Notas propias a LA REVOLUCION FRANCESA de Isaac Asimov

AÑADIDOS:

[1] Nació en 1754, fue coronado en 1774 y decapitado en 1793

[2] Nacida en 1717, coronada en 1740, y fallecida en 1780, y de su esposo, Francisco de Lorena, nacido en 1708, coronado emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico (I Reich) en 1745, que sería conocido como Francisco I, y muerto en 1765.

[3] El concepto es el de “despotismo ilustrado”. Es decir, tratar de imponer los avances científicos propios de la época de la ilustración y mejorar las condiciones de vida del pueblo llano, pero mediante métodos absolutistas, despóticos, lo que se resume en la frase “todo para el pueblo,  pero sin el pueblo”, en contraposición a la democracia, que se refleja en la frase “con el pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Excep­to en Inglaterra y en Estados Unidos de América (del norte) donde el progreso comercial e industrial había consolidado el capitalismo y el poder de la burguesía, representados en el Parlamento y el Congreso, era lo que se imponía en todo el mundo. En realidad el despotidmo era una transición lógica, puesto que el auténtico contrapoder era la nobleza: cualquier debilidad real no suponía un aumento de poder de la burguesía, menos aún del pueblo raso y los villanos, sino de la aristocracia, que aprovechaba para superexplotar a dichas clases sociales que les eran inferiores.

[4] “Francos”

[5] En realidad el mayor responsable de dicha situación había sido Luis XIV,  que convenció a la nobleza para dejar sus propiedades agrarias en manos de administradores (que aún trataban peor a los campesinos que los propios señores) y vivir en la Corte. Así los tendría controlados y no podrían conjurar ni rebelarse contra él. Para ello los atrajo a París y a Versalles y los rodeó de lujos, fiestas, opulencia y lujuria. Ade­más introdujo determinadas tasas a cambio del lucimiento personal (sentarse a comer en su mesa, ser invi­ta­do a los bailes,  presenciar los partos de las reinas o el despertar del rey cada mañana) con los que se pretendía hacerlos colaborar en los gastos del Estado aunque estuviesen exentos de impuestos directos. En realidad tal forma de recaudación terminaba cargándose a las espaldas de los de siempre, que debían pesar con mayores impuestos, aportación de trabajo, de cosechas, particiones, aparcerías, rentas y alquileres, a sus señores.

[6] El clérigo Quesnay había publicado el Tableau Economique (“Cuadro Económico”) en el que ponía en relación las transferencias económicas entre las diferentes clases sociales, según su criterio, por el que consideraba a los comerciantes y cortesanos como parásitos sociales, que percibían fondos sin aportar na­da a la sociedad, mientras que consideraba clases productivas a los agricultores, incluyendo entre éstos a los aristócratas que dirigían personalmente sus posesiones, a los industriales y, por supuesto, a los trabaja­do­res y artesanos, lo que hizo percibir claramente a todos los franceses la situación insostenible del país. Necker, controlador general de Finanzas (cargo equivalente al actual de Ministro de Hacienda) tras dimitir por la oposición de los reaccionarios, hizo público un resumen de las finanzas del Estado, evidencian­do el coste que para el mismo suponían los estamentos privilegiados.

[7] Consecuencia de las “guerra francesa e india” y la Guerra de los Siete Años. La primera fue originada por el intento francés de establecer bases en Ohio, lo que cerraba una franja de terreno entre Canadá y Lui­­sia­na, impidiendo la expansión hacia el oeste de las colonias británicas. La inició Washington, enton­ces supervisor, con sólo 21 años, de una pequeña fuerza, que atacó a un grupo de franceses con los que se encon­tró. La segunda fue iniciada por María Teresa de Austria, que pretendía recuperar Silesia, anexiona­da por Prusia tras su coronación, con la que se inició la Guerra de Sucesión Austríaca, de carácter seme­jan­te a la anterior Guerra de Sucesión Española, sólo que en este caso no era consecuencia de la falta de un heredero directo, sino por el hecho de ser una mujer en vez de un varón.

[8] Es posible que la intención del rey fuera que aprobaran medidas para recaudar fondos distintos a los impues­­tos directos, por lo que no necesitarían autorización parlamentaria, como los que había introducido Gran Bretaña mediante la Ley del Timbre (una especie de sello o estampado) que obligaba a pagar una ta­sa por todas las transacciones comerciales y documentos públicos, o el impuesto sobre el té. En ambos ca­sos la experiencia fue muy negativa, puesto que las colonias norteamericanas se negaron a realizar ningún tipo de transacción que llevase tal recarga, obligando a los comerciantes y a los miembros del Parlamento a pedir su abolición, lo que fue un triunfo para los revolucionarios norteamericanos. Envalentonados por ello, una partida de colonos independentistas de Massachussets disfrazados de indios, dirigidos por Sa­­muel Adams, abordaron un barco atracado en Boston en 1773, arrojando al agua su carga de té. Lo que se conoce como el “convite a té de Boston” (Boston Tea Party) tuvo trágicas consecuencias, porque los británicos reaccionaron muy mal, enviando tropas para que ocuparan la ciudad. Los colonos norteame­ri­ca­nos interpretaron que no se les trataba como súbditos sino como territorio invadido, como enemigos, co­mo se hacía respecto de los indios. Los colonos de Massachussetts acumularon pólvora y cañones en Concord, al oeste de Boston. Al intentar confiscar tal concetración de armas de guerra los ingleses iniciaron la guerra de independencia de Estados Unidos.

[9] Se trata de una traducción que considero incorrecta: la auténticamente castellana sería “estamentos”, y reflejaría la participación de los tres que constituían la sociedad medieval.

[10] Su etimología, como se ha indicado anteriormente, es la misma que la (Diputaciò de la) Generalitat (de los Estamentos) organismo del medievo absolutamente antidemocrático, puesto que sus miembros se ele­gían por sorteo, mediante el eclesiástico método de la “insaculación”, es decir, insertar un cuchillo, al azar, entre las hojas del libro de registro de contribuyentes burgueses. Se hacía así para evitar que los reyes tomasen represalias contra ellos, pues así podían argumentar que no actuaban según su criterio o vo­lun­tad, sino en cumplimiento de una obligación adquirida por sorteo. Incluso su nombre es completamen­te engañoso, ya que, como trataba de controlar la correcta recaudación impositiva, no estaban representa­das la “generalidad” de los estamentos, sino, en exclusiva, la burguesía, ya que las demás clases eran exen­­tas, “francas” de impuestos, y en nada les afectaba. Lo que sí es cierto es que se trataba de una insti­tu­ción progresista, ya que debía remitir un informe de su actuación a las Corts, que se leía, debatía y apro­ba­ba antes que los de la nueva propuesta de elevación de impuestos, así que se aprovechaba para incluir incumplimientos y extralimitaciones del rey (al contrario de las Cortes castellanas, que, al no tener tal or­ga­nismo, incluía todas las quejas en el apartado de “ruegos y preguntas”, al final del periodo de se­sio­nes, cuando ya estaban aprobados los nuevos impuestos y no tenían ninguna utilidad) y se les exigía su com­pro­miso a repararlas antes de pasar al siguiente tema, es decir, la autorización de dichos impuestos. Por este motivo, a partir de 1450, aproximadamente, no volvieron a convocarse las Corts, ni tampoco las Cor­tes aragonesas, que habían quedado imbuidas del mismo espíritu, y sólo las Cortes castellanas, más dóci­les, y que permitían su inauguración aunque no se hubieran convocado ni estuviesen presentes todos los re­presentantes de las ciudades, sino sólo 15 de ellas, que los reyes elegían entre las más sumisas. Por ello los catalano-aragoneses disfrutaron de impuestos estables y, en el caso catalán, controlados por la bur­gue­sía, mediante la Diputaciò de la Generalitat, hasta la Ley de Nueva Planta de 1715, que unifica los reinos hispánicos, elimina los fueros y acaba con la pluralidad de Cortes y leyes españoles. No obstante, des­de el levantamiento de las Hermandades o Germanías (es decir, los sindicatos de artesanos) y los comune­ros (usufructuarios de las tierras de propiedad comunal, "el común", o municipal) de Castilla, tampoco se volvieron a convocar las Cortes de dicho reino: las necesidades financieras se cubrieron, cuando se pudo, mediante la incautación del oro y la plata que llegaba de las Indias (occidenta­les) lo que supuso la ruina de la burguesía castellana, con todas las consecuencias que eso tendría en el fu­tu­ro: dejar en mano de extranjeros (para ser asentador del comercio de indias se precisaba tener “solar co­no­ci­do”, es decir, tierras de “mayorazgo” o “señorío”, ligadas al linaje, que no se podían vender, es decir, estaban amortizadas o mortecinas, en el reino de Sevilla; las más baratas de la época eran las de Jerez, que sólo servían para la viticultura, por lo que fueron adquiridas por los Domecq, Sandeman, Byass, Terry, etc., lo que tuvo mucho que ver con el contrabando y el traslado del puerto, el monopolio y la lonja de con­tratación a Cádiz) la actividad comercial y bancaria, y acabar arruinando a muchos de ellos, como los Függer, los banqueros de Carlos I de España, el Kaiser Kart V del Sacro Imperio Romano-Germánico.

[11] Es decir, estamentos.

[12] Estamento. 

[13] Lo mismo se podría decir respecto de los recién constituidos Estados Unidos de América, e incluso de las Países Bajos, que en España llamamos, incorrectamente, Holanda, pues Holland es sólo una de las provincias de los Nederlanden, es decir, las “Tierras Bajas”, así llamadas por constituir, en su mayor par­te, terrenos ganados al mar, mediante la construcción de diques y la extracción del agua con molinos de viento de uso continuado, hallándose, por tanto, la mayoría de ellos, bajo el nivel del mar.

[14] Se trata sólo de una interpretación, no suficientemente fundada. 

[15] Esto era una modificación de la situación tradicional conseguida del rey por Necker, que había sido vuelto a nombrar controlador general de Finanzas, aunque no consiguió convencerlo de que el voto fuese personal.  Durante la campaña para elegir a los representantes se abolió la censura, lo que aprovecharon los enciclopedistas para divulgar sus ideas en escritos cortos, fogosos, panfletarios, que calaron mucho más en el pueblo que la prohibida Enciclopedia, que Voltaire calificó de fárrago.

[16] Las sectas secretas, como la masonería (del francés maçon, que significa “albañil”, aunque pretendían alu­dir especialmente a los anónimos, desconocidos, laboriosos y geniales constructores de las catedrales góticas) cobraban, con ello, su auténtico significado y la utilidad de sus objetivos revolucionarios, de transformación en una sociedad mejor.

[17] Esto tenía pleno sentido: si se trataba de aprobar cambios en los tributos era lógico que sólo interesase a los únicos que los pagaban; nadie podía decidir sobre sus intereses. Es la misma lógica de la Diputaciò de la Generalitat catalana. Sin embargo, si lo que se pretendía era que las clases exentas, “francas” de tribu­tos, los aceptaran, era absurdo constituirse en asamblea por separado. La pregunta era ¿cuál sería la mejor forma de lograrlo? La respuesta es difícil, porque lo que se intentaba era un cambio revolucionario: que los que detentaban el poder aceptasen pacíficamente la pérdida del mismo, ir contra sus propios intereses.

[18] Ante la posibilidad de que el rey la declarase ilegal y la disolviese se reunieron en el club del “Juego de la Pelota” (es decir, frontón, en el que también se practicaba paddle-tennis y squash) y juraron no considerarse disueltos hasta no haber redactado una Constitución. Por entonces sólo existía la Constitución de Estados Unidos de América, si bien Holanda se "autoconcedió" un Estatuto bastante democrático desde antes de conseguir su independencia de España. Es decir, se había puesto en marcha el proceso revolucionario. En vista de la situación y de que el propio ejército real amenazaba con amotinarse, para tratar de controlar sus debates, el rey ordenó a la nobleza y al clero que se unieran a la autoproclamada Asamblea Nacional Constituyente.  Sin embargo, cediendo a las presiones de María Antonieta y el conde de Artois, futuro rey Carlos X de Francia, ordenó que varios regimientos extranjeros en los que podía confiar se concentraran en París y Versalles, y destituyó a Necker.

[19] Y también, no hay que olvidarlo ni restarle su importancia, la provocación que supuso la concentración de tro­pas extranjeras en la capital y el palacio real, y la destitución de Necker. Los disturbios comenzaron el 12 de julio.

[20] También colaboraron tropas reales propicias al cambio que pretendía establecerse.

[21] Forma derivativa de “bastida”, y ésta, a su vez, de “bastidor”, significando “abastecida”, en el sentido de “guar­ne­cida”, “fortificada”. Tanto en Francia como en Cataluña y parte del norte español muchos pueblos lle­van nombres similares, procedentes del latín medieval. Esta, en concreto, se realizó en 1370 para fortale­cer las murallas, cuyo perímetro se había ampliado, y servir de acuartelamiento a sus defensores, ya que la distancia adquirida con dicha ampliación era excesiva para poder acudir a tiempo a su defensa, de una parte a otra de París.

[22] No era una prisión cualquiera, sino la de máxima seguridad, donde se encarcelaba mediante orden judicial secreta, sin más acusaciones ni juicios, de por vida (como se está haciendo actualmente en muchísimos lugares del mundo, entre ellos Estados y Reino Unidos, Guantánamo, etc., bajo la presunción de te­rro­rismo ¿será, en algún, caso una simple excusa, como hacía Hitler con falsos judíos, en realidad opositores políticos?) a quienes cayesen en desgracia ante la corte, por tanto, principalmente presos políticos, de cualquier clase o estamento social, contaran o no con privilegios políticos y judiciales. Era, por tanto, el máximo símbo-lo de la tiranía, del poder abso­lu­to. Al parecer su comandante pertenecía a la masonería, por lo que dicho asalto podía haber sido previamente acordado: disponía de una batería de cañones que no se dispararon, y que cayeron en poder de los revolucionarios, así como sus fusiles, que tampoco se utilizaron contra la multitud, y sus puertas, puente levadizo, trampillas, cancelas y rastrillos permanecie­ron abiertos guante todo el tiempo.

[23] El 14 de julio. Actualmente en dicha fecha se celebra la fiesta nacional francesa. Dos días después la mul­­titud, provista de picos, comenzó a demoler la totalidad de la fortaleza. Se dijo que para evitar que pudiese albergar más presos políticos y por el simbolismo que representaba. Puede que lo hicieran para acabar con la prueba de que no hubo resistencia al asalto, y que ello supusiera responsabilidad para sus defen­sores, si es que se así fue, lo que haría fantasiosas toda la historiografía posterior sobre el heroico y sangriento ataque, y las figuras de “Mariana” o “Madame La Liberté” fusil en una mano y bandera trico­lor (los mismos colores de las banderas republicanas holandesa e inglesa, aunque en diferente posición) gorro frigio (símbolo de la libertad popular, por el presunto carácter democrático de dicha tribu o etnia de la antigüedad) con escarapela tricolor (la misma que utilizaban los independentistas holandeses en el Flan­des español) y un pecho al aire, para demostrar que hasta las mujeres, las madres, colaboraron en di­cho asalto a la fortaleza y durante toda la revolución francesa.

[24] Siempre ha ocurrido así: la nación, la patria son entelequias, no existen en realidad. Los intereses y privilegios de cla­se, el poder, la ambición, el patrimonio, sí son reales, y se anteponen a los conceptos va­cíos de patria y nación cuando resultan contradictorios. 

[25] Pero de otra clase social o diferente ideología, que no aceptaban el orden establecido, eran revolucionarios y, por tanto, carecían del derecho a la vida. Aún hay quien sostiene que la rebelión franquista contra la II República Española tenía alguna justificación.

[26] En absoluto fueron voluntarios: la Asamblea Nacional Constituyente lo puso como requisito para comen­zar el debate sobre la Constitución Francesa. Diversas leyes prohibieron la venta de cargos públicos, la exención tributaria de aristocracia y clero, el régimen feudal y señorial y el pago del diezmo a la Igle­sia, aunque en algunos casos se establecieron compensaciones.

[27] La Enciclopedia francesa de Diderot y D’Alambert ya contenía, entre sus artículos, determinados concep­tos que se presentaban como derechos fundamentales o innatos al hombre. Basándose en ella se hacía un esbozo de los mismos (junto al derecho de las naciones a ser independientes, que los nordistas no ad­mi­­tieron durante la secesión de la Confederación de Estados Americanos respecto de la Unión) como justi­fi­cación a la Declaración de Independencia de Estados Unidos de América.

[28] No sólo la aristocracia y el alto clero, también la burguesía parisina se alarmó por ello, por lo que se apresu­ra­r­on a organizar un gobierno provisional local y unas milicias populares, que llamaron Guardia Nacional, al mando del marqués de la Fayette (más tarde ciudadano Lafayette)  héroe de la independencia estadounidense. Ante tales acon­­tecimientos el rey ordenó la retirada de las tropas leales, repuso a Necker en su cargo y ratificó todos los acuerdos de todos los gobiernos locales provisionales de todas las provincias.

[29] En realidad se trató de manifestaciones de hambrientos, sobretodo mujeres, que reclamaban menos Cons­ti­tu­ción y más comida. La Fayette consiguió rescatar a la familia real, pero, a petición del gentío, accedió a escoltarlos, protegiéndolos, a París. En protesta por tales hechos el sector conservador de la Asamblea Constituyente dimitió, facilitando que los sectores más exaltados alcanzaran sus objetivos. Esto significaba abandonar las posibilidades de negociar y debatir posibles soluciones, decantándose por las medidas violentas.

[30] También eran menores sus posibilidades de defensa o huida, si decidían amotinarse contra ellos.

[31] Es decir, en el aniversario conmemorativo de la toma de la Bastilla.

[32] Ratificada por el rey. Sustituía las provincias por departamentos, con gobiernos departamentales elegibles mediante votación, anulaba los títulos hereditarios, creaba jurados para las causas penales, se estable­cía el derecho al voto limitado a los propietarios (sólo las clases alta y media: es decir, democracia bur­gue­sa) se confiscaban los bienes eclesiásticos, las órdenes monásticas fueron disueltas, los sacerdotes y obispos serían designados por los votantes, percibirían un sueldo del Estado pero debían jurar lealtad al mismo. Más tarde hubo reformas para limitar sus extremismos, lo que llevó a los más radicles a exigir el redactado de otra nueva Constitución, que ya sería netamente republicana.

[33] Y continúa sin tener.

[34] Al parecer se encontraron cartas que explicitaban tales intenciones.

[35] Esto demuestra, también, cómo habían cambiado los tiempos: el absolutismo no encontraba, en Fran­cia, apoyos suficientes para constituir un ejército realista que oponer a los revolucionarios.

[36] Sin embargo, entonces, ninguna otra potencia se interesó por él. Quizás cogió por sorpresa, no suponían que pudiera llegar a tal desenlace. Gran Bretaña era una isla. Pero, sobretodo, las interconexiones interna­cio­nales habían evolucionado considerablemente: el absolutismo se propagó por todo el mundo en menos de cien años, la Ilustración y, con ella, el despotismo ilustrado, en menos de cincuenta, el enciclopedismo en me­nos de treinta. Las alianzas multinacionales eran entonces completamente frecuentes, y las guerras se llevaban a cabo en tres continentes a la vez: Europa, América y Asia.

[37] En el palacio de las Tullerías.

[38] A través de los Países Bajos. En realidad había sido la Asamblea Legislativa la que se había adelantado a declarar la guerra al Sacro Imperio Romano-Germánico, esperando que así se implantara la República.

[39] Igual que consideraron que una amenaza de invasión podía servir de protección a la vida del rey, debie­ron sopesar que la ejecución, prematura, de dicha amenaza, suponía la sentencia de muerte del mis­mo. Tal vez quisieron aprovechar la oportunidad para conquistar territorios a costa de los revolucionarios, y acabar con los mismos, más que proteger la cabeza del monarca.

[40] Se pidieron voluntarios para organizar un ejército que defendiera Francia. Los que llegaron de Marsella habían compuesto por el camino un himno, que se conoce como “La Marsellesa”. El rey fue arrestado y el consejo de gobierno parisino fue sustituido por un nuevo consejo ejecutivo provisional, que denominaron Comuna (es decir, Gobierno del Común, tal vez imitando a la Cámara de los Comunes inglesa) de París, dominada por los radicales "montañeses" o de “La Montaña” (los que ocupaban los asientos de las últimas gradas de la Asam­blea Legislativa, pero quizás sea también un juego de palabras con el barón de La Montaigne, pensador progresista que defendió la igualdad y fraternidad de todos los seres humanos) encabezados por Danton convocaron nuevas elecciones a Convención Nacional, otorgando derecho a voto a todos los varones.

[41] Este es un subproducto de la lucha contra cualquier proceso revolucionario: si no se puede acabar con él se trata de hacerlo tan doloroso, tan inhumano, que coste tantas privaciones y sufrimientos a quienes lo sostienen que se pueda hacer propaganda de que las revoluciones no son útiles, que sólo aportan sacrificios e injusticias, atrocidades, y, por lo tanto, no deben imitarse ni repetirse.

[42] A partir de aquí comienza una serie de hechos afortunados que explican por qué la Revolución France­sa sobrevivió durante tantos años y con tantos triunfos como para estimular su reiteración cuando otros muchos intentos en otros muchos países, como en España (por ejemplo, el levantamiento co­mu­­­ne­ro y de las Germanías) habían fracasado. Alguno debía triunfar y la ocasión era oportu­na.

[43] Por lo menos de este tipo de lucha, en la que se recibían bombazos que, en medio de la niebla, nadie podía adivinar dónde llegarían a caer y ponerse fuera de su alcance, si no era retrocediendo, y sin posibilidad de conquistar ninguna victoria, de derrotar a un enemigo invisible.

[44] Calle San Jacobo (derivado del hebreo Yacob) Santiago (del gallego Sant Yago) o San Jaime, del inglés James, catalanizado como Jaume.

[45] Se supone que existieron organizaciones democráticas entre los iberos y en Europa central. Los dorios, después de ser expulsados de Grecia y permanecer en Servia (en el mítico Monte Parnaso) al volver a ella (en la mitología se refiere al retorno de los heráclidas o hijos de Heracles o Hércules) proclamaron las repúblicas helénicas, que se basaban en una asamblea popular o Ecclesia (de donde proviene la palabra Iglesia) y un consejo de ancianos o arkontes. La República Romana también contó con una asamblea popular, aunque se reunía en escasas ocasiones, un consejo de seniles o senadores y dos cónsules, que se turnaban cada seis meses para ejercer el poder ejecutivo y la jefatura de la oposición, respectivamente, sistema que no podía sino degenerar en la corruptela, la violencia y la tiranía unipersonal. Tras la conversión de la República Romana en un remedo dominado por la dictadura del Imperator (jefe militar) la siguiente experiencia fueron las repúblicas italianas, al abrigo de la “tierra de nadie”, entre el Sacro Imperio Romano-Germánico, los reinos pontificios, el Imperio Bizantino, las conquistas normandas y mahometanas y, más tarde, entre Francia y Aragón. La siguiente experiencia fue la República (tuvo varias denominaciones, como las italianas) Holandesa, apro-vechando la “tierra de nadie” entre el Flandes de los Hagsburg, los príncipes-electores de la Iglesia Reformada ("protestante") del norte de Alemania, Francia e Inglaterra. La siguiente fue la inglesa, durante la revolución de Oliver Cromwell, que acabó en tiranía. Le siguió la República de Cataluña, que tardó casi veinte años en ser derrotada, aprovechándose de las guerras entre Francia y los reinos hispánicos de Felipe IV. Y, por último, hasta entonces, Estados Unidos de América.

[46] Y también los Países Bajos bajo dominio austríaco, y Maguncia y Frankfurt del Main en Alemania.

[47] Concluyeron que su revolución no podría mantenerse hasta que no se exportara a los países vecinos, en un afán mesiánico, de extender la libertad por el continente.

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