio, sino el propio Ejército del Ebro, a pesar de la retirada. Los 250.000 soldados que habían combatido incansable, heroicamente, por viñedos, olivares, terrenos baldíos y las peñas rocosas de la Terra Alta, quedaban agotados y desmoralizados, tras los largos y demostradamente estériles sacrificios. Se comprobaría que no estaban en condiciones de seguir resistiendo. Habían sufrido 75.000 bajas, frente a las 60.000 franquistas. Pero las bajas republicanas, una vez más, eran mortales en mayor proporción. Unos 30.000 hombres. Además de todo el equipo militar, ya irreemplazable, que no se
podría utilizar para la defensa de Cataluña. Dice el refrán que quien juega por necesidad pierde por obligación. La situación militar, política y, sobretodo, internacional, obligaba a la República a realizar apuestas arriesgadas que, una tras otra, se volvían en su contra. Los militares que no pertenecían al Partido Comunista fueron los primeros en criticar la actuación. El Coronel Perea, Jefe del Ejército del Este, que odiaba al General Rojo, le reprochó muy ásperamente el escaso talento con el que se había realizado la ofensiva. El General Gámir Ulíbarri, más tarde, analizaría que el fin de Cataluña había sido
consecuencia de la campaña del Ebro. Los representantes de la KOMINTERN insistieron en sus sospechas contra el General Rojo y el Estado Mayor. Togliatti acusaría al General Miaja y al resto de mandos del centro, en su libro “Escritos sobre la guerra de España”, por no haber acometido ninguna
acción de ayuda. Aunque reconocía que las unidades de dicha zona se encontraban en mala situación. Reiterando lo del sempiterno sabotaje.

Stepanov lo haría contra el Estado Mayor, lo que incluía al General Rojo, por haber prolongado la operación, presuponiéndole la intencionalidad de agotar la resistencia de las tropas, tanto como a la
pasividad en los Frentes de Levante y del Centro. A nadie se le ocurrió analizar que se pretendían unos ilusorios objetivos de imposible cumplimiento, nada menos que la reunificación de las dos zonas en que Franco había escindido a la República, y ello sin contar con los medios motorizados, tanto de transporte como acorazados, para romper y atravesar, profundamente, las líneas franquistas, hasta embolsar al Ejército que combatía en las Sierras de levante. Además del sempiterno error republicano –en el que también cayó Franco con frecuencia, aunque él contaba con superioridad de medios como para reconducir la situación- de perder el tiempo en operaciones de limpieza, mediante ataques frontales, fruto de la falta de seguridad, de convicción en la capacidad de ejecutar acciones arriesgadas, de penetración y maniobra por la retaguardia enemiga, con lo que perdían la ventaja de la velocidad inicial, dando tiempo a que el enemigo acudiese en tropel, en el caso de los franquistas con sus mayores medios. Los republicanos volvieron a lanzar a terreno despejado grandes unidades, sin considerar la superioridad aérea, acorazada y artillera franquista, lo que suponía exponerlas a su aniquilación. Sólo la heroica,
increíble, obstinación de las tropas republicanas, especialmente las de Líster, sacando partido de los altos tomados con tanto esfuerzo, hizo pagar a los franquistas un alto coste. En la última reunión del Comité Ejecutivo del PSOE, Julián Besteiro le había dicho a Negrín: “Lo tengo a usted por un agente de los
comunistas”. El 16 de noviembre, viajó de Madrid a Barcelona para entrevistarse con Azaña. Este le expuso sus planes contra Negrín.

Sin embargo, Besteiro, aunque le manifestó su convencimiento de que Negrín estaba completamente entregado a la causa comunista, no se comprometió en ellos. Quizás aún conservaba un distingo entre deslealtad interna y externa. Hitler pidió a Franco que los 200 millones de marcos alemanes adeudados hasta entonces por la intervención de la Legión Cóndor, los invirtiese en las minas relacionadas con el proyecto Montana.  Aunque, oficialmente, los alemanes sólo controlaban un 20% del capital de tales minas, a través de accionistas españoles interpuestos, meros monigotes, poseían el dominio total. Estados Unidos comprendió la creciente extorsión de Hitler, y dejó de pagar los “gastos de transporte” de los judíos que huían de Alemania. Así que, en respuesta, tratando de presionar para que se reanudaran los pagos, volviesen a salir judíos del país, pusiesen en venta, a precios ridículos, sus propiedades, de todo tipo, y dejasen disponibles sus puestos de trabajo para afiliados al Partido Nacional-Socialista, o, simplemente, a ciudadanos de raza “aria”, comenzaron los pogromos alemanes de la época moderna,
hitlerianos, contra ellos. Pero las “democracias occidentales” no se dieron por aludidas, miraron hacia otro lado, sin prestarles atención, como si no ocurriesen, como si no tuviesen significado, como si no se tratase de una injusticia. De todas formas lo que ocurría en España era mucho peor. De momento. En un documento que se conserva en los archivos soviéticos, Marchenko informaba que, el 17 de noviembre, Negrín le dijo que no era oportuno una conexión entre el camarada Kotov y sus “trabajadores vecinos en España” (es decir, el N.K.V.D.) con el Ministerio del Interior y el Servicio de Inteligencia Militar, por lo que debía hacerse a través suya, que estaba organizando un organismo especial a sus órdenes directas.

 Analizaba que, dado que Negrín era habitualmente delicado en extremo en relación a “nuestra gente” (es decir, el NKVD) que considerase necesario plantear tal observación, reflejaba que agentes de la Segunda Internacional (socialdemócrata) el PSOE y los anarquistas lo estaban presionando con gran
intensidad, en relación a la interferencia (del NKVD) respecto de la policía y la contrainteligencia. El 23 de noviembre de 1938, el General Rojo presentó a Negrín un plan estratégico de ataques en los distintos Frentes, que obligase a los franquistas a dispersar sus fuerzas. Ese mes, Franco creó su agencia oficial de noticias, la Agencia EFE, deletreo de las siglas de Falange Española, que, inicialmente, financiaron Juan March y otros banqueros, y dirigió Serrano Suñer. Dos semanas después del repliegue republicano al otro lado del Ebro, el Ejército de Maniobra franquista ya estaba desplegado a las orillas de dicho río y del Segre, los obstáculos naturales en los que se habían asentado los defensores de Cataluña. Diciembre comenzó con repetidos bombardeos franquistas contra Barcelona, que duraron una semana. Para
entonces, el Ejército del Centro republicano mantenía unos 100.000 hombres.Otros 50.000 en el Frente de Extremadura, y, posiblemente, 20.000 en Andalucía. El Ejército de Levante sumaba unas 26 Divisiones, ninguna íntegramente dotada, incluyendo las cuatro y media de reserva. En conjunto, el ejército popular debía defender la República con sólo 225.000 fusiles (desproporcionadamente distribuidos respecto de las dos zonas en que la República había quedado partida) 4.000 fusiles ametralladores y 3.000 ametralladoras. Negrín, además, encontraba pocos apoyos a su idea de resistencia hasta el final.

Menos aún en su propio Partido, por entonces desgajado en cuatro sectores: el suyo, muy minoritario, el de Besteiro, el de Prieto, y, el mayor de todos, aunque incapaz de recuperar el control, el de Largo Caballero.Lógicamente, era Besteiro y sus partidarios los que más se oponían a Negrín. La
primera semana de diciembre de 1.938 se produjeron repetidos bombardeos contra Barcelona. El 6 de diciembre, el Estado Mayor republicano aprobó un plan de operaciones a desarrollar en el Frente Sur. Se iniciaría con un ataque a Motril, con apoyo de la flota. Doce días después comenzaría otro para cortar las
líneas de comunicación franquistas con Extremadura. Finalmente se desarrollaría la ofensiva principal, entre Córdoba y Peñarroya, con el objetivo de llegar hasta Sevilla. El G.E.R.O. (Grupo de Ejércitos de la Región Oriental, de Cataluña) tenía 220.000 efectivos, de los que sólo 140.000 estaban encuadrados en Brigadas mixtas. El General Rojo apostilló que, por su dotación de medios, eran equivalentes a menos de 100.000, incluidos los servicios auxiliares. Disponían de 250 cañones, de los que más de la mitad resultaban inservibles o estaban a punto de serlo. De los 40 carros de combate y 60 vehículos acorazados pocos estaban en perfecto estado. Se enfrentarían a los franquistas 90.000 hombres, armados con sólo 60.000 fusiles, para defender un Frente de 135 kmtrs.. Y dotados de uno por cada 6 cañones franquistas. Franco contaba con 6 Cuerpos de Ejército, unos 280.000 hombres, con 1.000 cañones y 500 aviones. En el Segre se concentraban los Cuerpos de Ejércitos de Urgel, recién constituido, a las órdenes de Muñoz Grandes, del Maestrazgo, de García Valiño, y de Aragón, de Moscardó. Cerca de la desembocadura en el Ebro estaba el que por entonces se denominaba Cuerpo Legionario Italiano, con unos 55.000 efectivos, a las órdenes de Gambara, y el Cuerpo de Ejército de Navarra, de Solchaga. En el tramo final del Ebro estaba el Cuerpo de Ejército de Maruecos, bajo el mando de Yagüe.

La disposición indicaba claramente el vector del ataque principal. Lógicamente, porque el Segre era un obstáculo menor que el Ebro. Este dispositivo tan racional no podía ser obra sino de Vigón. El Conde Ciano anotó en su diario que su Ministro de Asuntos Exteriores había vuelto de España
afirmando que las cosas se ponían bastante bien, y que el próximo ataque a Cataluña sería resolutorio, pero que él no se lo creía, porque había escuchado lo mismo demasiadas veces. Posiblemente se refiriese a la ofensiva de Aragón. Según los archivos soviéticos, en una reunión del 10 de diciembre, Negrín había
tratado con Díaz y Uribe sobre el fracaso de la unificación de los partidos socialistas y comunistas. De la imposibilidad, dado el férreo control que ejercía la directiva del PSOE, igual que la que mantiene actualmente, de que se atendiera al sentir de las bases. Les propuso como alternativa un Frente
Nacional unido. Lo planteaba como un Partido enteramente nuevo, no la unificación de los ya existentes, que incluyese a lo mejor de cada Partido y organización, con vistas a un apoyo fundamental al Gobierno. Es decir: un Partido pro-gubernamental, y una criba, una forma de desembarazarse de los elementos
opositores. Les dijo que al PSOE no le esperaba más futuro que ser absorbido por el PCE, después de la guerra, pero que la dependencia del Gobierno respecto del Partido Comunista era contraria a sus gestiones diplomáticas internacionales. Aún seguía confiando en eso. Incluso que los partidos
republicanos existentes, carecían de futuro. Que no había una disciplina interna que amalgamara al Frente Popular, cuyas polémicas intra y extrapartidistas lo desgarraban. Que no se podía volver al viejo parlamentarismo, porque permitir el “libre juego” de los Partidos, como funcionaban antes, sería dejar
que la derecha pudiese forzar de nuevo su camino hacia el poder. Que la única alternativa era una dictadura militar.

En cierta forma era una perspectiva stalinista. O, desde otro ángulo de visión, otro ejemplo de cómo el mimetismo respecto del triunfante Franco se infiltraba en el bando republicano. Al parecer fue
Roosevelt, el más “izquierdista”, o, al menos, populista, democrático, de todos los gobernantes occidentales, el primero en darse cuenta que el embargo de armas a la República Española había sido un error. Ahora que era demasiado tarde. Churchill y Eden también caían en la cuenta, después de tanta
desconfianza hacia la República Española. Pero no eran gobernantes: estaban cesados o habían dimitido. El mapa de las democracias europeas ya se limitaba a Gran Bretaña, Francia, Bélgica, los Países Bajos y el resto de Checoslovaquia. En Noruega, Finlandia, Suecia, Dinamarca o Suiza, aunque formalmente respetaban el parlamentarismo, dominaban o gobernaban partidos próximos al nazismo o simpatizantes de él. Lo que nadie podía sospechar es que, en año y medio, sólo Gran Bretaña iba a continuar siéndolo.
Franco siguió reclamando a ésta el estatuto de parte beligerante, aunque seguía negándose a la retirada de la Legión Cóndor, que sabía que le era imprescindible para una victoria aplastante. Aunque ya nadie dudaba que tenía ganada la guerra, salvo que Francia se decidiera a intervenir. Unas lluvias torrenciales impidieron el inicio de la ofensiva franquista contra Barcelona: una vez más, Franco no quería correr riesgos, y esperó a poder contar con la aviación, su “artillería volante”. Había acumulado para ello 340.000 hombres, 1.400 piezas de artillería, 500 aviones y 300 tanques. Sin embargo, a pesar de tan contundente ventaja, la experiencia con Madrid le había escarmentado. Tras un mes de descanso, desde el fin de la batalla del Ebro, la aviación táctica franquista se había reorganizado. A las escuadrillas de FIAT se incorporaron 400 nuevos pilotos españoles, la última promoción de la Academia del Aire franquista.

Quizás esta experiencia fue errónea para los ejércitos del Eje Berlín-Roma-Tokio, porque creyeron que se podían improvisar nuevos pilotos reduciendo el periodo de Academia, que ya aprenderían en combate. Porque, para aprender, hay que sobrevivir. Igualmente la Legión Cóndor dejó
Messerschmitt Bf-109B a pilotos españoles, aunque con mayor experiencia, puesto que dichos aparatos eran más difíciles de manejar, dada su escasa capacidad de sustentación a baja velocidad, ya que estaban diseñados para vuelos a elevada velocidad. Lo hicieron porque estaban recibiendo los nuevos modelos Bf-109E. Otra escuadrilla de Franco fue dotada con Heinkel He-112, que también estaban obsoletos. Igualmente se recibieron los últimos G-50 italianos para su prueba de fuego. Pero no llegaron a entrar en combate. El 12 de diciembre debía haber comenzado la ofensiva hacia Motril. Sin embargo no se produjo, simplemente porque el General Miaja, jefe de la Agrupación de Ejércitos, se negó a cumplir
las órdenes del Estado Mayor. Es posible que fuese partidario de la línea “pactista” de Azaña. Lo cual explicaría por qué no colaboró en descargar la contraofensiva de Franco para recuperar los territorios que había perdido al Sur del Ebro. Ante tal circunstancia, el Almirante Buiza dio orden de regresar a la Flota, que se dirigía a aguas andaluzas. No se sabe si alguien le recomendó que así lo hiciese. A pesar de ello el General Rojo continuó con la ofensiva hacia Extremadura. Hubo varios intentos de que se acordara una tregua por Navidad. Incluso por parte del Nuncio Apostólico. El 23 de diciembre Franco contaba con 197 cazas, 179 bombarderos, 93 aparatos auxiliares y 22 hidroaviones, más otro aeroplano capturado a la República. En total 492 aparatos. Ese día, el “cruzado” Franco, el defensor de la cristiandad, dio
comienzo al último asalto a Cataluña.

Tras las continuas lluvias y ventiscas de las semanas precedentes, el invierno había llegado con temperaturas de nieve, de forma abrupta, con bastante rigurosidad: no se iban a librar los combatientes españoles de los últimos sufrimientos. Aunque ese día amaneció soleado. Los Cuerpos de Ejército de Navarra y el Legionario Italiano establecieron cabezas de puente en Serós, penetrando hacia Montblanc y Valls, con el apoyo aéreo de la Legión Cóndor. La 56 División de carabineros, entonces las unidades mejor dotadas del ejército popular (aunque también es cierto que eran demasiado veteranos, padres de
familia casi en su totalidad) integrada en el XII Cuerpo de Ejército, se retiró enseguida. Esto significaba el derrumbe de todo el dispositivo de defensa, la pérdida de todo el sector y el avance de requetés e italianos 16 kmtrs. hacia La Granadella, en la retaguardia del Frente del Ebro. Simultáneamente, por el ala
izquierda, al Sur de Tremp, lanzaron otro ataque hacia Artesa de Segre y Cervera. Los Cuerpos de Ejército del Maestrazgo y de Urgel, con un masivo apoyo artillero, se enfrentaron a la 26 División (la antigua “Columna Durruti”, aunque sus miembros ya estaban muy mezclados con recluta obligatorios) que ofreció una eficaz resistencia, cediendo poco terreno. El 24 de diciembre entraron en Mayals. El día de Navidad los V y XV Cuerpos de Ejército republicanos consiguieron detenerlos. En La Granadella se le asignó tal objetivo a la 11 División, integrada en el reconstituido Cuerpo de Ejército que se había puesto al mando de Líster. Como de costumbre el lugar más arriesgado, pues un ataque en pinza de las tropas de Yagüe hubiera sido desastroso para todo el Frente. Tuvieron la suerte de que las lluvias de las semanas anteriores habían sacado al Ebro de madre, imposibilitando su cruce. Tras cinco días de embestida poco eficaz, Vigón cambió el eje del ataque Norte hacia Balaguer, 30 kmtrs. más al Sur, a donde envió el Cuerpo de Ejército de Aragón.

Al del Maestrazgo le ordenó que avanzase por la orilla Sur del recodo del Segre, con todos los carros de combate y el mayor número de cañones disponibles, y tres unidades antitanques de la Legión Cóndor. En la zona republicana el abastecimiento habían disminuido aún más. Era lógico, dada la pérdida de Aragón, la incomunicación de Andalucía, Valencia y Castilla respecto de Cataluña, el esfuerzo que supuso el avituallamiento de la ofensiva del Ebro, y el intensificado bloqueo marítimo que padecía. Especialmente en Barcelona la población moría literalmente de hambre. La ración diaria de 100 gramos de lentejas aún había ido disminuyendo. Entre los escombros de edificios derribados por los bombardeos italianos se expandían enfermedades de las que los ciudadanos nunca habían oído hablar. Por ejemplo, el escorbuto. Peor aún estaba la producción industrial, carente de materias primas, de electricidad ni de carbón, que era casi insuficiente para los braseros. Desde hacía tiempo sólo unos pocos podían
lavarse con agua caliente y jabón. Los hambrientos obreros seguían en sus fábricas, sin materias primas ni electricidad, como los soldados en las trincheras, porque era mejor seguir la rutina, obedecer las órdenes, cumplir su obligación, negarse a pensar. Las campañas Pro-Invierno o Ayuda a la Infancia se esforzaban por conseguir aportaciones para comida, mantas y prendas de abrigo. Las madres republicanas pidieron a todas las madres del mundo que no permitiesen que sus hijos murieran de hambre o de frío. Sí lo permitieron. La propaganda radiofónica no podía acabar con el derrotismo: todo el mundo era consciente de que la próxima derrota sería la definitiva. Incluso en el ejército. Había 250.000 soldados en Cataluña, pero sólo 40.000 fusiles, menos de 100 piezas artilleras, 40 tanques y 106 aviones, de los que sólo la
mitad estaban operativos.

Y todo el mundo sabía que la ofensiva franquista contra Cataluña podía agotar la resistencia.
Los soviéticos lo veían de otro color. Pensaban que les quedaba poco para seguir allí y procuraban disfrutar de su estancia mientras pudiesen. Quizás era otra forma de no pensar. Puesto que, si no podían huir, si eran apresados por los franquistas, no les cabía otro destino que la muerte. Quizás tras ser torturados. En los archivos soviéticos figura una carta de un intérprete a su familia, en la que comentaba que todo seguía igual. Explicaba a continuación que eso significaba que todo iba muy bien. Que había engordado, quizás por dormir una o dos horas de siesta tras del almuerzo, o porque su apetito era
excesivo. Que por la noche jugaban a las cartas, oían el gramófono, se había hecho un jugador de dominó empedernido y que leía mucho. Puede que lo escribiese para contentar a su familia, o para pasar la censura soviética. O que fuese un estado mental de depresión, otra forma de negarse a pensar, de
plantearse el futuro que le aguardaba si caía en poder de los franquistas. Según otro documento de dichos archivos, Gerö le comentó a Dimitrov que el Gobierno de la República Española llevaba cinco meses sin reunirse (esto era falso, salvo que fuese una exageración, refiriéndose a que los Consejos de Ministros
celebrados sólo afrontaban decisiones políticas, ninguna sobre medidas concretas) y que sus componentes se quejaban de que no lograban ver a Negrín, despachar asuntos con él, que sólo lo hacía con dirigentes comunistas importantes y con funcionarios soviéticos. Esto también parece síntoma depresivo, y concuerda con la personalidad de Negrín y la situación a la que se había llegado, abandonado por todos, desconfiando de todos, excepto de los comunistas. En diciembre, mientras Franco aprobaba que la participación alemana alcanzase el 75% de algunas empresas mineras, Stalin, por fin accedió al
préstamo que había solicitado la República, cuantificándolo en 85 millones de dólares.

En su mayor parte se empleó en adquirir armas soviéticas. Posiblemente entregadas por adelantado, ya que, entre enero y agosto de 1938, se habían recibido 5 bombarderos Katiuska y 26 Tupolev, 121 aviones de caza Policarpov Po-49, apodados “Mosca”, 25 carros de combate T-26, 149 obuses de campaña de 75 m/m., 254 cañones antitanques y 32 antiaéreos, más de cuatromil
ametralladoras, más de ciento veinticincomil fusiles, más de doscientos treinta y sietemil proyectiles artilleros y cerca de ciento treinta y tres millones de cartuchos de armas ligeras. Pere Bosch Gimpera escribió que, durante el último año de la guerra, había empleado la mayor parte de su tiempo, como Consejero de Justicia del Gobierno autónomo catalán, enfrentándose a las actividades del Servicio
de Inteligencia Militar y a los juicios ilegales. Negrín se negaba a reconocer las críticas en tal sentido, considerándolo mera contrapropaganda franquista. Formaba parte de su concepción de la “unidad” necesaria para ganar la guerra, su espíritu “científico” de concentrarse sólo en “lo importante”, cuando decenas de miles de combatientes estaban muriendo en el Frente, o eran fusilados o apresados por el enemigo, y su imperiosa necesidad de contar con el único, sin alternativa posible, apoyo soviético, por lo que debía evitar cualquier enfrentamiento grave con el PCE. Además él mismo se veía amenazado, acorralado por todos, sin más apoyo, desde luego no inquebrantable, incondicionado, pero sí
demostradamente más sólido y constante, que el del Partido Comunista. Aunque la Unión Soviética
continuó enviando material de guerra a la República Española, ésta ya no recibiría ningún otro embarque: ninguno más consiguió llegar a su destino. Aquel mes Francia y Alemania había llegado a un acuerdo de inviolabilidad de fronteras ¿Era eso alguna garantía para Francia? Quizás para Hitler, de que podría hacer lo que se le antojara sin que su país fuese invadido.

   Si fue así, también se equivocó. Durante 1938, en la zona democrática, se duplicaron las muertes de niños y ancianos por desnutrición. En cambio, la producción industrial franquista aumentó, por la conquista de la zona Norte y porque la mayoría de los propietarios o directores de empresas, seguros de que los
fascistas les apoyarían, permanecieron al frente de ellas, o cambiaron de bando, en cuanto pudieron, para defender sus patrimonios y sus cargos, de lo que se benefició Franco y la zona que dominaba. Así se implantaron industrias donde nunca antes las hubo, o se reactivaron las que iban siendo conquistadas. La producción metalúrgica y de carbón superó la del año anterior a la guerra. La política económica franquista fue sumamente clásica. Ni siquiera llegó a las prácticas expansivas nazi-fascistas, que, en el caso de Alemania fueron muy bien, y, en Italia, por término medio, fueron ventajosas, aunque con grandes fluctuaciones según distintas épocas y modos diversos de actuación. Lo que demuestra, una vez más, la carencia de bases ideológicas, la mera pugna por el poder, utilizando cualquier excusa o apoyo. Hubo casos que se pueden calificar de imaginativos, brillantes y hasta “creativos”, como en el “virreinato” andaluz de Queipo de Llano. Pero, por lo “general”, dirigían la economía con iguales métodos
cuarteleros que la guerra, la represión, la política, la propaganda, la ideología o la administración civil. Al contrario de lo que se hacía en la zona democrática, incluso con la aquiescencia del PCE, los franquistas impusieron un control central de la economía, la producción y el comercio interno pero, sobretodo,
externo, mediante el sistema de licencias, autorizaciones o contrataciones centralizadas, por cada operación. Como en la guerra les salió bien, es lógico que continuasen así tras de ella, cosechando los insufribles fracasos a que iban a dar lugar.

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