La reconquista de Teruel

 

Se calcula que, por estas fechas, contaría entre 650.000 y 700.000 hombres. No obstante, tras una esperanzadora etapa de llegada de material soviético, los nazi-fascistas y sus “aliados”, las “democracias occidentales”, habían conseguido cerrar todas las puertas y rutas de navegación hacia la España democrática y constitucional. Desde entonces, poco a poco, se irían perdiendo y dañando las armas disponibles, que no podrían reponerse con las nuevas llegadas. Franco, que siempre contó con tropas experimentadas, en enfrentamientos armados y en la cruel y cobarde represión terrorista, había alcanzado un número similar de efectivos. Y estaba en condiciones de superarlos en breve plazo. Sin embargo las reclutas recientes carecían de la eficacia de las tropas de Africa o las alemanas, la experiencia acumulada por las italianas o las reclutadas con anterioridad al último verano. Contaba con superioridad en carros de combate, pues, a las aportaciones italianas y alemanas, sumaba las capturas de los de procedencia soviética, que se habían adiestrado en reparar, incluso contando con piezas de repuestos transportadas en buques apresados, mediante piratería marítima. También tenía superioridad artillera y aérea, con efectos decisivos en los combates. La desaparición del Frente Norte, además de permitirle poner en juego gran cantidad de fuerzas en los escenarios central y aragonés, al que envió el Cuerpo de Tropas “Voluntarias” italiano, a las órdenes del General Berti, como fuerzas de reserva, había hecho que cayeran en sus manos las fábricas de armas cortas del País Vasco, las de cañones de Trubia y Reinosa, la de morteros de Mondragón, y las de bombas de aviación de Gijón y Moreda.

 

Además del valor energético del carbón asturiano, si bien éste, junto con el hierro, lo requisaban los nazis en cobro de sus aportaciones de material. Franco, o quienes le aconsejasen, siguiendo las más modernas teorías de la “guerra veloz”, ideadas por los italianos, aunque basadas en la visión soviética, novedosa, en su momento, de una caballería mecanizada, comprendieron la necesidad de formar un cuerpo de maniobra, capaz de abrir brecha en las líneas defensivas republicanas. Tal vez por la experiencia habida en la batalla de Belchite, la primera unidad con tal fin que crearon fue el 5º Cuerpo de Ejército, cuyo nombre resulta significativo, aunque bien pudo ser causal, destinado al Frente de Aragón, y que Franco puso a las órdenes de Moscardó. En el Ejército del Sur, Queipo de Llano organizó los Cuerpos de Ejército 2º y 3º. Saliquet, en su Ejército del Centro, tenía desplegado, en el Frente de Madrid, el 1er Cuerpo de Ejército, y, en el de Guadarrama, el 7º. Además, en dicho Ejército de Maniobra, se integraría el Cuerpo de Ejército Marroquí, que contaba con la mayoría de los legionarios, y las tropas mercenarias indígenas de Marruecos, falsamente denominadas “regulares”, agrupadas en las Divisiones 13ª, a las órdenes de Barrón, y la 150ª, de Sáenz de Buruaga; los requetés del Cuerpo de Ejército de Navarra, mandados por Solchaga; el Cuerpo de Ejército de Castilla, a las órdenes de Varela; y el de Galicia, de Aranda. Todo ello bajo el mando del eficaz Yagüe. Es decir, un potencial abrumador, para las dimensiones que había tenido la guerra española hasta entonces.

 

La República sólo tenía, con disponibilidad y movilidad suficiente como para enfrentárseles, los V y, en todo caso, XVIII, Cuerpos de Ejército. Aunque sin llegar a compararse a la del Cuerpo de Tropas “Voluntarias” italiano, o, en menor medida, a las unidades terrestres de la Legión Cóndor, alemana. A pesar de ello, desconociendo a lo que tendrían que enfrentarse, los políticos y militares republicanos, y sus asesores soviéticos, insistían en la necesidad de cambiar la perspectiva internacional sobre la guerra española, demostrando que contaban con iniciativa estratégica. No comprendían que, en la situación a la que se había llegado, su única posibilidad era mantenerse a la defensiva, ahorrar hombres, armas, medios y esfuerzos, en la guerra de desgaste, de aniquilación, que estaba planteada. Así como fomentar una estructura guerrillera, de resistencia, que mermase la efectividad, especialmente la intendencia, franquista, ocupando tropas, posiblemente las destinadas al Ejército de Maniobra que se estaba formando, que no podrían concentrar en los Frentes, o que se verían obligados a emplear en la sustitución de las que se destinasen a reprimirla. Actuar de otro modo era, objetivamente, colaborar, aunque no fuese esa su intención, con la estrategia de Franco. Se continuaba, por un lado, con la ilusa ceguera de que las “democracias occidentales” terminarían comprendiendo de qué parte estaba el peligro real. Por otro, siguiendo acríticamente la estrategia de Stalin de estimular un acercamiento hacia ellas. Y ello precisaba, imperiosamente, victorias en el campo de batalla. Desde este punto de vista, para él, era más ventajoso, resultaría más aleccionador para las potencias occidentales, la definitiva derrota de España, que haría comprender la situación real de peligro, que prolongar la guerra indefinidamente, alimentando la propaganda de que colaboraba con la exportación revolucionaria.

 

Sin embargo, hay que comprender que la resistencia guerrillera significaba enfrentarse a la muerte, casi sin posibilidad de retroceder del lado de la República, descorazonadoramente, ni esperar justicia en caso de entrega, como podía hacerse en un Frente convencional. Y también es lógico que ésta no se quisiese desprender de armas y efectivos, cuando se los precisaba para mantener sus líneas, crear fuerzas de maniobras y lanzarlas a reconquistar territorio. Por tanto, el maquis, nombre de una planta salvaje de los montes andaluces, no fructificaba sino tras las derrotas, tras los repliegues, las pérdidas de terreno, cuando los republicanos atrapados en la retaguardia franquista no veían otra salida que hacer costosa su muerte, no entregarse, sumisamente, a la represión, la investigación de “responsabilidades” políticas, por haber colaborado a mantener el orden constitucional establecido, la legalidad democrática, lo que les llevaría a sufrir tortura y fusilamiento. Analizado posteriormente, las pérdidas sufridas en las ofensivas posteriores superarían, en mucho, las teóricas que podrían haberse producido de optar por una estrategia defensiva, de contraataque, y de resistencia guerrillera. Al menos, en teoría. Esperar a que el nazi-fascismo mostrase su auténtica cara imperialista, intolerable para las grandes potencias. Sin embargo los analistas a posteriori no tienen en consideración un hecho decisivo: ¿A quienes se le encomendaría tal misión, prácticamente suicida, desesperada? ¿Quiénes le pondrían el cascabel al gato? En esta visión que, tanto la República como Stalin, pretendían dar, de que en España no había peligro revolucionario, la guerra tampoco podía ser revolucionaria, de modo que la planificación guerrillera, de resistencia, no encontraba eco en las altas instancias. Al desaparecer el Frente Norte, Franco unificó su aviación como 1ª Brigada Aérea Hispana, para diferenciarla de los italianos y alemanes, que, hasta entonces, habían constituido el grueso de esta Arma.

 

La encomendó al Coronel Apolinar Sáez de Buruaga. García Morato sería su Jefe de Operaciones. La integraban escuadrillas de bombardeo Savoia S-79 y S-81, y Ju-52, y de caza, en los que se integraron los 23 (2 escuadrillas y media) FIAT que los italianos entregaron a Franco en diciembre. La Aviación Legionaria italiana, a las órdenes del General Bernasconi, apodado “Garda”, contaba con tres escuadrillas de bombarderos Savoia S-79 y S-81, y FIAT BR-20, además de los asentados en Mallorca. Bruno Mussolini, hijo del dictador, había sido enviado a España, en octubre, para ponerse al mando de una escuadrilla de S-79, en el Frente de Aragón. En la Legión Cóndor había tomado el mando el General Volkman, que se desprendió de todos los Ju-52, sustituyéndolos por los novísimos Heinkel He-111. Para el reconocimiento aéreo contaba con tres patrullas de Dornier Do-17 y otra de He-45, y la de hidroaviones He-59. Además tenía dos escuadrillas de Messerschmitt Bf-109, y otras dos de He-51, con lo que Franco podía contar con 400 aviones. Para oponerse a ello la República sólo disponía de varias escuadrillas de “Moscas” y “Chatos” y unas decenas de bombardeos. Tras las primeras costosas derrotas aéreas de los pilotos soviéticos, habían recibido órdenes de no arriesgar sus vidas en los combates. Esto significaba que, tanto éstos como los españoles, tomasen la costumbre de desaparecer de la vista ante la presencia de los FIAT, los más numerosos de los cazas franquistas, que habían probado su dureza y maniobrabilidad. Más aún si debían enfrentarse a los Messerschmitt, que comenzaban a fraguar su fama de dueños del cielo. Hasta que los “Escupefuego” (Spitfire) británicos se la arrebataron. Empeñados también en la guerra chino-japonesa, los soviéticos empezaron a retirar sus pilotos de España, conforme los republicanos terminaban sus cursos de adiestramiento en la URSA.

 

En las fábricas de Sabadell y Reus se inició la fabricación de los biplanos Polikarpov Po-15. Sin embargo no había forma de sustituir a los efectivos Po-16 que se perdían en combate. Aunque, en Valencia, entre las estalactitas de la gruta kárstica  del Candelabro (en valenciano Canalobre) se instalaría una planta para su ensamblaje, lo que facilitaba su transporte y recepción troceado. La República recibió, en una de las últimas entregas efectivas que logró rebasar el bloqueo marítimo, 31 “Katiuskas”. Con ellos se acumularon 4 escuadrillas, de 12 aparatos cada una, más otras cuatro de “Natachas”, que completaban la fuerza de bombardeo. Su principal logro fuero los ataques a los aeropuertos franquistas. Por ejemplo, el 15 de octubre, durante otro fracasado intento de tomar Zaragoza, y desviar la presión sobre Asturias, destruyeron o pusieron en fuga a casi todos los aviones del aeródromo Sanjurjo. Para mantener la apariencia de su escasa dotación aérea, los republicanos utilizaron maquetas de aviones –como harían los estadounidenses durante los preparativos del desembarco de Normandía- en aeropuertos abandonados, trasladando los que les quedaban de uno a otro aeropuerto, continuamente. Eliminado el Frente Norte, Franco volvió a preparar otra gran ofensiva contra Madrid. Contaba con que su ventaja numérica, y en material, anularía la de la República de su más fácil comunicación radial.

 

Sin embargo tuvo el acierto de colocar su nuevo Ejército de Maniobra en el Frente de Aragón, entre Medinaceli y el Jalón, para recorrer la carretera Zaragoza-Madrid hacia el Suroeste. Era la misma idea que había llevado a los italianos al desastre de Guadalajara en el mes de marzo. Tal vez su intención era demostrar que lo podía hacer mejor que ellos. Contando con más medios: así resulta más fácil. Posicionó al Cuerpo de Ejército de Castilla en el flanco izquierdo, al marroquí en el derecho, dejando el centro de la ofensiva a los italianos. Tal vez les ofreció que se desquitaran del ridículo que hicieron en Guadalajara. Los Cuerpos de Ejército de Galicia y Navarra, un formidable contingente, capaz de deshacer cualquier contraofensiva, se situaban en reserva. Sin información de lo que ocurría, carentes de servicio de espionaje o reconocimiento aéreo, debía encarar tal acometida Cipriano Mera, al que se había encomendado el IV Cuerpo de Ejército, situado en el Frente de Guadalajara. Suplía tales carencias, como ya había hecho en la batalla por Brihuega, utilizando a sus camaradas anarquistas, que investigaban los movimientos de tropa infiltrándose, temerariamente, en la retaguardia enemiga. Algunos historiadores franquistas sostienen que fue el propio Mera quien, disfrazado de pastor, robó los planes operativos del Cuartel General franquista. Mera aclaró que fueron afiliados a la C.N.T. los que detectaron la concentración de fuerzas entre Zaragoza y Calatayud, y se lo comunicaron al joven anarquista Dolda, enviado en misión de espionaje. A su vuelta, el 30 de noviembre, corroboró que se estaba preparando la mayor ofensiva de la guerra, en dirección a Guadalajara, por lo que pudo ver en Medinaceli. Esta información se puso en conocimiento del General Miaja.

 

Por entonces Rojo estaba preparando, finalmente, el denominado “Plan P”: una ofensiva al sur del Guadiana, que atravesase Extremadura, hasta Portugal, desconectando las fuerzas de Queipo de Llano, que se tomaban la situación con bastante tranquilidad, tal vez esperando la ocasión de un fracaso de Franco, así como la zona de reclutamiento marroquí. Claro que no podía impedir la conexión marítima o a través del país vecino. No obstante, era un Frente en el que había que hacer la prueba del necesitado triunfo. Lógicamente, ante tales noticias, debió posponerlo, nuevamente. Estudió dos alternativas para hacer fracasar la embestida. El Gobierno decidió tomar la iniciativa, adelantándose mediante un ataque en Teruel, que anulara el entrante en las líneas republicanas, que podría servir de punto de partida para el ataque, y que aproximaba el Frente hacia el Mediterráneo. Era lo que más convenía a su estrategia política internacional. Sobretodo porque suponía reconquistar, en dicho entrante, una capital de provincia. Desde la óptica militar, de haber sabido la envergadura de las tropas de ataque y reserva con que contaban los franquistas, se habría comprendido que no era la mejor opción. Rojo envió al sector al Ejército de Maniobra, formado por los Cuerpos de Ejército XVIII, a las órdenes de Enrique Fernández Heredia, XX, bajo el mando de Leopoldo Menéndez, y XXII, dirigido por Juan Ibarrola. Lo reforzó incorporándole los XIII, a las órdenes de José Balibrea, XIX, al mando de Joaquín Vidal, y el Ejército de Levante, mandado por el Coronel Juan Hernández Saravia. Era una formidable agrupación de tropas. Sobre el papel podía superar a los franquistas. Resulta sorprendente que la República fuese capaz de tal reacción. No obstante se trataba de una improvisación. Había tropas, como el Ejército de Levante, cuya actuación en combate era desconocida. Se encargó la dirección de toda el operativo a Hernández Saravia, lo que también supuso algunas envidias y rencillas.

 

Sumaban unos 40.000 hombres, que integraban las Divisiones 11, a las órdenes de Líster, 25, de García Vivancos, 34, de Etelvino Vega, 39, de Alba, 40, de Andrés Nieto, 41, de Menéndez, 42, de Naira, 64, de Martínez Cartón, 68, de Triguero, y 70, de Hilamón Toral. La reserva las formaban las Divisiones 35, a las órdenes de Walter, y 47, de Durán. Obsérvese que los mandos y unidades comunistas, los que más habían demostrado su eficacia en combate, aunque también eran los más castigados, quedaban en un segundo plano, o, por lo menos, diluidos entre muchas otras unidades. No formaban parte de ello las Brigadas Internacionales, que estaban en muy mala situación. Walter informó a Moscú que, en sus inspecciones a los Batallones británicos y canadienses de la XV Brigada Internacional, había detectado suciedad y descuido del armamento, sobretodo los fusiles, cuya responsabilidad era individual, y los oficiales no lo controlaban. También riñas frecuentes, arrogancia frente a los españoles, antisemitismo en las unidades francesas, creciente exacerbación nacionalista, racista, entre los alemanes de la XI Brigada Internacional. Al contrario de lo informado por otros comandantes, éste relataba que era a los españoles que formaban parte de dichas Brigadas, a los que se les negaba la adecuada asistencia médica, y las raciones y cigarrillos que los extranjeros recibían de sus familias. Quizás todo ello originó un ambiente revanchista fuera de tales unidades. Los tanques se distribuyeron entre las distintas unidades, siguiendo las teorías más obsoletas francesas. Los franquistas tenían en Teruel la 52ª División, reforzada con voluntarios turolenses, aunque no alcanzaban los 10.000 hombres, a las órdenes del Coronel Domingo Rey d´Harcourt. Habían cercado la ciudad con trincheras y alambradas, que llegaban hasta los cerros que la circundaban, como el de La Muela. Von Richthofen anotó en su diario, el 3 de diciembre, las increíbles tensiones entre franquistas e italianos.

 

El General Rojo había situado al XXII Cuerpo de Ejército entre Celadas y Peralejos, al Norte de Teruel. A sus Divisiones 11 y 25 les asignaba romper el Frente, hacia el Sudoeste, atravesar la carretera de Celadas a Teruel, y dirigirse hacia la vía de ferrocarril, entre Cella, Celadas y Caudé, y girar hacia el Sur, por dicha carretera, hacia la misma línea de ferrocarril, entre Concud y Teruel, respectivamente. El XVIII Cuerpo de Ejército estaba al Sur del estrechamiento de dicho entrante. Sus Divisiones 34 y 64 deberían dirigirse hacia la izquierda, a Bezas, hacia el centro, a San Blas, y a la derecha, hacia Villaespesa, respectivamente, rodeando, entre la dos últimas, La Muela de Teruel. El XX Cuerpo de Ejército estaba al Sur del extremo del entrante. Sus Divisiones 40 y 68 debían atacar desde Aldehuela hacia Teruel, pasando entre Castralvo y Villaespesa y la vía ferroviaria, y desde ésta, siguiendo su tendido, a lo largo del borde extremo de dicho saliente, para converger sobre Teruel, respectivamente. Con ello la capital quedaría rodeada. Los Cuerpos de Ejército XVIII y XXII consolidarían la nueva línea, rectificada, del Frente, que debía pasar por Caudé, impidiendo los refuerzos franquistas a la ciudad, mientras el XX, apoyado por los tanques, la debía tomar. Para no alertar al enemigo no habría preparación artillera. El 8 de diciembre los franquistas bombardearon Barcelona. El 11 murió Angel Pestaña. El 14 comenzó la ofensiva de Teruel. El 15, por la mañana, con un frío glaciar, Líster consiguió que su 11 División, en la que luchaba Miguel Hernández, el mejor poeta en lengua castellana, para mi gusto, rompiese las líneas nacionales. A las 10 de la mañana había tomado Concud. La 25 tomó San Blas, en el río Guadalaviar. Ninguna operación republicana había tenido, hasta entonces, tan prometedor comienzo.

 

Se consiguió la sorpresa completa, tanto por el lugar escogido para el ataque, el silencio artillero, como por las fechas y la climatología, en las que los franquistas no podían esperarlo. El 17 de diciembre se había completado el cerco de Teruel: el más amplio y rápido movimiento de pinza de toda la guerra. Un perfecto plan ejecutado con pleno éxito. Al Regimiento Internacional de carros de combate, formado, en su mayoría, por voluntarios soviéticos, se le habían asignado las zonas más peligrosas. La 3ª Compañía de carros de combate, a las órdenes del Capitán Gubanov, lanzó cinco ataques, pero la infantería no le siguió. A cincuenta metros de las trincheras franquistas, el tanque del Capitán Tsaplin fue alcanzado. Perdió una oruga, por lo que quedó inmovilizado. Durante ocho horas resistió los asaltos enemigos, hasta que se quedó sin proyectiles, inutilizó el carro de combate y logró escapar. Al menos así se informó a Moscú. A mí me suena a fábula: un tanque no almacena municiones como para resistir ocho horas continuadas. Salvo que lo atacaran de forma inconexa. Posiblemente tratasen de justificar que lo abandonara en cuanto quedó inmóvil. El 18 de diciembre, a mitad de la tarde, el XVIII Cuerpo de Ejército tomó La Muela de Teruel. El 19, la 40 División, tras tomar el puerto de Escandón, en el que encontró una fuerte resistencia, llegó a Teruel. Los Generales franquistas estaban desconcertados. Von Richthofen escribió en su diario que la ruptura del Frente era una noticia alarmante. El 20 de diciembre el XVIII Cuerpo de Ejército conectó con el Regimiento de tanques. Prieto, Ministro de Defensa, el General Rojo, todo el Estado Mayor y un grupo de periodistas extranjeros, entre los que estaban Hemingway, Matthews y Capa, se presentaron para informar internacionalmente la reconquista de la primera capital de provincia. Los alemanes e italianos recomendaron a Franco que continuase con la planeada gran ofensiva contra Madrid, insistiendo que Teruel no podía compararse con tal objetivo.

 

Pero, con malestar de sus Generales, decidió que no podía dejar tal éxito propagandístico a la República. El Coronel italiano Fernando Gellich, comunicó a sus mandos que parecía que Franco prefiriese el colapso republicano a su derrota militar, por lo que no había forma de hacerle seguir el plan de acción acordado entre alemanes e italianos. En realidad esto no era un error, desde el punto de vista político, aunque no pudiesen comprenderlo los militares: a una derrota militar, tarde o temprano, se puede reaccionar con una nueva batalla. Al derrumbe político resulta difícil reponerse. Franco debió intentar detener el avance republicano mediante la aviación, pero parece que Von Rchthofen se lo obstaculizó, ya que anotó en su diario que la situación meteorológica era muy seria. Así que envió 3 Divisiones, a las órdenes de Aranda, para cubrir el hueco, y reposicionó la 81ª, al mando de Dávila, que estaba en el alto Tajo. A éste encomendó la organización de un Ejército, mediante una directiva, en el que se agruparía el Cuerpo de Ejército de Galicia y el de Castilla, reforzado por dos Divisiones navarras, separados por el río Turia, al Norte y al Sur, respectivamente. Se les asignaría la fuerza artillera del Cuerpo de Tropas “Voluntarias” italiano y la aviación de la Legión Cóndor. Sin embargo tardarían casi una semana en actuar, puesto que la escasa visibilidad, el hielo en los aeropuertos y el peligro de congelación de los motores, se lo impidieron. Todo esto hay que tenerlo en cuenta, como en la batalla de Brihuega. Sólo las unidades de artillería antiaérea de la Legión Cóndor, cuyos Flack 88 ya se explicó que eran de doble uso, tomaron posiciones en el avance republicano. El 21 de diciembre, la 68 División republicana y sus tanques T-26 tomaron El Ensanche y la plaza de toros de Teruel. La noticia se extendió internacionalmente.

 

Las tropas de Rey d’Harcourt se retiraron al centro, resistiendo alrededor de la Plaza de San Juan, en su iglesia, la Comandancia Militar, el Gobierno Civil, la Delegación de Hacienda, el Hospital de la Asunción, el Casino y otros edificios. El Coronel Barba lo hacía en el Seminario, el Convento de Santa Clara y las iglesias de Santiago y Santa Teresa. La infantería republicana tomaba los escarpados accesos a la ciudad cubiertos por fuego de barrera de ametralladoras. Los dinamiteros corrían por las primeras calles y arrojaban sus explosivos a los edificios, llenándolo todo de escombros. Había que tomar cada casa con bombas de mano y lucha a bayoneta calada. Se agujereaban las paredes y los techos para, a través de los huecos, disparar fusiles ametralladores o lanzar bombas. Los franquistas habían buscado refugio en las casas mezclados con la población civil. Se oían gritos de no disparar, que había niños, y se llegó a enseñar éstos por las ventanas. Prieto dio orden personalmente de proteger a los civiles, lo que se cumplió, tal vez por la presencia de periodistas internacionales, reuniendo en la Plaza del Torico a las mujeres y niños que se encontraron en los sótanos. Aunque también hay soldados que se dedican al saqueo, arriesgándose a que los fusilasen. En la oscuridad de la noche se mezclaban en los edificios tropas enemigas, que acaban matándose a bayonetazos al despuntar el día. Era una premonición de lo que llegaría a ser Stalingrad. Desde el 22 de diciembre la resistencia franquista es aniquilada con cañones, en tiro tenso. Aunque la Comandancia Militar, el Banco de España, el Casino, el Convento de Santa Clara y el Gobierno Civil, en los que se defienden Rey d’Harcourt y Barba con sus tropas, debieron ser minados. Actuó en ello Belarmino Tomás. En los dos últimos edificios se hicieron algunos prisioneros, pero se encontraron muchos cadáveres. La mayoría había muerto de desnutrición, sobretodo los niños.

 

Al tomar dicho último edificio, los franquistas se trasladaron al colindante Hotel Aragón, donde prosiguió la misma cruelísima pugna. El 23 de diciembre, Franco “felicitó las pascuas”, a su modo, al Coronel Rey d’Harcourt, Comandante Militar de la plaza, instándole a resistir, a confiar en “España” como “España” confiaba en dicho núcleo de resistencia, prometiéndole refuerzos. Es lo mismo que repetirían Stalin, tras la acometida alemana, y Hitler, desde 1.942. Pero el Hotel Aragón no era el sólido edificio, la fortaleza, del Alcazar de Toledo, no estaba situado sobre una elevada colina, la artillería podía situarse a corta distancia, produciendo impactos de precisión, y, sobretodo, el ejército republicano no eran los inexpertos despojos que habían dejado los africanistas tras su sedición. Ni tampoco las inexpertas milicias sindicalistas. Aún sin haber acabado con dicho foco franquista, en Navidad se nombró General a Hernández Saravia, y a Rojo se le otorgó la Placa Laureada de Madrid. Prieto comentó que ya no sólo era Ministro de Defensa, sino de Ataque. El PCE hizo extensa propaganda atribuyéndose la victoria en solitario, y reclamando recompensas también para sus combatientes, que, sin ninguna duda, se la merecían. El único artículo del fotógrafo Robert Capa sobre la guerra en España, narra que unas cincuenta personas, mujeres y niños, cegados por la luz, aparecían con rostros cadavéricos, mugrientos y ensangrentados, puesto que llevaban 15 días en el sótano, en constante terror, alimentándose de los restos de comidas de las tropas, y algunas sardinas que les arrojaban a diario. Tuvieron que ayudar a salir a la mayoría, porque no podían levantarse. La meteorología fue terrible hasta el 29 de diciembre, que mantuvieron inmovilizados a los franquistas. Pero, ese día, iniciaron el contraataque con el más intenso bombardeo artillero que se había conocido.

 

Al aumentar la visibilidad, reduciéndose las intensas tormentas de nieve, los bombarderos franquistas arrojaron más de cien toneladas de explosivos sobre las posiciones republicanas. Iban escoltados por escuadrillas de FIAT, por lo que los “Moscas” no se atrevieron a atacarlos. Ambos bombardeos, artillero y aéreo, continuaron durante dos horas ininterrumpidas. Tras ellas, diez Divisiones franquistas se lanzaron hacia Teruel, en dirección Sudeste. Y, sin embargo, los republicanos resistieron. El Cuerpo de Ejército de Castilla no consiguió avanzar, y el de Galicia sólo ganó entre 300 y 400 mtrs.. El 30 de diciembre hay nueva mejora climatológica, por lo que los franquistas bombardean de nuevo: los Flack 88, de insuperable precisión, se concentran sobre las posiciones claves, mientras los He-51 atacan tanto las trincheras como las concentraciones de reserva. Como había ocurrido en Asturias, mientras los cazabombarderos ametrallaban las trincheras y la artillería las batían, los republicanos no podían defenderse. En tales condiciones, las Divisiones navarras a las órdenes de los Coroneles García Valiño y Muñoz Grandes, tomaron La Muela de Teruel. El General Rojo informó por teletipo de los acontecimientos. Prieto le contestó que apreciaba que apenas se había combatido, y que, tras la oleada de pánico que había envuelto a las tropas, era de temer que, a lo largo del día, no hubiese esperanza de reaccionar con el rigor indispensable. El año terminó con una ventisca que impedía la visibilidad a corta distancia. La noche de San Silvestre Teruel registró 20 grados bajo cero: la más baja de todo el siglo. Había que picar el hielo de las alas de los aviones, en lo que se tardaba un tiempo, para que pudiesen despegar. Los alemanes obtuvieron una útil experiencia para su aventura rusa. En base a ella, Goering no debió asegurar que podría avituallar por aire al Grupo de Ejércitos de Von Paulus, cercado en torno a Stalingrad. Todos lo vehículos, incluidos los tanques, amanecían apresados en bloques de hielo.

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