La batalla de Brunete

 

Pero enfrente tenían a requetés, con experiencia militar sólo superior en unos cuantos días, y soldados de reemplazo, aunque bajo mando de oficiales, algunos de ellos “africanistas”. Ahora, en cambio, tenían a su mando del orden de 30 Batallones cada uno, sin haber recibido formación sobre la dirección de un Estado Mayor, perdiendo el contacto directo con las tropas, que era precisamente en lo que sobresalían (ya Franco había dicho que los puestos más estimulantes para un oficial, lógicamente al que le guste el mando directo sobre la tropa, no los teóricos que se decantan por la planificación de amplias maniobras, extensos despliegues tácticos y grandes batallas, eran los de Capitán, al frente de una Compañía, y Comandante, al mando de un Batallón) y debían enfrentarse a un ejército curtido en victoriosos combates, que empleaba las armas y las tácticas más novedosas. Azaña, siempre pesimista, siempre lúcido, escribió en su diario que la República carecía de los mandos militares que precisaba, de Jefes de Batallón adecuados, que se habían designado jefes supremos de las grandes unidades de forma improvisada, a Comandantes de milicianos, personas sin conocimientos, como “El Campesino”, Líster, Modesto, Cipriano Mera, incompetentes, aunque prestaban buenos servicios. Quizás excesivamente agrio, pero las circunstancias, y lo que depararía el futuro, demostró su certeza. No obstante Líster llegaría a ser General de 5 estrellas (de Grupo de Ejércitos) soviético y, posteriormente, polaco, cuando Stalin creó el Ejército polaco, con comunistas de este país y gente de confianza, como el propio Líster, que pudiesen entenderse con ellos, mal que bien, en su idioma, para zanjar el paso a los nacionalistas estimulados por Churchill. Claro que esto sería casi 8 años más tarde, y había tenido tiempo de aprender mucho hasta entonces.

 

Es posible que los propios afectados, en el verano de 1937, reconocieran sus carencias, que les intimidase la excesiva responsabilidad que les habían otorgado. Pero también, como suele decirse, la ignorancia es temeraria. En términos militares se refugia tras la disciplina, el cumplimiento estricto de las órdenes, la falta de iniciativa, pero también en el recurso a la temeridad, a la furia, tratar de suplirlo todo con el envalentonamiento, la ciega insensatez. Algo suicida cuando la situación es de una guerra de desgaste, de exterminio del contrario, en la que debe prevalecer la sensatez, la sangre fría, el desapasionamiento, la resistencia pasiva, el ahorro de recursos, condimentado con brillantes descubrimientos y aprovechamientos de oportunidades, contraataques precisos y sorprendentes. Aunque también es cierto que, interna e internacionalmente, la República necesitaba tomar la iniciativa, demostrar éxitos, porque, de lo contrario, se asentaría la opinión de que, de seguir así, todo era cuestión de tiempo, de ir cediendo terreno poco a poco, de que el enemigo escogiera el lugar y el momento para golpear donde mejor le conviniese, y acumulase sucesivos triunfos. El ataque comenzó al amanecer del 6 de julio. Al Oeste, en el flanco derecho, la 11 División, al mando de Líster, consiguió sus primeros objetivos, rompiendo el Frente y sobrepasando las líneas franquistas, los altos de Los Llanos y Líjar. En menos de un día Brunete había sido reconquistado. Sospecho que se trataba de una estrategia bien estudiada por los franquistas. Sin embargo la 46 División, a las órdenes de “El Campesino”, iba retrasada. La había detenido un Batallón falangista que defendía Quijorna.

 

Ante ello, Líster, que tenía instrucciones de reconquistar Sevilla la Nueva, adentrándose profundamente en la retaguardia franquista, para virar después ligeramente hacia el Oeste, atrayendo hacia sí las fuerzas enemigas y desviarlas del eje central, haciendo parecer de mucha mayor envergadura y amplitud el movimiento de pinzas planeado, decidió detenerse. Al Este, en el flanco izquierdo, Villanueva de la Cañada había sido reconquistada a las diez de la noche por la 15 División, tras una fuerte resistencia de la División 11ª, a la que desalojó gracias a un abundante apoyo aéreo y artillero. En definitiva, durante el primer día, sólo Líster, en el centro del envite, había conseguido vencer la resistencia, llevando a algunas unidades de su 11 División a dos kmtrs. de Sevilla la Nueva, la primera vez, durante la guerra, que los republicanos conseguían una penetración tan profunda en la retaguardia enemiga, mientras que, al Oeste, en el flanco derecho, Quijorna resistía, y, en el izquierdo, al Este, Villafranca del Castillo. Algunos analistas sostienen que el éxito de la operación precisaba un ensanchamiento de la brecha, adentrándose hacia el Sur, hasta Navalcarnero. O, al menos, virar hacia el Este, hacia Villaviciosa de Odón, donde pudiera conectar con el XVIII Cuerpo de Ejército, que también había roto el Frente, avanzando hacia Boadilla del Monte. Se basan en que los republicanos, en aquel momento, habían conseguido desplegar más soldados, aviones y artillería sobre el terreno, obligando a los franquistas, como se deseaba, a traer efectivos del Frente Norte, paralizando su ofensiva allí. Discrepo. Ni Líster ni “Pablito”, su asesor soviético (Rodimtsev) lo comprendieron así, y ante el retraso de sus flancos, decidieron que se cavasen trincheras al Sur de Brunete. Esto dio opción a Varela a acumular fuerzas.

 

Al día siguiente éste ya había movilizado la 13ª División, a las órdenes de Barrón, y, un día después, la 150ª División, al mando de Sáenz de Buruaga, que, utilizando cientos de camiones comprados al fiado a Estados Unidos (¿Es que los fascistas no eran también parte beligerante? ¿No violaba eso la Ley de Neutralidad? ¿Por qué se le prohibía adquirir bienes, incluso alimento, sólo al legítimo Gobierno constitucional, democrático, de la República, y no a los insurrectos?) llegó desde el Frente Norte. Toda una demostración de rapidez y eficacia en la reacción, inusitadas en Varela. A menos que se hubiese reflexionado previamente sobre dicha posibilidad, y se tuviese prevista de antemano. O que se supiesen tales planes por anticipado. Tal velocidad de maniobra, de desplazamiento, corrobora lo acertado de la orden de cavar trincheras. De no haberlo hecho todo hubiese sido mucho peor. La misión asignada a Líster era atraer sobre sus hombres la mayor y más efectiva, agresiva y experta concentración de tropas enemigas. Y era indiferente, en tal sentido, si lo hacía en Brunete o en Navalcarnero. Salvo que los franquistas ya tuviesen previsto, desde el inicio, que Brunete debía ser el centro de su contraataque. De todos modos insisto en que la diferencia, sólo unos cuantos kilómetros, no me parece significativa. Y además, tal distancia sí hacia problemática la logística y el acarreo de refuerzos a los republicanos. En cambio califico de error sin paliativos que hubiese virado hacia Villaviciosa de Odón. Con ello hubiese evidenciado cuál era el eje principal del avance, y habría puesto en conjunto la mayor parte de las fuerzas comprometidas, para que los franquistas pudiesen bloquearlas, detenerlas, y, tal vez, aniquilarlas, al unísono. La XV Brigada Internacional, al mando de Gal, proseguía con furia hacia Boadilla del Monte.

 

Los franquistas de Asensio, reforzados por las Brigadas navarras de Camilo Alonso Vega y Juan Bautista Sánchez, más la recién llegada División 108ª de Galicia, se habían atrincherado en un alto que los republicanos llamaron Cerro Mosquito, por el incesante silbido de las balas. Quedaría en la memoria del horror con iguales méritos que la Colina del Suicidio, durante la batalla del cruce del Jarama. Se produjo una cruenta refriega, con grandes bajas por ambas partes, y la Brigada Internacional, ante tal cúmulo de tropas enemigas, quedó bloqueada. Aquella noche murió Oliver Law, el oficial negro al mando del Batallón Washington. A mediodía los republicanos habían tomado Quijorna, reducido a ruinas. El día 10, Villanueva del Pardillo, muy al Norte de Brunete, fue finalmente reconquistada por la XII Brigada Internacional. Sin embargo los franquistas ya iniciaban su contraataque, con las Divisiones 10ª y 150ª, entre Quijorna y Brunete, donde había acudido Walter con su 35, para cubrir el hueco creado por el retraso de la 46, de “El Campesino”. Para entonces ya habían muerto 3.000 republicanos, y las Brigadas Internacionales estaban exhaustas. Si al principio de la ofensiva los republicanos contaban con superioridad aérea en la zona, con oleadas de hasta 30 cazas actuando conjuntamente, algo nunca visto en España hasta entonces, a partir del 11 de julio los franquistas empiezan a garantizar la cobertura de sus tropas, y a bombardear incesantemente las ocho Divisiones republicanas, congregadas en una planicie de menos de 200 kmtrs. cuadrados. Los T-26 eran el objetivo prefijado. Cuando la aviación nazi-fascista alcanzó su máxima concentración de fuerzas, en sólo dos días a los republicanos sólo les quedaban 38 vehículos acorazados operativos. Al principio emplearon Ju-52, FIAT y He-51, que ya pilotaban los franquistas españoles.

 

La Legión Cóndor se negó a combatir mientras que los republicanos contaban con superioridad aérea. Pero, cuando comprenden que ésta ha desaparecido, pusieron en el tablero todas sus posibilidades. Entre ellas la escuadrilla experimental de He-111, capaces de bombardear tanto de día como de noche, algo novedoso en la guerra española. A partir de entonces los Ju-52 bombardeaban una y otra vez, en repetidas pasadas, a su antojo, las posiciones republicanas. A partir del 12 entraron en juego los nuevos Messerschmitt Bf-109, con pilotos como Adolf Galland, que llegaría a ser uno de los mayores ases aéreos de la IIª Guerra Mundial y de todos los tiempos. Ni “Chatos” ni “Moscas” tenían muchas opciones contra ellos. El día 16 murió George Nathen, Jefe del Regimiento Anglosajón de la XV Brigada Internacional, a consecuencia de un bombardeo aéreo. El Estado Mayor de Miaja no había calculado adecuadamente los efectos de una batalla de tal envergadura, y las fuerzas republicanas comienzan a agotar sus reservas de munición. Aquel verano Castilla soportó tórridas temperaturas. El Guadarrama se secó. Los carros de combates eran hornos al sol, celdas de castigos, mortíferas casamatas, cuyos tripulantes se asfixiaban y desfallecían de sed. La solana esteparia de Castilla estaba cubierta de cadáveres putrefactos al sol, negros e hinchados. Los combates, de tremenda intensidad, se repetían, sin resultados prácticos. El 18 de julio, para “celebrar” su primer año (“triunfal”, como obligaba a repetir la propaganda de Franco) de guerra, los franquistas lanzan un ataque a lo largo de toda la línea, con la colaboración de 60 baterías artilleras. Ambas fuerzas aéreas se empeñan intensamente, sin que los republicanos puedan evitar que los franquistas descarguen todos sus explosivos contra las Brigadas Internacionales. Richthofen había estado de permiso ¿Tendría eso algo que ver con la negativa de la Legión Cóndor a combatir?

 

Regresó urgentemente, quizás relacionado con ello, y tomó el mando de las operaciones aéreas. Ese día anotó en su diario el ataque de la infantería “roja”, que había sido mucho mejor de lo esperado. Igual que la defensa antiaérea, cuya intensidad consideraba que no se había visto antes. A pesar de ello calificaba de muy buena la actuación de sus aviación. Que la 4ª Brigada había hecho un buen avance, con grandes pérdidas por ambos bandos: 18 oficiales y 400 soldados franquistas. Tres bombardeos poco eficaces y una artillería que disparaba mal, no estaba en posición, dejando inmovilizado el flanco derecho, por lo que cifraba sus esperanzas para el día siguiente ¿Remedo del célebre artículo de Larra? Dicho día anotó que la aviación “roja” arrojó muchas bombas ¡hasta sobre los suyos! Que habían alcanzado al puesto de mando, aunque no especifica a cuál. Que “los rojos” habían atacado a la 4ª Brigada, donde habían sido rechazados, y también por el Sur de Brunete. Que el ala derecha seguía sin poder avanzar. Y que la aviación franquista se desplegaba alrededor de Brunete. Lo que demuestra que ese era su principal objetivo. El día 20 anotó que atacaron los aeropuertos “rojos”, con la intención de dejar en tierra a sus contrincantes. Que “Richthofen y Sander” (se identifica a sí mismo por su apellido, como si escribiese no en un diario privado, sino para la posteridad, demostrando deseo de un culto a la personalidad típicamente stalinista, mientras que a su jefe, el General Sperrle, lo designa, irrespetuosamente, por su nombre de pila) se habían reunido con Franco, el Jefe del Ejército, el de la Aviación, General Kindelán, y los demás Generales, acordando que debían terminar la “limpieza” para volver al Norte. Que Franco esperaba que las grandes pérdidas de los republicanos terminaran desmoralizándolos, y que la aviación se dedicase, preferentemente, a acallar la artillería pesada.

 

Lo que evidencia que ésta estaba haciendo daño a los franquistas. La batalla de Brunete demostró, una vez más, como ocurriría durante la IIª Guerra Mundial, que los pilotos alemanes estaban mucho mejor entrenados, y eran más combativos, agresivos, que los soviéticos, a los que les causaban muchas bajas. En la llanura despejada avistaban con facilidad sus objetivos. El 20 atacaron a los republicanos en el Guadarrama. Los He-111 se concentraron contra los cañones, cuarteles generales y zonas de reagrupamiento. Los más ágiles He-51 lanzaban bombas y disparaban sus cañones de 20mm., un arma sumamente pesada para un biplano, contra las cubiertas de los carros de combate republicanos, donde eran más vulnerables, destruyéndolos.  Nunca, hasta entonces, se había utilizado la aviación para este cometido, constituyendo una experiencia interesantísima de los alemanes para la próxima guerra, sólo dos años después. Para bombardear la infantería utilizaban formaciones cerradas, muy concentradas, otra innovación táctica, lanzando simultáneamente las seis bombas de fragmentación, de diez kilos de peso cada una, que llevaba cada He-51. Tal modus operandi era efectivo incluso contra las trincheras, salvo que estuviesen cavadas en líneas zigzagueantes. Un jefe de escuadrilla alemán fanfarroneaba de que, en 200 mtrs. de trinchera, había dejado 120 muertos. Desde el 23, acumulando tanques, aviones y cañones, los franquistas recuperaron la iniciativa. El 24 se luchaba en las calles de Brunete. Von Richthofen escribió que se habían arrojado tantas bombas que el terreno estaba oculto por la humareda. Que, por vez primera -¿desde cuándo?- todas las tripulaciones estaban en situación de combate. Que, al despejarse la niebla, “los rojos” habían lanzado un contraataque, poniendo en escena gran número de aviones, todo lo cual causó grandes pérdidas a los franquistas. Sin embargo su aviación había conseguido detenerles, por lo que necesitaron el apoyo de otros siete Batallones.

 

A los que había detenido era a la División de Líster, que, según informó el consejero jefe soviético a Moscú el 8 de octubre, se desmoronó y huyó, costando grandes dificultades recuperarla e impedir que los soldados abandonaran sus unidades, por lo que les aplicaron las más duras medidas represivas, fusilándose aquel día a 400 huidos. La tardía fecha de tal informe hace cuestionar la veracidad de dicha cifra, que quizás sea una forma de justificarse, cargar la culpa a los soldados, y “demostrar” que se habían “tomado medidas”, para evitar su repetición en el futuro. Pero, desde luego, si mostraban semejante inclemencia, desprecio, para con “los suyos” ¿qué podían esperar anarquistas y trotkistas? ¿Qué consideración tenían respecto de los derechos humanos? Era el planteamiento típicamente stalinista, de conseguir sus objetivos mediante el terror. Los triunfantes métodos franquistas se reproducían a ambos lados de las trincheras. Walter también informó a Moscú que el pánico y la desbandada se habían generalizado: todas las Brigadas Internacionales se retiraron precipitadamente, menos la XI y algunas unidades de la XV, que habían resistido. El 25 Richthofen escribió que todos los ataques “rojos” habían sido rechazados, dejando incontables muertos descomponiéndose al sol, y tanques destruidos por doquier, con los He-51 y cazas franquistas españoles atacando al Norte de Brunete. Resumía su macabra visión, que lo califica, exclamando: ¡Qué gran panorama! El 26 anotó que habían sido los aviones los que habían salvado la situación, con los que las fuerzas de tierra no podían compararse en su actuación. Líster recibió órdenes de retirar a su División para readiestramiento y refuerzo: tal vez un eufemismo sobre tratamiento de castigo y lavado de cerebro, lo que podría ser imprescindible no sólo tras su puesta en fuga, sino por las bajas sufridas y, más que nada, los 400, o los que fuesen, fusilados.

 

Al asesor militar de la misma, Rodimsev, lo llamaron para que informase lo que había ocurrido al “camarada Malino” (Malinovski) en un barrio de Madrid. El Estado Mayor Central y los comunistas mantuvieron que había sido un ejemplo de planificación. El Coronel Vicente Rojo, en su propio halago, la elevó a la pulcritud técnica rigurosa, casi perfecta, en su libro “España heroica”. En realidad era el despliegue táctico teorizado por Tujachevski, torturado hasta confesarse traidor y espía de los alemanes, siendo asesinado el 11 de junio, junto con otros siete condenados, conforme los fueron sacando del tribunal. En realidad los alemanes lo utilizarían, una y otra vez, con rotundo éxito, durante la IIª Guerra Mundial. Si analizamos las teorías militares de la época, como la “guerra veloz”, a base de fuerzas motorizadas, italiana, y el ataque envolvente, propuesto por los más brillantes militares soviéticos, resulta que los alemanes no inventaron, militarmente, nada de lo que se les atribuye. Aunque hay que reconocer que las circunstancias, la utilización del factor sorpresa, también teorizado por italianos y soviéticos, y, sobretodo, disponer de los medios acorazados adecuados, antes que los demás, les permitió llevarlas a cabo sólo a ellos. Además de su lucha por su dictadura personal, Stalin jugaba con todas las bazas: seguía negociando con Hitler al tiempo que lo presentaba como enemigo de la Unión Soviética. Por tanto, los militares comunistas que conocieran tales hechos, no estarían muy dispuestos a poner en práctica tal teoría, vinculada con los purgados. Sin embargo dicha teoría confiaba a los carros de combate la ruptura del Frente, explotación del éxito, ensanche de la brecha y profundización hacia la retaguardia enemiga, mientras la infantería se dedicaba a aniquilar las bolsas de resistencia. Quizás para separarse de tal modelo, y de su maestro, se permitió que la primera línea se dedicase a las tareas de limpieza y toma de las posiciones enemigas.

 

Con ello consiguieron que se embotara la ofensiva, que quedaran fuera de combate las unidades acorazadas, sin haber logrado sus objetivos finales. Pero, sobretodo, la maniobra prevista era un movimiento en pinza, envolvente, y éste nunca se produjo, porque el brazo inferior, Sur, de la tenaza, ni siquiera llegó a ponerse en movimiento ¿Un ejemplo de planificación, casi perfecto? No se tuvo en cuenta la velocidad de movimiento, o el conocimiento previo de la operación, por parte de los franquistas. Ni que, cuando éstos recuperasen su superioridad aérea, la intendencia se interrumpiría. Nuevamente, como en todas las batallas, la superior artillería franquista cortaba los tendidos telefónicos, superficiales o suspendidos, de campaña. Como carecían, estaba en sus inicios, sólo japoneses y alemanes, durante los primeros años de la IIª Guerra Mundial habían logrado ponerse en cabeza en tal especialidad, de conexiones por radiofrecuencia, quedarse sin líneas telefónicas significaba la interrupción de las comunicaciones. Para un ejército que seguía el modelo soviético, que privaba de iniciativa a los mandos intermedios, quedar incomunicado era quedar inmóvil. Los franquistas, en cambio, reaccionaron con una simpleza instintiva, en todo momento, recibieran o no instrucciones, tuviesen contacto o lo perdiesen: resistir y, llegado el caso, contraatacar, machacar con la artillería y avanzar. Y lo mismo hacían, con igual simpleza, cuando las circunstancias se mostraban incompatibles con las órdenes recibidas. Tampoco en esta batalla los republicanos contaron con mapas suficientes. Es cierto que, en un ejército dirigido centralizadamente, que no permite iniciativas individuales a los mandos inferiores, esto era menos importante. Pero tal carencia, a su vez, impedía dicha iniciativa individual. Aunque no sé, en esta batalla, hasta qué punto hubiese sido beneficiosa.

 

Las Brigadas Internacionales, que no podían confiar en su conocimiento personal, con la experiencia adquirida en otras batallas, optaron por dibujarlos ellos mismos. Un ejército con un control absoluto desde los altos puestos de jefatura, que presionaba de modo inmisericorde a los mandos intermedios, como ocurría en el modelo soviético, de modo natural, con toda lógica, optaba por falsear los informes. Así se indicaba que se habían cubierto los objetivos cuando ni siquiera se habían acercado a ellos. Por ejemplo, “El Campesino”, para explicar su demora en tomar Quijorna, exageró las bajas franquistas. Líster multiplicó por cuatro las fuerzas enemigas en Brunete, y comunicó que estaba en Navalcarnero cuando se encontraba aún a 12 kmtrs.. En un ejército que se basaba en el modelo soviético, donde las decisiones las tomaba el alto mando, falsear sus informaciones significaba llevarle a tomar decisiones erróneas. Más aún si, tras las mismas, las comunicaciones se interrumpían, impidiendo su rectificación. Cuando llegó a Brunete la 14 División, al mando de Mera, para sustituir a la 11, el jefe de ésta, Líster, aún no sabía que el pueblo había sido tomado por los franquistas, y el Coronel Matallana, Jefe de Estado Mayor de Miaja, pensaba que los cerros varios kmtrs. más al Sur, continuaban en poder de los republicanos. Cuando Mera explicó en el Cuartel General que sus órdenes no se correspondían con la realidad, estaba presente Prieto, que expresó uno de sus arrebatos de furia. Miaja se defendió aduciendo que había sido engañado. Ante tal arrebato, a partir del cual, posiblemente, Prieto dejó de confiar en los comunistas y comenzó a ponerse en su contra, no se le comunicó que, según Modesto, el Jefe del V Cuerpo de Ejército, Brunete se había perdido por causa de la 14 División.

 

Con ello se trataba de impedir más desprestigio a dicho Cuerpo de Ejército, que era la unidad comunista de mayor rango y celebridad, ante el Ministro de Defensa. El General Walter comunicó a Moscú que la culpa de que estuviesen tan sorprendentemente mal informados los mandos de la 11 División, sobre la ubicación de sus Batallones, se debía a un exceso de oficiales en su Estado Mayor. Según anotó Azaña en su diario, Prieto culpó a los mandos de las unidades y a la aviación. Nadie parecía comprender que el error estaba en problemas de capacidad de ataque y de intendencia, evaluación de la resistencia del enemigo, su movilidad, su posibilidad de concentrar, en pocos días, su aviación, en tiempo despejado, y que ni siquiera se había iniciado el ataque por el sector Sur, lo que habría diluido la contraofensiva franquista. Sin embargo era la primera vez que la República había reconquistado terreno, y mantenido gran parte de él en su poder, tras el contraataque. Esto se consideró un triunfo y así se expresó, interna e internacionalmente, tratando de elevar la moral de la población y, tal vez, cambiar, si no las simpatías por los nazi-fascistas, al menos la actitud de las “democracias occidentales”, hacia un comportamiento más ecuánime. A la XV Brigada se la arengó de que habían reivindicado la política de guerra activa del nuevo Gobierno de Negrín, frente a la dejadez de Largo Caballero, y que habían impresionado al mundo con los resultados del Ejército Popular recién reorganizado. Sin embargo las Brigadas Internacionales cada vez estaban más disconformes: no habían conseguido derrotar a los nazi-fascistas, su permanencia en España se prolongaba, lejos de sus familias, y, aunque en Brunete el esfuerzo había sido más homogéneo, seguían creyendo que se les encomendaba las misiones más arriesgadas. Algunas habían permanecido 150 días ininterrumpidos en primera línea.

 

La alta mortandad que sufrían y los fusilamientos que les esperaban si caían en poder de los franquistas, les llevaban a desesperar de salir vivos de aquella guerra. Un informe a Vorochilov, que pasó por manos de Stalin, analizaba el ambiente pesimista, la falta de confianza en la victoria, agravado por los sacrificios de Brunete, y comentaba que muchos brigadistas se sentían estafados, puesto que firmaron un compromiso por seis meses y, después de un año, no se les permitía volver. El capitán Roehr, de la XIII Brigada Internacional se suicidó durante el combate, porque no resistía la responsabilidad de pedir un nuevo esfuerzo a sus hombres, y comprendía que tampoco podía solicitar un permiso a sus superiores. Así que se intensificaron peligrosos amotinamientos, que, en los informes a Moscú, se dulcifican como “sucesos desagradables”. Los más problemáticos ocurrieron en la XIII (número infortunado) Brigada Internacional, a cargo de norteamericanos, ingleses y polacos. Al Batallón Lincoln hubo que hacerle volver al Frente encañonado por las pistolas de los oficiales. Del británico sólo quedaron 80 miembros, criticaban a Gal como incompetente, y se negaron a luchar, hasta que éste amenazó con fusilar inmediatamente al jefe de la primera agrupación, Walter Tapsell. Los polacos, agotados después de muchos meses en primera línea, dijeron que se volvían a Madrid. “Kreiger” (Vincenzo Bianco) jefe de su Brigada, trató de impedirlo brutalmente, golpeándolos en tropel. Un brigadista se le encaró, por lo que le propinó un tiro en la cabeza. La caballería, que ya había demostrado su inutilidad desde el fracaso de la primera fase, la “guerra de movimientos”, de la primera conflagración mundial, se utilizó para reagrupar y devolver a sus puestos a los que huían.

 

El V Cuerpo de Ejército recibió órdenes de su jefe, Juan Modesto, de colocar ametralladoras a retaguardia, no para disparar contra el enemigo, sino contra los que huyesen. Igual hizo el General Walter con las Brigadas Internacionales, porque suponía que tenían agentes franquistas infiltrados, y que Batallones enteros podían entregarse. Informó a Moscú que, en la primera noche de la ofensiva, desarmó y arrestó a una Compañía, sospechando que había un complot para cambiar de bando. Un tribunal militar condenó por ello a muerte a 18 de sus soldados y 4 oficiales, tres de los cuales estaban fuera de servicio. También informó que, en la segunda noche, Líster mató al comisario de la División y al jefe de la Brigada, que eran anarquistas, por negarse a obedecer una orden militar, y pedir al Estado Mayor que se rindieran. Y que, en 22 días, se descubrieron en la División 20 agentes franquistas, de los que más de la mitad eran oficiales. Las Brigadas Internacionales tenían su propio campo de castigo, al que llamaban “campo Lukács”, por el que pasaron, desde agosto a noviembre, por lo menos 4.000 voluntarios extranjeros. Todo esto sólo puede interpretarse como paranoia. Es insufrible reflexionar lo que debían sentir los que se habían sacrificado luchando por la República, por la democracia, y se les acusaba, llegando a matarlos, de ser franquistas. Más aún si eran extranjeros, si se habían enrolado voluntariamente, dejando sus países y sus familias. Achacaba la rendición de Brunete y la huída de muchas Brigadas al terror provocado por quintacolumnistas, que propalaron que habían sido rodeados. También Kléber informó a Moscú que la moral estaba muy baja, que había muchos problemas en las Brigadas Internacionales. Por ejemplo, la mutua relación con los españoles, el nacionalismo, sobretodo de franceses, polacos e italianos, el deseo de regresar a su patria, y la infiltración enemiga entre ellas, pidiendo que “la casa” enviase a alguien muy importante para encargarse del tema.

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