La batalla de Guadalajara

 

Esto significaba que los muchos seguidores de ambos Generales planteaban requerimientos distintos a los diseñadores: unos exigían gran velocidad, para dificultar que hiciesen blanco sobre ellos, aunque se sacrificase la coraza y la potencia de fuego, y otros gruesa coraza, que permitiese resistir los impactos, y calibre, para poder disparar fuera del alcance del enemigo, aunque se sacrificase la velocidad. Ambas prestaciones eran irreconciliables, por lo que los ingenieros alemanes necesitaron fabricar dos tanques distintos: uno medio de batalla, el Panzer V “Panther” o “Pantera”, y el pesado y carísimo Panzer VI “Tigre”, con lo que dificultaron la capacidad de producción y suministro de municiones y repuestos. El 18 de febrero, la “Patrulla Azul” de FIAT CR-32 del as aéreo franquista García Morato fue transferida al Frente de Madrid. Ese día, junto con los aparatos de la Aviación Legionaria italiana, derribaron a 8 Chatos de dos escuadrillas, pilotadas por voluntarios norteamericanos y militares soviéticos, y dañaron otra, también pilotada por éstos, de Moscas, contra sólo una baja. Los soviéticos pidieron a sus pilotos que arriesgasen menos, y la supremacía aérea pasó a los franquistas, ya para el resto de la guerra. La situación militar, especialmente la pérdida de Málaga, llevó a los comunistas a reproducir sus durísimas críticas contra el Subsecretario de Guerra, General Asensio Torrado, al que antes habían llamado “héroe de la República democrática”, pero que, inmutable, había arremetido contra ellos. Por ejemplo, había inspeccionado las cuentas del 5º Regimiento e impedido que los comunistas se infiltrasen en la Guardia de Asalto. Como la batalla del Jarama no podía considerarse una derrota (menos aún públicamente) le acusaron de no enviar suficientes armas a Málaga, y de ser borracho y mujeriego.

 

Los Ministros anarquistas le reprochaban que había marginado a las unidades procedentes de la C.N.T., especialmente respecto del armamento recibido: no apoyaron las acusaciones comunistas pero tampoco a Largo Caballero, que lo defendía. Alvarez Del Vayo dio su respaldo a tales acusaciones, igual que hicieron los liberales y el ala derecha del PSOE: quizás Azaña consideró que era el momento de demostrar al Presidente del Gobierno con cuántos Ministros podía contar, de qué le servían los anarquistas y comunistas en su Gabinete, bajarle los humos y obligarle a pactar, por lo que, como de costumbre, movió hilos entre bastidores. El 21 de febrero cesó la lluvia. Los republicanos desayunaron café, galletas y dátiles, pusieron a secar sus mantas, profundizaron sus trincheras y las camuflaron con ramas. Un alemán de la Compañía Escandinava del Batallón Thaelmann jugaba con un casco para atraer el fuego de los francotiradores, pero un especialista acabó con su vida: los camilleros lo recogieron en silencio y lo dejaron caer en una fosa común, cercana a la carretera. Aquel día se les unieron algunos voluntarios austriacos, que provocaban la envidia con sus chalecos de pellejo de borrego, que traían a la memoria el frío de las madrugadas de centinela. Ese mismo día sustituyó al General Asensio Carlos de Baraibar, miembro del PSOE y amigo personal de Largo Caballero: si el P.C.E. intentaba pactar un hombre de su confianza, se equivocó. André Marty informó a Moscú que Largo Caballero no quería la derrota, pero que le daba miedo la victoria, que significaría, para el mundo entero, una España libre, organizada por gente competente, convertida en gran potencia militar y económica (?) en la que el Partido Comunista tendría la hegemonía y llevaría a cabo una política de solidaridad en estrecha relación con la Unión Soviética. Me parece una absoluta simpleza, que obviaba muchas consideraciones políticas y sociológicas.

 

Sin embargo conlleva una reflexión: ¿Habría podido una España republicana sustraerse a la IIª Guerra Mundial? Mi respuesta personal es que no, que Alemania, tal vez conjuntamente con Italia, no habrían permitido un enemigo continental de tal extensión costera, que habría atraído un desembarco anglo-estadounidense. Nos habrían invadido, se habrían producido revanchas quizás incluso más crueles que los padecimientos de 40 años de dictadura franquista, y, tras la inevitable invasión aliada, Estados Unidos habría intentado reimplantar la monarquía, como en realidad hizo tras la IIª Guerra Mundial, aunque sin demasiado empeño. En Grecia, eso llevó a una guerra “civil”, con intervención de la X División Acorazada estadounidense, para imponer la monarquía. Y eso que contaban con la posibilidad de aprovisionamiento y rearme de los republicanos, a través de fronteras con países con acantonamientos de tropas soviéticas. Hasta que, unos y otros, consiguieron enfrentar a Titus con Stalin, Yugoeslavia cerró sus fronteras y los republicanos griegos fueron derrotados. Quizás el resultado de todo ello, de tantos sacrificios, hubiera sido anticipar en 30 años una monarquía parlamentaria. Aunque también es posible que el temor a un cercano triunfo electoral del Partido Comunista, hubiese producido un nuevo golpe de Estado, con la necesaria complicidad de Estados Unidos, como el de los Coroneles en Grecia. Y, si España hubiese seguido el mismo itinerario que Grecia, no estaríamos mucho mejor de lo que estamos ahora.

 

La semana siguiente todo permaneció en calma en el Frente del Jarama, hasta que la nueva División del General Gal recibió orden de tomar los altos del Pingarrón a cualquier precio, en lo que se empecinaron sin la cobertura aérea ni los carros de combate que les habían asegurado, resultando una alta mortandad: una nueva demostración de estupidez de los mandos republicanos. La disciplina impuesta por los comunistas muchas veces ocultaba la incompetencia de los oficiales. Las órdenes de no retroceder, o de resistir hasta la muerte, incluso al quedarse sin munición, podía ser una magnífica propaganda al estilo stalinista, soviético, ya que en la U.R.S.A. sobraba población para soportar casi cualquier sacrificio demográfico. Pero constituía un tremendo error estratégico en la etapa de desgaste de la guerra, en 1937. Y volvían a atraer la atención sobre el anarquismo, ya que los que daban tales órdenes no eran los que morían por su causa. No obstante había oficiales en las Brigadas Internacionales de gran prestigio, como el francés Coronel Putz o el inglés Comandante Nathan. Se supone que este último no fue ascendido porque se negó a hacerse comunista. A partir del 26 de febrero, con ambos contendientes completamente agotados, el Frente se consolidó, por lo que puede darse por terminada la batalla del Jarama. Los franquistas no habían conseguido cortar la carretera de Valencia y habían perdido sus mejores tropas. No hay consenso sobre las cifras de bajas, variando los cálculos desde los 6.000, cifra extremadamente baja para ser tomada en consideración, y los 20.000, por cada bando. Sí hay acuerdo en que fue mayor la proporción respecto de los republicanos que de los nacionales: en torno a 3 a 2.

 

Teniendo en cuenta que los republicanos se mantuvieron casi todo el tiempo a la defensiva, y que, aunque poco, perdieron terreno, es una desproporción demoledora. Aunque no se puede considerar a Franco como el genio militar que propagan aún sus admiradores, lo cierto es que continuaba con su estrategia de cruelísimo desgaste, con intención de imponer su dominio personal sin ninguna consideración de coste o esfuerzo. Stalin seguiría la misma estrategia contra Alemania, aunque, en tal caso, como le ocurrieron a Francia y Gran Bretaña durante la Iª Guerra Mundial, difícilmente podían encontrar otra alternativa, o era asumible la derrota. A Franco no le importaba la destrucción de “la Patria”, ni de “una u otra España", sino imponer su mando personal. Y, además, podía presentar, nuevamente, alguna ganancia de terreno: unos miles de metros. Sin embargo para el italiano Renzo Segala, que acompañaba a los franquistas, no sólo fue estéril, sino contraproducente, produciendo sobre el curso de la guerra el mismo efecto que una derrota de Franco. Las fuerzas terrestres y aéreas de éste consiguieron una mayor coordinación. Sin embargo un informe a Moscú era sumamente crítico con las fuerzas terrestres republicanas. Quizás tratando de justificar a los soviéticos, indicaba que la aviación se esforzaba diariamente con tenacidad en el combate, y que los tanques rompían el Frente. Lo “único” que debía hacer la infantería era consolidar los resultados: pero no lo conseguía, lo que desmoralizaba a los soviéticos. Añadía que uno de los pilotos se echó a llorar, y otros se declaraban dispuestos a hacer cinco o seis salidas más al día (lo que demuestra que no estaban esforzándose al máximo) si fuese a servir para algo. Aquel mes hubo un enfrentamiento entre Negrín y Antonov-Ovseenko. 

 

Este se mostraba defensor de los catalanes, a lo que aquél respondió que era más catalanista que ellos, obteniendo la réplica del Cónsul General soviético en Barcelona de que él era un revolucionario, no un burócrata, lo que sólo puede interpretarse como una declaración de antistalinismo.  Negrín contestó que dimitiría como Ministro de Hacienda, pues interpretaba tal postura como desconfianza soviética, y que podía combatir contra vascos y catalanes, pero no contra la URSA. Una extraña y desproporcionada reacción, más aún en el reflexivo y comedido Negrín, que induce a pensar si no formaba parte de una estrategia premeditada. Así Antonov-Ovseenko fue destituido. Mientras tanto, Largo Caballero había iniciado una ofensiva contra los mandos comunistas en el nuevo ejército republicano. Los soviéticos no podían consentirlo, por lo que empezaron a buscar un político con suficientes apoyos, capaz de controlar la situación, bajo una perspectiva centralizadora, y resultar suficientemente atractivo para los Gobiernos británicos y franceses (Largo Caballero era considerado internacionalmente como un revolucionario: su palabrería desmedida, así como la propaganda del PCE de que era “el Lenin español” eran culpables de ello) y en el que ellos mismos pudiesen confiar, con la intención de que lo sustituyese. El Ministro de Marina, el estúpido Indalecio Prieto, que tenía el don de la inoportunidad, siempre creándose enemigos, siempre urdiendo alianzas para conseguir más poder, y siempre defraudando a sus aliados, cambiando de bando sin llegar a persistir en sus propósitos, complicó aún más la situación: en una reunión del Consejo de Ministros reprodujo los ataques contra la Unión Soviética que había publicado “La Batalla”, órgano de expresión de. P.O.U.M..

 

Tal vez tratara con ello de congraciarse con Largo Caballero, pero, en realidad, lo que había hecho era anularse ante los comunistas como posible aliado contra “el viejo”, como ahora denominaban al que pocos años antes habían adulado como “el Lenin español”, quizás por contraposición a “el Mussolini español”, como Alfonso XIIIº presentó a Primo de Rivera ante el rey de Italia. Si su ambición era ser Presidente del Gobierno acababa de enterrarla ese día. Mientras la vida, y la muerte, continuaba en las trincheras, inundadas de agua, e infestadas de piojos, que ponían sus huevos en las costuras, lo que hacía imposible acabar con ellos. Las balas perdidas continuaban segando vidas. Los comisarios políticos continuaban su labor, fomentando debates, repartiendo pasquines y prensa de sus respectivos Partidos. Aprovechando la calma visitaron las Brigadas Internacionales distinguidos personajes, como el actor Errol Flynn, protagonista de películas heroicas. Ante las continuas peticiones y las bajas que los “Chatos” soviéticos estaban inflingiendo a los He-51, en el mes de marzo, Hitler envió a España los primeros Messerschmitt Bf-109. Las siglas Bf, que pueden desconcertar a los no iniciados, se refieren a que, cuando realizó tan revolucionario diseño, aunque imitando a los innovadores, aunque infinitamente menos efectivos FIAT italianos y Dewoitine franceses, con unos cuantos de los cuales contaba la República, el joven Willy Messerschmitt aún no se había independizado, con oficina de proyectos propia, sino que trabajaba para una fábrica o gabinete de ingeniería, más tarde desparecido, que identificaba así sus trabajos. Respetuosamente las siguió utilizando hasta que incorporó tantas modificaciones que pudo, le convencieron o le autorizaron a considerar, que en su mayoría era obra de su nueva propia oficina.

 

Si desacertada fue la orden de Franco de comenzar la ofensiva olvidándose de la pinza que tenía previsto que efectuasen los italianos, e injustificable el tiempo que éstos tardaron en reposicionarse, tras su participación en la batalla de Málaga, más aún considerando que eran unidades motorizadas, enviarlas al ataque cuando el sector sur se había estabilizado, sin fuerzas de reserva para poderlas ayudar, sólo puede calificarse de total incompetencia, o de pretender que recibiesen un castigo ejemplar. Estos mostraban una arrogancia injustificada, dada su escasa responsabilidad en la conquista de Málaga, aunque hay que reconocer que atrajeron la mayor parte de la defensa republicana, permitiendo el rápido avance del Duque de Sevilla, un inadecuado despliegue de fuerzas, que, ya se indicó, se había reconocido como “negligencia voluntaria” para colaborar con el triunfo franquista. Cierto que para salvarse de los campos de prisioneros, que aún se mantenían en España, e incluso conseguir la paga como Coronel retirado. Sumaban 35.000 hombres, acantonados entre Sigüenza y Saúca, en la carretera Madrid-Zaragoza, a las órdenes del General Roatta. Lo formaban la División Motorizada “Llamas Negras”, al mando del General Coppi, “Flechas Negras”, al del General Nuvolini, y la División con el nombre cruzado, o mahometano, de “Dios lo quiere”, al del General Rossi. Todas ellas eran milicias fascistas, no siempre voluntarias, no siempre informadas de que su destino era la guerra “civil” española. Además estaba la División “Littorio”, al del General Bergonzoli, formada por reclutas y oficiales profesionales. Todas ellas estaban adecuadamente dotadas como infantería motorizada, experimentando un tipo de guerra que, hasta entonces, ni a los alemanes se les había ocurrido.

 

No fue hasta el año 1940, tras la experiencia en Polonia, cuando Hitler creó los panzergranadieren, para poder seguir el paso de marcha y cooperar con las Divisiones Acorazadas, rompiendo el estabilizado Frente en Francia, sin dar opción a reagruparse al ejército franco-británico, superando los errores de la Iª Guerra Mundial. También contaban con cuatro escuadrones de tanques (o tanquetas, según se las considere) FIAT Ansaldo, 160 obuses remolcados por tractores militares especiales o camiones, lo cual también era una innovación para la época, puesto que lo habitual seguía siendo el tiro por caballos, y unos 1.500 camiones, cantidad realmente desproporcionada, en aquél momento, para dicha fuerza y su intendencia, que los alemanes no tuvieron hasta 1940, cuando consideraron que podían romper el Frente en Francia y avanzar sin ser alcanzados. Lo que, desde luego, no tenían era la capacidad militar ni el ingenio para sacar provecho a tan apabullantes medios. Tampoco les acompañó la meteorología, con aeropuertos enlodados y escasa visibilidad, que prácticamente impidieron el apoyo aéreo (por ambos bandos) lo que hay que tener en cuenta para evaluar su derrota. A pesar de sus bravatas eran conscientes que no habían sido los primeros en entrar en Málaga. Mussolini quería un triunfo rotundo, innegable, y exigía una acción inmediata en tal sentido. Posiblemente el mando republicano considerase que, tras la fallida tentativa franquista de cortar la carretera a Valencia, por Arganda, en lugar de atacar directamente Madrid, una vez más, la posibilidad de un intento de cerco por el Norte, era factible. En esa zona sólo tenían a la 12 División, sin experiencia e combate, por lo que enviaron una Compañía de T-26, sin ocupación real en un Frente estabilizado, para reforzarla. El 3 de marzo se introdujo el racionamiento de pan en Madrid. Ese mismo día los embajadores alemanes e italianos fueron introducidos ante Franco, reconociéndole así como si fuese el legítimo Jefe del Estado de España.

 

El Partido Comunista tuvo que posponer la celebración de su Vº Congreso por la situación de guerra en que el país estaba inmerso. En vista de que ésta se prolongaba decidió convocar, como alternativa al mismo, un Pleno del Comité Central (el primero que se reunía desde el intento de golpe de Estado) ampliado, para los días 5 al 8 de marzo. En él se tomaron importantes decisiones. La primera fue ofrecer seguridades a los coaligados del Frente Popular, y también a las “democracias occidentales”, esperando, ilusamente, que con ello dejasen de apoyar al fascismo internacional, así como desmentir la propaganda de éste alegando terroríficas expectativas respecto al futuro de España. En tal sentido se produjo una inequívoca declaración de apoyo, presente y futuro, del Frente Popular y su Gobierno (si bien ya sopesaban, internamente, que miembro del PSOE podía sustituir a Largo Caballero) que se puede resumir en el tajante lema “Unidos ahora para ganar la guerra y unidos después para cosechar los frutos de la victoria”. Con ello se refutaba, ya que no se estaba aprovechando la guerra para hacer la revolución, que fuese a aprovecharse la victoria, como algunos especulaban. Nadie ha parecido dar crédito a tal declaración, considerando que las palabras, incluso escritas, se las lleva el viento, y que nadie podría asegurar que no fuese más que un engaño para conseguir la confianza, incumpliéndolo después. Pero lo cierto es que el tiempo ha pasado, llegó 1975, 1976, 1977, en que el Partido Comunista, concurriendo sin otra coalición que el Partido Socialista Unificado de Cataluña, consiguió más diputados que nunca, más que en 1936. Y, después, 1978… hasta hoy. Y sigue sin intentar implantar la temida y profetizada violenta dictadura del proletariado.

 

La única dictadura que se implantó violentamente, y así siguió durante 40 años, fue la de la burguesía, especialmente la latifundista. Sin embargo tal declaración implicaba también una toma de posiciones respecto de los anarquistas, que, desde el principio, plantearon responder al golpe de Estado con la revolución, y, más tarde, implantar la revolución para ganar la guerra. Por el contrario, el P.C.E., argumentaba que no se podía obtener el triunfo si se rompía la unidad, por lo que había que postergar cualquier experimento revolucionario hasta conseguirlo. La mencionada resolución cambiaba tal posicionamiento, ofreciendo lealtad a la coalición frentepopulista incluso para después de la guerra, posponiendo la revolución por tiempo indeterminado. Objetivamente era una decisión correcta, como demostraría el posterior decurso de los acontecimientos internacionales. Pero no sólo se tomó tal determinación. También se acordó la rápida unificación con el PSOE, según acuerdo tomado antes de la guerra. Este tema sólo podía crear inquietud, no sólo a Largo Caballero y sus seguidores, sino al ala derechista de su Partido, y a los liberales de los demás. Porque, si los anticomunistas siempre se habían mostrado contrarios a ello, la situación era muy distinta: habían triplicado su afiliación, consecuencia del ejemplo de disciplina, organización, compromiso con el triunfo militar, heroísmo y abnegación en las trincheras, aportando, según sus cálculos, junto con la Juventud Socialista Unificada, más de la mitad de los combatientes. En tales circunstancias, si ya antes despertaban temor de que sus más destacados dirigentes alcanzaran los más altos órganos dirigentes del partido unificado que se crease, ahora parecía difícil evitar que tomasen el control total. La necesidad de unión para la victoria se extendía a la exigencia de unidad de acción de las dos grandes sindicatos, lo cual, conscientemente, dejaba al margen la pequeña Confederación General de Trabajadores, dominada por los comunistas expulsados de la U.G.T..

 

Con ello se daba garantías de no buscar una ventaja en dicha exigencia de unidad. Pero, además, se acordaba estrechar relaciones entre el PCE y los anarquistas, así como con los partidos liberales y nacionalistas. Todo ello parecía de gran coherencia. Simultáneamente se exigía al Gobierno que acatase las exigencias populares de tomar determinaciones inequívocas para la victoria militar, en base a la manifestación de 14 de febrero que ellos mismos habían convocado. Y también se manifestaba un absoluto rechazo al llamado “Gobierno sindical”, ya comentado. Quizás esto fuese el verdadero objetivo de todas las demás resoluciones. Merece la pena destacar que también se hacía un llamamiento a aumentar la afiliación de obreros: tal vez se temía que la estructura afiliativa a la que había llegado el Partido, bajo la premisa de la democracia interna, conllevase en un futuro la pérdida de la dirección por parte de la vanguardia revolucionaria, como así llegó a ocurrir. Sin embargo era contradictorio con ello que también se pidiese el aumento aflictivo de mujeres (quizás a ello se deba la peculiar agrupación estadística que más adelante se comenta) posiblemente como exigencia de Dolores Ibárruri. El mismo 5 de marzo el crucero franquista “Canarias” apresó a un pesquero de arrastre cerca de la ría del Nervión. La artillería costera, de 105 y 155 mm., intentó alejarlo, porque sabían que se acercaban pesqueros armados, desde Bayona, dando escolta al mercante “Yorkbrok”. Cuando aparecieron, en medio de la niebla, el “Canarias” se dirigió contra ellos, apresando al buque escoltado.

 

El “Bizcaya” los rodeó y consiguió liberar al mercante, mientras los otros pesqueros armados disparaban su escaso armamento, quizás para distraer al “Canarias”, que, con sus cañones de 8 pulgadas, incendió al “Guipuzkoa”, que debió atracar en Portugalete. El “Nabarra” le cubrió la retirada durante toda la noche, hasta que consumió las municiones, hundiéndose entre llamas con sus 29 hombres. Al amanecer del 8 de marzo inició la ofensiva la División Motorizada “Llamas Negras”, a las órdenes del General Coppi, encabezada por FIAT Ansaldo y vehículos acorazados, siguiendo las innovadoras tácticas de la “guerra veloz”. Se dividieron en dos columnas, a ambos lados de la carretera Madrid-Zaragoza, rompieron el Frente por Algora, y se internaron en la retaguardia republicana. Cubría su flanco derecho, quizás con la intención de aprovechar el éxito para descubrir un desprotegido acceso a Madrid, la 2ª Brigada de la División Soria, a las órdenes de Moscardó, al que habían ascendido a General. Estaba formada por un conglomerado de mercenarios “regulares” marroquíes, legionarios y carlistas, por lo que se esperaba que fuese una unidad triunfadora, que compensasen mutuamente las deficiencias de cada una de sus características por separado, sin comprender que se planteaba un problema de coordinación, que un General sin experiencia difícilmente puede resolver. Avanzaron al Oeste de la carretera a Brihuega, cruzando las líneas republicanas entre Congostrina y Cendejas, al Norte del río Henares y de Jadraque, y en dirección a dicho pueblo. La primera dificultad que apareció fue la distinta velocidad de progresión de las tropas a pie con los medios mecanizados, por lo que la Brigada de Moscardó resultó retrasada. La segunda era meteorológica: hubo ventisca y niebla, que redujo la visibilidad a menos de 100 mtrs. de distancia, lo que obligó a disminuir la marcha a las tropas italianas, lo cual era positivo para que acompasasen el ritmo con Moscardó.

 

No obstante, la columna del Este, de la izquierda, consiguió tomar Masegoso, cerca del puente de la carretera de Sigüena a Cifuentes sobre el río Tajuña. Las condiciones climáticas también eran desfavorables para un contraataque republicano. Pero las milicias fascistas, engañadas, a las que se les había dicho que iban a Abisinia y se les habían equipado con uniformes tropicales, estaban heladas y exhaustas. Así que el día 9, por la noche, debieron parar. Esto es completamente contradictorio con la teoría sobre la “guerra veloz”. Además, a pesar de la promesa de Franco, y las insistentes y desesperadas peticiones de Roatta, no se había producido ningún ataque de distracción en el sector del Jarama. De esta batalla, caducos estrategas franceses e ingleses concluyeron que la ruptura del Frente con carros de combate (la “guerra veloz”) era inútil. Sólo Charles De Gaulle y los alemanes analizaron más profundamente los errores cometidos por los italianos. Y sólo los nazis estuvieron en condiciones de hacer uso, durante la IIª Guerra Mundial, de sus adecuadas conclusiones. Miaja y Rojo, en esta ocasión, cuando ya el primero había conseguido el mando de la zona, actuaron con mayor presteza que en el Jarama. Siguiendo su estrategia de formar grandes unidades, inadecuadas para tácticas de contraataque, crearon, en Guadalajara, el IV Cuerpo de Ejército, al mando del Coronel Jurado: demasiadas tropas para alguien sin experiencia en el generalato. Posiblemente, quizás con el apoyo de Largo Caballero, su intención era controlar las unidades comunistas.

 

Así integraron en dicho Cuerpo de Ejército las Divisiones 11 de Líster, situada más cerca de Torija que de Brihuega, al sur del cruce entre la carretera de dicho pueblo a Jadraque, y la de Madrid-Zaragoza, por lo que se le venía encima toda la confluencia del envite enemigo, 14 de Mera, al Este, al Sur de Brihuega y del río Tajuña, formando su flanco derecho, y 12 de Lacalle, acantonada entre el río Henares y Torre del Burgo, al Oeste, en el flanco izquierdo. El Coronel Lacalle estaba dolido, porque se creía con más méritos que Jurado: quizás sólo por llevar algunos días, menos de un mes, mandando una División, que tampoco había demostrado su eficacia en combate. Lo cierto es que, tras tres días de lucha, se declaró enfermo y debió ser sustituido por el italiano Nino Nanetti, comunista. Si las intenciones de Miaja y Largo Caballero eran controlar a los comunistas, pronto se darían cuenta de su fracaso, porque el Estado Mayor de Jurado dependía de la supervisión de los asesores soviéticos Meretskov, Malinovski, Voronov o Rodimtsev, por ejemplo. A este último, que sería nombrado héroe de la Unión Soviética por su valor en esta batalla, y mandaría la 13 División de la Guardia de Fusileros en el sitio de Stalingrad, se le transfirió como asesor a la 2ª Brigada, del Mayor González Pando. “Pasionaria”, con uniforme de combate, incluida la gorra, visitó las trincheras de la 11 División de Líster, charlando con los soldados. Rodimtsev escribiría que, entre ellos, conversó con dos servidoras de ametralladores, que no tendrían más de 17 años. El 10 de marzo “Llamas Negras” y “Flechas Negras” conquistaron la ciudad amurallada de Brihuega, casi sin resistencia. El Batallón italiano “Garibaldi”, de la XII Brigada Internacional, avanzando por la carretera de Torija a Brihuega, se topó con una partida de fascistas, a los que, al parecer, convencen de que son la vanguardia de la División Littorio.

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