El Alcázar de Toledo

 

    El Gobierno estadounidense la multó con 22.000 $ por ello, aunque la Ley de Neutralidad no consideraba los combustibles material estratégico, motivo por el que le seguían vendiendo petróleo a Italia a pesar de la condena de la Sociedad de Naciones por su invasión de Etiopía. En conjunto, Texaco, Shell, Standard Oil de New Jersey, Socony y la Compañía Refinadora Atlántica le entregaron a Franco combustibles por importe de unos 20.000.000 de $. La Standard Oil de New Jersey, proveedora habitual Gobierno republicano, aunque en mucha menor proporción, también le remitió a Franco tres petroleros. Siguiendo la idea de Queipo de Llano, pidieron a los que habían caído bajo la férula del fascismo que entregasen su oro, por ejemplo las alianzas de boda. La duquesa Katherine Atholl, defensora de la República desde su instauración, hizo público que la británica Río Tinto Zinc le facilitaba divisas a Franco, aunque al doble de su cambio oficial. Ford, Studebaker y General Motors el entregaron 12.000 camiones, el triple de lo que sumaron Alemania e Italia juntas. La química Dupont de Nemours, heredera de Nobel en la fabricación de dinamita, le envió 40.000 bombas, a través de Alemania, para zafarse de la Ley de Neutralidad estadounidense. En 1945, el Subsecretario de Asuntos Exteriores franquista, cuando Hitler había perdido la guerra y Franco necesitaba acercarse a Estados Unidos, declaró que sin el petróleo, los camiones y los créditos estadounidenses no habrían podido ganar la guerra “civil”. Y después tenemos que soportar las declaraciones de (am)Bush II pidiendo que le paguemos el favor de habernos ayudado a que llegase la democracia a España. En tales circunstancias el legítimo Gobierno español tuvo que dirigirse a todas partes, puesto que los “demócratas” estaban de parte del fascismo. 

    El 25 de julio, el liberal Presidente del Gobierno, José Giral, pidió suministro de armamento a la Unión de Repúblicas Socialistas Asamblearias. Pero Stalin no era partidario de ello. Ya en vida de Lenin se había producido un enfrentamiento que iba a marcar el futuro de la Humanidad. Trotsky, siguiendo los planteamientos teóricos, mantenía que era imposible que la revolución sobreviviera, como había ocurrido con las triunfantes revoluciones holandesa, inglesa o francesa, rodeadas de contrarrevolucionarios. Así que pretendía estimular la revolución mundial. Pero el pragmático Lenin comprendía que no se estaba en condiciones de soportar una guerra permamente, aniquiladora. Así que convención a Stalin para que escribiese “El socialismo en un solo país”. Es cierto que Lenin ya estaba muy enfermo, pero yo creo que no quería cargar con el peso de la traición a tal postulado teórico. En 1927 dicha tesis había triunfado, y el stalinismo comenzaba la “limpieza” de trotkistas de los centros de poder. En semejante situación Stalin abandonó a los maoístas frente al fascista Ching Kai-Chek, para ganarse el “respeto” internacional, especialmente de Estados Unidos, demostrando que no era el “valedor universal” de los revolucionarios. En aquel momento Stalin negociaba, simultánea y secretamente, con Gran Bretaña y con Alemania el reconocimiento de las fronteras de antes de 1914, recuperando parte de los territorios que, tan alegremente, se habían regalado a los polacos, como castigo contra los revolucionarios y por haber negociado la paz por separado con Alemania, lo que, en 1945, harían Gran Bretaña y Estados Unidos, reservándose para ellos mismos tal derecho, que contravenía lo ratificado en los Tratados de Teherán y Yalta. Además, Stalin se enfrentaba a la mayor ofensiva contra los trotkistas, especialmente en el ejército. No estaba, por tanto, en situación de complicarse en España.

    Así que no respondió a la petición de venta de armas, si bien autorizó la entrega de todo el gasoil que la República Española pudiese necesitar, a precios reducidos y en las condiciones más favorables. Trotsky, en tal enfrentamiento ideológico, aprovechó para culpar a Stalin, no ya de traicionar a la revolución, sino, dando un paso dialéctico más, acusarle de apoyar al fascismo. Es cierto que las negociaciones secretas con Alemania, y su venta de armas e intercambio de información militar apuntaban en tal sentido. Stalin retorcería tal acusación contra los propios trotskistas, lo que tendrían terribles repercusiones, dentro y fuera de la Unión Soviética. El 3 de agosto de 1936 produjeron manifestaciones populares se realizaron manifestaciones por todo el país a favor de la República española. En algunas fábricas se llegó a recaudar dinero. Sin embargo la KOMINTERN envió agentes, con documentación falsificada, con la misión de controlar al Partido Comunista, para que no se extralimitase de los objetivos de Stalin. Estados Unidos, la Unión Soviética y Méjico, entre otros, no habían sido invitados a incorporarse al Comité de Países Opuestos a la Intervención Extranjera en la Guerra de España. Eso permitía a los empresarios estadounidenses apoyar a los fascistas, como ya se ha expuesto. En teoría la Ley de Neutralidad debía impedirlo. Pero dicha Ley había sido aprobada por los republicanos para limitar su capacidad de actuación en política internacional, pero ya se ha demostrado cómo los empresarios la vulneraban en el sentido que querían. El Gobierno, en cambio, no podía hacerlo. Es importante, quizás sea el momento, que se señale que, por entonces, era el administrador de la fortuna personal de Adolf Hitler en dicho país, el padre del fundador de la dinastía (am)Bush, y abuelo del actual (am)Bush II de Estados Unidos. 

    Hasta entonces sólo era un tecnócrata, con mucho prestigio y ascendencia en la industria petrolífera. Es posible que Hitler, además de una buena rentabilidad, y una “garantía”, por si necesitaba “marcharse al retiro”, como hacen todos dictadores, pretendiese asegurar el suministro estadounidense de combustibles, lógicamente mientras no existiera una confrontación directa. Como dichas inversiones estarían bajo nombres ficticios, y Adolf y Eva Hitler fueron asesinados (el perro y ella, por él, y él, al parecer, por su fiel Goebbels, que, previamente, había envenenado a sus hijos, posiblemente con el mismo veneno que Hitler acabó con su perro y con su esposa; tras incinerar su cadáver y, según parece, también el de un doble suyo, asesinó a su propia esposa y se suicidó) sin dejar herederos legales, posiblemente el origen de la fortuna de los (am)Bush provenga de la expoliación de los judíos exterminados. Dicho Comité era una engañifa británica, representada por los franceses, sin más utilidad que favorecer a los fascistas. Fue un francés, precisamente, quien rompió tal línea de comportamiento, sólo unos días después de que su Gobierno cerrara la frontera con España, dejando atrapado a todo un tren con armamento para defender a los demócratas vascos. El escritor André Malraux, ayudado por Cot, consiguió que 13 cazas Dewoitine, lo mejor con que entonces contaba Francia, un antecedente del “Escupefuego” (Spitfire) británico, y 6 bombarderos Potez 54, sin pilotos, personal de mantenimiento ni instalar armas, llegaran a España, a través de empresas privadas y el Gobierno mejicano. Pero hizo aún más: reclutó una escuadrilla de pilotos y mecánicos mercenarios, a la que denominó “España”, y consiguió equipar los aviones para el combate.

 

Hasta entonces sólo era un tecnócrata, con mucho prestigio y ascendencia en la industria petrolífera. Es posible que Hitler, además de una buena rentabilidad, y una “garantía”, por si necesitaba “marcharse al retiro”, como hacen todos dictadores, pretendiese asegurar el suministro estadounidense de combustibles, lógicamente mientras no existiera una confrontación directa. Como dichas inversiones estarían bajo nombres ficticios, y Adolf y Eva Hitler fueron asesinados (el perro y ella, por él, y él, al parecer, por su fiel Goebbels, que, previamente, había envenenado a sus hijos, posiblemente con el mismo veneno que Hitler acabó con su perro y con su esposa; tras incinerar su cadáver y, según parece, también el de un doble suyo, asesinó a su propia esposa y se suicidó) sin dejar herederos legales, posiblemente el origen de la fortuna de los (am)Bush provenga de la expoliación de los judíos exterminados. Dicho Comité era una engañifa británica, representada por los franceses, sin más utilidad que favorecer a los fascistas. Fue un francés, precisamente, el que rompió tal comportamiento, sólo unos días después de que su Gobierno cerrara la frontera con España, dejando atrapado a todo un tren con armamento para defender a los demócratas vascos. El escritor André Malraux, ayudado por Cot, consiguió que 13 cazas Dewoitine, lo mejor con que entonces contaba Francia, un antecedente del “Escupefuego” (Spitfire) británico, y 6 bombarderos Potez 54, sin pilotos, personal de mantenimiento ni instalar armas, llegaran a España, a través de empresas privadas y el Gobierno mejicano. Pero hizo aún más: reclutó una escuadrilla de pilotos mercenarios, a la que denominó “España”, y consiguió equipar los aviones para el combate.

 

Tanto André Marty como los asesores soviéticos lo motejaron de aventurero exhibicionista, que desobedecía a los mandos republicanos, no sabían nada de tácticas aéreas, y, por sus contadas actuaciones, cobraron una fortuna. Pero no se puede minusvalorar que fue la primera “ayuda” que recibió el Gobierno legítimo de España, en lucha contra el fascismo internacional. Malraux moriría en 1945, al ser derribado su cazabombardero luchando con “Francia Libre” contra los invasores nazis. El 10 de agosto de 1936, una Orden del Gobierno republicano español incautó las fincas rústicas abandonadas por sus propietarios: es lo mismo que se había hecho durante la Revolución Francesa. Al día siguiente Mérida fue tomada por los fascistas, y el Gobierno republicano decretó la clausura de las instituciones religiosas: una forma de contentar a los milicianos anarquistas y dar argumentos al clero-fascismo, aunque su intención pudiese ser evitar los ataques a los conventos. El 12 de agosto, Gran Bretaña informó que embargaba el comercio de armas con España, independientemente de lo que hiciesen otras naciones, negando las pruebas que se le presentaban de la intervención de alemanes e italianos. Simultáneamente comunicó a los laboristas que cualquier pronunciamiento favorable a la democracia española era contrario a la política exterior del país, y se consideraría antipatriótico. En España deberíamos hacer lo mismo, respecto de los irresponsables pronunciamientos del PP apoyando los desaires de (am)Bush II contra cualquier cosa que no sea la completa sumisión de los españoles, incluso votando a quien a él más le gusta.

 

La propensión británica hacia el fascismo se puede achacar al temor causado por la huelga general de 1926, de 10 días de duración, que, aunque consiguió muy poco, debido a la traición de los dirigentes sindicales más pactistas, demostró el poder obrero y el ascenso del radicalismo. La depresión de 1929, las altas tasas de desempleo, que empeoraban progresivamente con las recetas liberales, como ocurre en la actualidad, en contraste con los triunfos de comunistas y fascistas, hacía temer un levantaminto que supliese los fracasos electorales de tales opciones, como se estaban produciendo por todo el Continente. Por otro lado la propaganda hitleriana estaba calando, en el sentido victimista de hacerse sentir culpables a los británicos por la excesiva humillación impuesto a los alemanes por los Tratados de París. Atemorizado por todo ello, el Gobierno de Gran Bretaña había consensuado con los derechistas medios de comunicación una autocensura informativa, tratando de impedir que los sucesos internacionales "contaminasen" su país. Como se ha dicho muchas veces, una democracia sin información está ciega: no se pueden tomar decisivones sin conocimiento. Tergiversar o mediatizar la información es el primer paso hacia el fascismo. El jefe de prensa de Franco, el alfonsista Luis Bolín, se enorgullecía de haber conseguido influencia en los círculos convenientes, intoxicándolos con propaganda antirrepublicana, mientras fue corresponsal de ABC en Londres.

            Le apoyó el terrateniente (uno de los mayores de Europa, junto con Eduardo VIII de Inglaterra: sus herederos poseen actualmente 34.000 Ha., 170 veces la extensión del Principado de Mónaco; se dice que se puede atravesar España, desde San Sebastián al litoral gaditano, sin salir de sus posesiones) Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, Duque de Alba de Tormes y de Berwick, entre otros títulos nobiliarios, 16 de ellos con Grandeza de España, al que Churchill se dirigía como primo, y que fue embajador de Franco en Londres, hasta que, en 1945, Juan de Borbón le ordenó que dimitiera. Sus largas conversaciones en el Club White causaban más presión al Gobierno británico que las manifestaciones callejeras. Eden era realmente quien dirigía el Gobierno británico, puesto que el Primer Ministro, Baldwin, estaba enfermo, y empleaba todas sus escasas energías en  evitar la abdicación de Eduardo VIII, aunque sin ceder en su conservadora negativa a que se casase con una divorciada. Aunque esto no exculpa a Baldwin, ya que, anteriormente, había  advertido a Eden que, hiciese los que hiciese Francia ocualquier otro país, Gran Bretaña no estaría del lado de los rusos: indudablemente su capacidad adivinatoria era bastante escasa, aunque no sus prejuicios ideológicos. Eso significaba que se había tragado toda la propaganda fascista sobre el dominio de los comunistas, del imaginario control soviético de España. Igual que el cónsul general británico en Barcelona, que, el 29 de julio, había enviado al Ministerio de Asuntos Exteriores de Gran Bretaña su conclusión de que, si el Gobierno constitucional español acababa con la rebelión militar, llegaría a alguna forma de bolchevismo. Esta opinión era coincidente con la expresada por el propio embajador español en Londres, Julio López Oliván.

 

Lo cual deja en evidencia el nulo carácter progresista de los representantes en el extranjero, igual que muchos Gobernadores Civiles, nombrados por los Gobiernos liberales de la coalición del Bloque Popular. En realidad, el Ministro de Asuntos Exteriores británico no necesitaba ningún asesoramiento en dicho sentido, puesto que era admirador del asesinado Calvo Sotelo, fascista declarado. El embajador británico en España se había marchado a Hendaya, esperando que los fascistas conquistaran Madrid para regresar. Para él, el envío de tropas alemanas sólo podía ser beneficioso, acortando la guerra. Gibraltar estaba llena de huidos fascistas españoles, que esperaban la victoria de los suyos para volver sin ningún peligro, a los que continuamente entrevistaban periodistas, que no deseaban correr riesgos en un país en guerra, menos aún en la zona “revolucionaria”, sobre los crímenes republicanos, que exageraban o inventaban propagandísticamente. Aunque, más tarde, las informaciones sobre el terrorismo fascista lo superó con creces, aún en octubre el conservador Churchill seguía condenando “las repugnantes carnicerías nocturnas (que) han apartado al Gobierno de Madrid de la senda de las potencias civilizadas”. Sin embargo ningún político o medio de prensa británico otorgaba la menor importancia a las declaraciones de Franco, al comenzar la guerra, de que estaba dispuesto a fusilar a media España. Hasta 1937 Eden no se dio cuenta del riesgo que acarreaban Hitler y Mussolini, cuando descubrió los planes de situar una base aeronaval en Mallorca, amenazando, aún más, la ruta hacia la India. Entonces fue cuando se hizo el sorprendido de la intensidad de la ayuda de Alemania e Italia para que Franco ocupara el poder, en contra de la voluntad de los españoles.

 

Pero sólo en 1938 se pronunció públicamente contra la política de apaciguamiento, asumiendo que sólo había servido para estimular el expansionismo fascista. Al negarse a vender armas al Gobierno democrático español, Gran Bretaña estaba colaborando a hacer realidad la propaganda fascista, a que el PCE consiguiese una situación de preeminencia en España. Sin embargo, nada de eso llegó a alterar la política británica de “oponerse” a la intervención en nuestra guerra. Que se simultaneaba con la permisión a que los fascistas utilizaran las comunicaciones de Gibraltar, cediendo al alfonsista General Kindelán una conexión telefónica con Lisboa, Berlín y Roma, o el envío del acorazado Queen Elizabeth para proteger Algeciras de un bombardeo naval republicano. El 13 de agosto de 1936, el Duce envío a Mallorca 3 hidroaviones de reconocimiento marítimo, con sus tripulantes y mecánicos. El 14 Badajoz fue conquistado por los fascistas. Todos los Partidos republicanos habían organizado milicias: los liberales de Izquierda Republicana o de Izquierda Republicana de Cataluña, los pseudotrotkistas del POUM, etc.. Pero eran los sindicatos CNT y UGT quienes nutrían los mayores contingentes. El 15 de agosto se aprobó una soldada para ellos de 10 pesetas al día, el equivalente al jornal de un obrero especialista. Era la única forma de que sus familias pudieran conllevar tal esfuerzo, de que continuaran voluntariamente en la lucha y prosiguieran nuevos alistamientos. Cada organización debía pagar a los suyos, pero, conforme se fueron agotando sus recursos (considérese que no se producían elecciones, y que la situación no era como para que dichas organizaciones pudiesen recaudar fondos) el Estado se tuvo que ir haciendo cargo de ello, lo que supuso una asfixiante carga económica, basándose en la errónea idea de que conseguirían rápidamente el triunfo.

 

Los fascistas no tenían ese problema: excepto a los mercenarios, les era suficiente amenazarles con fusilarlos para que las órdenes de movilización y reclutamiento se cumplieran a rajatabla, sin el menor costo.  Y también explica por qué había inflación de precios en la República mientras que éstos se mantuvieron estables en la zona fascista. El 16 de agosto, 8.000 milicianos catalanes, apoyados por el acorazado Jaime I y dos destructores, desembarcaron en Mallorca. Los mandaba el Capitán de infantería Alberto Bayo, que llegaría a ser Oficial de la fuerza aérea, y, más tarde, instructor de la guerrilla castrista. Consiguieron una cabeza de playa sin encontrar resistencia.  Pero se detuvieron hasta recibir artillería, apoyo aéreo y naval. Para entonces Franco ya había recibido 48 aviones de combate italianos y 41 alemanes. El 19 el Duce envió a Mallorca 19 aviones de caza, con sus pilotos y mecánicos correspondientes. El 21 un ataque republicano reconquistó el cuartel de Simancas, en Gijón. El 22 se produjeron asesinatos de presos fascistas en la cárcel Modelo de Madrid. El 23 los sediciosos bombardearon Getafe. Ese mismo día el Gobierno republicano instituyó los Tribunales Populares, con la intención de evitar las ejecuciones extrajudiciales. El 25 Antonov-Ovsseenko tomó posesión del consulado soviético en Barcelona.

 

Sanjurjo, Mola, Calvo Sotelo y Mussolini tenían, más o menos, acordada la salida al golpe de Estado, aunque dejando en la ambigüedad si incluía el retorno de Alfonso XIII, si se instauraría una dictadura militar, el puesto que ocuparía Sanjurjo o si Calvo Sotelo sería Jefe del Estado –a mi entender, lo menos probable, ya que este puesto se lo disputarían el rey fugado o el doblemente golpista- o del Gobierno, lo que me parece poco factible, al menos si se reinstauraba de nuevo a los Borbones, y Sanjurjo mantenía su dictadura. Aunque Calvo Sotelo parecía suficientemente sumiso como para conformarse, transitoriamente, con algún Ministerio. El asesinato de éste dejó todos esos planes en entredicho, a Alfonso XIII sin su principal valedor, y, al Duce, perplejo e irresoluto. Franco era consciente de que había sido el último en sumarse a la conjura, y que, aunque se trataba de un “fichaje” de postín, por lo que pudo imponer sus condiciones, esto le alejaba de mantener aspiraciones, al menos, a corto plazo. La desaparición de Calvo Sotelo favorecía la “solución” militar, aumentando las posibilidades de Franco. Sin embargo era consiente de que los autores de la trama, Sanjurjo y Mola, incluso Queipo de Llano, el primero que había triunfado netamente, en una “plaza” difícil, permitiendo el desembarco del ejército de Africa, tenían preeminencia. Precisamente el dominio de tal ejército, y el fracaso del golpe de Estado, le daba a Franco mayores posibilidades. Igual que la “accidental” muerte de Sanjurjo. Pero fueron determinantes la decisión de Hitler, y la, posterior, de Mussolini, posiblemente influenciada por la del anterior, de ayudar en exclusiva a Franco, para colocarle en situación de ventaja.

 

No obstante, actuando con su habitual indecisión, sin querer arriesgar, a la gallega (como dice el chiste: un gallego es aquél que, si te lo encuentras en el rellano de una escalera, te será imposible que reconozca si sube o si baja; Rajoy sigue el mismo patrón de comportamiento) no dio muestras de sus inmensas ambiciones. Situó su cuartel general en Cáceres, una ciudad que le era propensa, segura, próxima a Portugal, por si fuera necesaria la fuga, con carretera directa a Madrid, aparentando dirigir el ataque contra ella. Pero no fue así. Había demostrado que todos los demás habían fracasado o les era imposible intentarlo. Sólo él estaba en posición de hacerlo. Pero quería cobrar un precio por ello. Igual que estableció un precio, una soldada, extorsionadora, por su “fichaje” para la sedición, también tramaba otra compensación por dicho objetivo. Así, el 26 de agosto, paró el avance en Maqueda, a 72 kmtrs. de Madrid, y ordenó el desvío de las tropas hacia Toledo, lo que le convertiría en el “verdadero héroe” del Alcázar, aunque, ni estuvo en él, durante su insurrección, ni dirigió la ruptura de su cerco: sólo llegó para hacerse las fotos en actitud triunfante y recibir, por duplicado, como pose ante los periodistas, el “parte de novedades” de Moscardó, repitiendo las palabras que ya había pronunciado el día anterior. El 27 llegó a Madrid el embajador soviético, Marcel Rosenberg. Durante ese mes Chiang Kai Chek había conquistado Cantón, afianzando su predominio sobre la desvencijada República China, en contra de los comunistas de Mao Tsé Tung. Hitler, contraviniendo las disposiciones de los Tratados de Versalles, decretó el servicio militar obligatorio para los varones alemanes, de dos años de duración: nadie podía dudar de sus intenciones belicistas.

 

Al acercarse el ejército africano a Toledo, a principios de septiembre, los milicianos comenzaron a preocuparse. Se les ocurrió entonces minar el Alcázar. Habrá que explicar lo que esto significa. Mina, en latín, es agujero (como zulo en vascuence) oquedad en la tierra. Uno de los métodos romanos de extracción de oro consistía en horadar los montes auríferos, construir una presa y un acueducto y, con ellos, llevar el agua, a gran presión, hacia galerías serpenteantes. Con lo cual el cerro se derrumbaba, el agua arrastraba a la tierra, pero no al oro, más pesado, por lo que sólo quedaba cribar los restos para buscarlo. Ya antes de ellos se excavaban galerías, bajo los cimientos de las murallas y fortalezas, apuntalándolas. Bastaba con derribar los puntales, por ejemplo, atándolos a cuerdas y tirando de ellas, como hacían los egipcios para dejar caer grandes losas de piedras, como compuertas, para sellar los accesos a las cámaras funerarias de las pirámides, o bien quemarlos, para que la mina colapsase, y, con ella, los cimientos sobre la misma, demoliendo los muros que soportaban. Tras emplearse la pólvora como material explosivo en los campos de batalla, también se utilizó para la demolición de las minas de demolición. Así surgieron las minas explosivas.  Posteriormente se ideó que podía emplearse como alternativa a los cañones, cuando se carecía de ellos, especialmente para enfrentarse a cargas de la caballería. Bastaba con enterrar explosivos y conectarlos mediante mechas o iniciadores eléctricos. El siguiente paso fue construir explosivos autónomos, que estallasen automáticamente mediante un dispositivo mecánico, magnético o de otro tipo, al pisarlos, pasar sobre ellos o en sus proximidades, permaneciendo enterrados u ocultos hasta entonces. Con lo que se hacía innecesario que los encargados de ello, que sólo podían controlar un número exiguo de tales minas explosivas, y en circunstancias de buena visibilidad, los activasen expresamente.

 

Así se pudieron emplear, no sólo contra la costosa y masiva caballería, que difícilmente podía maniobrarse en la oscuridad, sino contra la infantería y carros de combate, cuyo asalto podía producirse tanto de día como de noche, de forma masiva o en pequeñas unidades. Es lo que hoy conocemos como minas explosivas contra personas o contra carros. Las autoridades republicanas decidieron utilizar el método del minado explosivo de fortalezas, casi medieval. Se horadó la roca en la zona del muró que se consideró menos consistente. Convocaron a los periodistas a la explosión, con intenciones propagandísticas. Fue una mala idea. Los fascistas y, en conjunto, toda la derecha europea, aprovecharon para hacer contrapropaganda, ya que, en el interior del Alcázar, había mujeres y niños. Aunque se les había ofrecido en muchas ocasiones permitir su salida. Pero, lo peor de todo, es que el muro resistió parcialmente. La brecha abierta no era practicable, entre otras razones porque los cascotes apilados obstaculizaban el asalto, parapetando a los defensores. Es lo mismo que ocurriría, ocho años después, en el ataque aliado, tras repetidos bombardeos aéreos y artilleros, contra el monasterio de Montecassino, al sur de Roma, en Italia.  Los italianos enviaron a su aviación contra la cabeza de playa que los milicianos habían conseguido en Mallorca, y los bombardeó. Indalecio Prieto, entonces Ministro de Marina, ordenó el reembarque. De esta forma el intento acabó en derrota, y la isla continuó utilizada por los fascistas como base aeronaval de máxima importancia durante toda la guerra. Especialmente cuando se iniciaron los bombardeos sobre Barcelona. Franco creó una camarilla para conectar con los demás Generales, haciendo propaganda de sus cualidades para ser nombrado jefe único militar, incluso asumiendo las relaciones internacionales.

 

La formaban su hermano Nicolás, el periodista Luis Bolín, el diplomático José Antonio Sangróniz, Kindelán, Orgaz, Yagüe y Millán-Astray. Obsérvese que, excepto Sangróniz, que había formado parte de la Falange casi desde su fundación, no se puede decir que fuesen propiamente fascistas, sino monárquicos. Pero, más que nada, eran franquistas, a pesar de las discrepancias surgidas con Yagüe, que no comprendía los fines políticos de su jefe al dilatar el ataque contra Madrid. Se dedicaron a propagar que Cabanellas, Queipo de Llano y Mola eran masones y republicanistas, lo cual, en el caso de éste último, no era del todo cierto. El único que estaba en condiciones de avanzar con sus tropas era Franco. Los primeros en sucumbir al engaño fueron los alemanes. Influido por los informes de sus Generales, a su vez intoxicados por dicha camarilla, Hitler envió un emisario, que también decía representar a los italianos, exigiendo un jefe supremo, que éste fuese Franco, para dar garantías al material que se le enviaba, y que debía lanzarse el ataque a Madrid antes de que se organizara su defensa. De esta forma, como hace Rajoy, Franco no mostraba su ambición de poder, sino que lo hacía “a petición”. Convocó una Junta de Defensa (¿Contra quiénes? Ellos eran los que atacaban, ellos eran el peligro) Nacional para el 21 de septiembre, en la finca de toros de lidia de Pérez Tabernero, cercana a Salamanca, que había ofrecido a los sediciosos para que instalaran un aeropuerto militar provisional.

 

Acudieron Cabanellas, al que se le otorgó la presidencia, por su mayor antigüedad, lo que debió fomentar sus aspiraciones, sin comprender que le apartaba del mando de las tropas, impidiéndole sumar méritos, y todos los demás miembros (Franco, Mola, Queipo de Llano, Dávila, Saliquet, etc.) así como Orgaz, Kindelán y Gil Yuste, que no lo eran. Gil Robles, que no veía claro el desenlace de la guerra, permanecía en Portugal, sin implicarse. Esto excluía a la CEDA. La muerte de Calvo Sotelo se utilizó como excusa para marginar a los alfonsistas, y la prisión de Primo de Rivera para obviar a los falangistas. Esto dejaba un candidato único. Al final de la reunión, como si fuese un asunto de menor importancia, ocultando todos sus apetencias, Kindelán –que no era miembro de la Junta, sino que estaba allí “invitado” por Franco- lo propuso como Generalísimo, el mismo título que Carlos IV concedió a Godoy, el amante de la reina, de los ejércitos de Tierra, Mar y Aire. Sólo Cabanellas, que Mola tenía previsto que fuese Ministro de Defensa en un “Gobierno” presidido por Sanjurjo, apoyó un directorio militar, por lo que Franco lo nombró Inspector General del Ejército, lo que le alejaba de cualquier decisión política y de mando de tropas. Cuando falleció, en 1938, Franco ordenó que se requisaran todos sus documentos ¿Qué habría en ellos que Franco deseaba ocultar? Tal vez la participación de Francisco Franco en el advenimiento de la II República española. Si fuese así, habría indicios para sospechar que su muerte fuese “inducida”. Hasta el 26 de septiembre de 1936 no embarcó en Crimea el primer envío de armas soviético a España. Hasta el 27, siguiendo las órdenes de Franco, no llegó Varela a Toledo.

 Algunos milicianos mantuvieron sus posiciones, en una decisión heroica, temeraria, volviendo los cañones que bombardeaban el Alcázar contra los nuevos atacantes. Otros se suicidaron antes de caer en manos del enemigo fascista. Pero la mayoría se retiró en dirección a Aranjuez.

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