¿Resistir o negociar con los terroristas?

 

Todo ello apesadumbró, aún más, al depresivo y temeroso Azaña, que desde su sede presidencial, conocía, observaba y sufría tales ataques, que muy bien podrían costarle la vida. Siempre perspicaz, siempre pesimista, hacía mucho tiempo que había concluido que no había modo de ganar la guerra. Opinión que se iba extendiendo, cada vez más, entre los liberales republicanos. En fecha tan temprana como octubre de 1936, y sin contar con el Gobierno, que sabía que se negaría a que siguiese adelante por dicha línea, y, tal vez, para impedir que el Partido Comunista llegara a enterarse de tales intenciones, que podía calificar de traidoras, ordenó a Bosch Gimpera que buscase la intercesión de Gran Bretaña para llegar a un acuerdo con Franco. Sin embargo Azárate, embajador en Londres, se opuso a ello. Finalmente encargó tal misión a Ventura Gassol, que tuvo que utilizar la intermediación de Francia. Durante la ceremonia de coronación del efímero Jorge VIº, a comienzos de mayo de 1937, Azaña utilizó para el mismo fin al dirigente del ala más conservadora del PSOE, Julián Besteiro, que representaba a la República, quizás designado como tal para cambiar la imagen que los enfrentamientos en Barcelona, entre anarquistas y comunistas, podían estar produciendo. El Gobierno de Negrín cada vez se percibía como más autoritario. A partir de los “hechos de mayo” de 1937, el Gobierno Autónomo catalán había perdido las atribuciones que se había arrogado, ilegalmente, sobre defensa y orden público. Paulatinamente, en paralelo con la pérdida de poder de los anarquistas, había continuado la disminución de sus competencias, de facto, con más rapidez desde que el Gobierno central se trasladó a Barcelona. Hasta el punto de que los nacionalistas catalanes comenzaron a entender que aquella no era “su” guerra. Los anarquistas podían coincidir en ello. El espíritu de resistencia de los catalanes comenzó a resentirse.

 

Influían en ello, quizás más que cualquier sentimiento político oportunista, los bombardeos, el hambre y el agotamiento: la estrategia franquista, terrorista, de “guerra total” y guerra de desgaste, comenzaba a dar resultados en el extremo Norte de la República, el punto de contacto con Francia, por donde empezaban a llegar suministros. Conforme se hacía notoria la traición de Francia y Gran Bretaña, se empezaba a percibir antipatía respecto de Negrín. Incluso dentro del PSOE y del Gobierno. El derechista Prieto, como la mayoría del PSOE, era un visceral anticomunista. Para él el objetivo del PCE era hacerse cargo de los resortes del Estado, lo que no estaba dispuesto a consentir. Lo que no le impidió utilizar a los comunistas para acabar con el poder anarquista y el Consejo de Aragón. Ya en octubre de 1937 había acabado con el dominio comunista sobre los comisarios de guerra, institución importada por ellos a imitación de la guerra civil rusa: una medida mucho más inteligente que el fallido intento de Largo Caballero de acabar con ella, contra la cual el PCE no podía oponerse públicamente, porque podría interpretarse como una visión partidista, para su propio beneficio, puesto que la provisión de tales cargos no correspondían a ninguna elección democrática, no respetaban la proporción del Frente Popular, ni se sustentaban en el conocimiento militar. Más tarde sustituyó, como Comisario General de Guerra, al anterior Ministro, el pro-comunista Alvarez Del Vayo, por Crescencio Bilbao, de su misma ala del PSOE. Igualmente prohibió la propaganda política en el ejército, la “política de silencio”, que impedía que se intentase afiliar a partidos políticos, en lo que sólo el Partido Comunista y, en menor medida, los anarquistas, podían conseguir éxitos, como habían demostrado fehacientemente.

 

A continuación destituyó a los comunistas Director General de Transportes, Alejandro García Val, Jefe de Estado Mayor del Ejército del Este, Antonio Cordón, Jefe del Gabinete de Información y Control, Eleuterio Díaz Tendero, y comisario político de la XI División, Carlos Contreras. Es decir, había considerado que era el momento de plantear la batalla final contra el comunismo en la República. Es posible que en ello influyese su visión de que la guerra estaba perdida, quizás para preparar el terreno para una negociación con Franco. Quizás su estrategia fuese incluso provocar a los comunistas, llevarlos a que reaccionaran, para utilizarlo como justificación para acabar con todos sus demás cargos en todos los Ministerios. Así, entre otras medidas difícilmente explicables, acusó al PCE de lucrarse de los negocios de la marina mercante de la República, reorganizada bajo grupos de empresas británicos, para burlar el bloqueo y la piratería marítima. Arremetió contra el Servicio de Información Militar, controlado por los comunistas. Con ello no logró que disminuyese el número de sus ejecuciones secretas, pero sí el odio de los miembros del NKVD. Envió al Frente al Comisario General del Ejército del Centro, el joven Francisco Antón, que se rumoreaba que era el amante de “Pasionaria”. Esta orden se incumplió, y el PCE comunicó a sus cargos relevantes, tanto en el Gobierno como en el ejército, que sólo obedeciesen al Partido. Una tremenda situación en medio de una guerra, que auguraba graves problemas de futuro, incluso si hubiese triunfado militarmente la República. Todo ello refleja una confianza de Prieto en sí mismo y en sus posibilidades que no se compadece con su pesimismo sobre el curso de la guerra, que llegaba a superar al de Azaña. Sobretodo en cuanto a su incontinencia verbal. Al parecer evaluaba que la toma de Teruel podía servir para forzar a Franco a una negociación.

 

Algo estúpido, considerando que éste había conquistado Málaga y Bilbao, de mayor importancia  económica, política y demográfica. Anticipándose a dicha negociación, presuponía que debía desposeer de todo poder a los comunistas, para que no pudiera oponerse eficazmente a ella. La pérdida de Teruel le sumió, por tanto, en una depresión que le llevaba a terribles indiscreciones. No se atribulaba de expresar sus pensamientos. El PCE comenzó a contraatacar. Así, en febrero, el Ministro Jesús Hernández denunció, en “Frente Rojo”, publicación procomunista, el derrotismo del Ministro de Defensa, y su estrategia de despolitización del ejército. Bajo pseudónimo, también publicó en “La Vanguardia” que Prieto era un pesimista. En la Historia Oficial del Partido Comunista, publicada en 1960, se indica que Prieto propuso al Consejo Supremo de Guerra abandonar Madrid y toda la zona central y sur, concentrando las tropas en Barcelona. Si esto llegó a conocimiento de Franco es lógico que lo estimulase  a llegar al Mediterráneo, para impedirlo. Los ataques de los comunistas, incluida Dolores Ibárruri, contra Prieto, como era de preveer, se intensificaron. Este lo planteó a Negrín, quien apoyó a su correligionario en el Gobierno, por lo que el PCE dio marcha atrás. El Tenientecoronel Morel, agregado militar de Francia ante la República Española, había comunicado a París que la superioridad aérea nazi-fascista era agobiante, y que serían necesarios al menos 300 aviones para neutralizarla. Neville Chamberlain llevó su política de apaciguamiento de los nazi-fascistas hasta el punto de que Anthony Eden, el único miembro del Gobierno británico que no odiaba totalmente a la República Española, dimitió como Ministro de Asuntos Exteriores. Fue sustituido por Lord Halifax. Su primer objetivo fue forzar un Tratado con Italia que la alejase de Alemania.

 

Y, durante tales negociaciones, no podía denunciar, mucho menos amenazar, porque los submarinos italianos hundiesen buques de la Unión Soviética o de la República Española. Así, la orden de Eden de que los buques torpederos antisubmarinos británicos patrullasen de nuevo perdía cualquier efecto. El Eje Berlín-Roma interpretó de ello que no había nada que temer, por lo que Hitler llevó adelante su plan de anexión de Austria. El 10 de marzo, los requetés tomaron Belchite. Yagüe destruía cualquier atisbo de resistencia republicana. La Legión Cóndor concentró todos sus He-111, Do-17 y He-51 en destruir los aeropuertos de la Republica. Por lo visto encontraron a los aviones republicanos en las pistas, por lo que causaron grandes pérdidas. El 11 de marzo, desde Belchite, Yagüe lanzó a la 5ª División, con el Grupo Droehne de carros de combate alemanes y los Flack 88 de la Legión Cóndor, a toda velocidad, sin inmutarse por sus desguarnecidas alas, con desprecio a su enemigo, hacia Caspe, más al Oeste. Los republicanos no sólo estaban extenuados por la primera parte de la campaña, sino que habían perdido todo su material pesado, en los ataques y en la retirada, y agotado casi todas sus municiones. Con frecuencia los suministros de raciones y munición no llegaban a primera línea. Parte de la crítica del PCE de que todos los Gobiernos republicanos se empeñaron en limitar las campañas, reducirlas a objetivos concretos, lo que significaba no acumular suficientes provisiones ni fuerzas de reserva, imposibilitando mantener las posiciones ante los contraataques franquistas, y que, cada vez que se conseguía la iniciativa estratégica, se entregaba al enemigo, al permanecer atrincherados, tras cumplir sus objetivos iniciales (cuando se conseguían) a la espera de tales contraataques, es injusta. Prieto y su Estado Mayor estaban convencidos de que el grueso de la ofensiva franquista se terminaría dirigiendo a Guadalajara.

 

¿Se trataría de falsa información infiltrada por agentes dobles? En realidad se necesitaba dar confianza al ejército con victorias parciales, antes de lanzarse a aventuras más ambiciosas. Y dichas victorias, salvo el caso de la batalla de Guadalajara, en Brihuega, nunca se consolidaron. Por otra parte, acumular más reservas de tropas o intendencia, significaría demorar las ofensivas, que se basaban siempre en la urgencia de impedir los ataques franquistas, desviarlos de otros Frentes a los que no se podía socorrer, o mostrar iniciativa, algunos éxitos, siquiera fuesen parciales, esperando, con ello, mayor consideración en las gestiones diplomáticas. Lo cierto es que el miedo al embolsamiento se enseñoreó del ejército republicano, como había ocurrido anteriormente con las iniciales milicias. Cualquier repliegue provocaba el terror en los aledaños, y nadie parecía considerar los efectos que el abandono de las posiciones ocasionaba en las unidades colindantes. Se les envió para reforzarlos a inexpertos reclutas, lo único que quedaba, y que, cuando los veteranos huían, no estaban en condiciones de cubrir sus huecos, sustituirles, sino que seguían su ejemplo. Los franquistas sólo detenían su avance por su propio agotamiento de fuerzas. Stepánov informó que una aplastante mayoría de Jefes y Oficiales se sorprendió del nuevo ataque franquista, se aterrorizaron y se inició la fuga. Sólo se puede concluir que el ejército popular republicano había sido derrotado. Aún así se intentó reorganizar la defensa, incluso se lanzaron un par de contraataques. Sin embargo la desmoralización se instaló en las tropas, el convencimiento de que era imposible resistir a los ataques enemigos, aéreos o terrestres. Todos trataban de buscar culpables, una reacción muy española. Y, en aquél Frente, los comunistas estaban en exigua minoría. Así que sufrieron el mismo tipo de críticas y ataques que ellos habían lanzado antes.

 

El PCE, en principio, dirigió tales acusaciones a personas muy concretas, del Gobierno, el alto mando militar o dirigentes anarquistas o trotskistas. Inicialmente de forma soterrada, para no fomentar la desmoralización. Sólo desde un año antes, cuando se propusieron objetivos políticos más ambiciosos, o el KOMINTERN les forzó a ello, comenzaron a hacerlas públicas, y a extenderlas a más amplias capas del comunismo libertario o del trotskismo. Ahora circulaban todo tipo de rumores contra los comunistas. Por ejemplo, que les habían dejado a conciencia sin municiones. O que a la 25 División, antiguos milicianos ácratas, no se les habían enviado repuesto de armas y municiones, porque uno de sus oficiales superiores se había negado a afiliarse al PCE. Cuando “El Campesino” abandonó el PCE, dijo que el General soviético Stern, apodado “Grigorevitch”, le había dejado sin municiones en Teruel, pretendiendo que su toma por Franco desacreditaría a Prieto, y que Modesto y Líster colaboraron en ello al dejarle sólo. Tales especulaciones resultan inconcebibles. Tampoco eran buenas las relaciones entre éstos: el primero reprochaba al segundo que hubiese perdido, durante el segundo ataque a Fuentes de Ebro, en octubre anterior, la mayoría de los tanques ligeros soviéticos BT-5 (las siglas corresponden a Bistrochodny Tank, que significa, en ruso, “Tanque Rápido”, que, con sólo 20 toneladas, podía alcanzar los 40 kmtrs./hora, portando un cañón de 40 mm., de 60 en los últimos modelos, y tres ametralladoras) con que contaban, y cuya endeble coraza no era adecuada para una asalto directo, sino en operaciones de reconocimiento, explotación del éxito, a través de brechas abiertas, movimientos envolventes, cortar líneas de comunicación, o enfrentarse a infantería en movimiento, no asentada en posiciones fortificadas.

 

El desorden de la huida en Aragón hizo que las acusaciones subiesen de intensidad, hasta el punto de que varios altos mandos, como Marty y Líster, culpasen a los demás de traición y ejecución de penas de muerte injustificadas. El deterioro del ambiente era tal, que el PCE pidió la sustitución varios Jefes de Brigadas Internacionales. Esto suponía enfrentarse directamente al KOMINTERN. Sólo consiguieron, con gran esfuerzo, convencer a Marty del relevo del General Walter, más que justificado, y del Coronel Copic. Las relaciones entre los mandos comunistas, en especial los Tenientecoroneles y los Mayores, y el alto mando, también se habían degradado. Líster se negó a obedecer la orden de Rojo de que llevase de nuevo a sus agotados soldados a primera línea. Una vez convencido Mussolini de la posición subordinada de Italia, Hitler propuso a Austria que pasase a formar parte de Alemania. Al rechazar el Gobierno austríaco semejante propuesta, Alemania, sus partidarios y sus agentes infiltrados exigieron un plebiscito para que “el pueblo” pudiese decidir sobre tal posibilidad, al tiempo que los lanzó a realizar manifestaciones y una gran campaña publicitaria en tal sentido. El 12 de marzo Negrín se vio en París con Blum y Daladier, pidiéndoles la implicación directa en la guerra, con cinco Divisiones y 150 aviones de combate. Hitler estaba intentando anexionarse Austria, sin que Gran Bretaña, ni siquiera Italia, hiciesen nada por impedírselo, por lo que Francia ya reaccionaba con miedo: sólo consiguió la apertura de la frontera. Con toda seguridad fue el PCE el que convocó una reunión a la que asistieron José Díaz, Dolores Ibárruri y Mije, del PSUC Serra Pàmies, de la Juventud Socialista Unificada Santiago Carrillo, en representación de la CNT Mariano Vázquez y García Oliver, por la FAI Herrera y Escorza, y, por UGT, Vidarte y Pretel. Se analizó la situación, concordando en que no había alternativa posible sino continuar la guerra.

 

Y ello requería expulsar del Gobierno a los Ministros que albergasen dudas sobre la misma. Se acordó convocar una manifestación unitaria que presionara en tal sentido, coincidiendo con el Consejo de Ministros que estaban convocado. Cuando le pareció que ya era suficiente, ante la continua negativa del Gobierno de Austria, el 13 de marzo, sus tropas cruzaron la frontera para garantizar que se efectuase dicho referendum, que, “lógicamente”, ganaría Hitler. La República Española consideró que era el signo inequívoco del peligro nazi, la conexión del Eje Berlín-Roma, que dejaba desconectadas ambas mitades europeas. En realidad, la independencia de la clero-fascista Austria no era ningún impedimento para ello. Pero cualquier atisbo de optimismo era abrazado con desesperación por los republicanos. Y los hechos parecían darles la razón. El 14 de marzo el Cuerpo de Tropas “Voluntarias” italiano llegó a las ruinas de Alcañiz, al Sur de Caspe, destruida por sus bombardeos once días antes. Prieto, a mediados de mes, comentó con Zugazagoitia que había escrito a sus hijas que esperaba la derrota para el siguiente mes de abril. De 1938. Profetizó que los republicanos correrían hacia Francia, donde los detendría la guardia senegalesa a bayoneta calada. Acertó, pero con casi un año de retraso. Aún siendo Ministro de Defensa, se le ocurrió decirle a Labonne, embajador de dicho país, que la guerra estaba perdida, cuando dicho país había reabierto sus fronteras a los suministros, y era la única esperanza diplomática de acercamiento a alguna cancillería europea, en especial la británica. Negrín no se lo perdonaría. Giral también había hecho parecida confidencia al mismo embajador, que, por tanto, debió dar el análisis como confirmado. Aranda, iniciando un ataque por el Sur de la ofensiva, tomó Montalbán el 15 de marzo.

 

Rodeando el Norte del Maestrazgo, pasó por el Norte de Julve y Castellote, virando hacia el Sur, con lo que sorprendió a las fuerzas republicanas. Los días 16 a 18 de marzo, de modo continuado, las escuadrillas de Savoia-Marchetti mataron a mil personas, e hirieron a otras dosmil, sembrando columnas de humo por la ciudad. Imprudentemente un camión transportaba trilita desde el polvorín de Montjuich hasta la Sagrera. En el cruce entre la calle Balmes y la Gran Vía de las Cortes Catalanas fue alcanzado por una bomba italiana, lo que produjo una enorme explosión. Los periódicos de todo el mundo se preguntaban si los italianos no habrían fabricado una “megabomba”. Tal vez con ello se estimuló el desarrollo estadounidense de sus bombas de energía de desintegración del núcleo atómico, o el británico de las convencionales “revienta-manzanas”. Lo cierto es que se produjeron condenas internacionales, en el Vaticano o Estados Unidos. También lo hicieron determinadas personas, como Albert Einstein (¿pensaría que podría tratarse de una bomba de desintegración atómica, o que podría provocar su investigación por parte de los alemanes, de algunos de cuyos experimentos tenía noticias más directas que el propio Hitler, debido al malestar de uno de sus físicos más decididos, porque habían obligado a emigrar a su secretaria, que era su amante, por ser judía?) Jawaharlal Nehru, H.G. Wells, François Mauriac o André Maurois. Ciano anotó en su diario que a Mussolini le divertía que los italianos logren horrorizar en vez de complacer con sus mandolinas, lo que, a su entender, aumentaba la consideración de los alemanes, proclives a la guerra total y despiadada. Según los “historiadores” que le son proclives, Franco se enojó muchísimo por estos días de bombardeo italiano de Barcelona.

 

Ya se indicaron los planes de bombardeo sobre esta capital que tenía el propio Franco, por lo que, de ser cierto dicho enfado, podría estar más relacionado con los destrozos a una población industrial que contaba con poseer en breve plazo, que por las pérdidas y sufrimientos humanos. Vidarte informó a Negrín sobre la reunión de los Partidos de izquierda y sindicatos a la que había asistido, y los acuerdos adoptados, entre ellos la manifestación que se iba a llevar a cabo. Los que más se asustaron por la anexión de Austria, más tenían que temer, fueron los franceses, que, el 17 de marzo, abrieron su frontera a la provisión de material militar a la España republicana. Tras informar Negrín al Gobierno sobre sus gestiones en Francia, Azaña les dirigió un discurso, en el que expuso la debilidad del Ejército Popular, que pidió que Prieto confirmase, y la situación crítica de la República, por lo que proponía que se buscase la intermediación para firmar la paz. Prieto no sólo lo reafirmó, sino que informó sobre la desmoralización de los jefes militares con los que había consultado, planteando un negro final, por lo que propuso que no se hiciesen más gastos, conservando las posesiones de la República en el extranjero para los futuros exiliados. La posibilidad de negociar con Franco ya se había demostrado absurda: a él no le importaban el número de muertes y la destrucción, con tal de conseguir un poder personal absoluto que durase decenios. Ante cualquier referencia a ello reaccionaba enfurecido, alegando que lo consideraba traición a los ideales… aunque ocultaba que tales ideales no eran sino el tapujo bajo el que escondía su insaciable ambición personal. Su idea era que la peste “roja” debía extirparse con los mismos métodos con los que la Inquisición exterminó a los herejes.

 

El Consejo de Ministros fue interrumpido por la información de que una multitud se congregaba ante el palacio, con pancartas en las que se pedía continuar la lucha sin ningún intento de paco o negociación con los terroristas enemigos. Negrín pidió cordura a los manifestantes y les aseguró que la guerra continuaría hasta el fin, tras lo cual éstos se disolvieron. Tras los tres días de terribles bombardeos de Barcelona, el 18 de marzo, CNT, representada por Mariano Vázquez, y UGT, firmaron la entrega de la industria a la planificación económica del Gobierno, quedando las colectivizaciones como voluntarias. A cambio, UGT se comprometía a defender las colectividades agrarias existentes y el control obrero de las industrias, ante el Gobierno. Es decir, la cesión total de las pretensiones anarquistas. Tarde. Cuando ya era notorio que no había otra salida. Un año antes se habrían evitado muchos sufrimientos y desgastes, pérdida de combatividad y resistencia de la República. El acuerdo se basaba en el ala sindicalista de la CNT, que ya había abandonado la ideología anarquista. Suponía aceptar la existencia del Estado, aunque basado en un programa socialista y federal. Para comprender este acuerdo hay que tener en cuenta que el Partido Socialista Unificado de Cataluña dominaba la UGT en dicha nacionalidad. Dicho día el PCE y ambos sindicatos emitían comunicados llamando a la resistencia. Se unían con ello a las miles de cartas que los comunistas habían conseguido de militares y soldados en el mismo sentido. El 22 de marzo, extenuados, los franquistas tomaron aliento. Habían llevado el Frente a Caspe-Alcañiz-Calanda-Alcorisa. Sorprendiendo de nuevo a los republicanos, habían concentrado tropas al norte del Ebro, que relevaron la ofensiva llevada a cabo por Yagüe. Su objetivo era Lérida. Las Brigadas navarras, a las órdenes de Solchaga, partiendo desde Huesca, llegaron hasta Barbastro.

 

Al Sur, desde Tardienta, siguiendo la línea del ferrocarril, Moscardó, con su Cuerpo de Ejército de Aragón, llegaba a Monzón. El 23 de marzo Yagüe dio orden a otra columna de cruzar el Ebro por Quinto, con lo que amenazaba con atenazar a las tropas republicanas que no se hubiesen retirado tras el ataque de Moscardó. Mientras tanto la aviación bombardeaba Lérida. Los jesuitas de dicha ciudad recogieron en su Memoria anual que, el cuarto domingo de Cuaresma (27 de marzo) de 1938, “sus” (es decir, las fascistas) tropas, tras romper la línea fortificada (?) del Cinca, habían entrado en la provincia. Después del almuerzo unos 30 bombarderos machacaron la ciudad durante dos horas. Les pareció un triste espectáculo que la mejor calle de ella, los colegios de la Escuela Normal de Magisterio, de la Enseñanza, el Liceo Escolar, y los edificios de las Hermanitas de los Pobres, y Correos y Telégrafos hubiesen quedado en ruinas. El 28 de marzo el Cuerpo de Ejército Marroquí tomó Fraga, estableciendo al día siguiente una cabeza de puente al otro lado del Segre. En un discurso radiofónico, Negrín denunciaba a los derrotistas, anunciaba una campaña para conseguir la recluta de cien mil voluntarios combatientes, y planteó el lema de que resistir era vencer. En realidad no es lo mismo. Pero sí es cierto su contrario: si no se resiste no se puede vencer. El derrotismo sólo puede llevar a la derrota, por muy realista que sea. Al día siguiente, Prieto insistió ante Negrín que la guerra estaba perdida, y que todo era inútil. El Presidente del Gobierno comentó a su Subsecretario, José Prat, que tan horrible había sido el informe de Prieto, que no sabía si decirle al conductor de su automóvil que lo llevase a su casa o a la frontera. La República se había quedado sin recursos, por lo que no quedó otra posibilidad que mendigar la caridad, puesto que, aunque se disfrazase con el eufemismo de crédito, si no se ganaba la guerra, éste sería impagable.

 

Sólo la U.R.S.A. había demostrado solidaridad suficiente para escuchar tal petición. Stalin había vuelto a bascular, a cambiar de opinión: no era capaz de convencer a Hitler sobre el pacto que le pedía de corrimiento de las fronteras soviéticas hacia el interior de Polonia, Finlandia, estratégicas para su defensa, y Hungría, que, al ponerle a sólo 50 kmtrs., de los pozos de petróleo que abastecían a Alemania, pensaba que le garantizarían la paz, y la recuperación de los Estados Bálticos, independizados tras la revolución bolchevique. Así que no podía dar por finalizada la guerra española para poderla ofertar como contrapartida a tal acuerdo secreto. Pascua, embajador de la República Española en Moscú, ya había conseguido 70 millones de dólares, en el otoño anterior, al 3% de interés, garantizados en oro al 50%, que se materializó con un segundo envío de dicho metal, del que ignoro su procedencia: tal vez se tratase del resto depositado en París. Ultimados todos los detalles, se recibieron en marzo. Como las necesidades seguían siendo imperiosas se volvió a pedir un nuevo crédito a los soviéticos. Para Manuel Tagüeña, a principios de abril las Divisiones Internacionales 35 y 45, asentadas en Mora de Ebro, al Oeste de Gandesa, habían perdido toda capacidad de combate. Negrín encomendó a Paulino García, correligionario suyo, para dirigir el SIM, descubrir los líos financieros del fugado Uribarri, y eliminar de la nómina de agentes secretos a los comunistas. Efectivamente, desde abril de 1938, sólo quedaban dos en la zona centro, mientras que 248 pertenecían al PSOE. Su misión principal era acabar con la “quinta columna”, los simpatizantes y agentes secretos del franquismo, los saboteadores falangistas o del Socorro Blanco, que acaparaban alimentos, hacían subir los precios e introducían moneda falsa. El SIM tuvo bastante éxito en tal labor, apresando a centenares de miembros de los grupos franquistas “Concepción”, “Círculo Azul”, “Capitán Mora” o “Cruces de Fuego”.

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