La ofensiva contra Vizcaya

 

El Estado Mayor republicano del Frente Norte lo componían militares profesionales rutinarios, carentes de valía y, mucho menos, de genialidad. Mola contaba para su ofensiva con la División de Navarra, como fuerza principal, formada por cuatro Brigadas de requetés, con el apoyo de la División “Flechas Negras”, formada por 8.000 soldados españoles a las órdenes de oficiales italianos, con su destacamento de FIAT Ansaldo. En esta zona montañosa Richthofen apostaba por la superioridad aérea de la Legión Cóndor. Mola comprendió que, lo estrecho y abrupto del Frente, impedía descubrir y alertar con tiempo suficiente los ataques aéreos, y que despegaran con rapidez los pocos cazas republicanos desde los pocos aeropuertos con que contaban, encallejonados entre montañas, lo que dificultaba sus maniobras, por lo que aceptó utilizar sólo los He-51, a pesar de que ya estaban operativas en España las unidades recibidas de Me-109. Según el diario de guerra de Ritchthofen habían tenido problemas con los motores. Tal vez por la temperatura española: a las versiones posteriores que montó Hispano Aviación en Sevilla, se les instalaron radiadores de mayor tamaño, por lo que se las apodó “Buchón”, y el motor Rolls-Royce Merlin 500-45 del “Escupefuego” o  Spitfire inglés, su mortal contrincante, en lugar del Mercedes Benz original, ya que aquél, además de su mejor comportamiento térmico, conseguía mayor potencia a bajas revoluciones, con lo que ahorraba algo de combustible y lograba mayor alcance, a velocidad de crucero, además de poder conseguir piezas de recambio, puesto que la fábrica de motores Mercedes Benz de aviación había quedado destruida durante la IIª Guerra Mundial.

 

Por otro lado, carecían de capacidad de bombardeo y, dada su escasa envergadura alar, debían volar muy rápido, que era para lo que habían sido diseñados, por lo que no podían realizar tareas de ametrallamiento de tropas. Los franquistas sólo tenían en la zona el encallejonado aeropuerto de Vitoria, donde ubicaron el ala de caza de la Legión Cóndor. En cambio las tres escuadrillas de bombarderos Ju-52, más la “experimental” de He-111 –que, entonces, se consideraban bombarderos pesados, aunque, tras el descubrimiento de los desarrollos secretos aliados, incluidos lo soviéticos, poco tiempo después sólo podrían considerárseles como medios- al tener mayor autonomía de vuelo, operaban desde el de Burgos. Como el General Sperrle estaba en el Cuartel General de Franco, en Salamanca, Von Richthofen actuaba como jefe accidental de dicha fuerza aérea, lo que debe considerarse en relación con los bombardeos llevados a cabo en el área, en especial el de Guernica. También actuaron los bombarderos Savoia Marchetti 81 y 79 y los cazas FIAT CR 32 italianos. Mola amenazó con arrasar Vizcaya si no había una rendición inmediata ¿Por qué tal exigencia, que no se reprodujo en otras ofensivas? Además de la comentada contradicción respecto del catolicismo de los nacionalistas vascos, sospecho que se trata de un indicio de negociaciones entre los franquistas y los separatistas vascos, de ofrecer escasa resistencia a cambio de que los invasores realizasen escasa destrucción y represalia. Si fue así, descubrieron con ello su temor, su interés, atrayendo, por tanto, sobre el mismo, toda la contundencia del enemigo para conseguir el más rápido efecto: si tales negociaciones existieron, sin llegar a fructificar, su consecuencia no fue otra que el bombardeo de Guernica. El 27 de marzo los Consejeros anarquistas salieron de la Generalidad.

 

Según el PCE, la UGT ya había rechazado la idea de un “Gobierno sindical”, el 28 de marzo lo harían los demás Partidos del Frente Popular, posiblemente instigados por los comunistas, y el 29, la propia Comisión Ejecutiva del PSOE, en una circular a los Comités de las Federaciones, calificaba de error que los sindicatos sustituyesen la misión de los Partidos Políticos. Lo que consideraban una muestra más del aislamiento en que se encontraban Largo Caballero y sus seguidores, que consideraban minoritarios. Los comunistas exponen que la Ejecutiva del PSOE, al igual que sus bases, cada vez estaban más cerca de las posiciones del PCE, lo que achacaban tanto a la coherencia y realismo de sus planteamientos, como a la convivencia de sus respectivas militancias en las trincheras. En especial la propuesta de unificación de ambos Partidos, lo que el PCE formalizó con una propuesta oficial a la Comisión Ejecutiva del PSOE. El 31 de marzo se produjo un intenso bombardeo contra los barrios periféricos de Madrid y sobre Durango, comenzando con ello la ofensiva contra Vizcaya. Según los datos de José Díaz, en marzo el Partido Comunista contaba con unos 88.000 trabajadores industriales, incluyendo entre éstos a ingenieros y técnicos, 77.000 propietarios agrícolas, 62.000 labriegos, 19.000 “mujeres” (¿amas de casa?) 15.000 miembros de la clase media y 7.000 intelectuales. Si se le suman los 45.000 del PSUC, que había crecido desde los 5.000 de antes de la guerra, y los 22.000 del Partido Comunista Vasco, que tenía 3.000 antes de comenzar la contienda, sumaba 300.000 afiliados, lo que superaba a todos los demás partidos democráticos juntos, incluyendo el PSOE.

 

Del desglose anterior se concluye que el PCE había dejado propiamente de ser un Partido obrero, convirtiéndose en una organización interclasista, que representaba adecuadamente a todo el Frente Popular en sí mismo. Es, por tanto, inadecuado, culpar de ello a Santiago Carrillo. En todo caso, sí de haber reelaborado tal estructura, desde una posición obrerista, sindicalista, previa, retrocediendo hasta la situación de la guerra civil. Lo que convendría analizar es si el reto de derribar al franquismo y contender electoralmente lo justificaba. Y si había alternativas frente a ello. La ofensiva contra Vizcaya comenzó con toda la superioridad aérea que los franquistas poseían. El objetivo terrestre inmediato era reconquistar los montes Albertia, Maroto y Jarinto que los republicanos retenían desde la campaña de Villarreal, en noviembre de 1936. atacarían desde el Sudeste, desde dicha población, y a ambos lados de ella. Los primeros objetivos aéreos fueron Elorrio y Durango, en la retaguardia republicana. Se emplearon en ello 12 Savoia Marchetti S-81, que volaban desde Soria, apoyados por Ju-52. Sobre los 10.000 habitantes de Durango, que carecía de defensa antiaérea ni tropas, cayeron 12 toneladas de bombas. La iglesia de Santa María fue demolida durante una misa, muriendo la mayoría de los fieles, 14 monjas y el sacerdote que la celebraba. Los cazas He-51 redondearon la acción, ametrallando a las personas que huían de los edificios que se derrumbaban sobre ellos. Murieron 250 personas, aproximadamente, ninguno de ellos combatiente. Los franquistas alegaron que pretendían bloquear las carreteras. Pero eso no justifica que se ametrallase a los civiles. También se empleó la aviación y la artillería para bombardear los objetivos en los montes, tras lo cual Camilo Alonso Vega ordenó el ataque a las fuerzas navarras, a las que se las vistió con túnicas blancas, precedidas por la bandera franquista, para evitar confusiones a la aviación. Gritaban “¡Viva Cristo Rey!”.

 

En sólo dos minutos, a las 8 de la mañana, los alemanes dejaron caer 60 toneladas de bombas. Además, con sus ataques sobre las líneas de comunicación, la aviación franquista impidió la llegada de refuerzos republicanos. Por si fuera poco, el machaqueo artillero cortó los cables de la telefonía de campaña, por lo que los puestos de avanzada se quedaron incomunicados. No obstante los vascos iniciaron un contraataque en el que tomaron el monte Gorbea, en el que permanecerían dos meses, lo que aseguraba su ala derecha. El 1 de abril los franquistas les tomaron otras alturas. Cuarenta aviones franquistas atacaron Ochandiano y su entorno, en la carretera de Villarreal, y al Norte de dicho pueblo, hacia Durango, en el eje central de la ofensiva inicial, al oeste de los montes en disputa. Con ello favorecieron que las tropas rompiesen el Frente, sobretodo por la desmoralización provocada por tal demostración de poder aéreo a los republicanos, que carecían de medio de defensa contra el mismo. En realidad todo el armamento era deficiente. Había 20 Batallones sin armas automáticas apropiadas. Algunas teóricas unidades de ametralladoras sólo contaban con unas cuantas pistolas-ametralladoras. El 2 de abril, Radio Valladolid “informó” que no fueron bombardeados más que objetivos militares, y que se confirmaba que fueron los “rojos” los que incendiaron la iglesia, llena de feligreses. Como de costumbre, la derecha siempre dice lo contrario a la verdad. Como actualmente, que lleven nueve meses diciendo que en España hay crisis económica por culpa de nuestro legítimo Presidente del Gobierno y del Ministro de Economía, Pedro Solbes.

 

Cuando, según el Fondo Monetario Internacional, en absoluto favorable a España y, menos aún, al Partido en el Gobierno, augura que continuará el crecimiento económico al menos durante el año 2.009. Y el BBVA, que, junto con otros Bancos, intentan, como el Partido Popular con su propaganda de aterrorización, acabar con el crecimiento económico, mediante el procedimiento de denegar los créditos u ordenar requisitos adicionales con el mismo fin, predice que, durante el año 2.008 la economía crecerá poco o nada. Como cuando dicen que en la República Popular de China hay crisis económica, porque el crecimiento ha bajado del 10’4 % al 9’8, después de 20 años de aumento ininterrumpido. Y sin embargo, no dicen que tengan crisis económica o que deban dimitir los Gobiernos de Estados Unidos de (Norte)América o de Angela Merkel, sus amigos, o del Reino Unido, todos los cuales llevan más de un año con decrecimiento económico. El 4 de abril de 1937, según Richthofen, los cazas alemanes ametrallaron a los “rojos” por toda la montaña, produciéndoles doscientos muertos, y les capturaron 400 prisioneros. Sin embargo, gudariak excavaron pozos de tirador desde los que continuaron resistiendo. Richthofen anotó: siempre nos sorprende la dureza de la infantería “roja”. A pesar de que “están perdiendo mucha sangre”. El día 5 Ritchthofen aún se enfadaría más, puesto que Mola ordenó parar la ofensiva. Anotó en su diario que la guerra en España era tediosa, que debían llevar a los españoles a la operación, redactar las órdenes operativas, efectuar el reconocimiento, acudir al Cuartel General, leer las órdenes de operaciones, proponer cambios, a veces con la amenaza de “sin nosotros”, comprobar si los alemanes habían recibido las órdenes y las habían llevado a cabo. El 6 anotaría, de nuevo, que sus bombarderos seguían atacando, pero que la infantería no había intervenido, por lo que enviaría un telegrama de protesta a Franco, ya que eso era lanzar bombas sin ningún sentido.

 

Que volvían a pedir más apoyo, y que Mola había ordenado otro ataque para el día siguiente. El mismo día 6 los franquistas dieron a conocer que bloquearían el litoral cantábrico. Y, de inmediato, el crucero “Almirante Cervera”, con la ayuda moral, ya que se mantuvo con cierto retraso, del acorazado de bolsillo alemán, “Admiral Graf Spee”, apresaron al “Thorpehall”, un carguero inglés. No obstante acudieron los destructores de Su Majestad británica “Blanche” y “Brazen”, de la flotilla destacada al Golfo de Vizcaya, y se vieron obligados a soltar su presa, que llegó a Bilbao. El Primer Ministro Baldwin no deseaba, de momento, reconocer como beligerantes ni a franquistas ni a republicanos, porque eso permitiría, según el derecho internacional, que los buques de guerra españoles pudiesen interceptar e inspeccionar a los cargueros británicos que se dirigiesen a puertos españoles. Sin embargo el Primer Lord del Mar, el Almirante lord Chatfield, igual que los oficiales navales destacados en el Golfo de Vizcaya, eran admiradores de Franco, y simpatizaban con los franquistas. El embajador británico Sir Henry Chilton, aún en contacto con el Ministerio de Asuntos Exteriores de su país, vivía en Hendaya y ejercía de portavoz de los franquistas. Ambos informaron a su Gobierno que los franquistas habían minado la desembocadura del Nervión, por lo que era peligroso arribar al puerto de Bilbao. Hacía meses que no habían patrullado la zona, de forma que se basaban en la “información” que les hacían llegar los franquistas, o, peor aún, en lo que creían que pudiese convenir a éstos. En definitiva, se podría considerar traición a su patria.

 

A pesar de un telegrama en el que el “príncipe” (en vascuence lehendakari, “el que ejerce el oficio de ser el primero”) vasco aseguraba al Primer Ministro británico que, en la aguas jurisdiccionales republicanas próximas a Bilbao no había riesgos para la navegación, se ordenó a la flotilla de la Armada británica que desviase a todos los buques de dicha nacionalidad con rumbo a tal puerto, hacia el francés de San Juan de Luz, donde esperarían nuevas órdenes, sin fijar plazo. Es decir, la marina de guerra británica pasaba a colaborar, haciéndolo efectivo, con el bloqueo franquista del Frente Norte. Para dar impresión de imparcialidad, el acorazado británico “Hood” zarpó de Gibraltar y se dirigió hacia el Golfo de Vizcaya. Sin embargo el Gobierno británico debió hacer frente a virulentos ataques en el Parlamento: los franquistas sólo disponían de 4 buques para bloquear 200 millas de litoral, y los republicanos contaban con artillería costera con alcance superior a las tres millas de aguas jurisdiccionales. Se suponía que los franquistas no iban a atreverse a violar el derecho internacional, como habían hecho los británicos durante la Iª Guerra Mundial, repetirían en la IIª y aún hacen los estadounidenses, por ejemplo, contra Cuba, ejerciendo la piratería en alta mar, en aguas internacionales, por las que, según la ONU y la OTAN, se garantiza el libre tránsito y comercio. El Gobierno británico mantuvo los votos de la mayoría conservadora, aunque quedase claro que, con ello, se hacían cómplices de la deshonestidad del Primer Lord del Primer Lord del Almirantazgo, Sir Samuel Hoare. El 16 de abril se hizo pública una carta conjunta de la Comisión Ejecutiva del PSOE y el Comité Central de PCE, informando sobre el acuerdo de crear órganos de enlace. Franco se había desembarazado de Fal Conde, por el intento de éste de crear una Real Academia Militar carlista.

 

Desde el exilio en Lisboa se opondría al decreto de unificación, pero, con su organización militar, los requetés, puestos bajo las órdenes del ejército franquista, en la parte de España que éste dominaba, en la que la democracia y los partidos políticos nada significaban, no tuvo ninguna efectividad. Le sustituyó el Conde de Rodezno, que, consciente de todo ello, era sumamente dócil a Franco. A Gil-Robles la insurrección le sorprendió en el Norte de España, de donde huyó a Francia. De allí lo expulsó Léon Blum, por lo que se dirigió a Portugal. Desde allí entregó los fondos de su Partido a Mola, y encomendó a sus seguidores apoyar a Franco. Es decir, no fue ningún estorbo para las pretensiones de éste. Además, desde febrero contaba con su concuñado (aunque se le conoce como el “cuñadísimo”, en realidad su relación familiar con Serrano Súñer era que éste estaba casado con Ramon“Zita” Polo) que había sido vicepresidente de la Confederación Española de Derechas Autónomas, por lo que no necesitaba la concurrencia de aquél. Como ocurrió con todos los partidos nazi-fascistas, la indeterminación inicial, tratando de conseguir seguidores desde todas las tendencias ideológicas, llevaba en ciernes un futuro enfrentamiento en Falange Española. Igual ocurriría con los Escuadrones de Asalto (S.A.) de los que Hitler ordenó asesinar a tresmil de sus dirigentes, en la llamada “Noche de los cuchillos largos”. Ocultando la muerte de José Antonio Primo de Rivera a la mayoría de los falangistas, lo que sólo favoreció a Franco, los dirigía Manuel Hedilla, como Jefe de la Junta de Mando Provisional. Sin embargo, en su seno, se estaba configurando una escisión. Los hedillistas creían en la sinceridad de las arengas de José Antonio Primo de Rivera, proclives tanto al socialismo como al anarquismo, del que su bandera tomó sus colores.

 

Así, los “camisas viejas” hablaban de revolución o revolución pendiente. Aunque, desde luego, sin llegar a plantearse un poder obrero, sino una dictadura totalitaria. En sentido opuesto se manifestaba el ala reaccionaria, la que crecía desde el fracasado golpe de Estado, que abogaba por la reinstauración del tradicionalismo, en lo que pedían apoyo a Franco para acabar con las veleidades de los hedillistas “camisas viejas”. Es decir, los anteriores a los oportunistas que se apuntaban durante la guerra civil. Unos para ocultar su pasado republicano, comunista o, más frecuentemente, anarquista, como hicieron los judíos que acusaban a sus correligionarios ante la Inquisición de Herejes. Otros para tomarse venganza. Y otros, o quizás todos ellos, para divertirse en la orgía de sadismo que se desarrollaba. Cada uno cometiendo mayores tropelías. Sáncho Dávila, primo de José Antonio Primo de Rivera y dirigente del “legitimismo alfonsista” de la Falange, ya había tenido contactos con los depositarios acrisolados del tradicionalismo, los carlistas, antes del sedición militar. Durante el invierno, el sector reaccionario de la Falange intentó una alianza con ellos, a lo que se opuso el ala “izquierdista”, encabezada por Hedilla. En esto recibió el apoyo del embajador nazi, Von Faupel, aunque era consciente de que, en un enfrentamiento entre la Falange y los militares, en las circunstancias de la guerra en curso, los nazi-fascistas se verían obligados a apoyar a éstos. Sin embargo estaba en contra de la deriva hacia el tradicionalismo que se estaba produciendo, a que los “señoritos” volviesen a ocupar el poder, en cuyo caso el apoyo a Alemania o a Gran Bretaña volvería a estar indeciso, como ocurrió durante la Iª Guerra Mundial. Llegó a recomendar a Franco que prometiese reformas sociales, para ganar la guerra, lo que llegó a hacer, propagandísticamente, en el Fuero del Trabajo. Sin embargo, a partir de entonces, insistió ante Hitler para que sustituyese a dicho embajador.

 

A Hedilla, que era Jefe Provincial de la Falange en Santander, la insurrección militar le cogió en La Coruña. Allí colaboró de inmediato con los sediciosos. Como la Falange tenía pocos adeptos en dicha provincia, realizó un rápido proselitismo, lo que debió tener importancia en su ascenso posterior en su Partido. Con ellos se encargó de una de las más crueles represiones de España, en una de las provincias en que menos podía justificarse. Hasta que se dio cuenta de que, con ello, estaba consiguiendo la afiliación de propietarios sádicos, revanchistas, y el odio de las masas obreras. Y, sin éstos, no se podía lograr la pretendida “revolución nacional-sindicalista”. En enero de 1937 recomendó a su Partido que no se persiguiera a los pobres que hubiesen votado a la izquierda por hambre o desesperación. A Víctor De La Serna le comentó que prefería los marxistas arrepentidos que a los maleados caciques derechistas. Para la oficialidad franquista, los miembros de dicho sector de la Falange no eran otra cosa que “rojos”. Recordemos que, por entonces, el único alto oficial falangista era Yagüe, y que había demostrado un “excesivo” espíritu crítico respecto de las órdenes de Franco y su forma de dirigir la guerra. Según Virginia Cowles, en Salamanca, un conde (¿el de Alba de Yertes, Capitán de la oficina de prensa de Franco?) se desahogó comentándole, furiosamente, que la mitad de los fascistas no eran más que “rojos”, y que, en el Norte, muchos de ellos hacían el saludo con el puño derecho en la sien, propio del Frente Popular. El 16 de febrero se reunieron en Lisboa Sancho Dávila, Pedro Gamero Del Castillo y José Luis Escario con Fal Conde, el Conde de Rodezno y otros dirigentes carlistas. A Franco no le preocupaba en absoluto dicha confabulación.

 

Al contario: le servía para que el “izquierdismo” falangista tomara conciencia de su minoría, de su alejamiento de la realidad, eran antecedentes de presunta traición, que podría utilizarlos para desembarazarse de quienes se le opusieran, en cualquier momento, y le estaban allanando el camino para la unificación de ambos movimientos, en lo que su concuñado, fugado de la cárcel Modelo de Madrid el 20 de enero, le estaría convenciendo. Pero se produjo un cambio de importancia: el Conde de Rodezno comprendió que el pretendiente Javier no tenía ninguna posibilidad, por lo que pactó con el sector alfonsista de la Falange la restauración de la monarquía en la persona de Juan de Borbón. Esto ya sí resultaba peligroso: la confluencia de todos los monárquicos, y de parte de la Falange y del ejército, en un “candidato” único a la corona, podía dar al traste con sus pretensiones de dictadura personal vitalicia, si es que no aspiraba a crear una nueva dinastía, aunque el hecho de tener sólo una hija representaba un obstáculoLa ascendencia de la Falange no estaba tanto en sus centurias (obsérvese la denominación, coincidente con la de las milicias anarquistas) en combate, entrenadas por los alemanes, como en que controlaba la represión continuada en retaguardia (los militares sólo se dedicaban a ello durante los primeros días tras cada nueva conquista, y cada vez menos, puesto que, al configurarse como una guerra convencional, preferían que otros se ensuciaran con tal tarea terrorista) y, también, la ayuda social, como ocurre con Jamás en Palestina, de todo lo cual resultaba una creciente influencia social, tanto por el terror como por el hambre que se adueñaba del país.

 

Los locales de la Falange, en Salamanca, los habían ocupado los falangistas monárquicos Sancho Dávila, Agustín Aznar y Rafael Garcerán. Hedilla ordenó su desalojo y apresamiento en la madrugada del 17 de abril. Se produjo un enfrentamiento en el que murieron dos falangistas. Garcerán disparó contra la escolta de Hedilla, hasta que la Guardia Civil detuvo a los pistoleros. Todo ello vendría de perlas a Franco para deshacerse de Hedilla. Aquel día Largo Caballero desposeyó a Alvarez Del Vayo la potestad de nombrar comisarios políticos, reservándosela para sí mismo, con un plazo hasta el 15 de mayo para confirmar los anteriormente nombrados. Conscientes de lo que ello suponía, los comunistas reaccionaron muy mal. Publicaron que quién podía sentirse enemigo de dicho Cuerpo de héroes, manifestarse incompatible con los forjadores del Ejército Popular. Que los comisarios de guerra eran el orgullo del ejército y que había que defenderlos como a las niñas de nuestros ojos. En realidad el decreto no cuestionaba la figura del comisariado político, sino la forma de nombrar a los que desempeñaban tal cargo. El 18 de abril, Hedilla convocó el Consejo Nacional de la Falange, en el que logró que le nombrasen Jefe Nacional, dirigiéndose, a continuación, al palacio episcopal, cedido a Franco por el obispo, para su sede oficial, para comunicárselo a aquél, ilusamente, y ponerse a sus órdenes. Se encontró su despacho lleno de cables y micrófonos, porque estaba preparando la emisión radiofónica de aquella noche, que daría la noticia del decreto que iba a fechar el día siguiente, 19 de abril, por el que unificaba la Falange Española, aún sin dar a conocer que José Antonio Primo de Rivera había sido fusilado, el carlismo, los “legitimistas” alfonsinos, Acción Popular y demás sublevados en el Partido único que consideraba legal: Falange Española Tradicionalista (éste término era el único recuerdo carlista) y de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalistas, bajo su mando exclusivo.

 

Se adoptaba un programa de 26 puntos que era el de 27 de José Antonio Primo de Rivera, suprimiéndole el último, que exigía que la Falange continuara siendo autónoma. El uniforme mezclaba la camisa azul mahón falangista con la boina roja carlista. Se impuso como saludo oficial el fascista. Se modificó el lema por el de “Por el Imperio hacia Dios”, sin más referencia programática que el expansionismo, tradicionalista y fascista, la pleitesía eclesiástica y el homenaje al carlismo. Franco se reservaba la prerrogativa de nombrar a la mitad del Consejo Nacional. Habrá quien considere que se trata de una demostración de tiranía, de poder personal, pero es necesario reflexionar que Rajoy nombra a todos los cargos de su Partido, en su propio beneficio, en el de éste y en el de España, por este orden, según él mismo no se recata en declarar públicamente. Es cierto que, en teoría, en algunos casos, debe ser ratificado por el congreso de dicho Partido, cosa que no le preocupa, como demuestra ocultando los nombres que tiene pactados a los delegados del mismo, hasta que a él le parece, y que sabe que no es posible presentarle ninguna alternativa ¿Dictadura personal? Una vez que tenía bajo su control el poder político, además del militar, cuando ya no estaba obligado a reconocer ninguna proporción de los conjurados, nombró la primera Junta Política, con seis falangistas y cuatro carlistas bajo el mando de su concuñado, Serrano Suñer, el verdadero impulsor de tal movimiento político, al que Franco se había resistido, posiblemente para evitar oposición y verse obligado a negociar ningún reparto de poder. Todos los nombrados eran franquistas, sumisos a Franco, más que ninguna otra cosa. “El cuñadísimo” consiguió sobrevivir a su apresamiento en la cárcel Modelo, de Madrid. Posiblemente se esperaba a ultimar un completo sumario para juzgarlo.

 

Los secuestrados por los terroristas fascistas no gozaron de tales miramientos. En cambio, dos de sus hermanos, de mucha menor relevancia política, fueron sentenciados a muerte por un tribunal popular, accediendo a la petición formulada por el fiscal. Por lo visto, aquél logró, mediante amistades, que se le trasladase a la Clínica España, de Madrid, un hospital privado, bajo vigilancia, para operarse  de úlcera de estómago (algo impensable que se concediese a ningún secuestrado por los terroristas franquistas) no se sabe si real o fingidaEscapó de ella el 20 de enero, disfrazado de mujer, refugiándose en la embajada holandesa, hasta que, con un falso salvoconducto de militar republicano, y en un buque de guerra argentino, llegó a Marsella. A final de año Franco A final de año nombró Secretario General del Partido único del franquismo a Raimundo Fernández Cuesta, que había canjeado (la Republica negociaba con los terroristas) por un prisionero republicano. En 22 provincias, de entre las que existía organización de dicho Partido, la jefatura provincial correspondió a un falangista, y en 9 a un carlista. Esto significaba un nuevo golpe de Estado de Franco, dentro del golpe de Estado que dio el 1º de octubre, dentro del intento de golpe de Estado, sedición, insurrección y posterior guerra civil del 17 de julio, del que no estaba previsto que fuese uno de sus principales dirigentes. Aunque casi nadie pareció darse cuenta de ello, entonces. Todos los demás Partidos Políticos, incluida la Confederación Española de Derechas Autónomas, la lista electoral más votada en 1933, la segunda en 1936, o los monárquicos alfonsistas, quedaban fuera de escena.

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