La batalla del Jarama

 

Al amanecer del 11 de febrero, los marroquíes de Barrón cruzaron el Jarama al sur del puente de Pindoque, y acuchillaron a los centinelas del puente de ferrocarril entre San Martín de la Vega y Vaciamadrid, del Batallón francés “André Marty”, de la XIV Brigada Internacional. Habían colocado cargas de demolición, que hicieron estallar al pasar por él los franquistas. Pero el puente saltó por los aires y volvió a caer en su misma posición, de una sola pieza, demostrando la consistencia de su estructura metálica, y la impericia de los dinamiteros. Inmediatamente lo cruzó la Brigada de Barrón, y, a continuación, la de Sáenz De Buruaga, a toda velocidad ¿temiendo que se desboronara? Sin embargo el Batallón “Garibaldi”, posicionado en una altura superior, descargaron sobre ellos una cortina de fuego, que los detuvo. Los republicanos consiguieron enviar 25 T-26, en dos oleadas, unas horas después, que debieron replegarse debido a los disparos desde Marañosa, de la artillería pesada de 155 mm., y a los bombardeos de los Ju-52 de la Legión Cóndor. Aquella noche se envió la XV Brigada Internacional, formada muy poco antes, a las órdenes del General Janos Galicz, apodado “Gal”, posicionada al sur de la carretera de Valencia, en dirección a Casa Blanca, travesando la carretera de Arganda a Morata de Tajuña, formando el flanco izquierdo, el sur de la contraofensiva. Se dividió en tres ejes. A la izquierda, más al sur, el Batallón Británico. En el centro el Batallón franco-belga “6 de Febrero”, y a la derecha, en el norte, el “Dimitrov”, formado por exiliados balcánicos. Trataron de alcanzar los puntos más elevados, recibiendo un intensísimo bombardeo artillero entre los olivos, para combatir contra Asensio en la carretera de San Martín de la Vega  Morata de Tajuña.

 

El Batallón Británico perdió la mitad de sus efectivos conquistando y defendiendo la que denominaron “Colina del Suicidio”. Posicionaron sus ametralladoras francesas Maxim, pero resultó que no tenían los cartuchos adecuados, por lo que debieron defenderse sólo con sus fusiles. El Batallón “6 de Febrero” se replegó sin previo aviso, dejando desprotegida su posición, por la que avanzó un grupo de mercenarios “regulares” marroquíes, cantando “La Internacional” en francés, con lo que lograron apresar a la Compañía Británica de ametralladoras. Finalmente, la “Colina del Suicidio” cayó en poder de los franquistas, tras perder el Batallón Británico 225 de sus 600 componentes. Desde ella los mercenarios “regulares” marroquíes lanzaron un impetuoso ataque contra el Batallón “Dimitrov” y el reconstituido Batallón “Thaelmann”, de la XI Brigada Internacional, que logran detenerlos, causándoles inmensas bajas, hasta que sus vetustas ametralladoras Colt se encasquillaron, debiendo replegarse. El Batallón “Dimitrov” perdió dos tercios de sus efectivos, aunque logró detener el avance franquista, ya que creyeron que se enfrentaban a un número de republicanos muy superior, y desconocían la debilidad de la XV Brigada. A la salida del sol del 12 de febrero, desobedeciendo a Varela, los marroquíes de Asensio tomaron el puente de San Martín de la Vega, sin esperar a que se consolidase la posición en el otro puente. Considerando que, como en otros asaltos anteriores, el objetivo principal de los franquistas era Madrid, los republicanos no habían adaptado medidas de defensa de los puntos neurálgicos de la ofensiva en marcha, que seguían sin comprender. Entre ellos los altos del Pingarrón, situados entre la elevación de Butarrón, cerca del Jarama, y Morata de Tajuña. Así que Asensio giró a la derecha, hacia el sur, y los tomó. El Jefe del Ejército del Centro, General Pozas, se había encaminado inmediatamente a Arganda, para tener una visión directa de la situación y estudiar el contraataque.

 

Pero Miaja retuvo las 5 Brigadas que tenía en reserva hasta que el Gobierno no le otorgase el mando del Frente. El Jefe de Estado Mayor de éste, el Coronel Casado, consideraba infantiles tales disputas. En situación de guerra deberían haberse entendido como boicot a la acción militar, negligencia en el cumplimiento del deber y traición a la patria. En ese tiempo se habían realizado ataques aéreos contra los dos puentes, que hicieron perder muchos “Chatos” a la República, ya que entraron en distancia de tiro de los Flack 88 de la Legión Cóndor, sin que lograsen detener su cruce por los franquistas. Cuando obtuvo su nombramiento Miaja envió tales Brigadas, pero, para entonces, ya estaban todas as fuerzas atacantes al Este del Jarama. La XI Brigada Internacional y la 17 Brigada reconquistaron Pajares. En Albacete, el Batallón estadounidense Lincoln recibió orden de prepararse para marchar al Frente. Richthofen escribió en su diario lo que le contaron los oficiales franquistas: duros enfrentamientos, con gran mortandad, y carros de combate bien camuflados entre los olivos. “Los moros hicieron su trabajo con bombas de mano”. Se capturaron franceses, belgas e ingleses, y se fusilaron a todos, excepto a los ingleses. El 13 de febrero se repitieron ininterrumpidamente ataques y contraataques para controlar los olivares de las colinas entre los altos de Pajares y Pingarrón. Finalmente, la artillería pesada de 155 mm., disparando desde Marañosa, y el ametrallamiento de un Batallón de la Legión Cóndor, hizo replegase al Batallón “Edgar André”, de la XI Brigada Internacional. Los obuses destruyeron varios puestos de mando de las Brigadas, lo que indica que estaban peligrosamente demasiado cercanos a primera línea. También interrumpieron la comunicación telefónica militar con la retaguardia.

 

Apoyados por tan intenso cañoneo, Barrón logró cortar las líneas republicanas en Pajares, embistiendo el ala derecha de la XV Brigada Internacional, apuntando hacia la carretera nacional a Valencia, a su paso por Arganda. Sin embargo, el resto de formaciones republicanas resistieron en sus posiciones defensivas, impidiendo que otras unidades franquistas se uniesen a la columna de Barrón en su avance. Hasta entonces la aviación republicana había mantenido la supremacía aérea, pero, en un combate sobre Arganda, 14 FIAT CR-32 hicieron frente a 24 Chatos. Aquella noche, la XI Brigada Internacional y las unidades que guarnecían sus flancos la aprovecharon para replegarse, tratando de alinear el Frente. Fue un momento muy peligroso, en el que la defensa republicana pudo derrumbarse. Pero la experiencia en combate, coordinación de movimientos y confianza en los mandos habían progresado mucho durante aquel invierno, por lo que todo resultó impecablemente bien. Varela dio orden de detenerse a Barrón, hasta que otras unidades pudiesen proteger sus desguarnecidas alas. Fue una decisión prudente, militarmente correcta, puesto que, el día 14, los republicanos consiguieron concentrar 50 T-26. Siguiendo la doctrina militar soviética de entonces, experimentada durante su propia guerra civil, cuando los “blancos” carecían de medios acorazados, se lanzaron de modo semejante a una carga de caballería pesada. Los resultados no fueron los que debían esperarse, pero ganaron tiempo para que las tropas de reserva consolidaran las posiciones. Mola era consciente de que la ofensiva estaba fracasando, a pesar de haber conseguido los objetivos inmediatos y la cercanía respecto de los intermedios, por lo que solicitó a Franco poner en juego 6 Batallones de reserva, lo último que le quedaba, aunque insuficientes para cubrir las bajas habidas.

 

Dicho día el Partido Comunista organizó una gran manifestación en Valencia, donde residía el Gobierno. En ella pidieron que se respetara la voluntad del pueblo y de los combatientes. Algo ambiguo. Parece que se concretaba en insistir en la necesidad de la movilización general de los reservistas. Pero había trasfondo. Según el P.C.E., las publicaciones periódicas del PSOE y anarquistas coincidían en que Largo Caballero buscaba un “Gobierno sindicalista”, es decir, de la UGT y la CNT. O sea, de él y sus seguidores directos ayudado por los anarquistas. Eso suponía desalojar a los comunistas, los liberales, los nacionalistas e incluso a los miembros del PSOE que no sintonizasen con Largo Caballero. Para el PCE significaba romper el Frente Popular y crear división en la España democrática. Respondió con un ataque contra los anarquistas, calificando de aventurerismo fascista los “experimentos” de Aragón. Se podría opinar que tales “experimentos”, en tanto que suponían forzar la legalidad, expropiar “revolucionariamente” (ya en su momento se analizó que, a veces, fue una colectivización voluntaria pero otras fue coaccionada) significaba la desunión, en tiempos de guerra, dar la razón a la propaganda franquista de que en España imperaba la revolución (la presencia soviética en España, por más que respetara al Gobierno legítimo y fuese necesaria para la victoria, no podía dar una imagen distinta) y facilitaba el triunfo del fascismo, no puede, en ninguna medida calificarse de experimento fascista. La furia demostrada en los enfrentamientos, en lo que mucho tuvo que ver la propaganda sobre lo ocurrido en Málaga, prueba de lo fácil que era la victoria, para unos, y la criminal y cobarde crueldad del enemigo, para otros, habían dejado exhaustos a los contendientes.

 

La provisión de alimentos, ni siquiera la de agua, llega a primera línea adecuadamente durante el fragor de las batallas, lo que aumentaba el agotamiento, la incapacidad de reacción. El terreno estaba cubierto de despojos humanos. Los heridos eran, lógicamente, muchos más. Entre los cuerpos inmóviles reptaban los heridos, tratando de escapar de la mortífera expectativa a su derredor, en una tierra de nadie que se estabilizaba. O de ser capturados en un avance del enemigo. Cuando el Estado Mayor republicano analiza certeramente la situación, trata de sacar partido de ello. Pero sólo puede enviar la XIV Brigada Internacional, que emplea en consolidar el centro entre Arganda y Morata de Tajuña. Quizás Franco pensase lo mismo, porque, a pesar de los informes sobre las pérdidas sufridas, el 15 de febrero ordenó a Orgaz que prosiguiera el avance. Obsérvese que los planes iniciales se estaban incumpliendo completamente, ya que se había estudiado que los italianos comenzaran la ofensiva distrayendo a las tropas republicanas con su avance hacia Guadalajara. Como aún estaban siendo reposicionadas, desde Málaga a Sigüenza, los republicanos pudieron emplear sus efectivos del mejor modo posible, sin ningún impedimento, lo que no llegaron a hacer completamente debido a la criminal extorsión de Miaja. Como consecuencia, Franco perdió sus mejores unidades, a cambio de avances de poco calado. Ese mismo día Miaja obtuvo la jefatura sobre la contraofensiva del Jarama. Junto con el Coronel Rojo reagruparon las unidades republicanas en Divisiones. No parece el momento más adecuado para reestructurar el ejército. A pesar de todo hay que reconocer que lo hicieron en un plazo increíblemente breve, lo que sólo puede explicarse porque ambos llevaban mucho tiempo convencidos de que se iba a recibir tal nombramiento, y trabajaban en tal perspectiva, en lugar de colaborar con los contraataques en ejecución.

 

Sin duda era la mejor organización para estabilizar el Frente, mediante grandes unidades bien coordinadas. O lanzar bien preparadas ofensivas que se adentrasen en profundidad en zona enemiga. Sólo que ni las circunstancias ni la intención eran esas en tal momento: el objetivo debería ser aprovechar que los franquistas no se habían asentado adecuadamente para rechazarlos hasta el Jarama, por lo menos, o embolsar sus unidades de vanguardia. La noche del 16 de febrero el Batallón Lincoln tomó posiciones. Los mandaba un inglés, al que se había nombrado Comandante porque dijo haber sido oficial de húsares. A sus órdenes el Batallón Lincoln obtuvo su "bautismo de fuego", perdiendo 120 de sus 500 miembros. Los estadounidenses quisieron aplicar a su Comandante la “doctrina Lynch”, y ahorcarlo. Y se negaron a volver a línea de fuego hasta que se admitió al Comandante que habían nombrado.

 

Muchas veces se ha exagerado la actuación de las Brigadas Internacionales, llegando a equipararlas con el resto del ejército republicano español. Y también que estaban compuestas mayoritariamente por intelectuales. De todo ello no se puede culpar en exclusiva a los periodistas, a los escritores internacionales que murieron, combatieron o escribieron sobre la guerra española, y su fácil acceso a los medios informativos: hay también un intento de devaluar el heroísmo de los ideologizados republicanos españoles, y la implicación de los intelectuales con ellos, presentando a los extranjeros como unos alocados, que, cuando escribieron denunciando los excesos de los comunistas, estaban reconociendo su error de juventud. La realidad es que, como era de esperar, el 80% de los voluntarios británicos está demostrado que fueron obreros manuales, aunque muchos de ellos estaban en paro. 

 

Algunos se habían enfrentado en bronca callejera (en vascuence cale borroka) con los fascistas de Mosley. Igual que los franceses con los de Acción Francesa o la Cruz de Fuego. La mayoría no tenía ninguna experiencia en combate. Casi la mitad no pertenecía a ningún Partido Comunista, cuyo principal éxito, en dicha época, igual que el nazi-fascismo, se ha dicho que fue hacer sentirse importantes a los desempleados, los desamparados, los campesinos que debían abandonar sus pueblos para conseguir trabajo o aspiraban a emigrar a las ciudades. Parte de los sacrificios que debieron soportar fue sufrir los continuos discursos. Pero, con ellos, se sentían impulsores de la Historia, del mundo mejor que el socialismo terminaría deparando para la Humanidad. Los responsables de agitación y propaganda (agit-prop) lo consideraban necesario, si se pretendía de ellos un comportamiento heroico, además de tener que justificar el tránsito, desde el pacifismo izquierdista de Europa occidental, a un belicismo bastante romántico, de los primeros tiempos del bolchevismo. Se podría distinguir dos clases de voluntarios: los intelectuales o provenientes de clases medias, y los de sectores obreros. Todos acudían a España desencantados por la apatía demostrada por el obrerismo de sus propios países, que votaban a la derecha, a los conservadores (“serviles”, como se les llamaba en la España decimonona, mucho más gráfica y elocuentemente) cuando no al nazi-fascismo, y no se había opuesto con rotundidad a las medidas contra la gran depresión económica, que, en realidad, eran medidas contrarias al poder obrero, a los intereses y necesidades de los trabajadores, que regalaban beneficios a los capitalistas.

 

Pero los primeros añadían a ello un sentimiento de culpa, una necesidad de justificar su presencia allí, de demostrar que habían roto amarras con sus sectores de procedencia, una especie de “pecado original” que les hacía propensos a ser bautizados como comunistas. En España se encontraron inmersos en una masa humana, politizada, enaltecida, soliviantada, que no hacía distinciones –lo cual, en muchos casos, era un simplicismo anarquizante- ni consentía nada que pudiera considerar privilegio. En este entorno iniciático, la autodisciplina, la generosidad y la paciencia, estimuladas por los repetitivos discursos, alcanzaba tintes místicos, de unión con la colectividad. Por lo que no es extraño que, tanto anarquistas como comunistas, hiciesen entre ellos nuevos prosélitos, en muchos casos de por vida (igual que el odio a los oponentes) aunque otros terminarían renegando de dicha experiencia, a su vuelta a sus tierras y entornos originales. Pero menos entre los que se habían teñido de una patina ácrata, menos comprometida, que podían mantener sin negativas consecuencias, y, además, justificaba un profundo anticomunismo, sin arriesgarse a que les tildaran de ultradrechistas. Es innegable que debía haber aventureros. El número de éstos, por más que la derecha de los demás países así los despreciara a todos, se demostraría que fue insignificante: el deseo de la mayoría era oponerse al fascismo, con una visión altruista, por el bien de la Humanidad. Y en esta opinión insistirían de por vida: aunque algunos acabaran considerando su participación en aquella guerra como algo propio de las ilusiones juveniles, se mantuvieron en que una victoria de la democracia en España hubiese impedido la IIª Guerra Mundial.

   

Para hacer creíble dicho silogismo, habría que añadir que hubiese sido necesario que, en dicho bando, se hubieran implicado las potencias presuntamente democráticas: sólo entonces los nazi-fascistas hubiesen sido más precavidos a la hora de lanzarse a un aventurerismo expansionista. Y esto hubiera significado demorar sus planes, hasta hacerlos completamente inviables. Por ejemplo, la negativa de los militares alemanes a invadir Polonia, no se hubiera podido responder, argumentando que el Reino Unido de Gran Bretaña no tenía ninguna intención de implicarse en un conflicto armado, por defender una dictadura, y que Francia no iba a actuar en solitario, como había demostrado durante la guerra de España.

 

Los alemanes no estaban en condiciones de invadir Francia, por lo que se mantuvieron en posiciones estáticas, defensivas, durante seis meses, hasta que fabricaron suficientes camiones y tanques Panzer III. Desgraciadamente ni franceses ni británicos supieron sacar provecho de ello, puesto que, para invadir Alemania, necesitaban pasar por Bélgica, y ésta se negaba, creyendo que, con ello, se mantendría al margen de la guerra. Tampoco quisieron llegar a un pacto con la URSA, puesto que sabían el precio que los soviéticos pondrían, lo que estaban reclamando desde el fin de la Iª Guerra Mundial y ahora tiene Rusia: como mínimo, las fronteras de agosto de 1914, que ya habían conseguido mediante el reparto de Polonia con Hitler, y eludiendo el riesgo de una guerra. En mayo de 1940, los “Escupefuego” (Spitfire) británicos ya superaban en armamento a los Me-109, si bien éstos contaban con la ventaja de tener un cañón de 20 mm. centrado, disparando desde el deflector de la hélice, lo que mejoraba su puntería. En tales condiciones rendir a Gran Bretaña mediante bombardeos aéreos se hacía poco factible. Y, en el mes de julio de 1941, la Unión de Repúblicas Socialistas Asamblearias ya contaba con Compañías de T-34, aunque deficientemente instruidas, por lo que, de haberse demorado más, tras reponer fuerzas después de la conquista de Francia y Yugoeslavia, la derrota de los soviéticos antes de la llegada del invierno habría sido imposible. 

 

Leningrad resistió su semiasedio (cada noche, durante el invierno, los soviéticos tendían raíles sobre los lagos helados y llevaban a la ciudad municiones, acero y algo de comida, y evacuaban a los heridos, aunque al salir el sol los alemanes bombardeaban el hielo y hundían las vías) gracias a su fábrica de tanques pesados KV. Este había sido proyectado con una gran torreta capaz para jefe de tanque, artillero y cargador, y un cañón de 85 mm.. Los militares soviéticos consideraron que era un calibre excesivo, y que dificultaba el aprovisionamiento, por lo que exigieron que se instalara el mismo 76’2 mm. (3 pulgadas) que llevaban los T-34: un inmenso error. Su diseñador cambió de cañón pero mantuvo la misma torreta, con lo que se habría podido sustituir en cualquier momento. Los militares analizaron que era un desperdicio de recursos y espacio, por lo que la suplieron por otra más estrecha, de menor espesor, que ofrecía un menor blanco en los disparos frontales, alta, para que sus disparos, en elevación, pudiesen conseguir mayor alcance (lo que no habría sido preciso con el cañón de mayor calibre) y con sólo dos tripulantes, que se mostró muy vulnerable a los impactos laterales, haciendo que se desconfiara en su capacidad de desarrollo. Cuando los militares comprendieron que era absurdo que un tanque pesado tuviese el mismo arma que uno medio, el modelo KV-2 incorporó una nueva torreta a imitación del T-34, aunque de mayor coraza, para tres ocupantes, cúpula de mando con visores en derredor y el cañón de 85 mm..

 

Una torreta muy similar se instaló en la versión de 1943 del T-34, lo que obligó a sustituir el KV-2 por el nuevo modelo IS (Iossiff Stalin) derivado de aquél, que llevaba un cañón de 90 mm. en una torreta de perfil curvilíneo, más huidizo, que, al año siguiente, imitaría el Panzer VI-B “König Tigre” o “Tigre Real”, aunque con el mismo cañón Flack 88, pero de mayor longitud, lo que permitía mayor alcance y velocidad en la boca de fuego a sus proyectiles. Es decir, que un retraso en la invasión alemana la hubiese enfrentado a un considerable número de KV-1, como luego se llamó. Sin el riesgo de la conquista de Moscú, Stalin no habría ordenado trasladar la industria bélica a los Urales, lo que debió retrasar la producción al menos varios meses. Además hubiera contado con mayor población para la movilización de reservistas. También es cierto que, con un Frente de menor extensión, Alemania hubiese sufrido menos bajas aquel invierno. De todas formas, sin que la URSA hubiese dado señales de ser rápidamente derrotada, Japón no se habría atrevido a atacar a los británicos ni, menos aún, a los estadounidenses, puesto que podía ocurrir que la Unión Soviética, con su ejército disponible, aprovechase la ocasión para reconquistar, o completar el dominio, de la isla de Sajalín y Manchuria.

 

En 1942 Estados Unidos ya contaba con sus aviones Intrépido (o Tenaz: Dauntlesss) SBD-3, de bombardeo en picado, y el resistente caza embarcado Grumman F4F Gato Montés (Wildcat) que no estuvo presente en el Puerto de la Perla (en inglés, Pearl Harbor) al haber retirado los estadounidenses sus portaviones de la zona, a sabiendas de que iba a ser atacada, estando ambos operativos desde 1940; los cazabombarderos embarcados Chance Vought F4U Corsario (Corsair) el resistente Republic P-47 Rayo (o Bomba: Thunderbolt) y el Grumman F6F Gato Infernal (Hellcat) así como el bombardero embarcado TBF Vengador (Avenger) o el inicialmente avión de patrulla, aunque de inmediato se le utilizó para cualquier tipo de misión, el Lockheed P-38 Relámpago (Lightning) la suma de todo lo cual le daba ventaja aérea. Además del tanque Sherman, y, más que ninguna otra cosa, su portentosa potencialidad industrial. Todo ello confería al conjunto aliado una capacidad imbatible, incluso sin haber dispuesto de bombas de energía de desintegración atómica, que habrían hecho comprender al propio Hitler, y hasta a los escarabajos peloteros de los que se rodeaba, que era ilusorio lanzarse a una guerra, si ésta se hubiese demorado sólo unos meses más, si hubiese creído que Francia y Gran Bretaña iban a apoyar a Polonia, ya que no lo habían hecho con la República Española El 17 de febrero enviaron las nuevas Divisiones al asalto. Líster había recibido el mando de la 11 División. En un ataque frontal contra el Pingarrón hubo grandes pérdidas. A Mera le asignaron la 14 División, de la que la 70 Brigada sufrió 1.100 bajas, la mitad de sus componentes.La División de Modesto atravesó el Manzanares hacia el sur, en dirección a La Marañosa, que Rada defendía con sus requetés. Modesto encargó tomarla al Batallón comunista “Los lobos grises de Pasionaria”, que asaltaron en un terreno desprotegido, resultando prácticamente diezmado.

 

Más adelante se analizará la capacidad de estos tres grandes combatientes para dirigir amplias unidades. Un voluntario inglés, suboficial de los carlistas, escribió que el capellán de su Regimiento le impedía apuntar adecuadamente, porque le gritaba al oído, continuamente, que siguiera tiroteando a la chusma atea, actitud más inquisitorial que religiosa. Tales grandes esfuerzos y bajas sólo lograron empujar a Barrón hasta poco más allá de la carretera de Morata de Tajuña a Vaciamadrid, la variante comarcal que no se une a la carretera nacional a Valencia en Arganda. Los Ju-52 de la Legión Cóndor tuvieron gran influencia en ello. Fue decisiva la intervención de la Brigada soviética de carros de combate. Los soviéticos aprendieron en España a camuflar sus tanques, lo que tendría importancia vital desde mediados de la Guerra Patria, como llamó Stalin a la parte de la IIª Guerra Mundial que se desarrolló en la U.R.S.A., como llamamos, a mi parecer inadecuadamente, Guerra de la Independencia a la parte de las guerras napoleónicas que se libró en España. Los T-26 aparecían desde debajo de los olivos, donde ni los bombarderos ni el reconocimiento aéreo los había localizado, causando estragos a los franquistas. Según un informe remitido a Moscú, el 19 de febrero uno de estos tanques recibió tres impactos directos, que acabó con la vida del mecánico-conductor, hirió al artillero y, gravemente, al oficial. Este, con su carro en llamas, continuó disparando durante 24 horas, impidiendo que el enemigo los capturase, hasta que fueron rescatados. Se trata, indudablemente, de una exageración, porque un tanque de esa época, cuando el único combustible utilizado era la gasolina, no podía arder tantas horas sin estallar, al menos sin que el calor acumulado hiciera detonar la munición.

 

Con el artillero (creo que debe tratarse de un error de traducción: los T-26 no tenían artillero, sino cargador, el oficial jefe de tanque hacía de artillero, manejando el cañón y la ametralladora coaxial con el mismo, y, los que tenían transceptor de radiofrecuencia, también dicho equipo; demasiadas responsabilidades, como analizaron los alemanes, aumentando la dotación de sus tanques, con ostensibles efectos de eficacia) y el jefe de tanque heridos, este último de gravedad, es difícil continuar disparando las armas con la debida cadencia como para impedir que el carro fuese capturado o completamente destruido. Carecían de amunicionamiento suficiente para ello durante un periodo tan prolongado.  Y la visión en derredor de un T-26 era muy escasa, como para impedir que fuese rodeado, sobretodo de noche, y le colocaran o lanzasen cargas explosivas o bombas de mano como para, al menos, averiar el mecanismo de rotación de la torreta, sin el cual su defensa se hace imposible. En otro informe se hace una crítica a la estúpida aplicación militar del “stajanovismo”, al indicar que un Comandante de Batallón creía que las mejores tripulaciones eran las que más disparos (no impactos) realizaran, consiguiendo que estallasen a tres kilómetros de distancia del objetivo. Rommel también era partidario de esta táctica, mientras avanzaban a la máxima velocidad posible, porque consideraba que los efectos psicológicos del fuego mantenido, aunque fuese impreciso, impedían al enemigo apuntar adecuadamente. Por el contrario, Guderian exigía a sus jefes de tanques que parasen para hacer fuego, asegurando el blanco.

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